vladimir-gonzalez1586710619 Vladimir Gonzalez

Robert decide deshacerse de su esposa Margaret, probará sus opciones hasta no ver otra salida que el asesinato, pondrá en marcha un despiadado plan para acabar con su vida.


Cuento Sólo para mayores de 18.

#crimen #asesinato #suspenso
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La desaparición de Margaret

Las aves que recién habían llegado para pasar la noche en los árboles cercanos, emprendieron frenéticas el vuelo al sonido estridente de la treinta y ocho, que escupió fuego tres veces sobre la sorprendida víctima, cuyo cuerpo sin vida se precipitó sobre el césped.

Desde hacía varios meses Roger pensaba como deshacerse de la mejor manera de su esposa Margaret. Su naturaleza egoísta lo empujaba a evitar a toda costa el divorcio, era demasiado lo que perdería en la división de bienes, para él algo inaceptable e injusto. Por eso prefirió mantener en secreto sus intenciones y comportarse cómo el esposo trabajador y amoroso de siempre, hasta que encontrara una forma eficiente de librarse de ella. Con frecuencia le dirigía gestos obscenos y maldiciones en voz baja cuando Margaret no podía percibirlos.

Su primera idea fue ponerle un detective privado, sólo para recibir de éste el testimonio y las pruebas de que Margaret le era completamente fiel, incluso resistiendo de forma tajante los embates de jóvenes dedicados casi de forma profesional, al asedio de damas de su edad y posición social, después de más de dos semanas, decepcionado, había hecho al detective renunciar a su fútil empresa. Al ver el descontento en el rostro de su cliente, el detective no pudo evitar la pregunta:

-¿No se supone que esté feliz de que no haya encontrado nada? Le aseguro que hice bien mi trabajo, está limpia-continuó.

-No lo entendería, ni es de su incumbencia hacerlo-dijo en tono brusco mientras dejaba sobre la mesa un fajo de billetes enrollados-Lo llamaré si necesito algo más-continuó.

Sin volver la vista, avanzó hasta su coche y se marchó, dejando al aturdido detective sin palabras. Éste, luego de terminar el café y encender un cigarrillo, sonrió satisfecho al contar los billetes del fajo y murmuró:

-Imbécil...-

Encontrar que su esposa mantenía un amante hubiera sido una salida limpia y fácil para Roger, mas no estaba escrita para él. Era tiempo de probar con otro de los clásicos. Alargó sus horas de infidelidad y juergas, llegando tarde y muy borracho a casa, incluso días entre semana, esperando que fuera ella la decepcionada, que lo abandonara y luego jugar esa carta a su favor en el divorcio. Tampoco funcionó, Margaret resistió estoica y en silencio, incluso lo ayudaba a bañarse al regresar de sus borracheras. A menudo recibía en medio de sus escapadas, cariñosos mensajes preguntándole si tardaría mucho en regresar, o comentándole que lo esperaba para cenar, siempre en tono preocupado y cariñoso, sin la menor sombra de reproche, todo esto lo inclinaba a despreciarla aún más.

Un sábado en la tarde, mientras tomaban una ducha en el hotel acostumbrado, su joven amante Susi, una veinteañera pelirroja que había entrado como becaria a su sucursal, le masajeaba los hombros restregándole sus pechos turgentes en la espalda, mientras le susurraba al oído las palabras justas, que sabía de sobra le conseguirían el nuevo capricho de turno. Sin embargo, en esta ocasión, no era un coche, unos pendientes o un vestido el motivo de su ardiente súplica. Quería que la llevara de vacaciones y luego de su negativa, el berrinche terminó por arruinarle la tarde. Siendo Susi su favorita absoluta, este incidente aumentó sobre manera las dimensiones de su esposa como el gran obstáculo en su vida. Se atrevió a pensar en serio en opciones que antes solo terminaban en fantasías homicidas que eran rápidamente desechadas.

Se entretuvo durante varios días planificando cuidadosamente el crimen, valorando las opciones que tenía a su disposición. Eran muchas, el dinero no era un impedimento, sin embargo, lo aterraba la idea de utilizar terceras personas, personas que luego podrían testificar en su contra y hacer que lo perdiera todo.

Cómo parte de su trabajo, Roger tenía cierto dominio de Internet y conocía de sobra la Deep web, no formaba parte directa de ninguno de ellos, pero sabía con detalle cómo funcionaban algunos submundos criminales. Luego de algunas gestiones por vía digital, sabiamente camufladas, dio cita al detective privado en el café de costumbre.

-Buen día Señor Mosley, ¿En qué puedo servirle esta vez?-saludó el joven, poniéndose de pie.

-Buenos días, sentémonos, le tengo dos trabajos muy importantes, si los cumple sin hacer muchas preguntas, seré muy generoso en el pago- anunció.

-Siempre a su servicio-respondió el joven en tono algo irónico.

-¿Quiere tomar algo? -preguntó Roger, en un intento por ganar la simpatía del joven, luego del encuentro anterior.

-No gracias, estoy bien así, vayamos al grano-respondió éste.

-Necesito que me haga un reporte detallado de la rutina de mi esposa, horarios, lugares, quiero saber dónde está cada minuto del día durante dos semanas, le pagaré en correspondencia por cada... -

-¿Aún cree que lo engaña? -interrumpió el detective-

-No es eso, ¿qué parte de sin hacer muchas preguntas fue la que no entendió? -

-Lo siento, considérelo hecho, ¿y el segundo trabajo?-

-Voy a necesitar que recoja un paquete por mí, le daré las instrucciones cuando termine el primer trabajo, necesito saber si puedo contar con usted para...-

-No sé lo que va a haber en ese paquete, pero permítame adelantarle que no suelo hacer ese tipo de trabajos-interrumpió de nuevo el joven.

-Oh, no es lo que piensa, le aseguro que no correrá ningún peligro, sólo comprenda que una persona como yo, no debe ser vista en ciertos lugares sórdidos, le pagaré el triple de lo que le he pagado antes por ese pequeño favor-concluyó Roger poniendo su mano en el hombro del joven.

-Está bien señor, ¿lo veré aquí en dos semanas entonces? -

-Sí, nos vemos entonces, aquí tiene una pequeña muestra de mi agradecimiento-dijo sacando un fajo de billetes y depositándolo esta vez en la mano del joven.

El detective lo observó marcharse hasta perder de vista el vehículo, guardó el fajo de billetes y procedió a encender un cigarrillo que disfrutaría meditando en soledad.

Dos semanas después entregaba en el mismo sitio a su cliente el informe pactado, en cuya elaboración no escatimó en apuntes, fotografías y descripciones detalladas del día a día de la señora Margaret.

-Muy bien mi joven amigo, muy bien-lo felicitó Roger complacido después de examinar el contenido del sobre. -Aquí tienes la dirección del trabajo que te mencioné-continuó-, debes estar ahí hoy a las 9 PM, dirás que eres Pavel y preguntarás por Nikolai, es importante que recuerdes eso, te preguntarán la hora y dirás que tu reloj no funciona, ¿está claro? -concluyó.

-No lo sé señor Mosley, suena peligroso, por no decir ilegal-

-No te preocupes, todo estará bien, solo son hombres de negocio precavidos, como yo. No tienes de que preocuparte si haces lo que te dije, hasta te daré un buen pago extra además de lo que te prometí-

-Bueno, en ese caso, creo que no podré negarme ¿no es así? -

-Sabía que eras el hombre indicado-dijo Roger sonriente. -Algo más, debes mantener el paquete contigo hasta que te lo pida. -añadió.

-Mientras no explote... -respondió el joven encogiéndose de hombros.

Dos días después, Roger le comunicó al detective que necesitaba entrevistarse con él, pidió que le entregase el paquete e inmediatamente se despidió entregándole un sobre con el pago convenido, más una considerable suma de más. Luego condujo hacia un apartado barrio de la ciudad, donde según el informe del detective, acudía todos los viernes en la tarde su esposa, para visitar un salón de belleza controlado por inmigrantes asiáticas. Su plan era esperarla cuando saliera, y dispararle mientras arrancara su coche. Al llegar al lugar divisó el Mercedes de Margaret quien ya debía estar en el salón y se posicionó en uno de los bancos del parque aledaño, desde donde podía vigilar la entrada del salón y el camino que tomaría su esposa para ir de regreso al coche.

El paquete entregado por el detective era una pistola especial, sin número de serie y que no guardaba huellas dactilares, podría incluso dejarla en el lugar y nada aportaría a la policía sobre su identidad, había realizado el pago en criptomonedas, a través de la Deep web, no había nada que lo vinculara a ella. Esto, unido a las características del lugar del crimen, dejaría pocas pistas a la policía.

Dentro del coche, se había vestido con gabardina negra, una gorra y gafas de sol del mismo color. Aparcó al otro extremo del parque, tras unos árboles que reducían la visibilidad del vehículo. Cuando estimó que se acercaba la hora de salida de Margaret, colocó el arma cargada en el bolsillo de la gabardina, retiró el seguro y aguardó sin quitar la vista de la puerta del salón. El momento que había planificado durante semanas había llegado.

Casi se le dispara el arma del susto cuando sintió unas manos femeninas cubrirle los ojos. Al retirarlas y voltearse asustado, se sorprendió al ver a Margaret que lo saludaba sonriente:

-Hola cariño, ¿Llevas mucho tiempo esperándome? -

Sin dejarlo articular palabra su esposa avanzó hacia él con los brazos abiertos. Antes de que se acercara, pudo retirar con dificultad la mano de la pistola en el bolsillo de la gabardina. Luego de abrazarlo y sacudirlo unos instantes, Margaret lo besó en la frente cariñosamente.

-Me alegró saber que viniste a darme una sorpresa, oh que detalle de tu parte amor-

-Pero como sabías...-

-Nadie te conoce como yo cariño, ni siquiera Susi, tendrá el culo más firme, pero no te conoce como yo-interrumpió Margaret en tono burlón.

-¿Cómo sabes lo de...? -

-Llámalo intuición, observación o como quieras, además tu detective privado no es nada profesional, aunque sí muy bueno en la cama. -

Al escuchar las palabras de su esposa, Roger introdujo furioso su mano en el bolsillo de la gabardina, sólo para dar con las llaves del coche en el fondo, al levantar la mirada se sorprendió al descubrir a Margaret sosteniendo el arma.

-¿Buscabas esto? - preguntó Margaret-Si me conocieras un poco, solo un poco, sabrías que nunca pondría mis pies en un sitio como ese, pero a ti solo te preocupan tu dinero y los culitos de las becarias, pues bien, me quedo con tu dinero imbécil-concluyó Margaret.

Segundos después abría fuego tres veces sobre el pecho del estupefacto Roger, quien no tardó en caer sin vida sobre el césped.

Conteniendo los deseos de escupirle el rostro, le limpió el carmín de la frente y arrojó abierta la billetera junto a su cuerpo, no sin antes guardar en el bolso los abundantes billetes. Mientras una mancha de sangre empezaba a brotar del cuerpo, se alejaba en busca de su coche. Aún salía humo de la pistola cuando la arrojó en una alcantarilla cercana, continuó andando sin volver la mirada, encendió el vehículo y se marchó tranquila, no se observaba el mínimo rastro de civilización en el desolado lugar. Ya en casa, después de revisar algunos paquetes turísticos con destino a Hawai, en un nuevo arranque de vengativa crueldad, decidió enviar un último mensaje a Roger, disfrazando de preocupación su burla. Era la cereza en el pastel de su desquite:

¿Hola cariño, llegarás tarde a casa?

15 de Abril de 2020 a las 05:22 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

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