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Erika Arca


Todos tomamos decisiones importantes en algun momento de nuestra vida, ya sea bueno o malo, siempre tenemos que escoger una cosa a costa de otra, solo se necesita un pequeño empujón en la dirección que quieres. El problema es que, no siempre estaremos conformes con lo que escogemos. Por eso a veces necesitamos una tercera voz que nos diga, desde fuera, cuál podría ser una buena opción,o por lo menos, cual no es la peor.


Drama No para niños menores de 13.

#corazon-roto #bar #infidelidad #universidad #amigos #consejera
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Después de un día agotador asesorando a muchos emprendedores, lo único que quería era llegar a casa, tomar un trago y echarme a dormir para dar por terminada la jornada hasta el día siguiente. No tenía nada importante, solo una junto con algunos directores y luego recibir a dos personas que hicieron previa cita para ver a dónde avanzar con sus empresas.

Bien me lo dijeron cuando me gradué, el mundo laboral podía ser bastante estresante, pero en algún punto todos debemos llegar ahí, solo podemos adquirir algunos conocimientos previos en la universidad antes de lanzarnos o de frente empezar una vez que acabamos la secundaria. De todas formas, no me quejo, mi trabajo es bastante gratificante y me da suficiente para vivir y darle dinero a mis padres para que disfruten de du retiro.

Antes de poder quitarme los zapatos, mi celular comienza a sonar en mi bolso. Veo quién llama tan tarde y me sorprendo cuando el nombre de un amigo muy cercano de la universidad aparece en la pantalla.


- ¿Hola? ¿José?


Su voz desesperada y el sonido de fondo de los vasos y las risas escandalosas me indican que está en un bar. José no es el tipo de persona que bebe, y aunque no suena ebrio, igual me preocupa un poco.

No dice mucho, solo me pide ir ahora mismo, justamente cuando quiero quedarme en casa y descansar.


- Por favor, te prometo que te invitaré todos los cocteles que tanto te gustan, pero en serio necesito que vengas. Estoy en el Friday’s por Benavides, a donde íbamos a tomar cuando estábamos en la universidad.

- Mañana tenemos trabajo….

- Solo un par de horas, te lo suplico.


Decidí ir, de todas formas, no tenía nada mejor que hacer.


Solo me puse el abrigo otra vez y salí de mi casa. Saludé a Wally en la recepción y saqué mi auto de la cochera subterránea como siempre hago.


No me tomó más de 10 minutos llegar al bar, y 5 minutos más para encontrarlo ahí, con un vaso de whisky en la mano y una botella medio vacía en la otra. Suspiré y camine directo hacía él, sabiendo que al final de la noche tendría que llevarlo de regreso a su casa.


- Hola José – le saludé, tocando su hombro y viendo su rostro demacrado por las largas noches de trabajo desde hace más de 5 años - ¿Cómo te ha tratado la vida?

- La verdad, quisiera estar muerto…


José se veía realmente mal mientras me contaba de Tatiana. Parecía ser el típico caso de chica tentación: Piernas largas, buen escote, largo cabello sedoso y, por si fuera poco, bastante joven, de apenas 20 años. Según me contaba, ella era una practicante que empezó en verano, no era la chica “despierta” que cualquiera querría de asistente, pero pasó todas las pruebas con éxito y se había ganado su puesto en la empresa. José vio en ella esa chispa que mi amiga Natalie tuvo alguna vez en su juventud, esa señal de aventura que lo atrapó al principio y que lo había enamorado perdidamente al momento de conocerla. Tatiana tenía ese aire juvenil que todos tuvimos alguna vez en nuestra vida, y en tan solo un par de meses, ya lo tenía hechizado por completo. Bueno, considerando que llevaba 4 años viviendo con Natalie y que su relación se había vuelto una rutina, ya me esperaba que tarde o temprano él cayera en alguna tentación, pero como buena amiga que era, debía aconsejarle al respecto.


- No es que ya no quiera a Natalie – me decía, aún con el shot en la mano – Es solo que… Creo que estoy un poco aburrido de toda esta rutina… Y no creo que me quiera casar con ella ahora que vi a Tatiana… No sé si me entiendes…


¿Saben? En este punto de la conversación, por lo general solo son dos cosas en las que piensan: si jugar a doble cachete y terminar la relación estable que ya tiene, o alejarse de la chica todo lo posible para luego caer en sus brazos de todas formas, así dicen que por lo menos lo intentaron. Algunos chicos no son malos, pero… Pueden caer fácilmente en los pensamientos de su entrepierna.


- ¿Qué es lo que quieres hacer? – tomo mi coctel sin alcohol en el bar, esperando su respuesta, aunque no estoy muy segura de querer escuchar.

- No quiero lastimar a Natalie, pero tampoco puedo dejar de pensar en Tatiana. Siento que Tatiana tiene ese aire que me atrae, por el que dejaría todo con tal de pasar una noche con ella. Tengo miedo de no poder controlar más el deseo, y perder lo que he construido con Natalie…. Dime, ¿qué hago?


Y ahí está. Es esa frase con la pregunta “¿qué hago?” lo que me hace decirle exactamente lo que pienso. Siendo honesta, José ha estado con Natalie el tiempo suficiente para considerarse una pareja estable: no tienen peleas más grandes que ver quien compra la leche, han viajado juntos por el mundo, tienen un perro al que tratan como a un hijo, y en más de una oportunidad han soñado despiertos con casarse, al igual que nuestros amigos. Cualquiera querría tener esa clase de cercanía, esa clase de amor, y ahora la persona frente a mí está en una encrucijada, porque lo sabe y no quiere ser un idiota que lo pierda todo solo por unos minutos o meses cortos de placer. Quizás no debería meter mi nariz en esto, dejar que lo resuelva todo según lo que le dicta el corazón, pensar en que lo solucionara solo. Sin embargo, muy en el interior, maldigo a mi deseo de ayudar a la gente con estos problemas, pues eso me ha llevado a ser considerada una metiche por medio mundo.


- Mira José – comienzo, luego de terminar mi bebida de un solo trago – Según yo lo veo, esto no es nada más que un calentón. Seguro estás pensando que tu vida con Natalie se ha vuelto monótona y aburrida, que la chispa se fue, y ahora que ves a una chica joven como lo fue ella alguna vez, es tu oportunidad de divertirte como antes… Pero seamos honestos, ustedes dos juntos no durarían más de un par de semanas.

- ¿Cómo estás tan segura de eso?

- Fácil, en toda la conversación que hemos tenido, lo único que has hecho es elogiar su cuerpo, y no me has dicho una sola cosa de su personalidad que te atraiga. Y no me vengas con lo del aire juvenil, que eso es pasajero y lo perderá después de los 30, yo me refiero a algún rastro de su personalidad ya formada en el que te hayas fijado.

- Eso no es verdad.

- Ah, ¿no me crees? Bien – Alcé mi mano frente a él, con los cinco dedos extendidos – Mencióname 5 rasgos de su personalidad que te vuelvan loco. Me imagino que, después de meses de “conocerla”, te habrás fijado al menos en esa cantidad ¿o no?

Pasaron 1, 2, 10 minutos y José no podía pensar en absolutamente ninguno. Ahí fue cuando sonreí en mis adentros, sabiendo que ya lo despertaba de su ensueño.

- Okey, viendo que es tan difícil, vamos a algo mucho más sencillo – su rostro se iluminó, pensando en que, quizás, sus ideas podrían hacerse realidad – Dime 5 cosas que ustedes tengan en común. Y no me refiero al gusto por el café, me refiero a hobbies, actividades o costumbres que solo compartas con ella y no con Natalie. Obviamente los juegos no valen, porque eso puedes hablarlo con tus amigos, no necesariamente con tu pareja, además ambos sabemos que Natalie les tomo el gusto por ti.


José volvió a pensar, y apenas pudo mencionarme dos: Tener las cosas ordenadas en el escritorio de la misma forma, y odiar hacer filas en el cine. Creo que ha esto deben tomarle nota: cosas como esas se pueden fingir por un tiempo, al menos el suficiente para hacerle creer a alguien que son así, o en todo caso, son muy comunes.


Después de ver que José despertaba, decidí rematar la conversación de una vez por todas, para abrirle los ojos de una vez.


- ¿Ya lo ves? Ni siquiera te molestaste en conocerla para decir que ya te gustaba de verdad. ¿Crees que fijarte en un par de piernas bonitas y pechos grandes es suficiente para caer enamorado? ¡No seas ingenuo! – le pedí al barman un último shot para José, lo iba a necesitar para después- Es cierto que algunas relaciones empiezan en la cama, pero muchas veces empiezan bien y después terminan por aburrirte. No creo que quieras eso para ti ¿o sí?

- Pero quizás con el tiempo logremos congeniar.

- ¡No seas idiota! – le di un golpe fuerte en la cabeza para que espabilara de una vez, mientras el barman me servía otro coctel sin alcohol y el último shot para José – No duraras más de un par de semanas con ella, lo aseguro.

- ¿Cómo lo sabes?

- Porque, según lo que me cuentas, parece el tipo de chicas que sale con sus amigas y se divierte en antro o fiestas instantáneas que son de un día para otro. Seguro como buena enamorada querrá llevarte a esas reuniones para que sus amigos te conozcan, frecuentes sus círculos y tengan más en común. Podrás aguantar un par de salidas, pero luego terminaras por cansarte y le rogaras que se queden en la casa, pelearán por eso y se irán de mal humor a la cama, sin sexo ni nada más ¿Tú crees que una palomita tan joven como ella aceptará eso? Claro que no, si a su edad lo único que queríamos era salir y divertirnos – le pasé el shot que nos dio el barman mientras yo me tomaba un trago de mi segundo coctél – La diferencia de edad terminará por separarlos, y tú te arrepentirás después por haber dejado la estabilidad que tenías con Natalie para irte con esa jovencita a la que, por cierto, tendrás que correr de la empresa para evitar un mal ambiente cuando todo acabe. Dime José, ¿estás realmente dispuesto a pasar todo eso solo por una calentura?


Mi amigo lo meditó por un momento, sin tomar aún el whisky. Yo seguí tranquila con mi coctel hasta terminarlo, y una vez satisfecha, seguí esperando a la par que revisaba mi instagram, viendo como mi sobrino subía fotos a internet mientras mi hermana se quemaba las pestañas en el hospital.


Memo mental: hablar con el mocoso sobre límites antes de que mi hermana lo hiciera.


- ¿Y qué sugieres que haga con Natalie? – me preguntó, con un aire de duda que aún le daba su poca lucidez – No puedo simplemente ir como si nada pasara, las cosas entre nosotros están medio apagadas y lo sabes.

- Bueno… - medité bien mis palabras, sabiendo que quizás no me entendería a la primera vez – Tienes que enamorarte de ella otra vez.

- ¿Otra vez?

- Sí, enamorarte otra vez – tomé su mano y levanté el dedo que llevaba su argolla de novios, esa que nunca se había quitado y hace solo unos minutos pensaba meter a su bolsillo para irse detrás de una niña - ¿Ves esto? Quiero que lo lleves puesto cuando vayas a casa. Natalie seguro te espera en el sofá con café y un cobertor para abrigarte. Asegúrate de abrazarla y besarle el cuello, acaricia su espalda como cuando eran jóvenes y les bastaba par de besos en el auto para aguantar hasta llegar a la comodidad de tu cuarto y seguir. Asegúrate de decir su nombre como entonces, enfócate solo en ella, mírala solo a ella y deléitate con su rostro cuando le das toda tu pasión. Siente su cuerpo, su calor y escucha bien sus gemidos, porque todo eso es lo que perderás si decides ir detrás de Tatiana. Luego, cuando acabes, piensa bien si vale la pena, porque lo que yo te dije es una posibilidad entre miles, así como Natalie seguro es para ti una chica especial entre los miles que hay y habrá en tu vida dependiendo de la decisión que tomes esta noche.


José tomó el último shot de whisky y se limpió los labios con la manga. Llamo al barman, pagó la cuenta por los dos y me pidió un aventón a casa. Durante el trayecto no dijo nada más, solo vio el camino, quizás pensando o tratando de recuperar la lucidez, sabiendo que yo no podría ayudarlo más.


Una vez que llegamos, vimos las luces del departamento encendidas, confirmando mi teoría de que Natalie lo esperaba en casa. Se despidió de mi con un apretón de manos y fue directamente a la puerta, siendo recibido por el hombre de seguridad para después perderse en la soledad del ascensor.


Yo regresé a casa tranquila, sabiendo que hice lo que pude, y lo que pasara después, no sería realmente mi culpa. Me di una ducha rápida para quitarme los rastros de sudor y alcohol que aún había en mi ropa, sin importarme que mañana debía madrugar para mi junta del día siguiente.

Una vez en la cama, revisé mi celular, en la carpeta que decía “Universidad” con letras mayúsculas. Un total de 50 fotos había ahí, pero escogí la número 32, en donde estaba con un chico de mi edad, con barba y ojos soñadores, mientras yo le daba un beso con una sonrisa en mis labios. Suspiré, apagué el teléfono y me fui a dormir con los recuerdos del ayer que jamás iban a regresar.


Yo sabía que era hipócrita aconsejar parejas cuando no pude mantener la única relación que tuve en toda mi vida, pero es lo único que puedo hacer porque, de todas maneras, ya es muy tarde para mí.

16 de Abril de 2020 a las 00:00 0 Reporte Insertar Seguir historia
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