franck-palacios1581951992 Franck Palacios

Un hombre casado y deprimido descubre en una joven a la que conoce que el mundo puede tener otro color; poco a poco lo que nace como una amistad se va convirtiendo en algo mas profundo y complejo. Conflictos emocionales, dudas, sueños y amores complicados enredan a los personajes de esta historia, una historia que no se debe contar.


Drama Sólo para mayores de 18.

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I

I

Con el tiempo uno se acostumbra a todo, al menos eso dicen, al hambre, al frio, a la soledad; las verdades es que han pasado muchos años y yo aún no me he acostumbrado a estar sin ella.

La vida luego de ella nunca volvió a ser igual, es decir, ella me mostro una vida diferente, una forma de vivir que no había sentido jamás, quizá por que llegó en un momento de mi vida en que todo estaba hasta la mierda; mi trabajo, mi matrimonio, mis hijos, mi vida, nada me motivaba, y entonces cuando menos me lo espere: ella aparece y me muestra todo de otro color.

Esta es una de esas historias que no puedo contar, pero quizá con algo de ingenio y utilizando lo único para lo que pienso que soy bueno pueda arreglármelas.

Me case a los treinta años, realmente muy enamorado. Ella era hermosa, yo estaba ganando muy bien, estaba con toda la locura de la juventud y de la independencia, ella estaba encantada conmigo y teníamos muchos planes: viajar, trabajar, comprar un auto, darnos la gran vida. Yo soy Administrador, ella Arquitecta y trabajaba con su padre. Yo al acabar la universidad me enganche de inmediato a una empresa nueva que prometía en la ciudad, así fue, comencé de a poco y logre ascender en algunos cuantos meses, era joven y emprendedor. Ella pues estaba en la empresa de su padre, así que estaba bien posicionada.

A los dos años de casarnos estábamos viviendo de lo lindo, nos compramos un apartamento, pues estábamos solos los dos, mayormente comíamos fuera, los fines de semana salíamos a divertirnos, a fin de año nos fuimos a Roma, el año anterior a la India. Fue divertido, pensé que todo seguiría así, pero no.

Romina, mi esposa, incitada por sus hermanas comenzó a pensar en el bebé. Puede sonar egoísta pero nunca he querido ser papá. A pesar de que mis padres siempre fueron muy buenos conmigo, también siempre los vi preocupados por mí, mi estudio, mi vida, casi no tenían tiempo para ellos, y pues siempre he pensado que los hijos solo sirven para consumir la vida de quienes no pueden o no desean vivir la suya, es un sacrificio vestido de algo lindo. La verdad no quería eso para mí.

Alargue la llegada del bebé lo más que pude, lo juro, trate de verlo de la mejor manera, cada vez que podía, hablaba con amigos de la secundaria, con amigos de la universidad, todos me decían que ser papá era horrible, no sé si le pregunte a los equivocados, y aunque luego terminaban la frase con un «Pero luego miro a mis hijos y no los cambiaría por nada en la vida», la verdad me suena a un auto engaño, es decir, la vida no vuelve a ser la misma, ellos lo dicen, y yo estoy muy acostumbrado a que estemos solos, viajar, darnos nuestros gustos. Estamos bien. ¿Cambiarlo para qué?

Pero Romina no iba a cambiar de opinión, así fue que en contra lo que realmente deseaba, accedí. Supongo que habrá sido en esos 5 minutos de estupidez que todos tenemos.

Nueve meses horribles, nueve meses donde mi preocupación se dividió en que mi mujer no se muera y en que él bebe tampoco, pues ya me imaginaba lo que se vendría. Romina no es precisamente la mujer más resiliente del mundo, y ya me imaginaba si algo salía mal, y por si fuera poco pensar que el pequeño nazca deforme o enfermo me trastornaba, a pesar que los exámenes pronosticaban a un fuerte y hermoso bebé; al final así fue.

Fueron esos nueve meses donde mi amigo el alcohol se convirtió en mi mejor amigo el alcohol, pues nunca he lidiado bien con el estrés. Solo una copa en la mañana y otra un poco más grande en las tardes, al regresar del trabajo, me daban algo de paz. Romina dejo el trabajo pues debía encargarse de Harold, así le pusimos al niño. Yo tuve que encargarme de más gastos, así que mi dinero por primera vez en tres años estaba alcanzando casi a las justas, el departamento pronto se hizo pequeño y un gasto extra, así que lo dejamos, y tuvimos que utilizar los ahorros para comprar una casa para la familia. Me parecía extraño decir: la familia. Nunca pensé que diría eso sin referirme a mis padres.

Compramos una casa y nos establecimos ahí, tuve que trabajar más horas, así que ahora estaba desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche. Ya me había acostumbrado a llegar a casa a las seis, pero bueno, estar en casa se había vuelto algo estresante. Llantos de bebé, Romina había engordado, se comportaba cada vez más como mamá que como mi amada esposa sexy. Yo bebía más y comía peor, pronto comencé a ganar algunos kilos y a olvidarme de los fines de semana divertidos, pues debía quedarme en casa con ellos.

Así fueron los siguientes tres años, hasta que Llegó Irene. Romina quería la parejita y creo que ya me había acostumbrado a la rutina y bueno, un bebé más no complicaría nada. Estaba bien posicionado en la empresa, aunque había comenzado a odiar mi trabajo, me dijeron que era el estrés, pues cada vez me quedaba más tarde, no era que necesitaba el dinero, era que necesitaba estar lejos de casa; lo descubrí cuando llegar a casa y ver que me había convertido en un padre de familia me daba cólera. Ya con cuarenta y un años me había acostumbrado, nunca he renegado de mi familia, amo a mis hijos, amo a mi esposa, pero nunca fue lo que realmente quería. Ya había dejado atrás mis sueños de viajar, de comprarme un auto nuevo, de ascender en la empresa, en fin. Había estado estancado en el mismo trabajo por más de diez años, no me quejo, me pagan bien, pero cada día es el mismo, aburrido, sin nada nuevo y sin emociones. Me despierto a las seis de la mañana, tomo un café cargado, le hecho un poco de vodka y me lo bebo mientras miro las noticias hasta que dan las siete para poder salir, mientras, mi esposa prepara el desayuno de los chicos y los lleva al colegio, me dan un beso y un abrazo y se van, luego salgo yo, conduzco cuarenta minutos si el tráfico es bueno, llego al trabajo y ahí me quedo todo el día en la oficina, en el almuerzo me fumo un cigarrillo, y luego continuo hasta salir, regreso a casa, mi esposa me calienta la cena, veo algo de tv, bebo un trago y a dormir.

Romina a estas alturas había comenzado a darse cuenta que yo no era feliz, aunque creo que lo supo poco después del primer bebé, pero nunca menciona nada, solo veo como cada día parecemos más distantes; comprendo que está preocupada en otras cosas, los niños pronto cambiaran de escuela y necesita hacer muchos trámites. Algunas noches no nos decimos ni una palabra, solo nos recostamos hasta quedarnos dormidos, otras yo no puedo conciliar el sueño. En esas ocasiones voy a mi computadora, y si estoy de ánimos, escribo un poco, tal vez algún cuento, alguna frase, siempre me ha gustado escribir; si no estoy de ánimos, veo algunos videos en internet, algo de porno, la mayoría de veces. No mentiré, algunas veces los viernes me emborracho en silencio hasta quedarme dormido, total el despacho de mi casa solo entro yo, ahí tengo mi computadora, mis botellas, mis libros; en fin, es mi espacio en donde escapo de todo esto.

Ese mismo año fui donde un terapeuta, no le dije a Romina, pero había comenzado a tener pensamientos muy extraños, había comenzado a beber de más, había dejado de ir a trabajar algunos días, por suerte pude excusarme por enfermedad. Me di cuenta de que estaba deprimido, eso me dijo el especialista, me dijo que necesitaba encontrar algo que me anime que me haga feliz, que si esta situación seguía tendría que medicarme, pues podría empeorar. Yo nunca creí en los psicólogos, psiquiatras, mi madre paso sus últimos años en uno de esos, ella siempre fue una persona melancólica, creo que lo herede de ella y el alcoholismo de mi padre, ese fue un tema en terapia, interesante, pero no me sirvió. Lo que si pude salvar de esa sesión fue que debía alejarme un tiempo de todo, pero no podía pedir vacaciones, hubo recortes de personal por esas fechas, pues la empresa entro en renovación, y eran tiempos complicados, y aun mis vacaciones serian a mediados del otro año.

Entonces llegó a mis manos algo que siempre, desde que trabajo en la empresa había rechazado, la Ponencia Anual De Mercadotecnia Y Actualización. Cada año la empresa designa a un empleado de alto rango, administradores, contadores, gerentes, para asistir a la ponencia en Santa Laura, una ciudad al sur, le pagan el hotel, los viáticos, etc. El problema es que es una semana completa que muchos no quieren invertir lejos de sus familias y pasarla escuchando a un grupo de profesionales en el área diciéndoles cosas que no les interesan, pero que contribuyen con los criterios de la empresa para su acreditación anual, así que es obligatorio. Muchas veces lo había rechazado, pero justo me llega la invitación a mi oficina y pensé en que quizá no sería tan malo alejarme un tiempo, una semana al menos. Santa Laura es una ciudad bastante linda, y te hospedan cerca a la playa, en un hotel elegante, y podría hacerme el importante por unos días. Firme el documento esa misma tarde.

No eran precisamente vacaciones, no era el mejor lugar para descansar, pero quería cambiar de aires, así que puse lo último que tenia de entusiasmo en ir.

Mi esposa no hizo mayores preguntas, era como si no le importara que me fuera, hasta cierto punto comprendía que también sería bueno para ella estar lejos de mis unos días. En nuestra última discusión quedo claro que parece que no quiero formar parte de esta familia y que estar conmigo es muy complicado, eso lo dijo ella, yo solo quede en silencio, no me gustar discutir.

El sábado partí temprano, llegaría a Santa Laura para el medio día. La primera ponencia seria el sábado a las seis y treinta de la tarde. Había extrañado tanto viajar en avión, no lo hacía desde hace más de diez años.

Dormí la mayor parte del camino, había madrugado, desperté cuando el piloto informaba la llegada en unos diez minutos. Al aterrizar y después de recoger mi equipaje busqué un taxi, me dirigí al «Hotel Metropolitan», el más grande de la ciudad. La ciudad de Santa Laura era muy similar a Catalina, salvo que Catalina tiene un ambiente más clásico, esta es más moderna. Me gusta. Todo el camino al hotel me la pasé observando las calles me sentí como un turista, no como un sujeto que viene a trabajar, lo mejor de todo es que estábamos en invierno. Este clima me encanta, y aquí en esta ciudad se siente mucho más al estar cerca del mar, la niebla, el frio y la gente abrigada. No lo sé, creo que me recuerda a mi infancia crecí al sur de Catalina, ahí es bastante frio también.

Llegue al hotel al medio día, un hotel realmente grande y elegante, confirme mi reservación y me dirigí a mi habitación, la cual realmente era muy bonita. Creo que debí haber venido las últimas ocasiones, pues el lugar no estaba nada mal, salvo por las cinco horas de ponencia que tenía que ver.

Llame a mi esposa una vez ordene mis cosas, le dio gusto saber que había llegado bien, me paso a los niños, los salude, y les prometí llevarles algo, igual a ella. Quizá le compre algún perfume, no lo sé. Cerca de la una decidí bajar a almorzar, teníamos pagadas las comidas de la semana, eso corría por parte de la empresa, pero si deseábamos consumir algo por nuestra cuenta era derecho de cada quien. La verdad, lo único que quería en ese momento era una buena copa de whisky, así que me dirigí al bar del hotel. En el camino conocía un poco el lugar, era enorme y muy lujoso, me sentía como en una película de espías. Finalmente, y con ayuda de un empleado llegué al bar, también bastante grande y muy bien surtido. Era como estar en una juguetería.

Me dirigí a la barra y me senté ahí.

—Un whisky con hielo —le pedí al camarero.

—De inmediato, señor —respondió con una sonrisa y una pequeña reverencia.

Me giré sutilmente y observé el lugar. Respire hondo. Eso es lo que necesitaba, pensé, alejarme un poco de todo. Aunque en el fondo me seguía sintiendo algo vacío, como cuando sabes que pronto se terminara. Pensaba en mis años de joven con Romina, cuantas veces habíamos ido a lugares como este a beber una copa, un vino, bailar, conversar largas hora riéndonos de nada; ahora con suerte brindábamos en navidad o en mi cumpleaños. Ella odia que beba, más aún frente a los niños. Hemos cambiado mucho. Mientras bebía mi trago pensaba en como mi vida se había vuelto tan distinta a lo que yo había soñado. Me preguntaba dónde estaba mi motivación. ¿Dónde fue?

Entonces ella apareció.

Tan simple, tan común, de no haber sido por el carnet que tenía colgando del cuello no la hubiera notado, es decir no es fea, es linda, pero no es la clase de mujer que uno voltea a ver. Pero si es la clase de mujer que cuando conoces logra poner tu mundo de cabeza. Fue ahí la primera vez que la vi.

Se acercó a la barra y llamó al barman.

—Me da una gaseosa de limón —ordenó, él joven asintió y comenzó a prepararla.

Yo continúe bebiendo mi whisky lentamente, pensando en mi vida, cuando escuche de nuevo su voz y me hizo volverme la mirada a ella.

—Disculpe —me dijo—, ¿esto lo puedo pagar con tarjeta o lo cargan a mi habitación? —Eso me confirmó que era la primera vez que asistía a estas ponencias. Aparte se veía muy joven, quizá tendría veintinueve o tal vez treinta, no más o incluso menos.

—Hay una clausula en la invitación —le dije, ella me miro algo confundida, continué —, puedes ordenar lo que sea en comidas, creo que nada del bar está incluido, así que puedes pagar aquí o te descontaran a fin de mes —le explique.

—No lo sabía —me respondió sonriendo—. Muchas gracias, creo que — hizo una pausa revisando su cartera— pagare con mi tarjeta.

—Bien, yo lo cargare a la habitación, que a fin de mes se encarguen — dije y continúe bebiendo.

—Es mi primera vez en estas cosas —comenta tomando asiento en una de las banquetas altas—. Me llamo Miriam —me dijo alargándome su mano—. ¿De qué empresa vienes?

—Perdón —dije volviendo la mirada—, disculpa mi mala educación, me llamo Fernando — dije extendiéndole la mano —. Mucho gusto. Vengo por InterCorp, sede en Catalina del Centro.

—Mucho gusto, Fernando. Yo vengo de Baldur del oriental, represento a CantaCorp —me dijo con una sonrisa.

—Ah CantaCorp, creo que hay una sede por mi ciudad. —Ella asintió—. Así que vienes desde Baldur, al menos no estás tan mejor de casa, está a unas… tres horas de aquí. ¿Llegaste en tren? — le pregunté.

El mozo le sirvió su bebida y continuamos hablando.

—Sí, tome el tren esta mañana, es mi primera conferencia. ¿Te digo la verdad? no quería venir, pero quiero ascender, y un requisito es haber asistido a estas cosas.

—Comprendo. ¿En que área trabajas? —pregunte.

—Recursos humanos— respondió mientras bebía su gaseosa.

—Que interesante, yo soy un administrador. Súper aburrido… al menos tú ves muchas personas.

—No creo que sea aburrido —me sonrió—. ¿Cómo te va en estas fechas? — me preguntó. —Yo tengo mucho trabajo.

Continuamos hablando algunos minutos más, rápidamente me di cuenta que era una chica muy agradable, y que me había caído bastante bien. No supe que fue, si su risa, su mirada, su timidez, esa forma tan simpática de hablar, pero cuando se despidió y se dirigió a su habitación, no pude dejar de pensar en ella. La conversación había sido tan amena, la hice reír, ella me hizo reír; cosas tan simples.

—Es linda, ¿no cree? —me preguntó el mozo tras la barra.

—Sí, lo es — respondí.

Ordené un whisky más y luego me fui a mi habitación.

Ordené un sándwich y puse la alarma para las seis de la tarde. Dormí como hacía mucho no dormía, en silencio y en calma. Algo extraño me paso aquella tarde, no pude dejar de pensar en Miriam. Era como si se hubiera metido en mi cabeza, como si me hubiera hipnotizado, repasaba todo lo que me había dicho, su risa, sus palabras, todo. Cuando desperté ella había estado en mis sueños, hacia muchísimo no había sentido eso. Incluso fantaseaba con encontrármela en la ponencia. Lo que no era tan desquiciado.

Esa tarde luego de ducharme y arreglarme me dirigí al auditorio del hotel en el piso ocho: un enorme y elegante salón lleno de luces y butacas frente a un amplio escenario. El auditorio tenía un aforo para cuatrocientas personas. Me presente mostrando mi carnet de invitado e ingrese previo registro. Debo aceptar que busque a la joven con la mirada un par de veces, pero no había un orden en colocación, por lo que no había forma de saber dónde estaba cada empresa invitada.

Comenzó la ponencia y nunca me había sentido tan aburrido. Sinceramente no hablaban de nada que yo no supiera ya, o que no haya visto en el trabajo o en algún artículo. Las primeras dos horas fueron aburridísimas, números tras números, datos tras datos, casi se podía sentir los bostezos de la gente. Terminé haciéndome amigo de un sujeto de una empresa de embarques de Nueva Salina, un hombre algo gracioso, me entretuve conversando con él, ya tenía experiencia en estas conferencias. El descanso fue a las ocho con treinta, nos dejaban salir treinta minutos para ir a los servicios, comer algo en la barra de bocadillos en el vestíbulo. Yo Salí a fumar, necesitaba relajarme. Rodrigo, mi nuevo amigo, salió conmigo, aunque él no fumaba.

Me dirigí a la calle y encendí un cigarrillo en la esquina, hacia frio y la calle estaba algo nublada. Hermoso paisaje. Las luces, el viento frio, la gente presurosa; relajante.

—Así es la primera vez —me comentaba Rodrigo—, luego te acostumbras, al menos si vienes por gusto propio. Yo estoy obligado, mi jefe necesita cumplir con las horas de actualización de sus empleados.

—Sí, bueno, al menos ya solo faltan dos horas más y podremos irnos a beber algo. ¿Te animas? —le pregunté.

Él sonrió.

—No creo, tengo que trabajar— me dijo con amabilidad.

—No te preocupes, será otro día —le respondí con una sonrisa.

Entonces algo llamo mi atención.

Volví la vista en dirección al pórtico del hotel, de casualidad, y ahí estaba ella. Miriam. Salía del hotel.

—¡Ey! —grité —. ¡Miriam! —Blandí mi brazo en el aire para llamar su atención.

Ella me escuchó y comenzó a acercarse. Me volví hacia Rodrigo, le dije que ya regresaba y fui a darle el alcance a Miriam a mitad de la cuadra.

—Hola —dijo acercándose y saludándome—. Saliste a fumar un rato… yo quería tomar un poco de aire me estaba quedando dormida ahí dentro. Oye, ¿probaste los sándwiches?

—Sí, están algo secos… —dije sonriendo—. ¿Quieres dar una vuelta? —le pregunté— Aún faltan 20 minutos para entrar — ¿Qué dices? Podemos quejarnos de más cosas.

— Si, ¿Por qué no? —Sonrió.

Giré en dirección de Rodrigo quien estaba hablando por celular en la esquina.

— ¡Rodrigo, nos vemos dentro! —le comuniqué, el confirmó con la cabeza.

Caminamos por la acerca y conversamos, al parecer a ella le estaba pareciendo interesante la ponencia, aunque había cosas que no entendía, pues esta primera ponencia había sido específicamente de números, no de recursos humanos. Yo le explique con mucho gusto todo aquello que no entendió muy bien. A pesar de no entender y aburrirse un poco, se le notaba entusiasmada, estaba disfrutando de estar ahí. Eso me entusiasmó a mí también, de algún modo, logre ver que quizá no era tan malo, al menos por un momento.

Ya de regreso al hotel le pregunté:

—¿Dónde estás sentada?

—En la F27 —respondió—, ¿y tú?

—M20, estamos lejos —comenté.

—Quizá mañana podamos sentarnos juntos, así me explicas algunas cosas que no entienda. —me dijo con una risita cómplice.

—Claro, porque no… —respondí.

Subimos juntos al auditorio. Le dije que al salir la esperaría en el vestíbulo, al lado de unas plantas que estaban cerca. Así acordaríamos donde encontrarnos mañana.

El resto de la ponencia no pude dejar de pensar en ella, de verdad me sentía extraño, aunque era un sentimiento familiar, hacia mucho no me sentía así. Rodrigo me pregunto por la joven, le dije que era una amiga que había conocido en el hotel y comentó que se me veía muy entusiasmado, que había cambiado mi expresión con solo verla. Y creo que tenía razón, estaba más animado por así decirlo.

Le pregunte a Rodrigo acerca de él, me contó que tenía una esposa y una hija en la universidad, que en tres años se retiraba y que estaba ahorrando para poder viajar con su esposa. Le conté sobre mi esposa y mis hijos, exagere un poco no quería decirle que estaba harto de mi familia y que mi familia estaba harta de mí, al menos mi esposa.

Pronto acabó la ponencia y ambos salimos a esperar a Miriam.

Rodrigo estaba en el mismo piso que yo, Miriam estaba dos pisos más arriba.

Luego de unos minutos apareció con sus apuntes, con su bolso en brazos y con esa sonrisa que parece nunca acabar. Se acercó a nosotros y saludo, le presente a Rodrigo y salimos del vestíbulo en dirección al pasillo del octavo piso. Íbamos a coger el ascensor, pero este estaba muy lleno, así que decidimos ir por las escaleras.

—Fue una buena ponencia—comenta Miriam—, ¿tomaron apuntes de la última exponente?

— Yo no —respondí—. Habló de temas que ya conocía.

—Yo no hice apuntes—terció Rodrigo—, pero al final de la semana nos darán una monografía de cada tema.

—Ay qué bueno —dijo Miriam—, así no me preocupo tanto, pero igual me gusta apuntar, es como una manía.

—Le estaba diciendo a Rodrigo que al final de la semana podríamos ir a beber algo, ¿Qué dices? —le pregunté.

—Claro — respondió con entusiasmo —hay que terminar la semana celebrando.

—Lo vez, redigo, hasta ella le gusta la idea —dije sonriendo.

—Es que no soy de beber —respondió mi nuevo amigo—, pero los acompaño un rato, yo debo salir muy temprano el jueves.

—Ok, ok, pero acompáñanos — le dije.

—Está bien, solo hazme acordar. Hablando de eso, debo llamar a mi esposa, debo hacerle recordar que debe ir al banco maña, ¿tu también llamaras a tu esposa? —me preguntó. Presioné los dientes, no quería mencionarla en ese momento—. Debe estar preocupada.

—Si…, lo haré —respondí tratando de dibujar una sonrisa, pero solo logré conseguir una mueca.

Llegamos a nuestro piso. Nos detuvimos en el rellano de la escalera.

— Bueno, chicos —dijo Miriam— aquí los dejo, voy a mi habitación.

—Claro, gracias por acompañaras, linda. —le respondí.

—Mañana nos vemos —agregó Rodrigo—, yo también me voy a mi habitación.

Se despidió de nosotros y avanzó por el pasillo a su habitación. Yo me quede un instante con Miriam.

—Me cae bien —le dije—. Es extraño, pensé que todos aquí me iban a caer mal.

—¿Que sí? ¿Por qué? —me preguntó.

—No lo sé, odio estas cosas, siempre pensé que estas ponencias son una forma de ganar dinero a costa de las empresas, pero bueno…

—Pero se nota que sabes mucho sobre los temas que están exponiendo, yo diría que ya habías asistido.

—No, no… lo que pasa es que llevo mucho tiempo trabajando con números y cuentas, y por eso los temas de la ponencia yo los manejo: estadísticas, manejo de datos, errores, ya sabes…

—¿Qué cuántos años tienes? —me preguntó.

—¿Cuentos me pones? —retrocedí un paso—. Mírame bien, no temas ser cruel —le sonreí.

—A ver, déjame ver. —Acomodó sus lentes y me estudió con un gesto gracioso—. ¿Treinta y siete años? — inquirió.

Yo solté una carcajada.

—No, más que eso, linda. Tengo cuarenta y un años — respondí entre risas.

— Bueno, no parece, y eso que estas con barba y con el cabello algo crecido…—señaló.

—Sí, y he subido de peso también, pero ya estoy en proceso de bajarlos. —dije palmoteando mi abdomen—. Por el corazón ya sabes, herede es problema de mi padre.

—Ya veo… debes cuidarte, ¿yo cuantos tengo? —me pregunto y se arregló el cabello y me sonrió juguetona.

—A ver… tu tendrás pues… veintiuno… —dije bromeando.

—Ya pues, en serio… — me dijo sonriendo.

—Ok, ok… veintiséis, veintisiete, no te pongo más — respondí.

—Casi aciertas —respondió—. Yo tengo veintiocho.

—Pues eres muy joven.

—Ni tanto en mi trabajo hay… —Su celular sonando interrumpe nuestra conversación.

Se disculpó conmigo y respondió.

Se alejó unos pasos y respondió, pude oír que le decía a alguien que estaba bien y que todo había salido correctamente. Luego de unos segundos regresó.

—¿Ya te reportaste? —le dije con una sonrisa.

Ella sonrió también.

—Es el chico con el que estoy saliendo —me comentó—, se preocupó por que no le he llame en todo el día.

—Ah ya veo… claro, debe estar preocupado. ¿En que estábamos? — le pregunté.

Debo aceptar que eso me incomodo un poco, pero no le di mayor importancia, total, pensé.

—Ah —sonrió—. Hablaba de que en mi empresa soy una de más más «grandes», hay una chica en contabilidad que tiene diecinueve.

Mi celular sonó esta vez. Era Romina. Me quedé viendo la pantalla unos segundos.

—¿Es tu esposa? —me preguntó.

—No —le respondí—, es del trabajo. Seguro quieren saber cómo me ha ido. —Corté—. Humm… —Me encogí de hombros—. Un gusto conversar contigo. Mañana nos vemos al lado de la planta en el vestíbulo del auditorio, ¿te parece? Así nos podemos sentar juntos los tres. —le dije.

— Claro, claro —respondió sonriendo.

Nos despedimos, ella siguió por las escaleras y yo me dirigí a mi habitación.

Ahí respondí a Romina.

Hacía mucho que no la escuchaba de esa manera, me hablo con cariño, me dijo que me extrañaba y que esperaba que estuviera bien y que regrese pronto. Supongo que no verme llegar a casa y servirme mi cena le pareció extraño. Le conté acerca de Rodrigo y de Miriam, le conté también sobre la ponencia, fue agradable conversar con ella después de todo. Creo que la distancia sirve, como dicen por ahí. Aunque soy sincero al decir que más tarde mientras bebía una copa no pude evitar pensar en Miriam, algo en esa chica llamaba mucho mi atención.

Hacia algunos años atrás había conocido a una amiga en el trabajo, su nombre era Karina, era del área de asuntos legales, pero su oficina estaba junto a la mía. Habíamos hecho muy buena amistad, siempre salíamos juntos, almorzábamos juntos, incluso nos habíamos emborrachado en alguna ocasión. Compartimos muchas aficiones, algo que no le gustó a Romina, pues la había conocido. Sumándole a eso que mi matrimonia estaba pasando por una crisis en aquel tiempo, hablo de cuatro años atrás. Casi nos divorciamos, yo había entrado a un estado emocional muy complicado. Todo me había dejado de importar, excepto Karina y lo bien que la pasábamos. No me enamore de ella, ni ella de mí, hasta donde yo sé, pero no voy a negar que tenía las más hermosas piernas que he visto. Y ella siempre decía que yo era muy atractivo y que no hiciera caso a la fastidiosa de mi mujer, parecerá mentira, pero eso me ayudó a no tomar la decisión de divorciarme. Karina me dijo que, si caigo en las provocaciones de Romina, terminare peor y que si me divorcio que sea porque lo decido en el total control de mis emociones. Con ella tuve las mejores borracheras de esa aquellos tiempos, era como un amigo más, pero con lindas piernas, y a pesar que dé me quede en su departamento unas cuantas veces, nunca pasó nada.

Romina y yo al poco tiempo arreglamos las cosas, como siempre, y Karina fue trasladada a Ganacao al sur. Aun de vez en cuando me envía fotos de ella en la playa con sus amigas, de su nueva casa; le va muy bien, la extraño a veces pues con ella siempre me sentía comprendido. Estar con ella era como estar con Romina, pero en los viejos tiempos: divertida, linda y soltera. Algunos amigos en la empresa aun me dicen que ella siempre estuvo enamorada de mí, yo no les creo o no les quiero creer.

Bueno ella se fue yo me quedé solo, pues en mi piso no hay muchas personas con quienes hablar, y pues nuevamente tuve que lidiar conmigo mismo y mis temas familiares, el estrés, el desánimo y mi trabajo. Fueron meses muy difíciles sin ella, pero trate de ver las cosas positivas.

¿Qué tiene que ver esto con Miriam? Pues ambas son muy parecidas, excepto que Miriam no tiene las piernas de Karina; aunque ambas tienen ese mismo corte de cabello, esos mismos lentes, es como verla, pero en una versión más… humilde, por decirlo así. Karina era bastante más llamativa. No consiguió tantos asensos precisamente por ser la más trabajadira, eso decía ella.

Aunque aún la extraño, y Miriam me la recuerda mucho, ahí entendí por qué no podía dejar de pensar en ella.

Al día siguiente trabajé un poco, pues si, tenía que seguir trabajando, no eran vacaciones y mis instrumentos de trabajo no son precisamente un martillo y una tabla, envié los archivos y estuve libre casi toda la tarde, di unas vueltas por la ciudad quería conocer mejor el lugar y caminar siempre me hace bien. Compre algunas cosas para los chicos, no quería dejarlo para el último momento. También compre algo para Romina, unos zapatos que le gustaran, estoy seguro.

A las 5 estaba arreglándome para ir a la ponencia. Me encontré con Rodrigo en el ascensor y bajamos juntos, me comentó que había una prueba al final de la semana, yo ignoraba eso, en la página web tendríamos que rellenar un examen de acuerdo a eso la empresa ganaba los puntos de acreditación, no le di mucha importancia pues era bueno en esas cosas.

A quien no le dio mucha gracia fue a Miriam.

Se sorprendió mucho, pues no le habían dicho nada de eso y ella tenía un tremendo pánico a los exámenes, por más simples que fueran. Y Rodrigo no hacía más que empeorarlo, pues su trabajo estaba en riesgo si desaprobaba y no obtenía los suficientes puntos de acreditación. Yo particularmente no me preocupo por nada, es más estaba en una etapa en mi vida que todo me interesaba muy poco; pero en esta ocasión me sentí como en la universidad, yo siempre pasaba los exámenes sin estudiar sin apuntar, solo escuchando y analizando, por eso siempre quise ser analista, pero al final me quedé con la administración y gestión empresarial. Les dije que no se preocuparan, que entre los tres nos ayudaríamos, y así fue. Durante las dos ponencias siguientes tratamos de comprender, de analizar, de apuntar, de resumir, era como haber regresado nuevamente a la universidad. Fue divertido, nos reíamos mientras oíamos a los ponentes, hacíamos comentarios sobre los demás asistente, bromeábamos entre nosotros, bueno yo hacía bromas, no podía recordar desde cuando no me divertía tanto escuchando a alguien hablar. No era necesario ser un genio para comprender que eran ellos los que me estaban haciendo pasarla bien en esas aburridas ponencias.

En los recesos salíamos a la calle, yo fumaba un cigarrillo, ellos comían algo y conversábamos de la vida, del trabajo, incluso de nuestras parejas. Ahí conocí un poco más de Rodrigo quienes a simple vista es un saco largo, en tanto a Miriam, ella no hablaba mucho de su pareja, mencionó que era un chico bueno a quien conoció en la universidad, pero que él no la había terminado. Hablamos de lo que queríamos en nuestra vida, yo les conté que siempre había querido escribir una novela, lo que era difícil de comprender pues las letras y los números no van de la mano, pero mi madre escribía historias y mi padre era muy bueno inventando cuentos cuando mis hermanos y yo éramos niños.

A Mirian le llamo la atención saber que era padre de dos: una niña de diez y un niño de ocho. Le mostré las fotos, dijo que eran lindos, y es verdad, son muy lindos, es raro cuando ella hablo de ellos me dieron muchas ganas de verlos, esa noche los llame y hablamos por horas a través de video llamada. Miriam me contó también que ella quería ser mamá en algunos años más, que siempre lo había querido ser. Rodrigo y yo, no sé si hicimos bien, creo que la desanimamos un poco con nuestros monólogos acerca de todo lo que es ser padres, fue divertido pues sus argumentos y los nuestros fueron muy ingeniosos, al final terminamos riéndonos.

Las dos últimas ponencias fueron interesantes, hablaron sobre recursos humanos, quizá la clase que más le gustó a Miriam.

Esa noche Rodrigo se despidió y se dirigió a su habitación, yo decidí acompañar a Miriam a su piso, pues quise seguir escuchándola hablar. Estaba muy emocionada. Me gustaba conversar con ella, era muy inteligente y había olvidado lo mucho que me gustaba hablar con alguien así; es decir, Romina es muy lista, pero hacia mucho que no hablábamos de algo que no fueran los bebes y el gasto. Y aparte, Romina siempre ha pensado que es más inteligente que yo, eso le viene de familia.

—Ha sido una noche genial… —me dijo llegando a su puerta.

—Sí, no sabía muchas cosas sobre recursos humanos, es un área muy interesante dentro de las organizaciones —comenté.

—Sí, lo es, a mí me encanta mi carrera —enfatizó—. Aún hay una más para el miércoles, que emoción. Lo mejor es que voy comprendiendo todo, de no ser por ustedes… estaría perdida — me dijo.

— No, tu eres muy inteligente, seguro hubieras podido sin nosotros —le dije.

Su teléfono sonó nuevamente, supuse que era el chico con el que salía, siempre la llamaba por esas horas. Ella respondió alejándose unos pasos.

Luego de unos instantes cortó y regresó.

—Bueno —le dije—, creo que ya te dejo para que descanses. Mañana nos encontramos donde siempre.

— Si, — me respondió sonriendo — nos vemos mañana, descansa.

Al día siguiente el grupo creció, una conocida de Rodrigo se unió al equipo: Jazmín, una muy atractiva chica que llamaba mucho la atención. Ella era muy guapa y extrovertida, nos divertimos mucho en compañía de ella esa noche. Era extraño que fuera amiga de Rodrigo eran muy diferentes. No lo note en ese momento, pero parecía no caerle muy bien Miriam, no sé si es por esa tendencia a la territorialidad de las mujeres, pero las siguientes ponencias note un poco extraña a Miriam.

Igual y tratamos de pasarla bien los últimos días de la ponencia, yo seguía bromeando con Miriam, quería hacerla reír, pues la notaba tensa, ella insistía que era por el examen, yo me daba cuenta que no era eso. Jazmín por su parte siempre me hacía reír, era muy graciosa. Y aunque algunas veces se notaba que quería llamar la atención, tanto mía como de Rodrigo, él ya me había dicho que ella era así siempre. Igual y nos estaba yendo muy bien, habíamos tomado muchos apuntes y aprendido varias cosas nuevas acerca de los derechos del trabajador, estábamos seguros que podríamos pasar el examen y ganar los puntos para nuestras empresas.

Continúe acompañando a Miriam hasta su habitación y conversando con ella, me contaba de su vida, de su familia; la conocí solo un poco en esa semana. Le conté de mí, le hable de mi familia, por alguna razón pinte a mi familia mucho mejor de lo que me parecía; quizá lo hice porque en algún punto quería hacerme el interesante, un buen esposo, un buen hombre y seguro de mí mismo. Ella por otro lado no hablaba mucho de su relación, me hablaba más de sus metas, de su familia; quería ascender, quería comprarse un apartamento, pues vivía con su madre aun y era algo complicado. Era interesante saber que sus padres no sabían que tenía una relación hace más de cinco años con ese muchacho, me di cuenta que sus padres eran muy exigentes con ella, la mayor de tres hermanos, por eso ella era tan obsesiva con los resultados, tan cuadriculada por decirlo así; pero también algo insegura, tímida. Me había dicho más de una vez que mi forma de ser la sorprendía y hasta cierto punto le asustaban las personas como yo: «seguras» y «centradas». Yo solo atine a reírme, si supiera la verdad se sorprendería. Aunque eso no era del todo cierto, en la universidad me caracterizaba por ser muy seguro, rallando casi el narcisismo, pues de verdad cuando sé que soy capaz de algo lo hago, y con ella pues eso había resurgido en mí. Fue extraño, pero nuestra personalidad tan diferente nos hizo llevarnos muy bien en tan poco tiempo, quizá complementábamos lo humilde que me faltaba, con la seguridad que ella necesitaba, ¿qué se yo?, hasta ese momento todo quedo solo en mis pensamientos.

La noche siguiente, el miércoles, la ponencia terminaría temprano, exactamente una hora antes, para poder utilizar nuestras computadoras y responder los cuestionarios de las ponencias. Era difícil plagiar o copiarnos, pues cada examen era dependiendo de la organización a la que pertenecemos y las áreas correspondientes. Finalmente, luego treinta minutos, casi todos habían terminado ya. No negare que ayude a Miriam, a Rodrigo y también a Jazmín, que estaba bastante perdida.

Enviábamos los datos y podíamos salir, como termine primero salí minutos antes y los espere afuera.

Salieron todos con unas caras que parecía que salían de un velorio, muchos recuerdos de la universidad vinieron a mi mente. Me acerque a Miriam al verla salir y le pregunte: ¿Qué tal?, ella me respondió algo preocupada que no sabía si había salido bien. Los puntajes los enviarían por correo, no sabríamos nada hasta llegar a casa el día jueves.

—Bueno, chicos acabo la ponencia ¿qué dicen si hacemos algo? —dijo Jazmín sonriendo y sobando sus palmas, se le veía animada.

—Sí —respondí—, habíamos quedado en que saldríamos este día. —volví la mirada hacia mis Miriam y Rodrigo—. ¿Qué dicen? —les pregunté.

—Pues yo tengo que levantarme temprano —dijo Rodrigo—, puedo acompañarlos hasta las once nada más, ya saben.

—Vamos, no seas así —le dijo Jazmín, animándolo y cogiéndolo del brazo—, ¿y tú? —le preguntó a Miriam—. ¿Vamos?, a las chicas si nos gusta divertirnos —dijo sonriendo.

Yo miraba de reojo a Miriam, su expresión había sido seria desde que salió del auditorio.

—¿Iras? —le pregunte. Evidentemente con la esperanza de que fuera.

—No creo —respondió—, estoy muy cansada, y tengo que enviar unos trabajos que aún no acabo. Aparte tengo que despertar muy temprano, mi tren sale a las seis de la mañana, y a las 8 debo estar en mi trabajo— respondido con una mueca.

—Ay que aburridos… —se quejó Jazmín.

—Bueno, entonces, creo que nos despedimos aquí… —le dije—. Yo salgo mañana a las once más o menos, mi avión sale a esa hora.

Me ponía triste despedirme de ella, era extraño, me dolía un poco la idea de no volver a verla. Intenté sonreír, pero no pude.

Ella se acomodó el bolso y se acercó a nosotros.

—Sí, ha sido un gusto pasarla con ustedes, chicos — dijo dibujando una sonrisa, aunque creo haber visto un poco de tristeza en su mirada cuando se me acercó y me abrazó, me dio un fuerte apretó, y me dio un beso en la mejilla—… te llamare para avisarte si obtuve los créditos y pude ascender —me dijo.

— Estaré esperando —respondí, con lo que espero haya sido una sonrisa.

La seguí con la mirada hasta que entro al ascensor, se despidió con la mano antes de que se cerrara. Sentí un pequeño vacío en el estómago.

Baje con los muchachos al bar y bebimos unas copas hasta cerca de las doce, Jazmín forzó a Rodrigo a quedarse, al final se quedó y se emborracho. Mientras Jazmín fastidiaba a Rodrigo y conversaban, yo no podía dejar de pensar en Miriam. Los chicos se dieron cuenta, me comentaron que «no era el mismo» si ella no estaba. Jazmín pregunto si «había algo» entre nosotros, yo le respondí que «estoy casado y ella tiene su pareja». Esa noche dejamos a Rodrigo en su habitación y le pusimos la alarma, igual salió tarde, Jazmín estaba un piso abajo, así que la acompañé, no quería entrar tan pronto a mi habitación. Me dio su tarjeta y me dijo que tal vez para el siguiente congreso podamos quedar, así nos ayudaríamos y no sería tan aburrido. Dijo que nos avisaría.

A la mañana siguiente desperté con algo de resaca, eran las nueve y algo de la mañana, Miriam ya estaba en su trabajo, supuse, cuando cogí mi teléfono encontré un mensaje de ella: «Aprobé, pero me faltaron puntos para ascender. En 2 meses asistiré a otra conferencia aquí en mi ciudad, quizá ahí pueda ganar esos puntos, muchas gracias por todo, suerte, quizá el otro año podamos reencontrarnos».

Le respondí de inmediato: «Me alegra que hayas aprobado, tus jefes van a alegrarse y estoy seguro que ascenderás muy pronto. Quizá nos veamos el otro año, fue muy divertido, estaremos en contacto, éxitos. Seguramente nos encontraremos”.

Luego de escribirle bebí una copa, fumé un cigarrillo y a las once ya estaba en el aeropuerto. Regresaría a mi casa, a continuar la vida como siempre, salvo que ahora estaba un poco más animado, no lo sé, me sentía distinto, algo en mi era diferente.

8 de Abril de 2020 a las 14:51 0 Reporte Insertar 1
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