shirowersoul Shiruka Wilshard

¿Alguna vez has deseado algo con todas tus fuerzas y sientes que no podrás lograrlo? Esta historia te contará algo cercano a la magia negra, esperemos no seas el próximo.


Cuento No para niños menores de 13.
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Todo lo que dejé atrás

Todo estaba listo: Las velas negras, el fúnebre telar de seda, el cuchillo afilado y demás. Mantenías una copia de la biblia satánica en tus manos, no era muy difícil de conseguir para ti, puesto a que tenía un precio razonable en las zonas oscuras de las redes. Tu corazón andaba ansioso, ya que realizarías una invocación ante un ser maligno y poderoso, no te sentías con los pies en la tierra de momento ¿Quién lo estaría? Esto es un acto de desesperación o mera curiosidad ante ti, pero ya no importaba. Te encontrabas en el nudo de un mundo retorcido y siniestro, sin salida, sin nada. Tan solo oscuridad y pesadillas, recuerdos de la infancia, adolescencia y demás. Con la paciencia carcomida ya no dabas para más, deseabas con todo tu ser eliminar aquellos recuerdos agobiantes que te llenaban de pánico.

La habitación era oscura, tal como requería la invocación, esperaste hasta la hora exacta, en la cual no hubiese ni un alma a tu alrededor. Te quedaste inmóvil en la misma, tus oídos al tener costumbre del sonido comenzaban a zumbar, era molesto, como si un insecto volara a través de tu oreja para llegar a reposar en tu tímpano. Estabas descalzo, preferías no moverte aún ya que la frialdad del suelo congelaría casi todo tu ser, el sueño se hacía presente, te daba una mala jugada en plena oscuridad. Los ojos se ajustaban lentamente a la falta de luz en la habitación, veías sombras y movimientos en tus reflejos, eso aumentaba tu pulso, “Tun-Tun Tun-Tun” Lograbas apreciar tus propios latidos a falta de sonido, un leve escalo fríos recorrió tu espalda en un instante, casi pierdes el balance. Sacudiste la cabeza y respiraste lentamente para calmar esa ansiedad que comenzaba a apoderarse de tu cuerpo en segundos, con paso de los minutos el antiguo reloj comenzó a sonar. Era la hora indicada para la invocación, ni un minuto más o uno menos, era en aquel preciso instante o nada daría resultado.

Te arrodillaste y prendiste cada vela que ya yacían en el suelo con un serillo que guardaste desde un inicio en tu bolcillo, aquel calor comenzó a darte seguridad, era momentánea, pero al menos disfrutabas de ello. Proseguiste a colocarlas a cada esquina de la habitación, la misma era cuadrada por lo que no hubo complicaciones. Hecho esto tomaste una tiza blanca que se encontraba reposando en tu escritorio de madera, aparte de ella estaban algunos libros y papeles sueltos que te daba flojera guardad, volviste al tema principal y dibujaste un círculo a tu alrededor con la tiza en el suelo de madera. Este al tener contacto con tu peso crujía al ritmo de tus movimientos, como si ambos estuvieran comunicados para aquel acto, finalizando con ello y confirmar que no tuviera alguna falla de pulso, suspiraste. Era hora de usar el cuchillo, lo tomaste del suelo, lo observaste por un instante hasta notar tu propio reflejo. Sin pensarlo dos veces rasgaste tu brazo con el filo de metal, quejidos salían de tu boca mientras carmesí brotaba de tu reciente herida. Te aseguraste de que saliera mucha, pero para asegurarte hiciste lo mismo con el otro brazo, esta vez solo soltaste un chillido, las heridas eran grandes, casi del tamaño de toda tu palma. Dejaste caer el cuchillo para luego negar en susurros todo cristianismo, catolicismo, entre otros de tus creencias mientras dejabas caer la sangre dentro del circulo.

Caminaste dentro del mismo y así cubrirlo todo con la sangre, en tu último esfuerzo tomaste el fúnebre telar de seda y lo cubriste, todo se manchó del rojo carmesí proveniente de tu cuerpo.

La habitación olía a hierro, te quedaste un momento de pie delante del circulo para luego dejarte caer del cansancio, la anemia se hacía presente, tus brazos aun sangraban. “¿Lo hice mal?” Pensaste al notar que tu visión se volvía borrosa, tan solo soltaste una pequeña risa. No era de alegría ni tristeza, era por sentirte ignorante respecto al tema, pero sentías algo recorriendo tu espalda que luego pasaba por tu cabeza hasta que llego bruscamente a tu boca. Te alteraste, no sabías que pasaba, solo notabas una mancha negra similar a una mano, no veías con claridad las cosas. Tal vez agonizabas por la hemorragia, no hiciste nada, ya que lo habías buscado desde un inicio al meterte en el satanismo. Sientes otras en tu cintura, las cuales te abrazan por la espalda y jalan hasta golpearte con la pared, tan fuerte fue el golpe que por unos segundos todo se tornó negro, recuperaste la visión notando el rastro de sangre en el suelo proveniente de tus brazos. No lloraste, no hiciste nada, tan solo esperabas la conclusión de todo esto. Al levantar la mirada notaste que el fúnebre telar de seda cubría a un ser, este no se notaba por el color del telar, la criatura se incorporaba lentamente mientras se acercaba a tu posición. ¿Qué podrías hacer? Nada, andabas agonizando por la pérdida de sangre, tan solo esperabas a que aquel ser se manifestara ante tus ojos y se vaya junto a tu vida. Pero no, aun no hacía nada, tan solo parecía tomar el telar y cubrirse con este. Lentamente se notaba la delgada contextura de la criatura, “¿Un demonio?” Diste como hipótesis, en efecto parecía serlo.

Su piel era pálida, se notaba un grisáceo en la criatura. Al incorporarse por completo dejo a simple vista sus cuencas vacías, parecía un cadáver, pero descartabas esa idea al notar que una sonrisa obligada se formaba por unos hilos, la encía de sus dientes era muy notoria, tan solo no parecía tener lengua. Un cuerno sobresalía de la parte superior de su cuenca vacía, esto te confirmaba totalmente que podría ser un demonio. Ya no sabías si era real, ficticio o tan solo tu cerebro estaba a punto de desplomarse. La criatura se arrodillo delante de ti, sentías su respiración, de cerca notaste que su piel tenía unos relieves extraños, como si estuvieran quemados. La criatura suspiro un aire frío, el cual heló tu rostro en un segundo.

- ¿Por qué me invocaste mortal? Debes de estar muy impaciente, que patético. –

Aquel ser se sentó frente a ti, no sabías exactamente que expresión tenía salvo por aquella inquietante sonrisa forzada que no dejabas de mirar, este se percató de ello por lo que abrió su boca lentamente, de este chorreo un líquido negro para luego salir de sus fauces una lengua grisácea y viscosa. Te era asqueroso, nunca habías apreciado un acto tan desagradable. El demonio soltó una que otra risa ante tus expresiones, te causaba repulsión por lo que intentaste zafarte del agarre, pero estas eran muy insistentes en que te quedaras en ese lugar. Hiciste un movimiento muy brusco por lo que tus heridas sin tratar chorreaban más y más, esto te causo un gran dolor, lo cual el demonio noto en un instante. Bajo la mirada y apreció por unos segundos tus cortadas, parecían darle placer ya que se reía de una forma burlona.

- Sangre humana, que detallista de tu parte por ofrecerme tal cantidad jeje. –

La criatura tomo ambos brazos y lamió lentamente tu sangre, aquel acto te dio aún más asco que antes. Sentías aquella lengua áspera rosar por tu piel, era doloroso, pero de un momento a otro no sentías el ardor de las mismas. El demonio las soltó para volver a mirarte y relamerse, se notaba el placer que tenía por el sabor, miraste tus brazos, ya no tenías las cortadas. El demonio las había curado a cambio de lamer tu sangre, su método de negocio no te agradaba ya que en ningún momento lo decidieron. Este seguía delante de ti, pero estabas totalmente inmóvil, realmente no esperabas aquel acto del demonio, lentamente volvías a recuperar las fuerzas. Aun las manos que abrazaban tu cintura no se retiraban, no te movías, una sensación de pánico recorría todo tu cuerpo. Querías gritar; salir corriendo, más no lo hacías, las manos y otra sensación inexplicable te obligaba a permanecer ahí.

- Ahora dime, mortal… ¿Por qué o con qué razón te atreves a invocarme? –

Pregunto junto a un tono ronco y resonante, sus manos comenzaron a pasar por tu piel, estaban heladas, un escalo frío recorrió todo tu cuerpo al tener contacto con ese ser. Intentaste hablar, pero ni el mínimo sonido salía de tus labios, esto parecía divertir al demonio, aunque no podías asegurarlo. Bajaste la mirada, no sabías que responder, temías por tu vida, tan solo esperabas a que todo culmine y seguir con tu vida. Te arrepentías totalmente de tus actos, la criatura no parecía muy complacida con tu repentina expresión.

Algo volvió a tantear por tu cabeza, parecían algún objeto puntiagudo ya que sentías incones, las mismas parecían tomar tu cabeza para luego sujetarla fuertemente y hacer que mires al demonio con brusquedad, te obligaba a mirarlo. Susurros y zumbidos resonaban en tus tímpanos, una voz de tono aguda se escuchaba, aparentemente de una mujer, pero su voz era rasposa, como si estuviera reseca.

- Te ha hecho una pregunta, responde estúpido mortal. –

El demonio te tomo del mentón con sus frías manos mientras se acercaba, un ser amorfo disminuía la distancia entre ambos, el pánico te consumía por lo que comenzaste a moverte con brusquedad, intentabas soltarte del agarre de aquellos brazos que rodeaban tu cintura, pero no resultaba. Sin nada que pudieras hacer intentaste desviar la mirada, pero las garras tras tu cabeza no lo permitían, la criatura volvió a abrir sus fúnebres fauces, se notaba aquel liquido negro y viscoso junto a su lengua, volviste a tener esa repulsión al verlo.

- Habla, o no arrancare esas cuerdas vocales que te niegas a usar… -

Esa criatura tenía una lengua muy afilada a la hora de hablar, no querías arriesgarte a que sus palabras sean cumplidas por lo que jadeaste, el demonio volvió a reír mientras apretaba tus mejillas con la misma mano que sostuvo momentáneamente tu mentón, sus cuencas vacías eran profundas y oscuras, no parecía verse algo dentro de la misma, mientras unas pequeñas gotas de sudor caían de tu frente. El miedo recorría tu mente, la cual te segaba por unos segundos. Tenías que decir algo, pero la voz no te daba a pesar del esfuerzo que infringías, jadeabas mientras veías aquellos ojos huecos. Te perdías en aquella mirada fría y penetrante, estabas con la vista hipnótica, pero al sentir su áspera lengua nuevamente te saco de la misma. Sentías ganas de vomitar, el hedor de sus fauces era putrefacto y al llar tu rostro con él te era totalmente repugnante. La criatura seguía esperando una respuesta, notaste el cómo tomo tus piernas, esperabas lo peor.

- E… Espera, lo diré. Te traje porque quiero pedir un deseo, lamento molestarte. –

No fue tan difícil para cuando te diste cuenta, pero el problema era la reacción de aquella criatura, no sabías que haría o simplemente te matara sin decir ni una palabra. Aquel ser se apartó dando una que otra carcajada, parecía que le era divertido, de un momento a otro las manos te soltaron. La curiosidad abarcaba toda tu mente, querías saber que era lo que te impedía el movimiento. Te alejaste un poco, aun estando en el suelo y volteaste la mirada, ahí se encontraba fusionado con la pared los restos de una mujer. Se notaba su piel carcomida, en total se encontraban cuatro extremidades y su cabeza, ambos miembros eran superiores, un ser un tanto amorfo, a decir verdad. Su cabello cubría su rostro, no se notaba muy bien, solo un brillo rojizo proveniente de sus ojos. Sin aviso la criatura de apariencia femenina se fue adentrando a la pared, hasta retirarse completamente. Un escalo frío recorrió tu espalda al momento que desapareció, devolviste la mirada al frente. La criatura se encontraba en medio del circulo dándote la espalda, realmente no querías acercarte, tenías un mal presentimiento de ello. Algo te incitaba a dar unos pasos, no sabias la razón, aunque el miedo seguía presente de cualquier cosa que pudiera ocurrir en ese momento. Te levantaste lentamente asegurándote de no hacer el mínimo ruido, conocías muchas historias de terror, se daba la posibilidad de que corriera hacia a ti e intentara atacarte, por lo que mirabas a tu alrededor. Sin querer avanzaste, disminuías la distancia entre ambos, no deseabas ver de nuevo esa sonrisa forzada en el rostro del monstruo, pero ya no había marche atrás. Una vez estuviste a distancia media, este se dio vuelta, de nuevo veías esa fúnebre sonrisa. Sus encías se veían algo gastadas ahora que te percatabas, al igual que sus dientes, mostraban pequeños relieves. Te pareció extraño, a decir verdad, no parecía del todo un demonio.

- Cumpliré cualquier deseo que me pidas, pero antes de ello quiero que realices tres trabajos que eventualmente te diré. Si lo logras tu deseo será totalmente cumplido, caso contrario… Lo cumpliré, pero con un castigo de por medio por no satisfacerme. –

Asentiste con la cabeza, sabías que nada era gratis ante un demonio, ellos siempre buscaban obtener la ganancia. Eso significaba que tu sangre no fue suficiente para satisfacer a la criatura, mantenías la mirada en alto, aquel ser era exageradamente alto, inclino su cabeza hacia un lado como si fuese un ave, pero no lo notaste de esa manera, era más retorcido a tu parecer. Su movimiento era lento, podías visualizar como un poco de aquel liquido negro escurría por sus labios, de un momento a otro abrió sus fauces mostrando aquella lengua larga y de color plomizo retorcerse por dentro, sin que puedas evitarlo la criatura tomó tu brazo izquierdo para luego clavar aquellos dientes blanquecinos que poseía. Lentamente veías como la sangre brotaba de tu brazo, la criatura los clavaba a fondo causándote un dolor agudo y duradero, tus quejidos eran música para sus oídos, le provocabas morderte más. Intentaste empujarlo con el brazo derecho, pero este fue más hábil y te sostuvo con rapidez.

- Por favor, s-suéltame… -

Decías entre quejidos de dolor, la criatura abrió su mandíbula nuevamente dejando caer algunas gotas de aquel carmesí, no sabías si realmente estaba feliz ya que tenía esa sonrisa forzada en todo momento, aquella sonrisa que tanto te intimidaba, se relamía los dientes manchados de rojo, en cierta forma notabas placer en sus cuencas vacías. La criatura soltó tu muñeca, hecho esto acaricio tu mejilla con la misma, era como si mostrara algo de piedad ante tu corta vida, pero no podrías asegurarlo. Al fijarte en aquella herida recién hecha por el demonio, tenía una forma peculiar, era circular, como si de una sanguijuela se tratase, aparte que dejo dos filas de más de las que se le notaban a simple vista. Miraste al demonio mostrando un rostro de confusión, “¿Por qué?” Pensabas mientras dirigías la mirada a la sonrisa forzada de aquella criatura. No dejaba de acariciar tu mejilla, en cierta forma mostraba compasión, pero se notaba su perversión a la vez. A través de sus cuencas recordabas tu pasado, aquellos eventos que te atormentaban, lo que deseabas borrar, de un momento a otro caíste dejando predominar la oscuridad.

Un leve esplendor fastidiaba y traspasaba tus parpados, cosa que te obligo a abrir los ojos, te encontrabas en la calidez de tu cama, todo estaba en orden, lo que te llevo a la conclusión de que fue un sueño. Sentías alivio, no querías realizar aquellos pedidos del demonio, recordaste algo. “La mordida” Paso por tu mente, levantaste rápidamente tu brazo izquierdo. Y no, no había nada. Suspiraste tranquilamente, pero al momento de querer salir de la comodidad de tu cama sentías como algo… no, algunas cosas caminaban sobre ti, retiraste las sabanas con rapidez, tu rostro se paralizó completamente. Sobre ti se encontraban caminando diversos insectos como: Gusanos, arañas y… Cucarachas. Querías gritar, pero algo tapo tu boca, era la mano de aquel demonio, la mantuvo así, no quería escuchar aquella voz que poseías.

- Si gritas, se meterán a tu boca, pasaran por tu esófago y depositaran sus huevecillos en tus pulmones. No quieres eso, ¿Verdad? –

Pregunto de forma pacífica, tan solo negaste rápidamente con la cabeza, sentías aquellas puntiagudas patas de las cucarachas y arañas, los retorcidos movimientos de aquellos viscosos gusanos te eran repugnante, el demonio acariciaba tu cabeza mientras te tapaba los labios.

- Esta es tu misión, tortura a alguien con estos insectos y cuando te suplique, mételos por su boca, ellos causaran su muerte Jeje… -

Aquella retorcida misión te asqueaba, era imposible imaginar cómo lo harías, no querías, pero todo terminaría y morirías a manos de aquel ser si esa era tu opción. Tranquilizaste tu respiración, tu pulso bajaba, hubo un minuto de silencio entre ambos, los insectos se acercaban lentamente a tu rostro. Las cucarachas iban en zik-zak, las arañas se tomaban su tiempo, en cuanto los gusanos, apenas lograban avanzar. Aun así, las cucarachas eran lo que más te alteraba.

- Atrápalos, si los pierdes o matas antes de la misión. Te mataré~ -

Lo último sonó como un coqueteo, el peor de tu vida, no te daba nada de gracia, aunque al demonio si le hacía. La criatura dejo de tapar tu boca, la frialdad de su mano había dejado la misma reseca y áspera, sentías un olor putrefacto proveniente de la misma, era asqueroso. Los insectos se acercaron una vez notar tu boca, diste un salto fuera de la cama. Aquellos insectos caían otros se mantenían, por lo que te sacudiste con apuro, los insectos comenzaron a correr por tu habitación. Al dirigir la mirada a la cama, notaste como el demonio se apodero de esta, se acomodaba cada vez más mientras lo mirabas, “Ahora olerá a muerto…” Pensaste, algo rozo por tu hombro, te dio un dolor agudo, pero leve. Estaba sangrado, miraste tu nueva herida para luego dirigírsela al demonio, este apoyó su cabeza en sus brazos para luego abrir sus fúnebres fauces, se notaba aquel liquido negro sobresalir de la misma.

- Solo es un aviso, para la próxima apuntare a tus ojos. Así que no digas o pienses tonterías~ -

Lo último lo menciono colocando su dedo índice entre sus dientes de forma vertical, era el símbolo de silencio. Habías ofendido al demonio con tu pensamiento, devolviste la mirada a aquellos insectos, sabías que tenías que atraparlos antes de perderlos completamente de vista. Buscaste rápidamente algo donde colocarlos, bajo tu cama notaste una botella de agua casi vacía, tomaste aquella botella y bebiste lo que quedaba de su contenido, tus labios resecos lo agradecían con un leve dolor por las heridas que se habían formado. Hecho esto, tuviste como objetivo a los gusanos, ya que eran más fácil de tomar y localizar. Las arañas fueron un poco más complicadas ya que huían al igual que las cucarachas, tenías miedo de que te picaran o que alguna cucaracha volara a tu cabeza, un temor constante la verdad.

Veías de rato en rato al demonio, este parecía mirarte o dormir, no lo sabías, no hacía nada. Te sentías tan idiota con aquellos actos, te repugnaba y asqueaba, pero harías todo por aquel deseo que pedirías al final. Pero… “¿Realmente valía la pena?” Claro que sí, ese fue tu plan desde un inicio, sabías que no habría vuelta atrás.

Pasaban los minutos, estabas persiguiendo a una cucaracha, esta volaba, por lo que era frustrante el querer atraparla. El demonio se encontraba sentado en el mismo lugar, te prestaba atención, parecía divertirle tus acciones. Tal vez porque demostrabas ser alguien fácil de manipular por un simple deseo, para ti no era cualquier cosa, lo querías de verdad. Darías todo, hasta tu propia carne para olvidar y mejorar todo, siempre creíste que… “El ser humano es presa de la memoria, porque el pasado lo atormenta y el saber que estuvo mal.” Si, creías en ello, era cierto. Si hacen algo malo lo recuerdan eternamente, la culpa crece en ti, como si fuera un puñal que atravesara tu cuerpo reiteradas veces con lentitud, así sentirías cada detalle de la misma.

- Apúrate mortal, me aburres… -

Aclaro el ser con un tono ronco en muestra de fastidio, proseguiste a tirarle cosas al insecto solo para aturdirlo. En el décimo intento acertaste y atrapaste con rapidez, no se veía dañado por lo que no fallaste en lo que dio como condición el demonio. El ser te miró y levanto, el peso de madera crujía a cada paso que daba, “¿Qué hice mal?” Pensaste.

El demonio se mantuvo frente a ti, lentamente te tomo de la cabeza. Fue con alfo de fuerza, lo mirabas con temor, de un momento a otro comenzó a desvanecerse, cuando ya no hubo rastro del tu brazo comenzó a doler, al percatarte de ello veías pequeñas gotas rojo carmesí caían de tu brazo manchando la madera del suelo, un dolor punzante en el brazo izquierdo. Era aquella mordida que te había dejado anteriormente, te desangrabas, rápidamente fuiste al baño más cercano a tu posición, era doloroso, no querías chillar al tener contacto con el alcohol. Cuando tomaste el valor, te echase aquel liquido sobre la herida, el dolor se hacía más intenso, tanto que dejaste caer el pote junto al contenido. Respirabas con agitación sintiendo algo de alivio por “curar” tu herida evitando que se infectara, pero a darle un vistazo notabas que aún sangraba, no tanto como antes, pero lo hacía. Tenías que vendarlo, tus padres entraron al baño por tus resonantes quejidos, ellos se encargaron de ello.

Te veían como un suicida, cosa que no era cierto según tu criterio, por aquella situación llegaste tarde a donde estudiabas, ya era normal para ti, puesto a que no tenías razón para asistir. Mirabas a cada persona, tenías guardada la botella con aquellos insectos, era obvio lo que harías, “Pero… ¿Cómo?” Era la única incógnita que te impedía realizarlo, era agobiante. Recordabas algunas películas de ese tipo, a la vez que entrabas a las redes oscuras en busca de una respuesta. Aún no lo tenías y ya había entrado un maestro, no prestaste atención a nada, solo por buscar a tu victima entre los compañeros de clase. Tenía que ser alguien fácil de convencer y desaparecer, aun que tener problemas con la ley no importaba si cumplías el deseo a tiempo, sonreías de lado al pensar eso, algunos notaron tu reacción, por lo que te miraban confusamente. Borraste aquella sonrisa de tu rostro, no querías llamar la a tención, menos ahora por aquella misión. Suspiraste mostrando aburrimiento, no entendías nada de la clase, escuchaste la palabra: Solo. Eso te dio una idea, era la clave para esta misión, necesitabas a una persona que viva “Sola”. Por un momento creías estar demente, pero tenías tus razones para hacerlo. Una vez escuchaste que una de tus compañeras vivía sola, a decir verdad, hablaste con ella una vez. Se sentaba tres asientos a la derecha de ti, la buscaste con la mirada y para tu sorpresa… Te estaba mirando, justo cuando sus miradas se encontraron ella dejo de hacerlo, no creías lo que sucedía, tal vez se dio cuenta de tus intenciones, no lo sabías con certeza. Al terminar la clase, la cual ni sabías de que trataba, te acercaste a la chica buscando una buena excusa para hablarle. Te colocaste a su costado, ella te miró algo confusa por tu reciente acto.

- Disculpa, no entendí la clase ¿Me ayudas? –

Fue la única que se te ocurrió en aquel momento, la joven te sonrió. La chica tenía un cabello largo u albino, sus ojos eran grises. Muy linda la verdad. Era un tanto extraña, no muy común, pero era lo que había. Ella asintió con la cabeza, aprovechaste que el asiento de adelante estaba vacío, por lo que te sentaste junto a ella, se veía tímida, pero eso a ti no te importaba. Pasaban los minutos, pero seguías preguntando. Habías entendido a la primera, pero querías establecer un “Contacto con ella” Era una pena que alguien tan amable sea tu presa, no pensabas en ello o la culpa te consumiría.

- Eres una gran maestra, ¿Por qué no me das clases? –

Querías apresurar las cosas ya que veías la mitad del rostro de aquel demonio, tu piel se puso de gallina. Los comparabas, algo tan lindo con algo tan aterrador, desviaste la mirada, no querías ver aquella sonrisa forzada tan pronto.

- Si es por ti… Digo, claro. Te ayudo. –

Las clases continuaban, volviste a tu lugar, aunque de vez en cuando la mirabas sin ninguna razón en particular. Solo lo hacías y esperabas pacientemente. Tomabas en cuenta que no podías llevarla a tu hogar, pero tal vez si al suyo, no sabías si accedería fácilmente ya que es la segunda vez que hablaban, a menos que sea una persona muy confiada, de igual forma en los descansos hablabas con ella. Es una pena, parecía que esa chica sentía algo por ti, pero no tenías interés en ella. Descubriste que vive algo cerca, en un barrio “Tranquilo” era el momento de la pregunta.

- Que te parece si… ¿Te acompaño a casa? –

Ella te miró algo confusa y negó, era obvia su respuesta, era más complicado de lo que creías. No sabías como apartarla de los demás y… Te mantuviste pensando un momento, una sonrisa se notaba en tu rostro. Ella seguía con aquella mirada, pero también sonrió. Te levantaste, planeabas algo… Tomaste tus cosas y le ofreciste la mano, ella solo la miró para luego redirigirla a tus ojos, se veía aún más perdida ante tu acción.

- Sé que nos conocemos muy poco, pero quiero hablar contigo en privado antes que terminen las clases ¿Vienes? –

Ya era la última hora, solo era cuestión de tiempo. Ella tomó tu mano tímidamente mientras se levantaba. Qué pena… Ambos salieron del aula con sus cosas, ella te seguía, no soltabas su mano. La llevaste a un almacén y cerraste la puerta con llave una vez los dos dentro, ella se veía algo nerviosa. El especio era angosto, por lo que estaban muy cerca uno del otro, ella se sonrojaba, sabías la razón, ambos sentían su profunda respiración. Lo confirmo con su expresión, pero no sentías nada. Es una pena…

- Perdóname, pero hay una razón por la que estás aquí… Junto a mí. –

Atrás de ella había una botella casi vacía de “Ácido muriático”. Era el momento, la abrazaste con algo de fuerza mientras susurrabas a su oído pidiendo perdón, así ocultabas el sonido de la tapa al desenroscarla. Dejaste de abrazarla, tomaste su mejilla con la mano derecha, y con la surda bajaste la botella ya desenroscada. Sin previo aviso, levantaste la botella con aquel químico y tomaste su nuca bruscamente obligándola a oler el producto. No tenías que tenerla así mucho tiempo como para marearla. No dijiste nada ante ello, solo pensabas “Qué pena, realmente me agradabas. Lo siento” Fue lo único que paso por tu cabeza en ese momento, un pensamiento muy retorcido la verdad. Comenzaste a disculparte reiteradas veces con pequeños susurros mientras sentías como su cuerpo caía. No querías matarla aun, eso se lo dejarías a los insectos, le amarraste las manos con una cuerda que encontraste en el suelo apenas entraste. Tapaste la botella del ácido para luego colocarlo en su respectivo lugar, sacaste unas tijeras de tu bolcillo, comenzaste a cortar su cabello. Querías darle un pequeño regalo al demonio con el cabello blanco natural de aquella chica, tomaste un mechón y cortaste. “Triz-Traz Triz-Traz” Sonaban las tijeras al cortar, cabellos blancos caían al suelo. Al culminar con ello guardaste un mechón, acariciaste la fina cabeza blanca de aquella chica, es una pena.

Una vez que ella parecía retomar la conciencia desenroscaste la botella con insectos, te colocaste atrás de ella, tan solo para no ver su pálido rostro agonizante. Sin remordimiento abriste la boca de tu estimada albina para luego colocar la punta de la botella, los insectos caían, ella jadeaba y pateaba al sentir como criaturas extrañas ingresaban a su boca. Se estaba ahogando con tanto insecto. Las cucarachas salían por los extremos de su boca, otras se adentraban por su garganta, el demonio tenía razón, ellas buscaban un lugar donde depositar sus huevecillos.

Una vez dejo de moverse la soltaste, ella calló inerte al suelo, los insectos comenzaron a entrar y salir de su boca, te era repugnante. Arruinaste algo tan lindo como aquella chica en un instante, tomaste la botella ya vacía junto a tus cosas para luego salir del almacén, ya había pasado un buen rato de la salida, por lo que sabías que no habría nadie. Lo confirmaste al abrir la puerta y echarle un ojo a la distancia, no había cámaras. Ahora que lo pensabas, fue más sencillo de lo que pensabas la verdad, matar a alguien… ¿Serías capas? Cerraste la puerta tras salir de esta. Caminabas sin expresión y justo antes de salir tiraste la botella a un contenedor de reciclaje. Te dispusiste ir a casa, solo esperabas que el demonio diera la segunda misión.

Llegaste a casa algo tarde, tus padres parecían no estar, solo aquel demonio sentado en un sillón de la sala de estar, te era algo inquietante ya que estaba oscureciendo y no se veía muy bien su silueta. La criatura se levantó lentamente señalando con su dedo índice al interruptor de la habitación, tenías miedo de lo que te esperaría tras hacerse la luz. Con temor le diste la espalda al demonio y prendiste el foco. Al voltear el demonio ya estaba junto a ti, tomo tu brazo derecho y lo mordió también. El carmesí brotaba, por alguna razón arecía abrirse la puerta ante la otra misión, era extraño. El demonio tardo menos en morder que la primera vez que lo hizo. Le aburria un poco tu sabor, prefería morderte cuando la adrenalina corría por tus venas, le era más placentero, a la vez que ver aquellas expresiones y escuchar tus quejidos del dolor.

- Tu segunda misión es… Quitarle un órgano a uno de tus padres y mandarlo por correo a esta dirección. –

Tus ojos se abrieron como platos, algo tan perverso como eso… No sabías si lograrías traficar un órgano de alguno de tus padres, el demonio acaricio tu mejilla. Esperaba alguna respuesta u opinión ante ello, tu brazo seguía goteando sangre, tu pulso se aceleró con tan solo imaginarlo. Era tan morbosa la situación, no sabías que decir ante ello.

- Me ofreciste la vida de un reciente “Amigo” solo te pido un órgano, no su vida Jeje~ -

Aquella risa no te daba mucha gracia, el demonio te llevo hasta el cuarto de tus padres. Una vez ahí te entrego un bisturí, por un momento te preguntaste de donde lo saco, pero es un demonio. Te empujo hacia la cama matrimonial donde tus padres se encontraban dormidos. Miraste a ese ser, la sonrisa forzada en su rostro te aterraba. No había vuelta atrás, tenías que hacerlo, de todos modos, se borraría todo en el futuro.

- Demuéstrame, ¿Quién te importa más? –

Cuando pregunto eso, ya no había nada que hacer, tan solo debías cumplir con el pedido de aquel ser. Levantaste el bisturí lentamente con algo de miedo mientras decidías a quien quitarle el órgano, una decisión un tanto difícil, pero sabías la respuesta inconscientemente.

Tú madre lloraba mientras veías como sujetaba la mano de tu padre en aquella ambulancia, estaba sangrando. Mentiste… Alguien entro a la casa, y robo el riñón de tu padre. La ambulancia se iba dejándote en soledad, ya habías enviado el órgano, ¿A dónde? Quién sabe… El demonio estaba atrás de ti, coloco una da sus manos en tu hombro haciendo que dejaras de ver tras la ventana. La segunda misión fue realizada, tan solo faltaba una y pedirías aquel deseo que tanto ansiabas, miraste al demonio esperando otra mordida, pero nada. Se quedaron mirando fijamente uno al otro, sus cuencas vacías te eran muy atormentantes. Ya te estabas alterando por aquella vista y olor desagradable, era horrible, tanto que te ponía enfermo.

- Tu última misión, espero seas capas jeje. –

Sus palabras roncas y forzadas eran estresantes, tanto que te dolía el oído. Querías culminar con todo esto de una vez y ser capaz de controlar todo de ti, cada vez tu pensamiento era más y más perverso, no eras así, solo eras una persona callada a la cual molestaban de vez en cuando, te irritaba. El ser amorfo se paró frente a la puerta de baño, este la abrió, pero estaba completamente oscura, no parecía ser lo que creías que era. De ahí salió una criatura cuadrúpeda parecida a un perro, pero no lo era. Tenía diversos ojos esparcidos por su cabeza, no tenía piel en la parte de su hocico, era como si se hubiera desgarrado toda esa parte, tenías unos dientes puntiagudos que al momento de abrir sus fauces se notaban un tanto sobresalientes de la mandíbula. Te dio cosa mirarlo ya que sus múltiples ojos miraban a todas partes y unos cuantos, a ti, se parecía a un animal, no cualquiera, sino a un lobo. No querías imaginarte algo así, te daba pena, sobre todo al recordar un fragmento de tu pasado. Una mascota de tu infancia, la cual termino siendo… Un recuerdo paso a otro, tu pulso incremento y lo que parecía un perro sonrió. Cada ojo se movía por sí solo, no estaban coordinados para nada. Aquel ser cuadrúpedo era más grande que un gran danés, tal vez hasta más que un lobo, te dabas cuenta de ello porque su cabeza sobrepasaba tus caderas. De vez en cuando abría su mandíbula, notabas que solo tenía una fila de dientes junto a dos lenguas color negro, al igual que el demonio escurría un líquido del mismo color. Este se acercó a tu persona, no podías moverte, aquellos ojos te intimidaban y amenazaban silenciosamente.

Al tenerlo frente a ti notaste el que no tenía pelo, su piel parecía quemada al igual que la del demonio. “Ambos vienen del mismo infierno” Pensaste, su olor era parecido al ser bípedo con sonrisa forzada. El mismo te rodeaba hasta llegar atrás de ti, lo que parecía ser un perro mantuvo posición por delante de tus ojos, algunos ojos te veían, otros iban por su cuenta. Sentías miedo, la última misión, te preguntabas que era… Para entonces el demonio suspiro en frío.

- Bien, esto es sencillo. Deja que arranque tres pedazos de tu carne, así culminará todo esto y veré que hago contigo… -

Lo último lo pronuncio entre dientes, pero lograste escucharlo. Era sencillo dejar que aquel ser parecido a un perro te arrancara la carne, la pregunta era “¿Aguantarás el dolor?” Te preparaste mentalmente, mientras pensabas si realmente valía la pena, mantuviste postura y pensabas en positivo “Si que lo valía todo para ti” Eso lo mantenías como soporte ante aquella situación, le asentiste al demonio que aún se mantenía atrás. La criatura cuadrúpeda se abalanzo hacia ti, te tumbo fácilmente aplastando tus hombros con aquellas patas de uñas negras, se acercó a tu rostro para luego lamerlo, como si te probara. Sentíais su respiración, cerraste los ojos esperando el momento, sin previo aviso sentiste como se clavaban diversas puntas en tu brazo derecho, casi en la misma parte donde el demonio te marco, la sangre escurría por tu piel manchando el suelo de madera con rojo carmesí. Comenzaste a gritar ya que la mordida fue más profunda que la de aquel ser bípedo, abriste tus ojos, el rostro sonriendo del mismo ser en cual pensabas se hacía presente, realmente gozaba de tu sufrimiento. La visión se tornó borrosa, parecía que la adrenalina se hacía presente en tu cuerpo, ansiabas la vida en ese mismo plano.

Un sonido pegajoso se hizo presente, ya no sentías a la criatura morder, la misma mantenía su hocico manchado de rojo mientras sostenía entre sus dientes un pedazo de carne, gotas de carmesí caían manchando tu vestimenta. El primer pedazo fue retirado de tu cuerpo, solo faltaban dos. El cuadrúpedo lo masticaba lentamente, se escuchaba como mascaba, veías como tu propia carne se mascaba por la criatura semejante a un lobo.

Levanto su hocico y lo trago, parecía gustarle por lo que se relamió la sangre de sus dientes. Esto sucedió por segunda y tercera vez, ya casi ni sentías nada, solo ganas de vomitar. Aquel dolor era indescriptible, una vez todo acabo la criatura se apartó de encima manteniendo el último pedazo entre sus dientes. Te quedaste un momento respirando profundamente, te sentías bien de haber soportado tal increíble dolor en diversas partes de tu cuerpo, ya que no solo saco tres pedazos, sino que te había mordido reiteradas veces para suavizar su estructura. El demonio se agacho para luego acariciar tu mejilla, aquella sonrisa forzada te daba indicios de nervios, estabas desangrándote. De vez en cuando tu visión se distorsionaba por la pérdida de sangre.

- Cumpliré tu deseo, ahora dime. ¿Cuál es? –

Con las últimas fuerzas que te quedaban susurraste aquel deseo que añorabas tanto, el demonio te miro por un instante y hecho a reír. A tu alrededor se tornaba algo rojo, unos crujidos se escucharon, una mano sobresalió del suelo y te tomó del hombro, era del mismo color que la que te había sujetado la primera vez. No sabías que sucedía, ese no era tu deseo, miraste al ser de cuencas vacías alejarse junto a lo que pacería ser un perro, seguía riendo. Intentaste levantarte, pero otra mano te sostuvo del pecho evitando tu movimiento, ambas jalaban bruscamente. Querías una razón, esto no fue lo que se acordó.

- ¿Qué sucede mortal? Me pediste desaparecer rastro de tus recuerdos, ¿qué mejor manera que desaparecerte a ti y de por medio castigarte por tus acciones? –

Fue la única respuesta y pregunta del demonio, las cuales no podías responder. Aquellas manos jalaban con fuerza tu cuerpo, la adrenalina de la supervivencia corría por tu cuerpo, no era justo. “¿Por qué no te explicaste bien?” Tal vez ese fue tu error, era cierto, un demonio solo busca sacar ventaja de las acciones de otro. Al no especificar tu deseo, este lo tomo de una forma acertada, pero no la que esperabas. El suelo se abrió, te sujetaste del suelo evitando que te llevaran a lo profundo, otras salieron del mismo lugar rasgando tu piel, la adrenalina nublaba tus sentidos, pero solo gritabas por el terror de caer ante una manipulación. El demonio solo te miraba satisfecho con todo, sentías odio y repulsión ante él. Las manos te arañaban quitándote pedazos de piel mientras jalaban, las heridas profundas fueron aún más abiertas, se notaban tus músculos. Sangre caía, destrozaban tu cuerpo mientras te jalaban, se llevaban parte de tu cuerpo mientras más esfuerzo dabas. Ya no aguantabas más, una de las manos rasgo tan fuerte que arranco tu rostro por completo dejando ver tu cráneo, te dejaste llevar y así fue como te fuiste de la existencia por partes, eso paso por tu desesperación.

7 de Abril de 2020 a las 22:21 0 Reporte Insertar 0
Fin

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