iamtaty Nataly Calderón

¿Puede una mujer con el corazón roto encontrar el amor? Ethan es un hombre amargado, cambia de mujer como cambiar de ropa interior. A pesar de que su pasado aún lo persigue, ser una ex estrella de rock tiene sus recompensas, las chicas se lanzan a sus pies nada más por ser Ethan jones, vocalista de la famosa banda de rock llamada "Anubis". Mía solo quiere encontrar trabajo y por cosas de la vida lo consigue en uno de los restaurantes de los que es dueño Ethan, el cual maneja con puño de hierro. Pero su mal carácter no la derriba. Él luchará porque su inocente rostro y su lindo trasero le impidan despedirla, pero ella logra meterse bajo su piel sin poder evitarlo. ¿Pueden dos personas rotas encontrar el amor, juntos? Solo ellos decidirán si tomar o no su última oportunidad a la felicidad.


Romance Romance adulto joven Todo público.

#malas-decisiones #oculto #pasado #misterio #secretos #romance
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Al fin fuera

Estaba esperando en la parada de autobuses recordando cómo había sido mi vida los últimos 6 años, el cambio que hubo en ella fue rotundo, una sola decisión había logrado tal impacto. Había comenzado mi día como cualquier otro me despedí de mi compañera y me puse el único cambio de ropa que tenía. Saludé a algunos conocidos entonces me dirigí a la salida pasando por todos los puntos de control. Me repetí a mí misma muchas veces que lo lograría que era una mujer fuerte, capaz de cualquier cosa que me propusiera. Recogí las pocas pertenencias que tenía con el hombre encargado después me fui jurando que jamás los volvería a ver. Tenía una última oportunidad y la iba aprovechar, sin importar que, iba a recuperar lo que era mío, nada en el mundo lo impediría. Sin mirar atrás salí de aquel lugar, el único lugar en la tierra que no extrañaría ni en mil años. Salí caminando siempre con la frente en alto, nada me derrumbaría, ni siquiera en ese momento, pues estaba saliendo de la cárcel.


Me dirigí directamente a la dirección que me había dado mi amiga Mariana en su última carta. Tomé el primer autobús que llegó a la parada respirando el aire fresco de la libertad. El trayecto se me hizo eterno, me sentía ansiosa por comenzar mi nueva vida. Al llegar al lugar indicado debía comunicarme con un tal Miguel, que según las instrucciones de Mariana, me daría lo necesario para salir del país.

—hola Miguel, te habla mía, la amiga de Mariana, ella me dejó algo contigo- hablé apresuradamente

—Hola, sí lo tengo aquí, ¿dónde te encuentras en este momento?

—Estoy aquí abajo, justo en la puerta del edificio

—De acuerdo, ya bajo —entonces colgó. Minutos después un chico de aspecto relajado salía por la puerta de aquel gran edificio con un tremendo sobre en las manos. Diciendo que todo estaba dentro y que necesitaba seguir las instrucciones. Después de agradecerle me despedí y caminé sin rumbo fijo abriendo el sobre. Dentro encontré mi pasaporte, identificaciones, dinero, boletos aéreos y otros papeles. Uno de los papeles era un certificado de antecedentes penales con mi nombre, obviamente falso, ya que decía que no tenía ninguno. Me pregunté cómo había logrado Mariana aquello.


No lo pensé mucho y tomé el primer taxi que encontré directo al aeropuerto. Estaba asustada, sentía que el corazón se me iba a salir del pecho esperaba que los papeles que me había proporcionado Mariana no me metieran en más problemas. Cuando llegué al aeropuerto la línea para confirmar estaba súper larga pero la hice con gusto. Esa era la única cola que haría sin problemas porque era la que me iba a llevar junto a mi niña. Después de un rato de pasar todas las inspecciones y revisiones me encontraba en la fila para abordar y con nostalgia me despedí en silencio. Me despedí de mi país, Venezuela, el lugar que me vio nacer y crecer, donde me formé como lo que hoy soy, donde aprendí tantas cosas que se grabaron en mi esencia. Pero también me despedí del lugar donde la palabra hogar se difuminó dejándome a solas con el dolor. Me despedí del lugar que me rompió pero sobre todo me despedí del lugar donde todo se me escapó.


Al subir tomé asiento e intenté ponerme lo más cómoda, ya que me esperaba un largo camino por recorrer. Nunca había viajado tan lejos así que tenía que tratar de no entrar en pánico. Por suerte me senté junto a una chica muy amable que conversó conmigo gran parte del viaje haciéndome sentir bastante a gusto. Ella también se estaba mudando a Argentina, iba a estudiar en la Universidad de Buenos Aires y estaba bastante emocionada. Le escuché toda su cháchara con nostalgia. Lo que daría por volver a tener su edad, cambiaría tantas malas decisiones. Pero ¿dónde estaría ahora de no haber vivido lo que viví, tendría a mi hija?, no lo sé y no puedo imaginar mi vida sin haberla tenido, sin haberla llevado dentro de mí, aun cuando ya no estaba junto a mí. Pero iba en camino a recuperarla eso tenía que darme la fuerza necesaria para seguir. El único error que había cometido fue enamorarme del hombre equivocado. Yo le había dado toda mi vida y él la destrozó pero desafortunadamente de no ser por él no habría tenido al regalo más lindo que Dios me dio.


Me casé joven. Cuando un chico rico comenzó andar detrás de mí, mi familia hizo todo para que me fijara en él y me enamorara. Así que después de unos meses de ser novios nos casamos. Por un tiempo fuimos felices, no tardamos en concebir y todo era color de rosa, pero entonces rápidamente comencé a disfrutar uno de los más grandes placeres que una mujer puede experimentar; venerar a un idiota despreciable. Fue increíble el cambio rotundo que tuvo su personalidad, de la noche a la mañana había dejado de ser aquel hombre dulce que me regalaba rosas y chocolates. Pero aquel hombre que se convirtió en un monstruo y que yo justificaba había desparecido, pues se lo habían comido los insectos y los gusanos debajo de tres metros de tierra. Debería estar más tranquila porque ya no me podía hacer daño sin embargo era tal el poder que tuvo sobre mí que yo aún sentía miedo.

Sentía curiosidad por saber que me depararía el futuro. ¿Encontraría a mi hija? ¿Y si la encontraba me querría en su vida? Deseaba con todas mis fuerzas que si me quisiera. Me la imaginaba como toda una mujer, tenía 11 años cuando nos separaron. Cuando me la quitaron se llevaron una parte de mí con ellos. Desde entonces he estado incompleta.


Apenas había cerrado los ojos cuando un fuerte estruendo me despertó, el avión estaba teniendo una fuerte turbulencia. Me eché un susto tremendo, todos en el avión estaban muy tranquilos yo era la única que sentía que le estaba dando un infarto. Mi compañera me tranquilizó contándome algunas historias graciosas que vivió en algunos vuelos pasados, me reí tanto que me olvidé del miedo. Por fortuna el avión no tardó en estabilizarse quedando en completa calma y yo pude volver a dormir, aunque no por mucho tiempo.


Jamás en mi vida había pasado tanto tiempo en un avión. El viaje se me hizo eterno, interminable. Había comenzado a desesperarme hacia el final, cuando por fin aterrizamos di gracias a dios. Casi beso el suelo de la emoción cuando logré poner mis pies en tierra firme. Sé que sueno exagerada es que yo nunca había hecho un viaje tan largo y mucho menos en avión. Retiré mi maleta y después de pasar por todos los puntos de control necesarios, volví a respirar, porque había logrado pasar la inspección sin problemas, entonces me dirigí hacia la salida donde me encontré con mi querida amiga Mariana. Me dieron ganas de llorar con solo verla y no pude evitar lanzarme en sus brazos. Tenía muchas emociones atascadas en mi pecho que peleaban por liberarse de mí. Era la primera vez en años que veía una cara amiga, alguien cercano a mí. Mariana era más que una amiga, ella era la hermana que nunca tuve, la cual me quiso y me apoyó mucho más de la que alguna vez hizo mi propia familia.

—¡Nena! —Gritó Mariana emocionada al verme. La abracé con fuerza, tenía miedo de que todo hubiese sido un sueño, de que abriera los ojos y me encontrara en esa horrible casa con ese horrible hombre.

—todo... ¿todo esto es real verdad? ¿De verdad está pasando? —le pregunté con lágrimas en los ojos. Ella me observó con dolor y me atrajo a sus brazos. Aún me sentía en shock, me era difícil enfrentar toda la situación de haber perdido tanto en mi vida por culpa de un maldito imbécil que no encontraba una mejor forma para descargar sus frustraciones que no fuera usándome como un saco de boxeo. ¡Marica! ¿Quién ríe ahora?

—Nena, no me hagas esto me rompes el corazón, ven vámonos a mi casa necesitas calentarte un poco —.Buenos aires estaba en pleno invierno y yo no llevaba ninguna ropa que me protegiera del frío. Estaba helándome. Mariana me tomó de la mano y me llevó rápidamente hasta su auto, donde encendió la calefacción al máximo dirigiendo todas las ventanillas hacia mí. No me había fijado que estaba temblando hasta que me senté en el asiento de aquel hermoso auto. Sacudí mi cabeza despejándome, tenía que mantenerme cuerda, no era momento para un ataque de pánico.

—A alguien le está yendo muy pero que muy bien, ¿acaso estás vendiendo tu cuerpo? Pregunté sonriendo mientras echaba a un largo vistazo a mí alrededor.

—Ahí está mi amiga, ¿ya se te descongelaron los pensamientos? —preguntó y yo solté una gran risa, la primera en años.

—Algo así —respondí entre risas —entonces ¿me vas a contar cómo es que ahora eres millonaria? No me digas, ¿te estás chuleando a un viejo rico?

—No soy millonaria payasa ni tampoco me estoy chuleando a nadie. Déjame llevarte a casa antes de que te enfermes y te cuento todo ya me di cuenta que no estabas leyendo mis cartas —.me regañó Mariana. Era verdad, me deprimí durante un tiempo en la cárcel y no quise leer ninguna de sus cartas hasta el final de mi condena. Fui sentenciada a una condena de 15 años por homicidio intencional por haber asesinado a mi esposo, condena que luego fue reducida a la mitad al alegar defensa propia y por la presentación de pruebas de agresión hacia mi persona, dejándome en libertad al cumplir los 6 años por buena conducta. Pero la peor parte fue que me obligaron a firmar una autorización para que sus familiares se llevar a mi hija del país. Eso me terminó de romper.

—Lo siento, no me encontraba nada bien —comenté desviando la mirada.

—Tranquila nena, lo sé. Vayámonos a casa, aún tienes toda una vida por delante y tienes que empezar a vivirla ahora. Me aseguró mientras aceleraba y salía del estacionamiento. Sonriendo observé como todo se movía alrededor de nosotras mientras conducía hacia la gran ciudad, ella tenía razón ya era hora de que comenzara a vivir.

6 de Abril de 2020 a las 19:39 4 Reporte Insertar Seguir historia
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Emmanuel Emilio Torres Ardura Emmanuel Emilio Torres Ardura
Hola Interesante historia, me encantaría que pasaras a leer mi novela esta en mi perfil. Saludos desde México.
May 04, 2020, 21:01

David Vásquez Gallego David Vásquez Gallego
Gran Historia, bases sólidas, y un estilo original, soy nuevo, te invito a pasar por mi perfil y que leas uno de mis cuentos, saludos desde Colombia
April 24, 2020, 04:54

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