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La vida de Bee Pilgrim no ha sido nada fácil desde que sufrió un trágico accidente automovilístico junto a sus padres, donde una Bee de diecinueve años fue la única sobreviviente. A partir de ese momento, Bee se convirtió en el soporte de su pequeño hogar en Wallace, Idaho, donde ella y su hermana menor residen. Bee no se salva de jefes abusivos y es despedida de su trabajo como camarera, el único trabajo que le ayudaba a sobrevivir. Un anuncio del periódico local capta su atención: se ofrece un empleo como tutora en la escalofriante mansión Erös, una mansión que cada niño -e incluso adulto- en Wallace teme; es un lúgubre lugar en las montañas, que ella creía prácticamente inaccesible. Sin embargo, Bee se olvida de sus miedos de la infancia y toma el empleo. Pronto, descubre que la mansión Erös y todos sus habitantes guardan un terrible secreto, no sólo a ella. Sino a todo el pueblo.


Paranormal Lúcido No para niños menores de 13.

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Capítulo 1

•• <<────≪•◦⚜◦•≫────>> ••

De manera inmediata, tengo que admitir que soy una mujer construida de insensatez y de impulsividad.

Por ello, no fue sorpresivo para nadie la forma en la que, básicamente, había estallado aquella mañana. Aunque estoy segura que nadie me culpa porque, al fin y al cabo, a nadie le agrada “Bob ni sus asquerosos intentos de hamburguesas”.

No obstante, “Bob y sus asquerosos intentos de hamburguesas” eran lo que me permitía pagar para poder existir en ese pequeño pueblito en Idaho. Ahora, por ser una bocazas, me encontraba sentada en la cafetería rival de la de Bob, con una taza de café entre mis manos y el peso de mis deudas sobre mis hombros.

Wallace es un pueblo pequeño con apenas ochocientas personas, era un lugar tranquilísimo y he de admitir, tiene bastante encanto y belleza. Sin embargo ¿de qué me servía aquello si no podía encontrar ni un solo trabajo? Tenía un título como maestra de literatura, pero el colegio del pueblo no necesitaba más personal y no podía darme el lujo de buscar empleo en pueblos aledaños porque ni siquiera un auto podía conseguir, además, no quería estar mucho fuera de casa ni tan lejos de ella. Gala ya pasaba demasiado tiempo sola.

—Hey —alcé la cabeza de inmediato al reconocer la voz de mi amigo más cercano; Ethan me sonrió de inmediato, se sentó frente a mí y colocó un periódico enrollado sobre la mesa, justo al lado de mi café— Escuché lo que pasó.

—Seguro ahora soy la mujer de la que más hablan, ¿huh? — bromeo, a lo que él responde con una risita burlona. Tomo el periódico y lo desenrollo con pereza para luego pasar mi mirada por el encabezado. — Vaya, no llegué al encabezado. Supongo que “Hombre local adopta treinta gatos” es mucho más interesante.

—Lo es —murmura Ethan— Quiero decir ¿quién adopta treinta gatos, Bee? —su expresión muestra pura confusión; pongo los ojos en blanco y antes de que pueda responderle me arrebata el periódico y lo ojea — Como sea, no estoy aquí para hablar de eso. Estoy tratando de ayudarte ¿sabes?

—Ethan…

— ¿Lees el periódico, siquiera? —me pregunta, entregándomelo de nuevo pero ahora en la sección de empleos. Bufo divertida, comprendiendo qué se refiere.

— ¿En serio crees que no he buscado así? —le espeto y el asiente — ¡No soy tonta! He llamado y asistido a cada empleo anunciado en este estúpido periódico y nadie quiere contratarme, hombre.

—Pero estoy seguro que no has leído el periódico de esta mañana, Bee, cariño.

Me quedo callada al notar la sonrisa en su rostro, esa sonrisa juguetona en sus labios que me sugiere que tiene buenas noticias para mí. Tomo de inmediato el periódico y ahora sí lo leo con ansias.

Tenía razón, Ethan sí que me tiene buenas noticias.

—Dios, soy una idiota…— murmuro, cubriendo mi rostro con mis manos. Siento su mano sobre mi cabeza, palmeándola como si fuera un perro. — Y yo aquí sintiendo lástima de mí.

—Y a pesar de que te he dado la solución a tus problemas tu aún sigues ahogándote en tus penas —canturrea— Tan típico, no esperaría menos.

Ignoro su comentario y vuelvo la conversación a lo inicial. Se trata de un empleo como tutora de literatura, con buena paga e inclusive alojamiento. ¿Qué más podría necesitar?

No obstante, el lugar a donde debo ir me altera. Tan solo leer aquél nombre y observar la pequeña foto a blanco y negro que han colocado me da escalofríos. En realidad, sentirme así seguro es estúpido, ya que la única razón para temerle a la Mansión Erös son rumores y los cuentos de terror que mamá solía contarme a mí y a Gala para que nos portásemos bien.

Además, Ethan ha trabajado ahí por años —es el único residente de Wallace que trabaja ahí—, no puede ser tan malo ¿verdad?

—Entonces…—comienzo, ofreciéndole la mejor sonrisa que jamás le he mostrado. Ethan sabe de inmediato que quiero convencerlo de algo. — Hablarás muy bien de mí ¿no es cierto?

—Bee… —por el tono que acaba de usar, sé que seguro no lo hará. Es el tono seriecito que su voz obtiene cuando el tema sobre su trabajo en esa vieja mansión surge, sé que no puede decirme absolutamente nada.

—Está bien —le digo, ofreciéndole una sonrisa amable— Puedo conseguirlo sin tu ayuda, Murray.

Con una enorme sonrisa, asiente: — Estoy seguro de eso.

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La mujer sentada frente a mí en la sala de mi propia casa me descoloca por completo. Tiene una apariencia estremecedora y realmente no puedo explicar el por qué, tiene un algo que no sé qué es que hace que mis manos tiemblen en el momento en que le entrego una taza de té.

Sra. Alvah, es como quiere que la llame, pero la verdad a mí me dan ganas de no llamarla ni verla nunca.

Es casi esquelética, palidísima y tiene unos clarísimos ojos grises que me recuerdan a esos muertos de película. Incluso esta vestida como si estuviésemos en los años 40…su ropa se ve tan vieja que de verdad parece que viajo en el tiempo.

— ¿Ha enseñado a muchos niños? —me pregunta mientras aún observa, inquisitiva, la taza en sus manos. Puedo ver que hay disgusto en sus facciones, desde que entró ha estado mirando todo como si fuese radioactivo; por mi bien y el de mi hermana menor, me esfuerzo al máximo para no mandarla al carajo, además, esa apariencia de muerta me gana.

Yo por lo general me manejo bien en las entrevistas de trabajo, pero con esta mujer de apariencia fantasmagórica me cuesta un poco soltar las palabras y no lucir como una chica asustada.

—A tres…—respondo, maldiciéndome mentalmente por usar un tono tan bajo, por lo que repito mi respuesta más alto— A unos tres.

Cuando sus ojos se clavan en mí, fríos y crueles, presiento que me dirá, de inmediato, que no puedo trabajar para ella; no obstante, me sonríe con… ¿dulzura? No estoy segura, pero no siento como si ese tipo de sonrisa no encajara muy bien en su rostro. Así que me apresuro a ofrecerle algo más que mis servicios como tutora, algo que tal vez la convenza definitivamente para contratarme.

—También puedo cuidar del chico tiempo completo —ofrecí sin pensármelo dos veces. La mujer me miró de una forma extraña, casi con algo de sorpresa y curiosidad, así que quizá sí había captado su atención por completo.

— ¿Puede mudarse para el lunes? —me pregunta y casi salto de la emoción. Alvah seguro que nota de inmediato mi entusiasmo porque su sonrisa cae y me mira como si quisiera ahorcarme ahí mismo, así que me controlo y borro mi sonrisa, adoptando una pose seria. — El señor Murray vendrá a recogerla por la mañana, Srta. Pilgrim.

Lo que acaba de pasar se me antoja tan irreal que casi no quiero hacer preguntas ni decir nada más que “muchísimas gracias”, me despido de la anciana efusivamente y espero unos cuantos segundos hasta que creo que seguro ya no está cerca de la casa para poder gritar y reír como una loca con los brazos extendidos al aire.

Gala sale de su habitación y se recarga en el marco de la puerta, sus brazos cruzados frente a su pecho y una expresión como de que también quiere ahorcarme ahí mismo.

Estoy muy feliz como para prestarle atención a sus rabietas.

O al hecho de que estoy segura que Ethan —el estúpido y hermoso Ethan— me ha ayudado a conseguir este empleo.

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Gala no está para nada contenta con la mudanza, pero sabe perfectamente que este trabajo es justo lo que necesitamos y que no tiene otra opción más que seguirme a donde yo vaya. Además, no es como si fuésemos a mudarnos de estado ni nada por el estilo. Sí, la Mansión Erös no estaba muy cerca del área principal de Wallace, pero Ethan recogería a Gala todas las mañanas para llevarla al colegio y él mismo la llevaría de vuelta a la mansión.

Cuando Ethan termina de colocar la última caja dentro del maletero, Gala entra de inmediato al auto y azota la puerta detrás de ella.

— ¡Hey! —le grito, al tiempo en que palmeo la ventana, llamando su atención. Le apunto con el dedo, acusatoriamente. — Si dañas las puertas te obligaré a trabajar para pagarlas ¿está claro?

Ethan se ríe de mis palabras detrás de mí, le miro por sobre mi hombro pero no deja de reírse. Le noto bastante contento hoy, así que no dudo al preguntarle el porqué. Ethan simplemente se encoje de hombros y se pasa una mano por su cabello rubio.

—La mansión seguro será un poco menos aburrida con ustedes allá. —responde y honestamente eso me hace sonreír de oreja a oreja. Abro la puerta del copiloto y la cierro con delicadeza. Mientras espero a que Ethan entre, no puedo evitar observar la casa en la que crecí.

Es algo pequeña, tiene tres habitaciones y una cerca de picos café bastante desgastada. La casa es vieja y necesita muchísimo mantenimiento, algo que yo no pude darle tanto como mis padres; me entristece pensar que debo dejarla por un empleo, sin embargo, hay una parte de mí —muy dentro de mí— que está feliz de por fin salir de ahí.

Aquél porche rojizo atrae los recuerdos de esa noche. Memorias donde mis padres y yo dejamos la casa en dirección a Washington D.C para visitar a un familiar que yo jamás había conocido; poco tiempo después, en la carretera que llevaba a Wallace, una camioneta que se había quedado sin frenos colisionó contra nuestro auto, sacándolo del camino y haciendo que girase por lo que me seguía pareciendo una eternidad.

Lo único que recuerdo después de eso es el dolor en cada parte de mi cuerpo y después la oscuridad.

Desperté tres días después en el hospital con unas cuantas fracturas y cortes que sanaron en unos cuantos meses.

Y sin mis padres.

El sonido de la puerta del piloto al cerrarse me saca de mis recuerdos. Miro a Ethan y sus ojos azules están posados sobre mi rostro, tiene el ceño fruncido y sé que ya ha notado que hay algo mal, así que finjo una sonrisa divertida.

— ¿No es una mansión divertida con tantos fantasmas? —bromeó, retomando su respuesta anterior, sin embargo, en cuanto noto que guarda silencio y no me responde de la misma forma mi sonrisa se borra, le sostengo la mirada.

Mi chiste no parece hacerle nada de gracia, simplemente centra su atención en encender el auto y salir de ahí. Mientras nos alejamos, hago esfuerzos titánicos para no mirar atrás, no obstante, no puedo evitarlo por mucho tiempo; miro con algo de miedo hacia la casa por sobre mis hombros. Y ahí la veo a ella, en la ventana de mi habitación, observando cómo nos alejamos de la casa de nuestra infancia.

Antes del accidente, creía que un fantasma se vería como en algunas películas antiguas: grises, casi transparentes y con rostros marcados por la tristeza. No obstante, el fantasma de mi madre luce de carne y hueso, como si de verdad estuviese ahí parada…pero con la cara repleta de sangre, las ropas desgarradas y heridas horribles surcándole el rostro.

Sé que es ella, pero aun así no quiero verla de nuevo. Nunca más.

3 de Abril de 2020 a las 00:02 0 Reporte Insertar 1
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