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Duraznos fríos

Era una noche calurosa y mi destartalado ventilador había dejado de funcionar esa misma tarde. Mi batalla con las sábanas empapadas, mi almohada vieja y dura, y mi colchón aún peor no me daban tregua. Sin más remedio me levanté y me puse una camisa larga que me llegaba a los muslos.

Caminé descalza hacia mi puerta, al abrirla, el pasillo que cruzaba las habitaciones estaba oscuro pero al fondo, el resplandor de una luz. Seguramente mi padre dormía con la tele prendida, una costumbre adoptada durante sus noches de insomnio tras la muestre de mi madre años atrás. Como hija única, solo yo podía hacerme cargo de él.

Atravesé el oscuro pasillo cargado de fotos en blanco y negro con imágenes familiares. Mi madre en la playa con un gran sombrero de paja y un hermoso lazo que adornaba la copa, su vestido blanco, descalza y su mirada traviesa era mi favorita. La veía distante, yo apenas la recordaba, tenía 5 años cuando ella dejó de existir.

Llegué a la sala y mi padre dormía en el sofá dando la espalda al televisor prendido. Tomé el control y lo apagué dejando todo en penumbra. La escasa luz de la calle era suficiente para dirigirme a la cocina. Una vez en ella, metí mi cabeza en el congelador para refrescar mi tortuosa noche. Luego abrí la puerta baja del refrigerador para sacar unos duraznos. Me senté en el desayunador de tres puestos de la cocina, tomé un cuchillo que se encontraba cerca y comencé a pelar el primero antes de saciarme con su contenido frío, de repente una voz – Son más ricos con cáscara-.

-Son más ricos con cáscara– me repitió mi papá mientras me retiraba el cuchillo que yo había ayudado afilar días atrás. Caminó hasta la refrigeradora, agarró tres duraznos, se sentó a mi lado y empezó a comer. Su cara de satisfacción era igual a la mía. Definitivamente era la hija de mi padre.

Regresé a mi destartalado e inoperante ventilador, a mis sábanas húmedas de sudor, a mi almohada vieja y dura, y a mi colchón aún peor. Con lágrimas rebosantes desde lo más profundo de mis ojos oscuros y con un sonido ahogado me repetí –son más ricos con cáscara- ya que así fue, definitivamente eran más ricos con cáscara. Mi padre nunca estuvo ahí comiendo conmigo unos duraznos fríos. Su tercer intento de suicidio fue el definitivo. Eso fue tres días atrás.

FIN.

30 de Octubre de 2014 a las 22:55 2 Reporte Insertar 4
Fin

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Paola Lopez Paola Lopez
Amo tu historia, me encanta el giro que da.
6 de Febrero de 2015 a las 17:14
Paola Lopez Paola Lopez
Amo tu historia, me encanta el giro que da.
6 de Febrero de 2015 a las 17:04
~

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