sincopyright Obras SC

La Tribuna de Emilia Pardo Bazán cuenta la transformación de una niña de humilde condición, Amparo, en Tribuna del pueblo en la ficticia ciudad gallega de Marineda, en la época de la Revolución liberal de 1868, la Gloriosa. Lo que, a primera vista, se parece a una promoción emancipadora de la actante Amparo y una revancha sobre el naturalismo, esconde ambigüedades y limitaciones. El estudio de procedimientos estilísticos, enunciativos y discursivos permitirá definir y analizar la ambivalencia de la escritura realista pardobazaniana.


Historias de vida Todo público.

#intergenericidad #prado #emilia-prado #subversion #naturalismo #realismo
7
797 VISITAS
En progreso
tiempo de lectura
AA Compartir

Prólogo

Lector indulgente: No quiero perder la buena costumbre de empezar mis novelas hablando

contigo breves palabras. Más que nunca debo mantenerla hoy, porque acerca de La Tribuna

tengo varias advertencias que hacerte, y así caminarán juntos en este prólogo el gusto y la

necesidad.

Si bien La Tribuna es en el fondo un estudio de costumbres locales, el andar injeridos en su

trama sucesos políticos tan recientes como la Revolución de Setiembre de 1868, me

impulsó a situarla en lugares que pertenecen a aquella geografía moral de que habla el autor

de las Escenas montañesas, y que todo novelista, chico o grande, tiene el indiscutible

derecho de forjarse para su uso particular. Quien desee conocer el plano de Marineda,

búsquelo en el atlas de mapas y planos privados, donde se colecciona, no sólo el de

Orbajosa, Villabermeja y Coteruco, sino el de las ciudades de R***, de L*** y de X***,

que abundan en las novelas románticas. Este privilegio concedido al novelista de crearse un

mundo suyo propio, permite más libre inventiva y no se opone a que los elementos todos

del microcosmos estén tomados, como es debido, de la realidad. Tal fue el procedimiento

que empleé en La Tribuna, y lo considero suficiente -si el ingenio me ayudase- para

alcanzar la verosimilitud artística, el vigor analítico que infunde vida a una obra.

Al escribir La Tribuna no quise hacer sátira política; la sátira es género que admito sin

poderlo cultivar; sirvo poco o nada para el caso. Pero así como niego la intención satírica,

no sé encubrir que en este libro, casi a pesar mío, entra un propósito que puede llamarse

docente. Baste a disculparlo el declarar que nació del espectáculo mismo de las cosas, y

vino a mí, sin ser llamado, por su propio impulso. Al artista que sólo aspiraba retratar el

aspecto pintoresco y característico de una capa social, se le presentó por añadidura la

moraleja, y sería tan sistemático rechazarla como haberla buscado. Porque no necesité

agrupar sucesos, ni violentar sus consecuencias, ni desviarme de la realidad concreta y

positiva, para tropezar con pruebas de que es absurdo el que un pueblo cifre sus esperanzas

de redención y ventura en formas de gobierno que desconoce, y a las cuales por lo mismo

atribuye prodigiosas virtudes y maravillosos efectos. Como la raza latina practica mucho

este género de culto fetichista e idolátrico, opino que si escritores de más talento que yo lo

combatiesen, prestarían señalado servicio a la patria. YoY vamos a otra cosa. Tal vez no falte quien me acuse de haber pintado al pueblo con
crudeza naturalista. Responderé que si nuestro pueblo fuese igual al que describiesen
Goncourt y Zola, yo podría meditar profundamente en la conveniencia o inconveniencia de
retratarlo; pero resuelta a ello, nunca seguiría la escuela idealista de Trueba y de la insigne
Fernán, que riñe con mis principios artísticos. Lícito es callar, pero no fingir.
Afortunadamente, el pueblo que copiamos los que vivimos del lado acá del Pirene no se
parece todavía, en buen hora lo digamos, al del lado allá. Sin adolecer de optimista, puedo
afirmar que la parte del pueblo que vi de cerca cuando tracé estos estudios, me sorprendió
gratamente con las cualidades y virtudes que, a manera de agrestes renuevos de inculta
planta, brotaban de él ante mis ojos. El método de análisis implacable que nos impone el
arte moderno me ayudó a comprobar el calor de corazón, la generosidad viva, la caridad
inagotable y fácil, la religiosidad sincera, el recto sentir que abunda en nuestro pueblo,
mezclado con mil flaquezas, miserias y preocupaciones que a primera vista lo oscurecen.
Ojalá pudiese yo, sin caer en falso idealismo, patentizar esta belleza recóndita.
No, los tipos del pueblo español en general, y de la costa cantábrica en particular, no son
aún -salvas fenomenales excepciones- los que se describen con terrible verdad en
L’Assommoir, Germinie Lacerteux y otras obras, donde parece que el novelista nos
descubre las abominaciones monstruosas de la Roma pagana, que unidas a la barbarie más
grosera, retoñan en el corazón de la Europa cristiana y civilizada. Y ya que por dicha
nuestra las faltas del pueblo que conocemos no rebasan de aquel límite a que raras veces
deja de llegar la flaca decaída condición del hombre, pintémosle, si podemos, tal cual es,
huyendo del patriarcalismo de Trueba como del socialismo humanitario de Sue, y del
método de cuantos, trocando los frenos, atribuyen a Calibán las seductoras gracias de Ariel.
En abono de La Tribuna quiero añadir que los maestros Galdós y Pereda abrieron camino a
la licencia que me tomo de hacer hablar a mis personajes como realmente se habla en la
región de donde los saqué. Pérez Galdós, admitiendo en su Desheredada el lenguaje de los
barrios bajos; Pereda, sentenciando a muerte a las zagalejas de porcelana y a los
pastorcillos de égloga, señalaron rumbos de los cuales no es permitido apartarse ya. Y si yo
debiese a Dios las facultades de alguno de los ilustres narradores cuyo ejemplo invoco,
¡cuánto gozarías, oh lector discreto, al dejar los trillados caminos de la retórica novelesca
diaria para beber en el vivo manantial de las expresiones populares, incorrectas y
desaliñadas, pero frescas, enérgicas y donosas!
Queda adiós, lector, y ojalá te merezca este libro la misma acogida que Un viaje de novios.
Tu aplauso me sostendrá en la difícil vía de la observación, donde no todo son flores para
un alma compasiva.
EMILIA PARDO BAZÁN
Granja de Meirás, octubre de 1882.

31 de Marzo de 2020 a las 23:40 1 Reporte Insertar Seguir historia
7
Leer el siguiente capítulo Barquillos

Comenta algo

Publica!
Francisco Rivera Francisco Rivera
Recuperando el ser humano desde una óptica interior de un fragmento de España.
May 01, 2020, 10:12
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 4 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión