moonlovesmin 𝓂𝑜𝑜𝓃

El lobo Alfa Min JaeBeom tiene que ir y mantener la paz entre las Manadas, actuando como Embajador ante una Manada de lobos que están celosos de su riqueza. Sufrir un ataque por los cazadores es solo la guinda del pastel. Pero entonces el líder Alfa trae a un dragón, que puede sanar las heridas de JaeBeom; el joven compañero de JaeBeom. Su compañero. Su compañero hermoso y claramente maltratado. Con un solo toque, Buwakul absorbe el dolor y las heridas del ataque de JaeBeom en su propia piel. JaeBeom tiene que conseguir sacar a su compañero de ese infierno. Para ello, necesita convencer a Buwakul que no todo es lo que parece. Buwakul es un huérfano, acogido por una manada de lobos después de que el ataque de un dragón fuera mal. Nunca cuestionó nada hasta queMin JaeBeom apareció en su vida, y está decidido a tomar a Buwakul de la única vida que ha conocido.


Fanfiction Bandas/Cantantes No para niños menores de 13.

#dragones #lobos #omegaverse #jaebam #jbkun #bamjb
0
988 VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

𝘂𝗻𝗼



―¡Joder! ¡Cabrón eso duele!.―gritó Min JaeBeom cuando alcohol fue vertido directamente por la enorme herida en el brazo.

―Putos cazadores. Nunca aprenden.―dijo Park KwanSoo, el Alfa que estaba a cargo de esa Manada.

La manada que JaeBeom estaba empezando a odiar, teniendo en cuenta que había tenido su coche golpeado tres veces antes de conseguir llegar hasta allí. Una misión que no quería hacer. Pero, a veces por el bien de la paz y evitar que otros lobos orinaran en el territorio equivocado, las Manadas vecinas pretendían ser amigas de vez en cuando.

―Por favor, dime que alguien apuntó la puta matrícula.―dijo JaeBeom a través de sus dientes. Joder, su brazo tenía una herida bastante mala.

―No tomamos números de matrícula aquí.―dijo KwanSoo.―Envié a algunos hombres detrás de ellos. Si no los atrapan y matan a esos hijos de puta, al menos esos estúpidos imbéciles sabrán que no tienen que volver por aquí.

Esa forma de hablar, era una de las cosas que molestó a JaeBeom. Era como si no se dieran cuenta de cuántos humanos querían saltar sobre la garganta de cada hombre lobo cada vez que mataban a otro ser humano, incluso si fue en defensa propia.

Casos como estos, donde no era autodefensa, pero los cazadores habían comenzado definitivamente, fueron siempre las zonas grises con las que a los políticos les gustaba jugar.

―Bien, cualquiera que sea entonces, trataremos con él cuando vuelvan.―dijo JaeBeom. Ni siquiera quería estar allí. Su hermano mayor, WonHo, era el que solía aguantar esa mierda, pero desde que estaba acoplado a un dragón en la cima de la montaña, tendía a estar ocupado con otras cosas.

Bastardo afortunado.

―Definitivamente vas a necesitar algunas puntadas para esto.―dijo KwanSoo, y cuando el imbécil apretó el brazo de JaeBeom, como si comprobara lo profundo que el cuchillo había ido, JaeBeom silbó y se tensó.

―¿Qué mierda?―exigió.

―Definitivamente necesitas puntos.―KwanSoo fingió que no había hecho nada en absoluto.―Incluso pueden haberte envenenado. Ellos han estado tirando mierda como esa últimamente.

―Perfecto, así que ¿puedo ir y ver a su sanador ahora?―Exigió JaeBeom. Incluso se pondría en las manos de un médico humano si el sanador de esta Manada era igual de hijo de puta.

―Por supuesto.―dijo KwanSoo, y se volvió hacia el hombre alto con el pelo rojo que había estado de pie junto a él.―Hey, Pinky ¿puedes ir por Buwakul?

JaeBeom se habría caído de culo por el nombre si no hubiera estado ya sentado en un tocón de un árbol.

―¿Pinky?―preguntó.

―Apodo, mejor no preguntes.―dijo KwanSoo.

JaeBeom iba a hacer su mejor esfuerzo para evitar hacer precisamente eso.

―De todos modos, acerca de nuestro sanador, hay algo que debes saber sobre él.―dijo KwanSoo, y pasó su mano sobre su cabeza rapada.

Eso realmente consiguió la atención de JaeBeom, sobre todo debido a la intensa mirada de KwanSoo. Esa era la primera vez que JaeBeom veía a esa Manada, y mientras que WonHo le había advertido que esas personas eran un poco anticuadas y extrañas, no esperaba esto.

KwanSoo tenía todo el aire del Alfa duro, y mientras era un poco bajo, tenía todo lo demás que gritaba "Alfa".

El hombre afeitó su cabeza para que sus enemigos no pudieran agarrar su pelo. Tenía los hombros anchos y el pecho robusto para respaldar cualquier amenaza que se hizo. Demonios, incluso tenía tatuajes de cadenas envueltas completamente alrededor de sus brazos y hasta las muñecas donde se supone que más dolía hacerse un tatuaje.

Los tatuajes no eran una prueba de que un hombre era fuerte y peligroso, sobre todo hoy en día, pero que sin duda ayudó con la imagen. Y sin embargo aquí estaba KwanSoo baleándose sobre sus talones, pareciendo increíblemente preocupado.

―¿Qué? ¿Qué ocurre con él?

―Él tiene algunas cicatrices en su cuerpo.―dijo KwanSoo.―Es un poco sensible, por lo que sería mejor si fingieras no verlas, ¿vale? Ni siquiera hables con él o le mires a los ojos, si puedes evitarlo.

**Oh, joder.

Era un alfa, y no iba a dejarse intimidar por un curandero que era sensible sobre su aspecto. Las cicatrices probablemente eran sólo las cicatrices de acné o algo...

¿Y KwanSoo quería que no mirara a los ojos del hombre, como si fuese algún Omega cobarde y sumiso?

Abrió su boca para decirle eso mismo cuando Pinky.

Dios, qué estúpido nombre.

Finalmente volvió con su amigo justo detrás. Una mirada y todo lo que JaeBeom había estado a punto de decir salió volando por la ventana.

El hombre, el curandero, era poco más que un niño. Podría ser un adolescente. Tenía cicatrices por todo su cuerpo, pero con la forma en que sus hombros estaban encorvados, cómo mantuvo su cabeza agachada, e incluso la forma en que se apoderó de su codo, daba la impresión de que ese joven no iba a ponerse violento con nadie.

En todo caso, estaba parado y se presentó sólo le hizo lucir aún más joven.

―¿Este es su sanador?―Preguntó JaeBeom.

―Cuida tu tono.―dijo KwanSoo, medio gruñó sus palabras.

―Perdón, perdón.―dijo JaeBeom, aunque sólo fuera para mantener lo que quedaba de paz. Honestamente no quería que sonara como un insulto. No realmente. Estaba totalmente estupefacto por la visión del joven para intentar siquiera cualquier sarcasmo.

Especialmente con la manera en que reaccionó su pene entre sus piernas, y cómo su lobo estaba aullando dentro de su mente.

Ese no era sólo un chico corriente, no podía serlo.

JaeBeom inhaló una fuerte bocanada de aire, dejando que su lobo tomara el aroma de la canela y la vainilla. Parecía que el chico acababa de salir de la cocina o algo así, pero fue el olor que estaba justo debajo de eso, lo que hizo que a JaeBeom se le hiciera la boca agua.

Él nunca había olido este olor, por lo que era extraño que él sabía lo que era sin haberlo experimentado antes.

Ese joven era suyo. Ese muchacho, quién demonios sea, Buwakul, era su compañero predestinado, su alma gemela.

Era una preciosidad.

Cabello castaño sucio, tan claro que casi podría ser rubio y ojos verde musgo que encajaban perfectamente en la cara del muchacho.

Oh por favor, por el amor de Dios, que tenga más de dieciocho años.

JaeBeom dejó que sus ojos deambularan arriba y abajo del cuerpo del chico, y muy rápidamente, la parte de pensamiento racional de su cerebro comenzó a empujar a través de la lujuria que sentía, poniéndola a un lado cuando tomó nota de algunas cosas que simplemente no estaban bien.

El chico estaba delgado. Demasiado delgado para alguien de su altura, aunque no podía medir mucho más que metro setenta. JaeBeom ya podía decir que iba a elevarse sobre el hombre cuando llegara el momento de ponerse de pie.

Pero eso no fue lo que le molestaba. Él había visto y estado con bastantes personas delgadas para saber que algunos hombres y mujeres podían parecer jóvenes y no podían subir de peso ni para salvar sus vidas.

Este chico, aunque... las ropas que llevaba eran demasiado grandes. La camiseta gris podría servir perfectamente como una tienda de campaña. Los pantalones cortos, probablemente encajaban bien en otro Alfa en esa Manada, le pasaban de las rodillas. Llevaba un par de chanclas que realmente necesitan ser sustituidas, y era un milagro que el niño lograra mantener los pantalones en sus esbeltas caderas.

Debía llevar una correa o algo.

Luego JaeBeom finalmente tomó consciencia de las cicatrices.

Esas no eran cicatrices de batalla, y definitivamente no eran marcas de acné tampoco.

Las reconoció. Hace un año o dos no lo habría hecho, pero ahora que muchos de sus hermanos fueron apareados a dragones, había aprendido rápidamente cuáles eran los signos de un dragón que estaba siendo abusado.

Largas y finas cicatrices, como si tiras de piel hubieran sido arrancadas. Había solamente una en la mejilla, y el resto parece aislarse en sus brazos y piernas. Sin duda había más en la espalda. La más larga de las cicatrices era aproximadamente de cinco centímetros de larga. Eran las cicatrices que se conseguían cuando se arrancaban las escamas a un dragón por la fuerza.

No era de extrañar que KwanSoo estuviera tratando de convencerlo para que no lo mirara.

Esos pálidos ojos verdes alcanzaron la cara de JaeBeom y entonces bajaron otra vez. Las mejillas cremosas se oscurecieron con color rosado, pero fue la humillación y no el deseo devuelto hacia JaeBeom.

JaeBeom le estaba mirando, y él iba a sacar la vergüenza fuera del sistema del chico. De forma jodidamente suave.

―Buwakul ¿crees que puede ponerte a trabajar en nuestro amigo?―preguntó KwanSoo, todo sonrisas cuando asintió a JaeBeom, como si no tuviera ni idea de lo que estaba sucediendo a su alrededor.

Ese hombre había sido un Alfa durante mucho tiempo y con razón. Él sabía que JaeBeom le había descubierto. JaeBeom miró de vuelta a Buwakul, que asintió con la cabeza antes de mojar sus labios.

―Puedo hacerlo.

Joder, su voz era tan condenadamente suave. ¿Tenía miedo de hablar?

De cualquier manera, el sonido de esa voz, tan suave como lo había sido, hizo aullar y arañar al lobo de JaeBeom en la fina capa de fuerza de voluntad que separaba el hombre de la bestia.

―Ni siquiera me ha mirado todavía.―dijo JaeBeom.―Y no tiene ningún kit de primeros auxilios, tampoco.

―No necesita nada de eso.―dijo KwanSoo, y entonces miró de vuelta a Buwakul.―Vamos, chiquillo, muéstrale lo que puedes hacer.

JaeBeom miró de vuelta en el niño, en Buwakul, así como él asintió con la cabeza y caminó lentamente.

El joven se puso de rodillas al lado de JaeBeom, y entonces fue impresionante ver como las manos se colocaron y cubrieron suavemente la desagradable y enorme herida, que corría a lo largo del lado del brazo de JaeBeom.

Él suspiró, no pudo evitarlo. El alivio fue demasiado. Era como un paño húmedo y fresco que se coloca sobre una quemadura. JaeBeom incluso gimió un poco.

KwanSoo, el muy imbécil, le estaba sonriendo.

―Es bueno, ¿verdad?

―Joder, sí.―dijo JaeBeom, y cuando Buwakul apartó su mano, JaeBeom vio una especie de luz azul saliendo de sus manos, también llegó a ver la forma en que su carne se estaba tejiendo nuevamente cerrando la herida.

Los hombres lobo sanaban rápidamente, pero no a esa velocidad. Buwakul estaba haciendo un puto milagro, y JaeBeom suprimió apenas otro quejido. Hasta que escuchó el silbido suave de Buwakul.

JaeBeom se centró en ese sonido. Miró hacia abajo y que le partiera un rayo si la frente de Buwakul no estaba fruncida, mientras mordía sus labios, como si fuera él quien ahora estaba suprimiendo el dolor cuando gotas de sudor brillante se reunieron en su frente y luego fue más que evidente que algo estaba pasando.

JaeBeom no estaba seguro de por qué sus ojos se sintieron atraídos por ese lugar. Tal vez fue la mancha de color rojo que fue floreciendo sobre la camiseta color gris. La manga era tan condenadamente grande que ocultó la mayor parte del brazo superior de Buwakul, pero luego incluso no importaba ya que el rojo llegó a ser cada vez más grande.

―¡Estás herido!―dijo JaeBeom, y llegó más rápido a apartar la manga de lo que Buwakul podría escapar.

―JaeBeom.―dijo KwanSoo, una clara advertencia, pero JaeBeom le ignoró.

Él abrió la boca, y todo el calor fue drenado fuera de su cara cuando vio lo que tenía que ser una herida idéntica a la que JaeBeom había tenido apenas unos instantes antes. Había una herida abierta, sangrando de forma desagradable, justo en el punto exacto donde JaeBeom había sido herido antes.

Ahora él entendía el poder de este Dragón. Buwakul no era un curandero. Él podría tomar el dolor de otras personas y sus heridas, también.

―¿Qué mierda?―gritó JaeBeom, y él de nuevo a KwanSoo.―¡No me dijiste que iba pasar eso!

―¿Importa?

―¿Hice algo mal?―Preguntó Buwakul, y por primera vez, JaeBeom se dio cuenta de que el joven le estaba mirando con miedo en sus ojos, pero él echó un vistazo a KwanSoo, como si esperara que el hombre lo salvara.

Oh, mierda.

KwanSoo le dio unas palmaditas en el hombro al muchacho, y JaeBeom gruñó un poco en ese toque, KwanSoo le ignoró.

―Nada, chiquitín. No te preocupes. Ve a la cocina y dile a HyeRin que te de una porción extra de carne con tu cena.

Buwakul asintió con la cabeza, pero entonces miró a JaeBeom, todavía asustado, esperando que lo dejara ir.

¿No lo sabía? ¿No sentía lo que él sentía?

JaeBeom no tuvo más remedio, que dejar ir al muchacho. A pesar de la lesión, Buwakul saltó a sus pies y corrió tan rápido como sus piernas le llevarían lejos de JaeBeom y lejos de Pinky y KwanSoo.

―Ese chico necesita un sanador. Uno de verdad. No algo para comer.

―Las proteínas ayudan a los dragones con sus habilidades curativas, al igual que lo hace con los hombres lobo.―dijo KwanSoo, levantándose y desempolvándose.

―¡Sabes lo que quiero decir!―Gritó JaeBeom.―Acabas de sugerir que yo podría haber sido envenenado. ¿Qué pasa si él tomó el veneno? Como mínimo necesita puntos de sutura hasta que cure. Y ¿qué coño estaba pasando con todas esas cicatrices de escamas? Él es un dragón. Estoy seguro de ello.

―Al igual que yo puedo decir cuánto quieres follártelo.―dijo KwanSoo, mirando directamente a JaeBeom.

Si JaeBeom hubiera sido un Shifter gato, entonces habría bufado. Aun así, apenas pudo mantener a su lobo de atacar. El pequeño gruñido que dejó escapar fue claramente más que suficiente para que Pinky se involucrase, y el hombre entró en acción.

Él se lanzó, demostrando ser más fuerte y más rápido de lo que alguien llamado Pinky debería ser cuando rodeó con sus brazos el cuello de JaeBeom y le apretó hasta casi cortarle el suministro de aire.

―¡Hey! ¿Qué coño estás haciendo?―gritó JaeBeom, y las garras alrededor de su garganta sólo se apretaron más.

All the love, x.

30 de Marzo de 2020 a las 18:53 0 Reporte Insertar 0
Leer el siguiente capítulo 𝗱𝗼𝘀

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 12 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión