monsehdz08 Monsserath Hernández

La lucha entre facciones ha comenzado. Un mundo en dónde el fuerte gobierna y el débil obedece, cansada de todo eso una joven Emperatriz derrocada debe lugar contra su tío y el enemigo de su madre por la corona para crear un mundo igualitario. Tres personas, dos tronos y una corona ¿Quién será el vencedor? Nella Khalius luchará por su pueblo y descubrirá lo que realmente es ser un híbrido mitad dios mitad demonio. Descubrirá el amor, la amistad y la traición para llegar hasta donde desea ¿Será capaz de conseguirlo o desistirá en el trayecto?


Fantasía Épico Sólo para mayores de 18.

#drama #fantasía #reinos #385 #romance
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CAPÍTULO 1

Caos, desesperación, dolor y seres sedientos de sangre. Ese era Hell.

Scatha percibía aquello con sus propios ojos, su padre Lucifer había sido derrocado y ahora solo reinaba el terror. Durante sus dieciséis años de vida nunca antes había visto nada igual, nunca había sufrido de tal manera que deseara arrancarse el corazón en ese mismo instante.

«¿Cómo pudo pasar esto?» sus ojos miraban fijamente sus manos manchadas de sangre ya que minutos atrás sostenía a su moribundo padre quien le dedicó sus últimas palabras “Huye hija mía” era de asombrarse que el propio Lucifer, el demonio más poderoso hasta ese momento haya dicho tales palabras que solo le erizaron la piel con un terrible escalofrío al darse cuenta que no había nada que hacer por su reino.

― Mi señora ― se acercó Asmodeo, el gobernante del norte ― Debe huir, uno de mis guerreros se infiltró en el bando contrario y antes de morir me advirtió sobre un ataque que podría terminar con la vida de nuestra Reina ― su voz sonaba cansada por los días de lucha y su mirada entristeció al ver a su Reina en un estado deplorable ― ¡Huya mi Reina! — volvió a escuchar aquella frase que poco a poco le parecía más sensata.

― ¡No! ― la dulce pero feroz voz de Scatha resonó en la sala de conferencias. Mientras se encontraba sentada en el trono que alguna vez perteneció a su padre ― ¿Cómo podría una Reina huir? Mi deber es quedarme a proteger mi reino junto a ustedes ― se puso de pie y camino lentamente arrastrando los harapos blancos que alguna vez fueron un hermoso vestido. Sus fieles sirvientes se arrodillaron ante su señora, cada uno de ellos estaba totalmente destrozado, ensangrentado y con pocas energías para luchar ― ¿Qué harán ustedes si huyo? — quería parecer fuerte frente a ellos, pero si una cosa le enseño Lucifer fue “Un buen gobernante pone a su reino primero que su propia vida” era irracional huir dejando todo atrás.

Sus guerreros se miraban entre ellos, la gran amabilidad de su Señora fue la que los hizo luchar por ella, no había mejor persona que ella, siempre pensando en sus lacayos a tal grado de considerarlos hermanos ― Mi señora ― la voz de Valefor se escuchó ― Nosotros... ― un estallido lo interrumpió, en un segundo el techo de la gran sala de conferencias se había convertido en escombro. Una gran cantidad de monstruos alados sobrevolaban, lanzando fuego a los presentes. Scatha lucho para defenderse, sus ataques eran débiles y poco era el daño que provocaba en esos grandes demonios.

― Mi Reina ― una voz se escuchó desde el oscuro cielo, Valak descendía montado en un corcel de fuego — Es hora de terminar esta guerra, tome una decisión ― se posó frente a ella mirándola soberbio — Cede tu corona o muere protegiéndola — un débil ataque por parte de Scatha lo hizo retroceder.

― Prefiero morir.

― Mala decisión — una espada de fuego se enterró en su estómago, el grito de sus guerreros estallo detrás de ella. La gran Reina había caído.

― Mi Reina — Astaroth se acercó a ella.
― ¿Por qué llamas a tu hermana de esa manera? ― una débil sonrisa se asomó en sus resecos labios ― No quiero perder nuestro reino ― una lágrima fue derramada hasta caer sobre la mano de quién fue criado como su hermano menor.

― Entonces no lo hagas ― Astaroth detuvo la sangre ― Huye y recupérate, si nuestra Reina vive nosotros seguiremos luchando — con poca fuera la ayudo a levantarse para salir del lugar, aprovechando que los demás luchaban contra Valak. Una puerta negra fue abierta en medio del pasillo ― Es hora de que te vayas, solo podre abrir la puerta una sola vez así que no lo desperdicies.
― ¿Ustedes que harán?

― Después de que hayas huido, nosotros también lo haremos ― su rostro reflejaba la frustración de tener que retroceder ― Cuando estés lista, podremos volver para recuperar lo que nos pertenece — en sus ojos se reflejaba la determinación y el deseo de no rendirse.

Uno a uno sus guerreros estaban cayendo, Scatha veía con dolor esa escena. Sin fuerzas para defenderlos su única opción era escapar. Camino hacia la puerta negra y dio un último vistazo a sus compañeros, estaban heridos y temía por sus vidas, pero la Reina aún no podía morir. Atravesó la puerta y poco a poco comenzó a cerrarse.

Sus guerreros retrocedieron, alejándose del lugar que alguna vez fue su hogar.

― ¡La Reina ha caído! ― el grito de victoria estallo alrededor de Hell, los que aún eran fieles a Scatha se escondieron con la esperanza de alguna vez volver a vivir en paz, otros decidieron rendirse y mostrar respeto al nuevo emperador. La guerra había terminado y Valak “El Emperador del Caos” tomó asiento en su nuevo trono.

Reino de Berns.

La enorme luna llena iluminaba todo el Reino. Un caballo blanco galopaba entre el bosque, su jinete se escondía atrás de una capa negra, lo que menos quería era que algún guardia real se enterase que el heredero al trono había escapado de sus aposentos para disfrutar de la vista nocturna que una alta colina en el bosque le ofrecía. Lo único que deseaba era disfrutar de su última noche como príncipe porque por la tarde del día siguiente se convertiría en el Emperador.

Al llegar a la alta colina cubierta por pasto verte, se tiró para admirar las infinitas estrellas, el viento soplaba haciendo que su cabello blanco se moviera con gracia. Considerado como un niño prodigio, tanto en poder como en inteligencia, siendo el segundo hijo del Dios del Tiempo y la Diosa de la Guerra, sus poderes estaban por encima de cualquier otro. Hizo frente a los enemigos de su Reino y con una espléndida estrategia los llevo a la victoria, ganándose así una reputación inigualable, haciéndose cargo de las tropas imperiales ayudó a su padre a ganarse el respeto de todos los reinos.

Fue así como cinco años después, su padre decidió ceder el puesto de Emperador a su hijo, aunque su hermano el príncipe Dimitri era el primero en la línea de sucesión, había mostrado pocas cualidades para sentarse en el trono cosa que causo su furia, llevándolo a levantarse en guerra contra su propio Reino, asesinando a sus padres. Pero con pocas probabilidades para ganar, fue derrotado por su hermano menor siendo expulsado de Berns.

― Ha pasado un mes desde eso ― se dijo a sí mismo, sacando un collar que al abrirlo mostraba las fotografías de sus padres ― Mañana seré Emperador.
Una ráfaga de viento gélido invadió el lugar, desde el cielo se abrió una puerta negra. Pudo distinguir que un cuerpo caía, sin pensarlo dos veces se acercó para evitar que cayera de lleno. Al ver de cerca se dio cuenta que era una mujer mal herida, su belleza lo cautivo, su largo y negro cabello se movía con el viento ― ¿Quién eres? ― preguntó intentando saber si era enemiga o aliada. Scatha abrió los ojos con debilidad, Maximus fue cautivado de nuevo por esos hermosos ojos rojos que parecían dos piedras preciosas. Sin obtener respuesta ella se desmayó.

Subió a su corcel con el cuerpo desvanecido de la mujer, galopaba con rapidez esta vez sin importarle que fuese visto por algún guardia. Al llegar a las puertas del palacio, un grupo de soldados se acercó a él ― ¡Su majestad! ¿Dónde estaba? ― exclamó con sorpresa.

― No es momento de charlas ― habló con fuerza ― Llamen a los médicos imperiales ― con la mujer en brazos entro al palacio, las criadas comenzaron a salir por todos lados siguiendo a su majestad hasta su habitación. Posó a la mujer en la amplia cama ― Háganse cargo de ella, cuando los médicos lleguen, llámenme ― Salió a paso apresurado y con una mirada preocupada.

El sol de la mañana entraba por la ventana de esa amplia habitación. Scatha abrió los ojos con pesar, su cuerpo dolía, pero no demasiado. Miro a su alrededor, el lugar tenía un aspecto parecido a su antigua habitación, notó que llevaba puesto un vestido azul y que sus heridas habían sido tratadas. Poco a poco intento levantarse, caminó hasta la ventana y pudo ver un amplio jardín lleno de flores «¿Qué lugar es éste?» se preguntó mirando el paisaje frente a ella. El sonido de la puerta hizo que se preparada para cualquier ataque.

Maximus entró por la puerta con una bandeja de plata, se alarmó al darse cuenta que la mujer que había salvado la noche anterior no se encontraba en sus aposentos — ¿Quién eres tú? — la voz femenina lo hizo mirar en dirección a la ventana, la mujer se encontraba de pie con una espada blanca desenfundada y en posición para atacar.

― Eso debería preguntar yo ― dejó la bandeja sobre la mesa y se acercó lentamente a ella. ― Mi nombre es Maximus Khalius soy el Emperador del Reino de Berns. Baja tu espada — tocó la punta de la hoja bajándola — Si hubiese querido hacerte daño lo habría hecho mientras dormías ― Scatha lo pensó por varios segundos y guardo su espada ― ¿Cuál es tu nombre? ― preguntó Maximus.

― Scatha, Reina de Hell ― Maximus se sorprendió al saber la identidad de la misteriosa mujer.

— Creí que ustedes no podían venir a nuestro mundo — una fugaz conversación con su padre apareció en su mente “Los habitantes del Inframundo son de temer, no confíes en ellos”, pero por más que pensará, aquella joven parecía ser buena.

― Solo quienes tenemos una gran cantidad de poder podemos atravesar la puerta que conecta nuestros mundos.

― ¿Y porque la Reina del Inframundo está aquí?

El rostro de Scatha se tornó melancólico ― Mi padre Lucifer fue derrocado y mi reino fue tomado por el Rey Valak. Escapé con ayuda de mis guerreros.

― Ahora entiendo porque te encontré en ese estado — era inimaginable que el demonio que alguna vez pudo rivalizar en poder con su difunto padre ahora compartiera el mismo destino que él.

― Gracias por ayudarme ― sonrió con delicadeza ― Debo irme ― camino con pesadez y de pronto sus piernas se debilitaron, antes de caer Maximus la sostuvo con fuerza.

― No es necesario que te vayas tan pronto, aun no estas totalmente recuperada ― la ayudó a sentarse en una silla cercana ― Serás mi invitada. Así podrás acompañarme a mi coronación.

― ¿Coronación? ― preguntó Scatha.

― Si, hoy me coronan Emperador ― acercó la comida a la mujer y sonrió ― Se mi acompañante.

Ambos se sonrieron y así una nueva calamidad estaba por comenzar.

30 de Marzo de 2020 a las 03:17 0 Reporte Insertar 0
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