Cuento corto
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EL ESPANTO DE FILISCO

-Don José aún no ha llegado una de las recuas que viene de Santa Ana, le dijo uno de los perones de los corrales a tu tatarabuelo Don José Gutiérrez que era un próspero comerciante de café en San Cristóbal para principios del siglo XX.

-¿Abuelo, para que años fue eso?

-Por allá en 1.910 más o menos, pero el relato es el siguiente.

–Don José tenía un arriero llamado Nepomuseno que era no sé si era despistado, flojo o descuidado pero todo le salía mal siempre y más cuando se trataba de traer cargas de café desde las haciendas de más allá de Santa Ana para acopiarlos y llevarlas por recua hasta la estación del tren en Cúcuta que las llevaba a San Carlos del Zulia donde luego eran transportadas en una chalana hasta la isla de Curazao para después ser llevadas a Alemania en un vapor.

-Ahhh -¿Tan lejos salía el café..?. Pregunto Max.

-Sí, y de regreso tu tatarabuelo traía lo que compraba en Curazao que eran herramientas de labranza, telas para vestidos de las damas y finos casimires para fluxes de los hombres, perfumes, medicinas, licores de todo tipo sobre todo los vinos y brandy’s famosos de esa época.

-¿Abuelo y ese de las recuas que es..?

-Son varias bestias, mejor dicho mulas que le ponen unas monturas especiales llamadas enjalmes para llevar de cada lado un saco de café que pesan 60 kilos cada una, llevando dos y le dicen una carga por bestia.

-¿Y cuantas bestias lleva una recua..?

-Según me contaron Don José siempre llevaba como 200 bestias por viaje con varios arrieros y las bestias iban ordenados por fila india por los caminos de montaña y ellas iban caminado solas, los arrieros solo las cuidaban para que no se salieran de la fila hasta que llegaban a las pesebreras.

-¿Y eso que dijiste que una no había llegado..?

-Bueno eso fue que tu tatarabuelo casando de que uno de los arrieros llamado Nepomuseno llegara siempre con un cuento distinto cada vez que venía que si la carga de una de las bestias se cayó y rompieron los sacos y tuvo que recoger los granos de café, que si la mula cari bonita se negaba a caminar, que se fueron varias mulas a tomar agua a la quebrada, que si le había salido una culebra por el camino, así puros cuentos de excusa y llegaba siempre de noche al depósito que quedaba por la calle 7 con carrera 4 de San Cristóbal a descargar las bestias oliendo a aguardiente claro y este depósito era una casona vieja quedaba al final de la cuesta que en esa época la llamaban la subida de Filisco que venía de las playas del rio Torbes y era un camino empedrado de empinado que aún perdura por donde está la estación de bomberos, fue por donde Simón Bolívar llega a San Cristóbal por primera vez el 16 de abril de 1.813 y acampa con sus 300 soldados en cuatro esquinas hoy la Plaza Urdaneta.

-¿Bueno y no le decía nada, no lo regañaba..? -Pregunto Maximiliano.

-Pues si pero no escarmentaba Nepomuseno.

–Pero un día ya habían llegado todas las recuas pero faltaba una, la de siempre unas 20 bestias a cargo de: -¿Ya sabes quién?

-Si Nepomuseno, rio Max.

-Bueno llego la noche y nada que llegaba a eso cerca de la media noche entraron a todo correr las bestias al corral y más atrás a pie corriendo venia Nepomuseno jadeante gritando.

-¡El Espanto.!, ¡La Muerte!, -¡El Espanto.!, ¡La Muerte!

-Con ese tropel desbocado que entro el sonido de los cascos a media noche y gritos, la algarabía de los peones por calmar a la mulas despertaron a todos los vecinos.

–A todas estas tu tatarabuela Lucina llamaba a gritos ¡José..!, ¡José..! -¿Dónde estás..?

-Más atrás vieron llegar a Don José en su brioso caballo negro vestido con una sotana de monje color negro con capucha y en una mano tenía una espada grande de cortar cabezas y como complemento al caballo le había amarrado en la cola una yunta bien larga donde tenía amarrado unas sartas de latas, cadenas, potes rellenos de trapos que estaban impregnados de kerosene y estaban encendidos como teas además de pasa palo venia lanzando a viva voz improperios.

-¡Nepomuseno ya te voy alcanzar!

-¡No huyas ya te llego el día de ajustar cuentas!

-Y ¡Párate zopenco..!

–Además de otras cosas más que no te puedo decir porque son groserías.

-Ja, ja, ja, ja…reía Max.

-Si todos en la ciudad conocieron de la ocurrencia de Don José y fue la comidilla de los bucólicos sancristobalenses por muchos días.

–Que llamaron “El espanto de Filisco” y echan el cuento de lo que paso.

.-Así que tienes que ser diligente, hacer las cosas bien hechas y a dormir Max que este cuento se acabó.

#historiasdecuarentena y #quedateencasa

29 de Marzo de 2020 a las 12:11 0 Reporte Insertar 1
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