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Silvestre Ocampo


Un alquimista capaz de viajar por diferentes meta-versos cuenta sus anécdotas por el subverso donde encuentra características sorprendentes en los lugares menos esperados.


Cuento Sólo para mayores de 18.

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Lágrimas de flagelo

Entre el humo, las cenizas y el olor a carne quemada un demonio lloraba. Por instrucción de fuerzas superiores debía arrancar la piel de aquellos que caían en aquel lodazal ¿Era posible ver a un demonio llorar?- esa supuesta idea parece improbable, la noción de que lo diabólico se divierte con el sufrimiento no se cumple al cien por cien, por lo menos no con este demonio en un caso específico.

Me acerco a ese meta-individuo, su piel tersa, su tez blanca e incluso su forma humana parecida al David de Miguel Ángel casi me desarman, la belleza es más común en el infierno que en otros meta-versos es otra noción que cualquiera pasaría por absurda y al recordarlo me hago consciente una vez más de su efecto, un candil de hermosura que advierte una trampa, una característica embaucadora. No es su culpa que la piel que porta corresponda a aquella silueta hermosa, es la realidad para los que condenan tener belleza natural y obvia.

Al acercarme un poco más me dilato en el recorrido, hasta que en uno de los ciclos, mientras las almas se regeneran hay un intervalo de pausa, el demonio me mira pero para mi sorpresa no se avergüenza de sus lágrimas.

— No deberías estar aquí, ¿quién te ha traído? —vocifera el atractivo caído — habla o llamaré a los centinelas — amenaza con una sombra que se alza a su espalda.

No es necesario que hagas escándalo, acabo de pasar a los centinelas. Me vieron y no van a hacer nada pero dime demonio ¿Por qué lloras?

—A los ángeles se les dio la capacidad de pensar, de reflexionar, de saber. A mí se me dio una mente chica que me conduce por impulsos, me hace ver solo lo que tengo enfrente. No puedo saber ni qué es esto del llanto ni que lo causa.

—Entonces dime ¿qué miras enfrente, cuando tales gotas escurren por tu rostro?

—A esta chica, quién en su tiempo en la tierra se dedicó a fornicar con muchos varones y a romperles el corazón, ella me hace flamante. Una vez que ella les sacaba todo el provecho a sus víctimas les vaciaba “un dinero”, pertenencias, se las quedaba. Después los mataba y continuaba con el siguiente sin remordimiento. La encuentro parecida.

¿Quién es el castigador? ¿Eres acaso tú quién por impulso hace esto o es un trabajo?

—Mi rey. Es el que decide las penas.

¿Cuál es el castigo?

—Arrancarle de tajo trozos de piel, después de músculo hasta que el hueso quede expuesto. Una vez que está así me uno a su tuétano para comerla desde dentro.

¿Disfrutas hacer tu trabajo con los demás que se encuentran aquí demonio?

—Sí, lo disfruto. Con ella me duele el pecho, intento que no le duela pero es imposible, el castigo debe continuar. La quiero envolver con mis brazos, la quiero para mí, yo no la dejé ir a otro círculo, donde el tormento es peor.

— Ven acá demonio, yo sé que no entiendes que significa esto así que acércate. Yo sé qué haces esto por una obligación, no eres diferente de mi especie nosotros también hacemos actos malévolos y perversos por obediencia. Hasta cierto punto también disfrutamos de infligir justicia.

Al acercarse hasta quedar a un lado se coloca frente a una piedra de mármol tan blanca como el agua nieve, tomamos asiento y del bolso dejo fuera una botella de tequila, después una de Ron, después otra de tequila. Bebemos hasta que su llanto se hace más profundo, hasta que los sentidos se nos adormecen. A él le gustaría parar su actividad y liberarse de su disciplina torturadora, no lo dice o lo articula, más bien lo llego a deducir por sus actitudes.

—Yo solo soy un instrumento-solloza con pestilentes resonancias -es fácil no pensar en el puño cuando hay un castigador, un castigo y un castigado.

—Voy a decir que no tengo el poder para cambiar la actividad que debe continuar, pero eres un estúpido y hermoso demonio enamorado— hago una pausa para pensar en lo que se avecina para mí — ¿Qué te parece un milenio de tiempo sin castigo para ella?

El acepta, nos servimos un último trago de tequila, tomo el lugar de su amada. Lo que sigue a continuación me gustara dejarlo a la imaginación o al recuerdo que me perseguirá.

Salgo de ese lugar. Aprendí de él que es mejor ser un desgraciado o endemoniado que un enamorado desgraciado. Aquel demonio atormentaba por obligación a una muchacha, a quién logró amar allá en la eternidad. Cumplí la condena mientras el alma de aquella chica descansaba temporalmente, después miré hacia atrás y el circo continuó pero no sin antes recibir el obsequio de ese bruto, un vial de lágrimas de demonio.

Por maldición de los dioses voy a donde me necesitan, y me agrada pues ni la felicidad, ni el éxito, ni el progreso me significa, viajé hasta el infierno, hasta donde puedo hacer algo y donde mis cicatrices si cuentan.

24 de Marzo de 2020 a las 15:33 1 Reporte Insertar Seguir historia
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Jancev Jancev
¡Hola! acabo de leer tu capítulo y creo que vas bien orientado sobre lo que quieres con esta historia, está interesante y aborda el tema del infierno de una manera poco común, te aconsejo que trates de configurar tu instrumento de escritura con las rayas de dialogo, que son largas, a diferencia de las que estás usando que son guiones cortos, le dará mejor aspecto visual y profesional al relato, en general tienes una gramática, salvo unos tres o cuatro errorcitos por falta de acentos, como por ejemplo en "músculo", también hay un "dejé", "logró", "miré" sin acento. Son detalles que vas a ir mejorando con la práctica. ¡Saludos!
March 28, 2020, 03:05
~

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