brigthwyna Norma Passarell

Irene odia hacer vida social, pero su mejor amiga Amaya ha logrado convencerla de celebrar una cita doble con sus nuevos novios... en su propia casa. Santi es el hombre perfecto, así que todo tiene que salir bien. Además, tiene que admitir que siente curiosidad por conocer a Víctor, la nueva pareja de Amaya. Un relato corto sobre el amor y la amistad. ¡Espero que lo disfrutes! Historia ganadora del 3r Premio del concurso literario "Historias de cuarentena" de Inkspired. © Safe Creative: Obra #2003253406016. Todos los derechos reservados. Esta obra está protegida por las leyes de copyright y tratados internacionales.


Cuento No para niños menores de 13.

#amor #soledad #quedateencasa #historiasdecuarentena #coronavirus #romance #romántica #chick-lit
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Los demás iban a llegar en cualquier momento. Irene estaba acabando de poner la mesa mientras la cena se asaba en el horno.

Amaya, la muy pícara, había vuelto a hacer uso de sus dotes persuasivas. Había logrado convencerla de hacer algo que detestaba con toda su alma: socializarse.

Esta vez, iban a celebrar una cita doble con sus respectivos nuevos novios, Santi y Víctor. Y, para colmo, iba a suceder en su propia casa.

La idea original era cenar en un buen restaurante y luego salir de copas, pero ayer Pedro Sánchez decretó el estado de alarma por la crisis del coronavirus. A partir de hoy, todos los locales hosteleros debían permanecer cerrados. Al menos durante quince días, tal vez más.

—¿Y por qué tiene que ser en mi casa? —había protestado Irene.

Jamás recibía visitas. Aquel apartamento era su madriguera y su coraza, un espacio íntimo que la protegía del corrompido mundo de los vivos. Solo estaba autorizada a entrar en él Amaya, su inseparable amiga del alma. De hecho, la única que tenía. ¿Pero para qué necesitaba más?

—Cariño, sabes que me acabo de mudar y tengo el piso patas arriba —se quejó Amaya—. ¡Te prometo que la próxima vez será en la mía!

Así que había tenido que encargarse de todo ella misma. Ir a comprar al supermercado resultó ser todo un periplo. El pánico colectivo que se había generado en los últimos días se tradujo en estanterías arrasadas y carros de la compra llenos hasta los topes.

Limpió y ordenó su apartamento de arriba a abajo y se encargó de preparar la cena. ¡Con lo poco que le gustaba cocinar!

Sonó el timbre del portal y de repente le entró el pánico. ¿Sería Santi? Se deshizo del delantal floreado y revisó su imagen en el gran espejo del recibidor.

Había elegido para la ocasión un bonito vestido swing rojo que le llegaba hasta la rodilla. Estaba abotonado al frente y adornado con un fino cinturón que realzaba sus curvas.

Las ondas de pelo negro azabache le caían hacia un lado. La otra mitad de su media melena estaba recogida con un pasador detrás de la oreja. El carmín en sus labios estaba intacto.

—¡Sorpresaaa! —Amaya apareció en el umbral con los brazos abiertos. Llevaba puesta una mascarilla para protegerse de un posible contagio. Le guiñó un ojo.— ¡Mira a quién he conocido en el ascensor!

Santi se asomó tras ella. Sostenía una botella de tinto en la mano. Con la otra, saludó a Irene. La americana gris y los vaqueros le quedaban como un guante sobre su cuerpo atlético.

—Oh, veo que me he ahorrado las presentaciones. Por favor, pasad. Pero, antes… —les acercó un frasco de gel desinfectante y una caja de pañuelos— ¡Lavaros las manos con esto!

Amaya se quitó la mascarilla, aliviada. Iba vestida tan bohemia como siempre. Cogió a su mejor amiga del brazo y caminaron juntas hacia el comedor. Santi les siguió mientras echaba un vistazo a su alrededor. Era la primera vez que pisaba la casa de Irene.

—Chica, no me habías dicho que tu novio era tan guapo... —le susurró Amaya al oído, aunque no en la suficiente voz baja como para que Santi no pudiera oírla.

Se ruborizó y le dio un codazo a Amaya.

No solo era guapo, pensó Irene, sino que lo era en extremo, incluso demasiado para su gusto. A menudo, pensaba que Santi era tan perfecto que algún día se cansaría de ella. Un hombre tan culto, tan atractivo, tan formal, se daría cuenta de sus carencias y la dejaría. Era lo más natural, ¿verdad?

—Estás preciosa —Santi besó los labios de Irene con dulzura y le entregó la botella—. Mmm... ¿Qué es eso que huele tan bien?

—Qué detalle, muchas gracias —sonrió—. ¿La cena? ¡Oh, es una sorpresa! ¡Prohibido entrar en la cocina! Por cierto... —se dirigió ahora a Amaya—. ¿Dónde está tu rock star?

—¿Víctor? No tardará en llegar. Tenía ensayo con el grupo.

—Vaya, ¿es músico? —indagó Santi.

—Sí, es guitarrista en varias bandas de rock.

—¿Es posible que conozca alguna?

—No lo creo —intervino Irene—. Vosotros dos no os movéis precisamente por el mismo ambiente.

—¡Eh, que a mí me encanta el rock! —se defendió Santi.

—¿En serio? Pues no lo habías mencionado —ella rió. No podía imaginarlo escuchando otra cosa que no fuera jazz o música clásica.

—Hay muchas cosas de mí que aún no sabes, princesa —Santi le guiñó un ojo.

Es cierto, pensó, cuatro citas no dan para mucho. Y, si se ponía a pensar, ella tampoco le había contado mucho sobre ella. ¿Cuántas citas hacen falta para saberlo todo sobre la otra persona?

El timbre volvió a sonar y Amaya enloqueció.

—¡Ay, ay, ay, que ya está aquí! Ve, abre tú, que por algo eres la anfitriona —arrastró literalmente a Irene hacia el recibidor.

Sentía curiosidad por conocer al novio de Amaya, pero hubiera preferido que se encargara ella de presentarlos. Su ansiedad social era un gran problema en estas situaciones y, por lo visto, Amaya la quería poner a prueba una vez más.

Irene respiró hondo. Tras abrir la puerta, le dio un vuelco el corazón.

17 de Marzo de 2020 a las 01:09 2 Reporte Insertar Seguir historia
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David Vásquez Gallego David Vásquez Gallego
Gran relato, bases sólidas, y un estilo original, soy nuevo, te invito a pasar por mi perfil y que leas uno de mis cuentos, saludos desde Colombia
April 24, 2020, 04:34

  • Norma Passarell Norma Passarell
    Muchísimas gracias, David. ¡Con comentarios como el tuyo, a una se le alegra el día! ¡Voy a tu perfil y te sigo! April 24, 2020, 04:43
~

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