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La katana maldita

En las llanuras del vasto valle el silencio se hace presente. El rugido del viento acompaña al débil canto de los pájaros y al murmullo de un río cercano. Mientras que el sol empieza a esconderse entre las montañas, el silencio se rompe con las pisadas de unos caballos nerviosos.

Aparece en escena un grupo de soldados protegidos porpesadas armaduras samurái. Uno de ellos, oculto por una máscara,esconde unos dientes que castañetean, unos ojos nerviosos que miran entodas las direcciones y unas perlas de sudor que se deslizan lentamentepor su frente.

Por normageneral,los samuráisno tienen miedo a la muerte, ya que su único objetivo en la vida es servir a su señor,y sí con ello debensacrificar su vida, entonces lo haránsin dudarlo. Sin embargo, ésta norma no se aplica para estejoven asustadizo que parece esconderse dentro de su armadura, empequeñeciéndose poco a poco.

Los latidos de su corazón se escuchan desde la lejanía, sus ojos bailan de un lado a otro y sus manos tiemblan, recordándole que aun está en fase de entrenamiento, y que hoy va a ser la primera vez que salga al campo de batalla.La primera vez que tenga que defenderse y matar a otros hombres a los que considera enemigos.

No quiere matar a nadie, no es capaz ni de matar a una misera mosca, pero debe hacerlo. Se ha convencido de que debe hacerlo, de que síno lo hace todo lo que ama quedará reducido a cenizas y eso, es imperdonable.

No, debe hacerlo.No puede echarseatrásahora y huir. Sería un desertor, un roninpor el resto de su misera vida.

Se ha convencido de ello, le ha costado mucho asimilarlo, pero ha decidido dar su vida por quienes ama si eso le asegura sufelicidad y suprotección.

Daito eleva la mirada al frente. Sus ojos se han detenido en un punto fijo, observando a su superior. La voz tan potente del samuráihace que su corazón pare de golpear su pecho y que sus manos no tiemblen. Tras la máscara delsamuráise imagina unos ojos que trasmiten valentía, que derrochan valor y que son el espejo de su espíritu; un espíritu guerrero.

El samuráihalaba todas las hazañas de su escuadrón, habla de las épicas batallas que les hicieron fuertes y de todos los peligros que tuvieron que enfrentarse para conseguir la ansiada victoria. Daito estáanonadado por todo lo que dice, a pesar de conocer todas las historias. Es la forma en que el samuráilas cuenta lo que hace que,el poco valor que tenía en su pecho,crezca hasta convertirse en un dragón y quieradevorar el miedo que habita en él.

Un grito despierta a Daito de su ensoñación y vitorea con el resto de sus camaradas al samurái.Este parece orgulloso por los ánimos y con un pequeño movimiento de talón hace que sucaballo se gire hacia al frente al mismo tiempo queeleva la katanaen lo alto, por encima de su cabeza.

Unakatana largayestrecha hace que a Daito se le suban los colores a las mejillas. Había escuchado tantas veces la historia de esa katanaque aun no era plenamente consciente de lo que significaba. Y es que,aquella katana era y es la legendaria espada que liberó a su pueblo hace mucho tiempo de un terrible yokai devorador de almas.

Su pueblo, hace más de 100 años atrás, había sido devastado por un ser capaz de alimentarse de las almas de los humanos. Por aquel entonces, el pueblo apenas tenía guerreros, por lo que los pocos que fueron a combatir al ser, padecieron en el intento.

Sin embargo, en una noche de tormenta llegó al pueblo un guerrero desconocido que se hacía llamar a simismo “el mata-demonios”. Tras sus ropajes andrajosos y sucios se ocultaba un hombre de larga melena y una katana impoluta guardada en una vaina negra.

Aquel hombre solo pidió cobijo a cambio por matar al yokai. Al principio,el aspecto tan descuidado del hombre hizo que los aldeanos dudasen de su palabra y de sus habilidades, pero aceptaron de todas formas. El hombre, que luego resultó ser un ronin condenado a la desesperación, mató al demonio aquella misma noche, asestándole un único corte.

Los aldeanos le agradecieron humildemente sus servicios dándolecobijo aquella noche, pero la historia nosequedó ahí.

Mientras que dormían los aldeanos y el pueblo estaba sumido en elsilencio, el ronin se levantó a oscuras, recogió su katana y con una mirada totalmente diferente a la dehaceunas horas, mató a los aldeanos, uno a uno, con el mismo corte que provocó la muerte del demonio.

Se dice que esa katana está maldita y por eso el ronin se volvió loco y mató a todos los aldeanos. Son simples habladurías, pero se sigue creyendo firmemente que esa katana trae la paz y la destrucción por quien la empuña.

Daito escucha a lo lejos como se acercan los enemigos. El corazón ya no le tiembla de miedo, el valor le ha ganado y lo único que tiene en mente es que debe hacerlo por aquellos a quienes quiere proteger.

El sol se oculta tras las montañas, Daito aleja la máscara de su rostro, quiere que sus enemigos recuerden quienes le ha matado, y empuña la katana de su padre con la mano derecha, lista para ser clavada.

Su superior desenfunda la leyendaria katana de su vaina y ésta, brilla bajo los primeros resquicios de la noche con un color rojo intenso, brillante y espeluznante, al igual que los ojos de su portador.

. . .

5 años después

- Daito…- una voz grave se hace presente en sus sueños, devorando las tinieblas por las que estaba siendo engullido de nuevo.- Daito, despierta.- a pesar de haber transcurrido 5 largos años los gritos de dolor no salen de su cabeza, ni tampoco las múltiples imágenes de otros hombres masacrados, degolladosymarcados por su propia katana.- Daito, tienes que irte ya. Nos van a descubrir.

Esto último le hace reaccionar. Daito abre los ojos con una expresión de sorpresa mezclada conun atisbo denerviosismo, sabe que no puedenencontrarlo con Takeshi a caso que quiera morir.

Takeshi le mira nervioso. Sus ojos oscuros destacan de una forma sobrenatural en su traslucida piel, al igual que sus labios rosados le piden a Daito que se acerque. Rechaza la idea con un movimiento de cabeza y se incorpora en el futon rápidamente.

- ¿Cómo te encuentras?, ¿puedes moverte?- Takeshi apoya una mano en su hombro derecho y Daito siente un calor en su corazón que apelmaza cualquier demonio del pasado.

- Estoy bien, amo Takeshi.- le responde sin pensarlo.

Takeshi se sorprende ante esas formalidades, pero tampoco le da mucha importancia. Aparta la mano de su hombro y se incorpora para acercarse a la puerta de su habitación con la intención de dejarle espacio a Daito.

Al acercarse a la puerta, echa un rápido vistazo al hombre con quienha compartido mucho más que un saludo cordial,y una pequeña lágrima recorre su mejilla sin darse cuenta. La aparta de unmovimiento y eleva la barbilla con orgullo, pensando que dentro de poco todo cambiará, que podrá ser libre con él.

- Amo Takeshi.- Daito murmulla de nuevo su nombre con formalidades. Lo odia mucho, pero sabe que no puede remediarlo. Al menos no en la mansión.

- Debes irte, no quiero que te encuentren y…- Takeshi no termina la frase.

Si los encuentran juntos, lo único que le deparará a Daito será la muerte y a Takeshi la humillación y la imposibilidad de ser feliz. Deben ser fuertes. Un poco más y podrán vivir juntos, sin que nadie se lo impida.

- Está bien.

Daito aparece por la espalda y apoya una mano en el hombro de Takeshi. El joven siente un angosto peso sobre sus hombros cuando recuerda que todos pueden vivir como quieren, menos ellos. Daito, como samurái,ha servido a su padre por más de 5 años, siendo muy joven la primera vez que fue a la guerra, y ahora, que no pueda entender que su hijo está enamorado de ese mismo samurái,que en su día dio la vida por ellos,le rompe el corazón.

- Quiero que este peso desaparezca.- el murmullo de su voz hace que Daito se acerque más a él.- Quiero salir de este lugar y vivir como me plazca, contigo.- se gira hacia el samurái. Sus ojos parecen dos piedras preciosas, brillantes y soñadoras.- No quiero esconder esto que siento por ti,ni sentirme sucio por amarte.

- Sé que es muy complicado, Takeshi.- su nombre en sus labios hace que se estremezca, que el pecho se le llene de aire y que se sienta más aliviado.- Yo también quiero irme de aquí, vivir contigo y formar un futuro juntos. Pero, sabes mejor que nadie, que todo esto lo hacemos por los dos.

- Lo sé.

Takeshi se aleja de él y Daito ve algo extraño a travesar la mirada de su amado.

- Yo…- Takeshi suspira pesadamente antes de hablar.- Nunca he querido esto. El que te hayanhecho daño por mi.

Daito sonríe ante su preocupación, ante su inocente preocupación. Se acerca a él con pasos decididos antes de recoger sus manos entre las suyas y elevarlas hasta posarlas en su pecho. Takeshi no dice nada anteel gesto.

- A parte de ser tu guardaespaldas personal...- una sonrisa traviesa cruza sus labios.- Debo serte sincero y es que,daría todo lo que tengo y más por ti.- un pequeño silencio basta parar que Takeshi sienta la infinidad en su cuerpo.- Que me hieran por protegerte no debería importante. Es una pequeña piedra en mi camino que superaré sin vacilar.

Las palabras de Daito hacen que lleguen lágrimas a los ojos oscuros de Takeshi. Se siente tan culpable por haber dejado que él le defienda de los enemigosque amenazan constante la mansión, tan inútil. Aun así, como bien dice Daito, esto debería ser algo insignificante en comparación con lo que están preparando.

Cuando Daito volvió de la guerra,Takeshi vio en él algo que no había visto hasta ese instante; un amor tan fuerte por él que era capaz de a travesar todas las barreras que pudieranexistir. Sé preocupo por él, rezó para que volviese a casa sano y salvo, y se desvivió para que surecuerdo no se perdiese en los acantilados de su memoria.

Ante aquella revelación, Takeshi tuvo muy claro lo que quería en la vida y que debía hacer para conseguirlo. Lo primero fue decirle a Daito que en él crecía un amor más fuerte que el de la amistadoque el de la hermandad, y cuando el samurái le correspondió, entendió que era hora de poner en marcha el segundo paso; convertirse en un digno sucesor para que su padre dejase en sus manos el clan.

Sí Takeshi ascendía al poder nadie podría impedirle amar a Daito y protegerlo. Ese era su plan; proteger a Daito al igual que él da su vida por protegerle.

Takeshi eleva la mirada, decidido a conseguir que su plan se lleve acabo.

- No permitiré que te sacrifiques más por mi. Ahora me toca a mi protegerte.

. . .

Takeshi se despierta de su meditación cuando escucha como un par de soldados pasan a su lado con las pesadas armaduras. Sus ojos se desvían hacia ellos y observa como su traje de combate parece una segunda piel para ellos.

En su corazón un recuerdo le hace estremecerse y entonces, como un resorte, las imágenes de ese recuerdo se suceden una a una bajo un manto de melancolía.

Los días que sucedieron a la llegada de Daito, Takeshi se resistía por no salir dela mansión eir a verlo a su casa. Eran días muy duros porque ambos fueron separados por la guerra y ahora, tras su regreso, seguían separados por las heridas que ésta había dejado tras de sí.

Aun así, el joven no pudo llegar a resistirse y se escabulló la tercera noche para ir a verlo. Tuvo que esquivar a los soldados y a los reclamos de su severo padre para que le acompañase en los asuntos importantes del clan. Tras una buena mentira y sus habilidades para escabullirse, dotadas gracias a Daito, salió y recorrió el pueblo escondido entre las sombras.

Cuando llegó a aquella humilde casa sintió como su corazón daba un vuelco y como una pequeña sonrisa sobresalía de sus labios. El deseo de verle era tan fuerte que no llegó a divisar a una sombra oculta en la noche.

- Que inesperado encontrarle por aquí.- su voz sonaba ahogada por la máscara que ocultaba el rostro de la sombra.

Takeshi elevó la mirada hacia arriba y divisó a la figura que estaba de pie sobre una cornisa. Entre los destellos de la luna, el joven vio una esbelta figura recubierta por un traje de ninja oscuro y por la característica máscara, que solo le ocultaba la boca y el mentón.

Unos ojos grandes y amenazadores tenían al joven en su punto de mira, en donde realmente quería que estuviese.

- ¿Quién eres?- Takeshi no reprimió la ira que estaba creciendo poco a poco en su interior.- Eres uno de los ninjas de mi padre, ¿verdad?

La sombra no dijo nada al respecto, solo ladeó la cabeza un poco y apoyó la mano derecha en lo que parecía ser el mango de una katana corta. Takeshi sintió una ola de calor a travesar su cuerpo, tenía la impresión de que aquel encuentro no era casual y que, por algún motivo, aquella katana iría a parar a su cuerpo.

- No, Takeshi.- la dureza con la que formuló su nombre le hizo retroceder.- Te he estado observando durante mucho tiempo porque me han encomendado matarte. Como sabrás, la guerra de hace 5 años no fue una simple casualidad, ni tampoco lo es este encuentro.

Un rayo de luna se hizo presente tras las palabras del ninja y Takeshi pudo observarlo con mayor atención, percatándose de que aquella mirada tan definida la había visto antes. Aquellos ojos llenos de odio y venganza le miraban a él, pero también miraban más allá.

- No te permitiré que me arrebates mi vida ni ahora, ni nunca.

“Hace 5 años. ¿Es posible?” pensó Takeshi en aquel momento.

Con un movimiento rápido Takeshi agarró la katana que tenía oculta tras los ropajes y la desenvainó con fiereza. A pesar de no ser un soldado, su padre había puesto mucho empeño en que recibiese la mejor educación samurái en cuanto tuviese la edad suficiente. Consolidó una habilidad muy diestra con la katana, a pesar de no haber sido apreciada por su padre.

- Me habían advertido de tu habilidad con la katana.- la sombra descendió del tejado con un salto y aterrizó sin apenas hacer un misero sonido.

Era como una tormenta; silenciosa y mortífera.

- Entonces te sugiero que te retires, joven ninja.

A Takeshi le pareció escuchar una risa.

- Yo no me acobardo por un niño mimado. Y mucho menos cuando tienes algo que nos pertenece.

La katana del ninja se movió entre sus manos con mucha maestría, pero eso no asustó a Takeshi. Se miraron a los ojos por un instante, un sabor a metal a travesó la boca de Takeshi y el aire húmedo y frío le puso la piel de gallina.

En un parpadeo el ninja se lanzó contra él con la katana oculta. Takeshi esquivó el ataque directo con un movimiento rápido de pies, para luego elevar la katana y asestar un corte horizontal. El ninja también lo esquivó con habilidad antes de dar comienzo a un feroz choque de katanas.

El sonido de las katanas chocando hizo que un Daito adormilado se despertase. Sus ojos se abrieron de repente, como un resorte, asustados por volver a escuchar esa violencia tan de cerca.

Se levantó como pudo y caminó a oscuras por la estancia hasta llegar a la ventana que daba pie a la calle. Allí, oculto por la noche y con una mano en el estomago debido al dolor y a las nauseas, observó con asombro como Takeshi estaba blandiendo una katana contra una sombra.

Ahogó un grito desde lo más profundo de su ser y se apresuró a buscar su katana. Tras encontrarla, abrió la puerta con la única intención de detener a Takeshi y acabar con el enemigo.

- ¡Amo Takeshi!

Daito gritó con fiereza mientras que salía por la puerta con la katana desenvainada. Cuando Takeshi escuchó su voz y giró brevemente la mirada, el ninja asestó un golpe directo que no pudo esquivar. Takeshi lo bloqueó con la katana al mismo tiempo que el ninja ejercía fuerza contra su cuerpo.

La escena asustó tanto a Daito que la ira revolvió su cuerpo y el dolor desapareció por un momento, convirtiéndose en una pequeña piedra. El ninja vio de reojo como Daito se acercaba con la katana rápidamente y se retiró con un salto hasta aterrizar en un tejado cercano.

Takeshi cayó de rodillas en el suelo y la katana se estrelló a su lado. Daito fue a socorrerlo mientras que el ninja observaba a ambos con una pizca de ira y envidia.

- Amo Takeshi.- Daito atrajo el cuerpo del joven contra el suyo y lo arropo antes de elevar la mirada hacia el ninja; una mirada que transmitía odio.- Sí te vuelves a acercar a él, te mataré.

El ninja retrocedió un poco, asustado por aquella mirada y por sus palabras que estaban cargadas de una energía negativa posible de todo. Guardó la katana en un rápido movimiento y desapareció bajo las sombras de la noche, saltando de cornisa en cornisa.

- Amo Takeshi.- una voz le despierta de sus recuerdos.- El señor requiere su presencia inmediatamente.

Takeshi parpadea numerosas veces antes de levantarse con elegancia y alisar sus ropajes con rápidos movimientos. En su mente, mientras que camina junto al soldado, se proyectan pequeñas escenas de aquella noche. Las palabras del ninja que juraban una venganza y la energía tan abrupta que emanaba de Daito.

Es curioso como los ataques que están sucediendo también amenazan con su vida. A veces cree que ese ninja de nuevo, pero ahora que Daito es su guardaespaldas personal dentro y fuera de la mansión, no teme a la muerte, ni a que el ninja cumpla su palabra.

El soldado se detiene y el joven amo le da las gracias con un movimiento de cabeza antes de entrar en la estancia. Una vez cerrada la puerta, el olor a incienso entra dentro de su cuerpo y una débil llamada de su padre hace que camine hasta el centro de la habitación.

- Hijo mío, debo darte una buena noticia.- su padre habla con un deje de felicidad en el paladar, anticipando que esa noticia le gustará a Takeshi.- He decidido que es hora de abandonar el poder y que tú me sucedas.Los enemigos nos amenazan cada día por culpa de esa katana.- desvía su mirada hacia la katana maldita. Takeshi se muestra sereno y asiente.- Por ello mismo, he decidido pactar tu matrimonio con la hija del clan Matsumoto. Con esta unión podremos hacernos más fuertes.

Las siguientes palabras llegan a oídos de Takeshi como un murmullo hueco de sentido y coherencia. Acaba de pactar un matrimonio con una mujer solo para unir ejércitos sin importar su opinión. Piensa en aquel ninja de mirada oscura y en el abismo que se cierne sobre él.

- Padre, yo...

Takeshi se siente traicionado, angustiado y furioso por ésta toma de decisiones tan repentina. No puede esperar que su padre le comprenda, a él , su hijo que ama a un samurái.

Su padre no entiende lo que es sufrir por amor, lo que es sufrir porque los demás lo ven diferente. No, su padre no lo entiende y nunca lo hará.

Parpadea numerosas veces mientras que la imagen de Daito se difumina en una niebla oscura. Las palabras de consuelo se vuelven borrosas y tiene que reprimir las lágrimas que amenazan con salir.

No, tiene que ser fuerte si quiere seguir al lado de Daito.

- ¿Sí, hijo?

“Debo serte sincero y es que daría todo lo que tengo y más por ti.” Las palabras de Daito se repiten en su cabeza una y otra vez. “Es una pequeña piedra en mi camino que superaré sin vacilar.”Takeshi piensa en él, en el gran esfuerzo que está haciendo por ambos.

“Takeshi, debes ser fuerte. Piensa.” Aparece un nudo en su garganta y reprime las palabras.

Tiene que cambiar el plan, si no lo hace, entonces su futuro con Daito no existirá. Pero, ¿qué hacer ahora? Dentro de su propia oscuridad una pequeña llama se enciende, rompiendo con esa pequeña barrera que le impedía pensar. Las piezas encajan.

Takeshi eleva el rostro hacia su padre y con una mirada decidida, sentencia su respuesta.

- Que así sea, padre.

. . .

2 días después, por la noche

El silencio en la mansión es aterrador, es como un demonio caminase lentamente, esperando a encontrarse con alguien para asestar su golpe mortal y devorarlo. La luna oculta parte de la mansión y la otra la baña en su luz blancuzca, siendo participe de los siguiente acontecimientos.

Un grito desgarrador se escucha a lo largo y ancho de todo el complejo. Los árboles de cerezo se mecen paulatinamente mientras que un olor a carne calcinada se expande como un espectro por el cielo. Se escucha una larga campanada y los pasos apresurados de los soldados.

La habitación del amo Takeshi está en llamas. Tras unos largos minutos en los que los soldados apagan el fuego con cubos de agua, el olor a quemado se va diluyendo y la habitación aparece ante ellos pintada de negro, demacrada y casi destruida.

Sin embargo, cuando el general del escuadrón entra e inspecciona la habitación, se le corta el aire de los pulmones al reconocer la hoja escarlata de la katana maldita erguirse imponente entre los escombros, charcos de sangre seca y marcas de combate por las paredes y por el suelo. Entre todo ello, distingue dos cuerpos calcinados con restos de los ropajes del amo Takeshi y del samurái Daito.

El general del escuadrón da unos pasos atrás, asustado por la desoladora imagen.

- N-no puede ser...- dice el señor al instante.

Entra en la estancia con el corazón en la garganta y con el miedo recorriéndole la espalda. Camina hasta caer derrotado ante la espada y los cuerpos sin vida del que fue su hijo y uno de sus mejores samurái. No puede deslumbrar las fracciones de ninguno de los cuerpos, ya que las llamas no han dado tregua con ellos. Los han devorado hasta los huesos.

- Mi hijo...-murmulla entre lágrimas.

Un llanto desconsolado le desgarra desde lo más profundo de su ser, demostrando que le acaban de arrebatar lo más importante y preciado que tenía en la vida. Recoge entre espasmos el esqueleto de su hijo y lo abraza, intentando revivir el recuerdo de su único hijo, ahora muerto.

- ¿Qué ha ocurrido?- pronuncia tras unos segundos.

El general da un paso al frente y duda unos instantes en si decírselo, pero su señor le exige una explicación con una mirada llena de tristeza.

- Creemos que ha entrado un enemigo del clan Matsumoto, señor.- dice firmemente. La aclaración le desconcierta.- Lo que usted ve en esa katana es un trozo de tela de su bandera, por lo que su hijo ha muerto a manos del enemigo, quien empuñaba la katana maldita,

Tras su explicación, su señor dirige la mirada hacia la katana y divisa en el mango de la misma un trozo, parcialmente quemado, de tela negra con un símbolo de una karpa dibujada en rojo. Recorre la tela con la otra mano y mientras la observa atentamente la ira corroe su corazón lentamente.

- ¿Y el samurái Daito?- pregunta en un tono más duro.

- Ha muerto en la batalla, protegiendo al amo Takeshi.- se apresura a decir el general.- Luego...el enemigo ha quemado la estancia.

La luna ilumina la estancia con su luz rápidamente, eliminando las tinieblas que la sucumbían. Se levanta, dejando el cuerpo de su hijo en el suelo con una mirada anegada por la ira y la venganza.

- General, prepare a sus hombres inmediatamente.

Las palabras de su señor llegan hasta él como una suplica. No se opone ante sus ordenes y desaparece con el resto de sus soldados por los pasillos de la mansión, con la única intención de determinar una venganza esta misma noche.

Mientras que el silencio vuelve a hacerse presente, el hombre eleva la mirada y a lo lejos, iluminado por un rayo de luna, encuentra una nota clavada a la pared con la katana corta de Takeshi. Al acercarse y arrancar de la pared el trozo de papel, vislumbra una frase que le deja de piedra: “La katana traerá la paz y la destrucción por aquel que lo empuñe.”

. . .

Esa misma noche, media hora antes

Los pasos apresurados de dos jóvenes sumidos en la noche hacen que, las diversas ramas que se esparcen por el suelo del bosque empiecen a quebrarse tras sus pasos. Sus risas son amortiguadas cuando uno de ellos tropieza con una rama de un tosco árbol y cae estrepitosamente al suelo, llevándose al otro joven consigo.

- ¡Daito!- su nombre suena apelmazado en la voz del joven.

- Lo siento, no he visto la rama amo Takeshi.- dice entre risas nerviosas.

Ambos jóvenes se vuelven a levantar con la luna iluminándolos en lo alto del cielo. Daito mira a Takeshi con ojos soñadores, con una mirada de amor que derrocha pasión y admiración. Takeshi también le mira con una mirada llena de sentimientos indescriptibles. Es como sí después de todo el huracán ambos hubiesen recuperado algo importante y preciado. Algo que necesitaban para volver a sentirse ellos mismos.

- No me llames así, ya no soy el señor de nada.- dice Takeshi despertando de su ensoñación.- Llámame simplemente Takeshi, o como prefieras.

La sonrisa que ilumina el pálido rostro de Takeshi hace sonrojar a Daito por sus palabras. Aparta un poco la mirada de su enamorado, pero no logra reprimir la sonrisa de felicidad que se escabulle entre sus labios.

- Sabes, aun sido dándole vueltas.- dice Daito arropando las manos de Takeshi entre las suyas.- Has ideado todo este teatro para liberarnos.- posa sus labios encima de las manos del joven y deja un dulce beso antes de apartarse para mirarlo a los ojos.- Eres increíble.

- Y-yo...

Daito cruza una mirada traviesa con él y atrapa sus labios al vuelo. Se funden en un beso apasionado y travieso que hace estremecer a Takeshi. Sus labios se mueven al compás en un baile rápido y desenfrenado que les hace tropezar de vez en cuando, pero que les colma de felicidad.

Tras unos segundos y con el corazón a punto de salir de sus pechos, se dedican una mirada que dice mucho. Ahora, después de haber luchado tanto, al fin pueden vivir la vida que siempre han deseado y dar rienda suelta a su amor sin que nadie se lo prohíba.

- Cuéntame como lo has hecho.- exige Daito entre jadeos.

Takeshi sonríe antes de darle otro beso.

- Está bien.- la mirada de Takeshi parece ensombrecerse por un instante.- Fingir nuestras muertes es muy sencillo cuando el enemigo estaba a pedir de boca.- su mirada se vuelve más oscura.

- ¿El enemigo?- pregunta Daito sorprendido.

- Si. Mi padre no se dio cuenta de que el clan Matsumoto era el culpable de los numerosos ataques, ni tampoco de que buscaban la katana maldita del general caído hace 5 años.- un pequeño silencio. Daito recuerda a aquel samurai de entre los cuerpos demacrados.- El resto fue más complicado, tuve que coger la katana que estaba en la habitación de mi padre, destrozar la habitación, dejar charcos de sangre, crear unos arañazos por las paredes y el suelo, como si fuesen signos de una batalla...- hace una pequeña pausa.- recoger dos cuerpos, vestirles y luego, quemar la habitación.

Daito le mira con una pizca de sorpresa y preocupación. Gracias al plan de Takeshi han podido huir y dar muerte a sus viejos nombres para crear a dos nuevos jóvenes que vagabundean buscando un hogar seguro. Aun que, eso le ha costado una cicatriz eterna a Takeshi en su interior.

- La katana maldita... ¿para qué querrían esa katana? y ¿por eso dejaste esa nota?- pregunta Daito con clara curiosidad.

- No lo sé, seguramente como muestra de poder. Y sí, la nota era para mi padre, para que supiese que aquella katana estaba condenada a traer la paz y la desgracia por quien la tuviese.- finaliza Takeshi elevando los hombros ligeramente con la mirada perdida.

Los brazos de Daito envuelven a Takeshi, dejando que una sensación de calor se instale en su cuerpo. Ninguno de los dos se deshace del abrazo hasta que la luna deja de iluminarlos para dar paso a la fría noche.

- Daito.- murmulla en su cuello.- Te quiero.

Daito atrae aun más a Takeshi, eliminado cualquier posible espacio que pudiese quedar entre ambos. Una ráfaga de viento levanta sus ropajes y un aroma a madera quemada se instala en ellos antes de mirarse a los ojos y volver a besarse.

- Al final tú me has salvado.- dice Daito encima de sus labios.- Te quiero, Takeshi.

16 de Marzo de 2020 a las 12:22 5 Reporte Insertar 1
Fin

Conoce al autor

Nadia Álvarez Vivo en cada una de mis historias, a veces como un personaje y a veces como una preocupación, pero siempre estoy ahí para dejar parte de mí por escrito. Principalmente escribo historias románticas cargadas de sentimientos encontrados, pensamientos profundos y emociones confusas. Siempre intento que mis personajes sean un reflejo de una posible realidad, viva y profunda. Por eso mismo me encanta escribir sobre el zodiaco.

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Prince Gómez Prince Gómez
Al contrario! Es un placer para mí leer historias tan interesantes como está, y de escritores que valen la pena leer y dar tu mejor reseña!🤗🤗🤗🤗♥️
March 17, 2020, 14:44

  • Nadia Álvarez Nadia Álvarez
    Jo muchísimas gracias por el apoyo😍❤️ March 17, 2020, 15:03
Prince Gómez Prince Gómez
Sé que es solo este capítulo la historia, pero me quedé tan ilusionado que me hubiera gustado seguir leyendo y que está historia no tuviera fin!♥️♥️♥️
March 17, 2020, 07:31
Prince Gómez Prince Gómez
Acabo de culminar la lectura de tu primer capítulo! Primero me preguntaba que podía hacer un libro de Katana en la Comunidad LGBT+, eso fue lo que me llamo la atención. Tanto que comencé a leer y madre hasta el final! Esta madrugada me he pasado leyendo todo este primer comienzo de tu libro y me parece una historia impresionante, limpia, concurrente, y con una ortografía impecable! Espero que la historia no acabe en este primer episodio y puedas seguir desenvolviendo esta temática. ¡Gracias por aportar un buen libro para la comunidad LGBT! ¡Felicitaciones!
March 17, 2020, 07:29

  • Nadia Álvarez Nadia Álvarez
    No tengo palabras para agradecértelo, enserio. Me alegra tantísimo que te haya gustado que me dan ganas se seguir desarrollando la historia. En un principio escribí el relato para una antología y no salió seleccionado, por eso me llena tanto tu comentario. Enserio, muchísimas gracias por leerlo y por dejar tu opinión ❤️ March 17, 2020, 09:41
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