alexsalvatore Alex Salvatore

Un remoto pueblo recoge una de las historias mas sangrientas de todos los tiempos. Décadas después del cese se las muertes, otro nuevo asesinato reabre el caso. La desesperación hará mella en los detectives que intenten averiguar quien o quienes son los asesinos.


Crimen No para niños menores de 13.

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No volvíamos por aquellos parajes desde hace décadas. Los asesinatos cesaron en los años 60, así que el caso se cerró dejando en vilo a todos los habitantes de aquel pueblo, quienes a día de hoy o tenían más de ochenta años o estaban muertos.

Debido a la despoblación y migración de sus habitantes a las grandes ciudades en busca de nuevas oportunidades, solo quedaban un par de familias y las familias fundadoras, cuyos hijos se habían desentendido por completo de las grandes mansiones y palacios que permanecían tan abandonados que estaban a punto de derrumbarse. Los jardines decrépitos y las viejas calles mal asfaltadas dejaban mucho que desear. Los parques con los columpios roñosos y los areneros completamente encharcados y llenos de maleza y el improvisado campo de fútbol, que parecía un campo de trigo, dejaban ver la escasa o nula población joven, como era de esperar.


Aparcamos el coche a un lado de la calle donde nuestros compañeros habían llegado antes que nosotros.


-Buenas tardes detective.

-Buenas, Márques. ¿Qué ha pasado?- dije asomando la cabeza al maletero de aquel Opel Corsa A de color rojo.

-Se trata de un hombre de entre 30 y 40 años. Su cara está lo suficientemente desfigurada como para que sea complicado reconocerle. Se ve que el asesino se la quemó de alguna forma al igual que las plantas de manos y pies los cuales, como puede ver, no están atados, por lo que suponemos que conocía a su asesino...o asesinos, ya que no opuso resistencia. No hay marcas de amarres ni moratones de resistencia.

-Bien. ¿Sabemos quién es?

-No, todavía. Aquí -dijo llevándome a un lado del coche- hay restos de los papeles de conducir. El documento de identidad y tarjetas de crédito han desparecido y con el permiso de conducir quemado no hemos podido averiguar quién es. Además, al estar desnudo y su ropa desaparecida...

-Lo que sí es interesante-dije-es esta pegatina de aquí.

Una pegatina pegada a un lado del maletero me llamó la atención, "Ganaderías Hermanos Seno. Número de teléfono: 656 057 898".

-Póngase en contacto con ellos. Quizás sepan algo. Domingo, voy a preguntar a las gentes de por aquí. ¿Me acompañas?


Levanté la cabeza del cadáver y miré a mi alrededor. El pueblo no era muy grande. En esta calle se encontraban las casas mas humildes que parecían estar mayormente vacías. Al fondo la de los ricos. Los palacios y mansiones de las familias fundadoras, quienes, o solo venían para verano, o las habían abandonado por completo.

Caminamos llamando puerta por puerta y nadie parecía vivir allí, o al menos eso parecía. Tras llamar a la última casa, la numero 2 de la calle Robles, una mujer muy mayor nos abrió la puerta.


-Buenas tardes señora. Somos...

-Sí, ya se qué son -dijo en tono enfadado- qué quieren.

-Verá, estamos investigando el asesinato de un hom...

-No tengo nada que decir. Hace 60 años, tras aquel terrible asesinato, terminaron todos los demás y nos abandonaron dejándonos a todos con miedo y desconfianza. No tengo nada que decir así que váyanse -dijo cerrando la puerta con pestillo en nuestras narices.

-Vaya por dios, Melva. La juventud no nos quiere aquí. -dijo Domingo con un tono sarcástico.

-No somos muy bienvenidos. Esto va a ser más complicado de lo que pensaba.

-¿A qué asesinato se refiere?

-No lo sé.


Caminamos varias calles más abajo sorteando los baches del asfalto llenos de barro llegando a las grandes mansiones. La mayoría de ellas con las verjas cerradas con grandes candados exceptuando una. La mansión más grande de todas. A pesar de no tener un jardín muy acicalado, estaba claro que allí vivía o se acercaba alguien muy de vez en cuando.


Nos acercamos hasta el portón de madera, el cual estaba disimuladamente abierto. Me asomé un momento y en voz alta pregunté si había alguien. No obtuve respuesta.


-Hola ¿quieren algo? -dijo una voz ronca y masculina tras nosotros.

-Oh, hola. Detective Robledos. Este es mi compañero el detective Domingo. -dije tendiéndole la mano.

-Buenas tardes. -contesto negando el saludo señalando que tenía las manos sucias- Estaba en la parte de atrás de la casa trabajando, limpiando el pozo y cortando madera. Si quieren acompañarme para hablar.


Asentí y miré a Domingo con el fin de que me acompañara.


-Verá, vengo aquí todos los días a arreglar la casa. Soy el heredero. Bueno, uno de ellos. Mis hermanos no quieren hacerse cargo de todo el trabajo y dinero que conlleva mantener esta casa. Comprenderá, con los sueldos de hoy en día es complicado. Así que yo me encargo de la limpieza y el mantenimiento.

-Es usted familia fundadora por lo que entiendo.

-Sí. La familia Moros fue una de las fundadoras. Actualmente solo quedamos mi madre, mis hermanos y nuestros hijos. Pero como ya dije, en estos tiempos ya no es tan importante los vínculos de sangre ni la familia, así que nadie se hace cargo excepto yo.

-A que se dedica señor...

-Alberto. Alberto Moros para servirle. Soy ingeniero agrónomo aunque no trabajo de ello. Mi trabajo es hacer un poco de todo. Voy de aquí para allá. Unas veces pinto casas, otras soy administrativo en la empresa de mi hermano, otras cuido a mi madre. Esta muy enferma. Vive en la capital actualmente, en una residencia. Tras la muerte de nuestro padre cayó enferma y no se ha podido recuperar.

-Lo lamento. -dije.

-No se preocupe. Fue hace tiempo.

-Verá estamos aquí por un asesinato.- comenzó Domingo.- Esta tarde se ha encontrado un cadáver en un maletero y queríamos hacerle unas preguntas.

-Dígame. -dijo tranquilamente mientras cortaba un par de troncos de madera.

-El cadáver se encontró en un Opel Corsa A rojo de matricula H 7364 ZZ. Un hombre de mediana edad, entre los 30 y 40 años. Pelo castaño, corto. Altura media. No sabemos quien es.

-¿Un Corsa A rojo? -dijo mirándonos fijamente. -Ese coche me suena. ¿Tiene una pegatina a un lado de una ganadería?

-Sí. -asentí rápidamente.

-Es el coche de un compañero mio. Es un coche viejo de empresa. Hace unos días denunció su robo.

-¿Trabaja con usted?

-No, no, que va. Es simplemente un viejo conocido. -dijo sonriendo- Es de la competencia. Verá, en este pueblo hay tres empresas ganaderas. La nuestra, Familia Moros, la de Familia Moriente, que está en las afueras- dijo señalando la dirección con el dedo- y la suya, hermanos Seno.

-No sabrá si tienen algún enemigo o alguien que quiero vengarse por algo...

-Son familias fundadoras y empresarios. Ya sabe a que me refiero...- Cogió el hacha decidido.- Debería continuar con el trabajo, si necesitan algo más...


Asentí con la cabeza.


-Nos podría dar un teléfono de contacto para hablar con usted.

-Sin problema, deme. -dijo cogiendo mi libreta y apuntando un número móvil.- Espero servirles de ayuda.


Yo asentí mirando su hermosa caligrafía.


-Por cierto, una última cosa no sabrá algo de un asesinato que sucedió aquí en los años 60.- dije girándome antes de irme.

-Uhm, no, que yo sepa. Yo nací en 1965, pero supongo que puedo preguntar a mi hermano.

-Sería de gran ayuda. Mucha gracias.

-Hasta pronto.


Caminamos hacia el coche dispuestos a ir hasta las ganaderías. Cuando llegamos, el juez estaba confirmando el levantamiento del cadáver. No había absolutamente nadie asomado en las ventanas de aquel pueblo que parecía fantasma. Ni si quiera la curiosidad les hacía asomarse a sus ventanas. La cortinas de la puerta numero 2 de la calle Robles no estaban corridas. Ni si quiera ella.
















15 de Marzo de 2020 a las 10:39 1 Reporte Insertar Seguir historia
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Proséf Chetai Proséf Chetai
Hola, Alex. Leí el escrito. Me pareció interesante. La trama pinta su enganche; aunque creo que la iniciaste muy directa.
April 02, 2020, 20:34
~

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