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Hazo


No soy un héroe, tampoco soy un mártir y mucho menos soy una víctima. Las personas descritas en las siguientes páginas solo serán buenas o malas según la interpretación de quien quiera que sea el lector. Yo, por mi parte... Alguna vez fui un soldado y maté siguiendo órdenes, luego fui un superviviente y maté por comida. Más tarde fui un mercenario y maté por vivir mejor, luego fui un guardián y entonces maté por alguien más. ¿Si alguna de todas esas muertes valió la pena? Intento no pensar en ello y tampoco respondo preguntas de ese estilo estando sobrio. Algunas veces siento que ya dejé de ser un humano y me convertí en una máquina con un solo objetivo: encontrar, en este mundo caído a pedazos colmado de ciudades en ruinas, la paz para lo último de valor que me queda: Angelique.


Post-apocalíptico No para niños menores de 13.

#psicológico #filosófico #realismo #Crudeza #violencia #supervivencia #Post-guerra #compañerismo #romance #militar
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Capítulo Uno: Angelique I

31 de Agosto, 2031


Los medios de entretenimiento nos acostumbraron a creer por medio de películas, videojuegos, comics o series televisivas que un hombre que jamás ha tocado un arma en su vida puede levantar dos pistolas Colt M1911 de un escritorio y comenzar a disparar a diestra y siniestra con una puntería perfecta y salir completamente ileso luego de matar a todos sus enemigos. Tras dicha hazaña el sujeto simplemente se irá del lugar como si nada hubiese pasado.

¿En qué momento permitimos que se nos mienta tanto? ¿Acaso obtener un poco de entretenimiento vale la pena a cambio de apreciar un ideal de la realidad que es completamente falso?

Visión de túnel, palpitaciones, sudoración fría, temblores, incontinencia intestinal, estrés desmedido, aturdimiento. Miedo. Para muchos soldados el miedo se convierte en su motor. Durante un tiroteo, uno no deja de moverse y responder puramente gracias a la horrible intensidad del miedo que sufre.

En tus manos un revolver con tan solo dos balas y a tus espaldas un pilar de cincuenta centímetros de ancho que no deja de recibir una pesada descarga de munición de rifle. En una situación como esa todo aquello que no pueda asegurar tu supervivencia deja de existir para ti. Las voces de tus compañeros, el ruido que hacen los casquillos al caer, la elevada temperatura de la habitación... nada. Solo eres tú con tu agitada respiración, tu arma y el insistente repiqueteo de las balas detrás de ti.

Todo es tan falso. Todo a lo que nos tuvieron acostumbrados durante décadas resultó ser tan falso... ¿yo? Yo solo soy un producto más nacido de toda esa falsedad. Solo que, a diferencia de tu ciudadano promedio que va día a día a la oficina con intención de trabajar lo menos posible y solo dejar que pasen las horas mientras ve con disimulo el trasero de su compañera diez años menor que él para luego volver a su casa y mirar televisión hasta dormirse, yo me vi obligado a entender a mayor profundidad esta falsedad de la que tanto hablamos. Yo alguna vez fui ese producto de consumo que el oficinista veía en su televisión y pensaba "esos hombres son hombres de verdad que se enfrentan a la muerte sin temor" sin saber que en mi condición de soldado he visto a más tipos llorando como niños pequeños pidiendo por ver a su madre una última vez antes de morir debido a esas balas alojadas en sus pulmones de los que podría recordar.

Yo solía ser eso. Solía ser solo una imagen. Solía ser un símbolo en el que la gente se apoyaba. Y ahora... ¿qué soy ahora? Esa no es una pregunta que pueda responder estando sobrio.

Yo soy un antiguo soldado, de nombre Alez y de apellido Braviel. Pido disculpas de antemano si mis escritos acaban decepcionándote, puesto que no vas a encontrar entre estas páginas la historia de un héroe de guerra merecedor de miles de medallas. Ni siquiera encontrarás una historia con la que quieras identificarte. Ésta solo será una historia más, puedes sacar de ella lo que quieras o incluso puedes olvidarla, no me molesta. Solo no la olvides a ella, ese es un pequeño favor que me atrevo a pedirte, lector.


Marzo, 2030


Sujeta con una correa, llevaba al frente mi escopeta Benelli M4. Con otra correa llevaba a mis espaldas el tan fiable fusil G36 que meses atrás le robé a un militar alemán. En mi lateral derecho estaba, en su propia funda, mi pistola 92FS y en mi espalda, al lado de mi rifle, tenía mi mochila la cual estaba cargada de una gran variedad de objetos de diversa utilidad, munición, comida y algunas prendas de ropa. Los cargadores para mis armas los guardaba en los bolsillos internos de mi abrigo largo, bolsillos que yo mismo había cosido. En términos generales, podríamos decir que llevaba muchísimo peso encima.

"Espera, déjame parar un poco".

Caminé pesadamente hacia la pared más cercana y apoyé mi espalda en ella a la vez que dejaba escapar un suspiro que soñaba que pudiese eliminar mi cansancio.

"Si no te quitas la mochila la comida va a aplastarse".

"Oh...".

De mala gana pero asintiendo con la cabeza ya que sus palabras eran correctas, me quité la mochila y la dejé a mi lado. Permanecí con los ojos cerrados durante algunos segundos mientras me frotaba el tabique nasal y luego levanté un poco la cabeza para recapitular la situación en la que me encontraba. Abrí los ojos.

Íbamos caminando por la acera de una avenida ancha, locales comerciales caídos a pedazos y con los cristales rotos estaban por todas parte. Los árboles que habían sido plantados para adornar el lugar ya habían crecido de manera desmedida y se veían invasivos. No sé exactamente en qué fecha nos encontrábamos, pero podía sentirse en el aire como la temporada estaba cambiando del verano al otoño así que es seguro asumir que estábamos en marzo.

Algunos pájaros iban y venían por el cielo nublado, muchas veces parando de arbusto en arbusto. Claro, solo para ellos esto ha cambiado para mejor, las ciudades abandonadas ahora son pertenencia de las aves que pueden vivir libres sin una civilización que los moleste. A algunos metros de mí se alzaba uno de estos grandes árboles y en su copa pude ver dos gorriones que al parecer estaban de paso, puesto que nada más los vi tomaron vuelo rápidamente moviendo sus alas a toda velocidad para alejarse y perderse de mi vista. El movimiento que hicieron al dejar las ramas fue suficiente para hacer caer algunas hojas algo secas. Una de esas hojas cayó graciosamente dando algunas vueltas en el aire hasta parar justo sobre la cabeza de la jovencita que me observaba con su rostro impasible, siendo incapaz de camuflarse entre sus cabellos negros.

"¿Hm?".

Estiré mi mano para llegar hasta ella y retiré la amarronada hoja con dos dedos.

"Sí, definitivamente estamos entrando al otoño".

Como ya era una costumbre, Angelique no aportó nada a esa unilateral conversación.

Angelique. Ese era el nombre de la chica que me acompañaba. Bueno, lo correcto sería decir que es la chica que aún me acompaña. Parada frente a mí con un subfusil UMP45 entre sus delgadas manos y con una pistola en su cadera, esperaba paciente a que yo dictara la orden de continuar. Así fue siempre Angelique, con un aire de ausencia pero con una mirada de profunda presencia, silenciosa y tranquila a la espera de órdenes.

"Puedes sentarte unos minutos si también estás cansada"

"No, estoy bien por ahora".

Angelique sufre amnesia. Esta chica no recuerda nada que haya ocurrido antes de conocerme. Ni su edad, ni su nombre real. Así es, Angelique es solo el nombre que yo elegí para ella.

"¿En verdad estás bien? ¿No está muy pesada tu mochila?".

"No, puedo soportarlo".

"..."

"Tu mochila está mucho peor, Alez".

"Yo estoy acostumbrado".

Su cuerpo es pequeño. Si tuviese que adivinar su edad solo basándome en el desarrollo de su cuerpo no podría decir que entonces tuviese más de trece o catorce, pero su voz, su rostro y su silueta sugerían que tenía quizás quince o dieciséis.

A pesar de este cuerpo pequeño, Angelique pudo acostumbrarse con cierta rapidez a disparar un arma automática. Sus modestos brazos desarrollaron algo de fibra y sus músculos tibiales también adquirieron cierta rigidez. Era inevitable después de todo, caminar todo el día todos los días llevando tanto peso encima tenía que traer sus consecuencias.

"Seguiremos por esta avenida hasta que se termine. Si tenemos algo de suerte puede que encontremos algún local que no haya sido saqueado y podamos sacar algo útil. Aunque veo eso muy poco probable".

Tanteé mis muchos bolsillos llenos de cosas hasta dar con la pequeña caja de metal donde alojo mis cigarrillos comunes. Recuerdo que me quedaban unos siete. Tomé uno de ellos y lo encendí con el mechero recargable que también guardo en esa cajita.

"Entonces una vez terminemos con esta larga calle retomaremos la ruta hacia el noreste, tal vez allí tengamos mejor suerte. Todo el oeste está acabado y, considerando que incluso Croacia cayó, muy probablemente el sur también lo esté".

"¿Y si está tan destruido como todo lo demás?".

"Entonces avanzaremos por el sureste".

"¿Y si allí tampoco encontramos nada?".

"Entonces... volveremos sobre nuestros pasos para saber si acaso Europa Occidental fue recuperada".

"¿Y sí-?"

"¿No puedes sacártelo de la cabeza?".

"..."

Para ese entonces, Angelique y yo llevábamos cerca de dos años y medio viajando juntos. Partimos desde Francia, cruzamos Bélgica, Luxemburgo, Alemania, bajamos por República Checa y luego por Eslovaquia y Hungría para evitar Austria. Cuando llegamos a Croacia decidimos rendirnos con el sur ya que el panorama era cada vez más desolador. Todos y cada uno de los países que pisamos eran tierra de nadie o conservaban su gobierno en un sector extremadamente reducido de la capital y estaban muy fuertemente militarizados, lo suficiente como para ser llamados gobiernos militares aunque la cabeza de estado fuese electa por los habitantes del país. Supimos que Suiza aún seguía en pie, para sorpresa de nadie, pero la entrada al país estaba absolutamente prohibida para cualquier persona, fuese quien fuese.

En un principio el objetivo era sobrevivir. Pero, ¿hasta cuando íbamos a poder mantenernos con vida solos en este continente que yo mismo había ayudado a destruir? Bandidos, escasez de alimento, militares agresivos, zonas restringidas, el grupo Amere, el calor y el frío... todo a nuestro alrededor era sumamente hostil y nuestra suerte no iba a durar por siempre. Fue entonces cuando decidí buscarle a esta chica un lugar donde vivir pacíficamente, pero eso sonaba más fácil de lo que realmente era. No fue una decisión apresurada, llevaba cerca de un año con la idea de resignarme dándome vueltas en la cabeza pero intentaba ignorarla, porque resignarme significaba quitarle a esta chica toda posibilidad de tener una vida realmente pacífica.

"Entiendo que caminar y caminar tanto que parece que no habrá fin acaba cansando a cualquiera, pero aún necesito pedirte que tengas paciencia".

Ella solo asentía. Sí, a casi todas mis oraciones lo único que hacía era asentir. Creí que una vez su confianza en mí aumentase ella se abriría y se volvería más amistosa. Pero no, esa era solo la manera de ser de Angelique. De apariencia fría y distante y con poco interés por discutir cualquier cosa.

"Ya fue suficiente, sigamos".

Apagué el cigarrillo en la pared y lo guardé para después nuevamente en la cajita metálica. Recogí la mochila y, sin decir nada más puesto que nada de lo que dijese provocaría una respuesta, continué mi marcha por esa devastada avenida. Inmediatamente oí los apresurados pasos de aquella chica siguiéndome.

Ya no me molestaba. Hablar solo se había vuelto una costumbre para mí muchos años atrás, la única diferencia era que ahora alguien oía mis palabras.

"Avanzaremos mientras se nos permita. Buscaremos cómo sortear cualquier adversidad más adelante".

"Alez".

"¿Sí?"

"No estoy segura, pero... creo que oí algo".

Tan solo había hecho unos diez pasos, pero me detuve en seco y giré para ver a Angelique.

"¿Puedes asegurarlo?"

"No, justo en ese instante tú estabas hablando y no es imposible que solo esté confundida".

Silencio. Mantuve mi mirada puesta en Angelique sin decir nada mientras tomaba mi escopeta con ambas manos.

Angelique fue mis oídos desde que la conocí. No puedo guiarme por mi sentido auditivo, así que tengo que confiar plenamente en ella para detectar ruidos extraños. Pasó cerca de un minuto hasta que ella volvió a abrir su boca y arqueó apenas sus cejas hacia el frente.

"Sí, ahora puedo asegurarlo. Hay gente hablando más adelante".

"¿Puedes discernir cuántas personas?".

"Tal vez sean tres, eso ya es... algo más complicado".

"¿Qué tanto más adelante?".

"Es posible que sean unos cien metros".

"Tenemos la ventaja. Estamos en territorio no requisado por ninguna fuerza, por lo que tal vez solo sean saqueadores. Procederemos con eliminación directa, Angelique".

"Entendido".

Cuando se trata de combatir es como si Angelique tuviese otra personalidad. Su tono deja de sonar tan solo monótono y pasa a ser casi mecánico, es realmente aterrador. No solo eso, sus movimientos también se vuelven perfectos. Sujeta su arma con una postura tan perfecta que sería la envidia de cualquier soldado novato, sus manos no desperdician fuerza con algún agarre impropio y sus ojos celestes adquieren el filo de una espada. Me hizo preguntarme muchas veces si no estaba siendo acompañado por algún niño soldado.

Esto para nosotros era algo común, casi todas las semanas matábamos al menos a dos personas por lo que no había dudas con respecto a lo que debíamos hacer. Yo llevaba una escopeta y Angelique un subfusil por lo que era yo quien iba al frente. Nos pegamos a la pared que teníamos más cerca y caminamos con velocidad y cautela hacia el frente. Observando el mundo entre las paletas de hierro de la mira de mi escopeta todo se veía mucho más frágil. Cualquier cosa, no importa su resistencia, no saldría airosa de un disparo del 12 a dos metros de distancia.

"Angelique".

Me detuve en el lugar y decidí adquirir mayor información visual de nuestro entorno. Sin bajar mi arma incliné un poco mi torso hacia el lado para ver los edificios más adelante y luego le preste atención al que estaba directamente a nuestro lado. No había ni una sola edificación de dos plantas hasta aproximadamente trescientos metros más adelante, solo había más y más locales comerciales en deplorable estado.

"Sube, ampliarás nuestras opciones. Yo seguiré por aquí abajo y avanzaremos a la par, quiero que abras fuego sin pedir permiso una vez confirmes la cantidad de objetivos".

"Entendido".

Solté mi Benelli y junté mis manos para darle a Angelique un soporte sobre el cual saltar y subir al techo. Siempre le fue tan sencillo. De baja estatura y con un cuerpo tan ligero es como si tuviese la agilidad de un gato.
Le di la señal de avance con dos dedos y continuamos con nuestro asalto. A pesar de la diferencia de altura seguíamos estando cerca el uno del otro, eso nos hacía sentir seguros, siempre ha sido así.

Nuestros pasos eran rápidos y nuestra concentración era absoluta. Sí, teníamos la ventaja, pero ¿de qué nos serviría dicha ventaja si no sabíamos aprovecharla? Aún cabía la posibilidad de que hubiésemos sido vistos por el enemigo y estuviésemos caminando hacia una trampa.

Solo una vez estuve lo bastante cerca pude notar que pocas decenas de metros más adelante entre dos comercios corría un estrecho pasillo del cual solo entonces pude escuchar que escapaban algunas voces. Tomé con más firmeza la escopeta y puse el dedo índice en el gatillo, estaba más que listo para abatir a cualquier extraño que entrase en mi campo visual.

"Ange-"

"Tch!"

Durante el tiempo que le quité los ojos de encima Angelique se adelantó bastante. Me miraba desde el techo tapándose los labios con un dedo en vertical para indicarme que no debía hablar. Nota aparte: se veía muy linda haciendo ese gesto.

Asentí una vez y esperé indicaciones. Yo estaba a quince metros de la entrada al pasillo, distancia que podía cerrar en tres segundos, mientras que Angelique estaba agazapada a solo a cinco metros de encontrarse por encima del pasillo. A esta distancia las voces eran claras incluso para mí y era evidente que más que de una conversación se trataba de una discusión.

Angelique es rápida y no hace movimientos innecesarios, verla moverse en una situación de combate es realmente satisfactorio. Creo que en algún punto me volví adicto a la ligereza con la que su silueta se mueve cuando lleva un arma en las manos.

Estiró una mano abierta hacia mí, permitiéndome ver claramente los cinco dedos de su pequeña mano. Cinco enemigos. No se tomó más tiempo y giró en dirección al pasillo. Ni siquiera me dio tiempo de confirmar que estaba listo para incursionar. Ah, Angelique puede ser muy desconsiderada. Pero no era el momento de pensar en que tal vez debía intentar educar mejor a esa chica, ella iba a abrir fuego así que tenía tomar posición cuanto antes o el improvisado ataque a dos puntas no funcionaría. Corrí a toda velocidad hacia la entrada del arruinado callejón pero oí el primer disparo cuando estaba a medio segundo de llegar.

Angelique le sacó tanto jugo como pudo al factor sorpresa y eliminó de un preciso disparo en la parte superior de la cabeza a uno de los cinco hombres, interrumpiendo muy abruptamente su acalorada plática. No les dio tiempo de resguardarse ya que justo cuando yo estaba poniendo el primer pie en mi lugar designado ella barrió el lugar con fuego automático para romper toda posible oportunidad de un contraataque rápido.

La culata de la escopeta pesaba fuerte en mi hombro y le brindaba a mis manos la seguridad suficiente para moverse sin reparo. Cuando finalmente pude ver a los hombres a los cuales estábamos a punto de quitarles la vida los nervios que llevaba acumulando desde que Angelique subió al techo se licuaron poco a poco.

La ropa rota y maltrecha, eran todos jóvenes menos uno –el primero en morir– y apenas si estaban armados. El cadáver estaba aplastando un fusil Kalashnikov y el más cercano a mí, dándome la espalda, llevaba un revolver en la mano izquierda, los demás solo tenían cuchillos o varas de hierro. Pero era tarde para pensar en el despropósito de nuestra fuerza empleada, ya estábamos en combate.

"¡Angelique! ¡No malgastes!".

"¡Entendido!".

Abrí fuego y el resto es predecible. Con el primer disparo deshice la nuca del único objetivo que llevaba un arma de fuego. Ese hombre no terminó de caer y yo ya estaba abriendo fuego contra el costado de la cabeza de otro sujeto. El arma larga se sacudía violentamente y liberaba luminosos destellos. Los calientes casquillos vacíos volaban uno tras otro con cada uno de mis disparos. Destruí el pecho del tercero y luego le disparé en la cara para asegurar la muerte. El último vivo había saltado sobre el cadáver del primero para tomar el AK pero sus funciones motoras fueron detenidas al momento por cuatro balas del 45 disparadas por Angelique que acabaron en su cuello y nuca. Fue una masacre a pequeña escala.

"¿Ves algún otro movimiento? ¿Oyes algo?".

"No".

El asalto no duró más de tres segundos y nos dejó con la carga de cinco vidas más. Una razón de una muerte cada 0,6 segundos.

Tiré mi cabello claro hacia atrás con una mano y me quedé viendo la deformada cabeza del segundo muerto pensando en lo poco que valía la vida en nuestro pequeño apocalipsis.

"Alez, ayúdame a bajar".

"Sí, salta".

Solté mi arma y abrí los brazos para servirle a Angelique de almohadilla de aterrizaje. Ella saltó y cayó sobre mí rodeándome por el cuello, ante lo que yo apreté su suave torso con firmeza para darle confianza. Antes de soltarla no pude contener el impulso de llevar una mano hasta su cabeza y hacerle una pequeña caricia.

"Lo hiciste bien. Como siempre".

Ella simplemente asintió una vez con la cabeza y se separó de mí dedicándome una modesta sonrisa, probablemente a causa de ser su accionar halagado. Ella nunca dijo nada al respecto, pero era evidente la manera en que evitaba ver los cuerpos de los hombres que mataba tanto como fuese posible. Podrá haber estado acostumbrada a asesinar pero nunca dejó de ser una chica a fin de cuentas.

Yo por mi parte caminé entre los cadáveres moviéndolos con el cañón de mi Benelli mientras la recargaba.

"No tienen nada que pueda servirnos...".

Moví boca arriba al último muerto a manos de Angelique y le presté atención a su rostro unos segundos. Era realmente joven, quizás un año mayor que Angelique. ¿Cuándo fue que ese tipo de escenas dejaron de hacerme doler el pecho?

"Vamos, no tenemos nada que hacer aquí".

Habiendo recuperado su parsimonia habitual, mi joven compañera tan solo dejó salir un casi inaudible "sí" y caminó a mi lado continuando el recorrido de la abandonada avenida, adornada con autos volcados y postes de electricidad caídos.

"No olvides cambiar el cargador".

"Oh".

Claramente lo había olvidado, eso daba a entender su rostro. Quizás intentando evitar un regaño fue muy rápida para reemplazar el cargador casi vacío de su UMP por uno lleno que tenía en el interior de su chaqueta.


. . .


Andamos en silencio alrededor de una hora más hasta que nos encontramos con el final de la avenida. Esta chocaba con una mansión de dos plantas y una amplia reja que ocupaba casi toda una manzana y cuya fachada se encontraba mucho mejor de lo que uno esperaría. Paredes negras y un techo de tejas rojas, también una ancha chimenea que sobresalía justo del centro del edificio. El hierro de la reja estaba oxidado así que fue fácil derribar la puerta de metal para entrar a la propiedad.

"¿Qué vamos a hacer en este lugar?".

"Si el interior de la mansión está en tan buen estado como el exterior nos quedaremos aquí".

"¿Pasaremos aquí la noche?".

"Esta noche y la siguiente. Y la siguiente, y la siguiente".

"No entiendo...".

Crucé el jardín con cierta pereza viendo a los dos lados. Un camino de ladrillos llevaba desde la acera hasta la puerta de entrada a la casa. El césped estaba realmente sobrecrecido, medía cerca de cincuenta centímetros de alto.

"Alez ¿puedes explicarme qué...?"

No le respondí y puse mi mano en el pomo de la puerta frontal mientras retiraba mi Beretta de su funda. Para mi sorpresa no estaba cerrada así que abrí la puerta e ingrese a la mansión con mi pistola lista para disparar a cualquier extraño que pudiera haber en el interior. Pude oír también como Angelique le quitaba el seguro a su UMP.

"No hay nadie".

Mi pequeña corazonada era correcta. Esta mansión jamás fue saqueada ni ocupada por nadie.

Al entrar nos encontramos con una amplia y oscura sala de estar que tenía muchas puertas y al final una escalera que se dividía en dos en la segunda planta para dar fácil acceso a las dos alas del edificio. Un gran juego de sofás, una mesa enana al centro sobre una extensa alfombra y una elegante chimenea de piedra. No había cuadros en las paredes pero sí había clavos enterrados, lo que me llevó a pensar que los dueños de la propiedad debieron llevarse las cosas de mayor valor cuando la abandonaron. Todo estaba cubierto de polvo, pero en muy buen estado. Ni siquiera había pisadas en el suelo que perturbasen la gruesa capa de polvo.

"Necesita trabajo, pero promete mucho".

Guardé mi arma y giré para ver a Angelique. Su expresión era de clara confusión y me miraba como si me hubiese vuelto loco.

"¿Qué opinas?".

"¿Qué opino... de qué?".

"De la casa".

"Se ve acogedora, supongo".

"Perfecto. Ahora es nuestra".

El rostro de Angelique pasó de la confusión a la incredulidad. Bajó su subfusil y se quedó mirándome fijamente con los ojos bien abiertos ya que no podía creer que yo, quien jamás había parado en el mismo sitio por más de un día, estuviese decidiendo dejar de viajar de una vez por todas. Se veía adorable.

"¿Nuestra? ¿Viviremos aquí? ¿Y qué ocurrió con aquello de ir al noreste?".

"Cambié de idea".

"Pero si hoy mismo te encontrabas tan determinado y...".

"Yo también estoy cansado de caminar y caminar, Angelique. Nos adueñaremos de esta mansión, le haremos los arreglos que sean necesarios y nos quedaremos a vivir aquí. Y... esperaremos. Estamos juntos y estamos armados, podemos defendernos. Si el alimento se nos acaba buscaremos más. Si no hay más de dónde sacar entonces cazaremos. Tal vez pasen años o incluso una década entera, pero toda guerra debe terminar algún día. Este será nuestro bunker hasta que ese día llegue".

"...".

"Si odias la idea entonces seguiremos nuestro camino y olvidaremos que esta charla alguna vez tuvo lugar".

Un minuto entero de puro silencio. Hoy entiendo que no era que ella estaba decidiendo si quería parar en esa mansión o no, si no que intentaba adivinar si yo realmente quería eso o solo lo había decidido para complacerla. Angelique puede ser desconsiderada cuando está en combate, pero cuando no lo está es encantadora.

"..."

Asintió sin decir una palabra y me provocó una pequeña sonrisa. El resto es menos interesante. Limpiamos el lugar de pies a cabeza y lo reordenamos todo a nuestro antojo. Tenía todo lo que necesitábamos: desde camas hasta armarios, pasando por una cocina considerablemente abastecida y prendas de ropa de diversos talles. También un generador eléctrico y un gran piano, pero dejaré los detalles para después.

Aún vivimos en esa mansión, en este pueblo muerto al suroeste de Polonia, esperando pacientemente a que la guerra acabe y la civilización vuelva a asentarse en estas calles olvidadas.

25 de Febrero de 2020 a las 03:58 0 Reporte Insertar 1
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