diego-leiva1576353990 Diego Leiva

Nino Fournier decide publicar las memorias de su abuelo, un psiquiatra que al final de su vida, en pleno estado de demencia, escribió cientos de páginas surrealistas con historias de locos y fantasmas, científicos y conspiraciones. Ante un imprevisto incidente, Nino se ve obligado a indagar a fondo sobre los hechos narrados en el diario y es allí cuando llega a Luci, una joven que lo enlaza directamente con uno de los protagonistas de los escritos de su abuelo. Pronto, ambos comienzan a develar que este diario contiene más verdades que fantasías y todos los nombrados allí realmente existieron. Amor, viajes y recuerdos quedarán regados antes del naufragio. (!) Este cuento es la secuela de "EL MIRADOR DE LOS CUERPOS FRÍOS" Todos los derechos reservados®2002213143268


Cuento Todo público.

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LA VOZ DEL NAUFRAGIO

«Todo en el mundo tiene dos caras. A veces la contraverdad prevalece y la historia se deforma. Entonces, digamos que este mundo suele quedar sujeto más a una invención que a una verdad.

Aunque el detractor no siempre gana, cuando lo hace en medio de una revolución o un quiebre cultural, científico etc. sus consecuencias suelen tener el mismo peso a la inversa de dicho acontecimiento.»

*

Había decidido escribir un libro. Se trataba de un diario que había marcado mi vida, una extensa colección de relatos en los que se puede apreciar el devenir de un hombre hacia la locura o tal vez hacia la resurrección. Este diario era una herencia que había logrado rescatar porque yo definitivamente no era el destinatario. Sus hojas, llenas de nombres propios y descabellados proyectos, retrataban las más increíbles hazañas y se estaban volviendo amarillas en el olvido. Toda mi vida perseguí mis raíces, creo que fui solo una inmensa pregunta deambulando y es por eso que mi alma siempre navegó por el pasado…un lugar que no existe.

La soledad se volvió mi vehículo, como el de cualquier hombre pesimista que no vive en el presente. Me separé de mi esposa en el peor momento ¿Cuándo es un buen momento? Mi hijita tenía solo ocho años…y cuando entraba a los catorce, ya ni me hablaba, ella convivió con una sola versión en su cabeza, ella vio a su papá pegar un portazo con un bolso al hombro. En fin, las cosas no estaban bien, mi papá se consumía en una camilla de hospital y los años vigorosos de la vida ya habían desaparecido. De Lunes a Viernes en el loquero, allí me mantenía humano, aprendía y me reía un poco. Los jueves por la noche pintaban las charlas con un grupo de “Intelectuales”, si…como suena, un grupo de tipos que se creía superior o necesitaba rodearse de muchos egos alterados. No sé como llegué hasta ahí ¡A sí! Había un amigo de la secundaria que me arrastró, decía que aportaba el toque pragmático a los debates…yo iba por el whisky. Básicamente diría que mi motor en esos días era la escritura...en realidad, el traspaso del diario de mi abuelo a un formato digital. Pensaba en darle una forma novelesca; “Diario de un loco” es el título que resonaba pero…seguía barajando otras alternativas. Algunos decían que podía ensuciar el nombre de mi abuelo pero yo no lo creí así, si él había escrito esto fue por algo, si había dejado registro de su vida no era para tener sus memorias juntando polvo en un cajón por más de dos décadas. No sé, en parte lo hacía por mí, sé que era mi historia también. De mi abuelo heredé la profesión y la entrega también. Él pasó su vida envuelto en mucho misterio, son irreproducibles las fantasías que se contaban por el barrio y eso me intrigó desde siempre, los paralelismos entre lo que leí de su diario y lo que se decía por ahí, yo creo que estaba lleno de verdades, todos sabíamos que se llevó un gran secreto a la tumba pero era más cómodo contarlo como un mito o decir: ¡Estaba loco el viejo Fournier!

Yo leí y re leí tantas veces su diario que podría reproducirlo en voz alta de punta a punta pero nunca nadie me atendió en ese asunto, me habían esquivado bastante cuando nombraba al abuelo, más que cuando mencionaba a mi madre. Realmente no lo conocí mucho, estábamos cerca pero él se hallaba como en otro mundo y no hablo de cuando el Alzheimer lo atacó, desde siempre…estaba como en un mundo privado que le absorbía casi todo su tiempo y también recuerdo que viajaba bastante.

Este era yo hasta hace una semana nomás, un soñador decadente que iba para los cuarenta y aún no había descubierto la pólvora. Más me apartaba entre mis escasas relaciones y más planteamientos me surgían. Descuidé todo y me lancé a ser un egoísta, no sé que buscaba en el pasado, no sé que buscaba en ninguna parte pero algo buscaba. La realidad de ese diario se había entremezclado con mi vida constantemente, parecía que todo lo relacionaba entre esos dos mundos. Tal vez si nunca hubiera caído en mis manos aquél diario, mi vida hubiera sido otra, sentí que me abrió una puerta con una sola dirección y que todas las respuestas me serían dadas allí. No puedo obviar que un día arreglando el cielorraso de mi casa paterna ese diario cayó en mi cabeza, esa señal no se niega, ni yo…ni el menos supersticioso debía hacerlo.

En fin, por la tarde noche me relajé en el silloncito y me tiré a mirar un poco de porquería para cansar los ojos: «¡No puedo creer! Siguen con esta estupidez del barco…a ver que hay en otros canales…todos los canales con lo mismo…», pensé.

—¡Dios! ¡Es mentira, es un curro papá!...—«¿Qué dice este?»— ¡Volumen, volumen…dale “casa inteligente”, volumen! Puta madre…me tengo que parar…Al micrófono amigo:

—Hace exactamente veinticuatro días yo ingresé al barco junto a un conocido y lo que sucedió, como ya relaté en reiteradas ocasiones, fue lo siguiente: Nos desplazamos dentro del barco con un fin de dispersión, nosotros simplemente frecuentábamos esta playa y ese día se nos ocurrió entrar ya que la marea estaba muy baja y el navío había quedado todo al descubierto…

—Perdón…—Interrumpió la entrevistadora— Me sugieren desde el piso que usted en una entrevista anterior describió que se hallaba solo en el momento del suceso.

—¡No, no! De ninguna manera querida…yo estaba con un compañero del trabajo que por diversas circunstancias no quiere dar su testimonio pero ya lo vamos a convencer porque el asedio hacia mi persona no cesa y yo juro por la virgen que ese barco habló…allí dentro una voz me habló —Sentenció firme y convencido, mirando el horizonte sobre el mar.

—¿Y qué dijo esa voz? —Le pregunto la periodista con una voz irónica. Yo de verdad no podía creer hasta dónde podía llegar la gente con el afán de unos segundos de cámara, pero bueno…este tipo obtuvo varios interesados alrededor de su “Descubrimiento”.

—Esa voz dijo: “No quiero a nadie acá, sólo mis marinos descansan en este barco…” Esa voz sonaba como un susurro envolvente, como la voz de dios —Le respondió aún más firme. Finalmente su interlocutora lo aparto del plano y ensayó un final para su nota:

—Así como lo escuchan…Carlos Olmi exponiendo su experiencia y nosotros aquí transmitiendo bajo el gélido frío de la denominada Bahía de los naufragios…en el área más austral de nuestra Patagonia. Carlos, con su historia ha atraído a cientos de medios, incluso internacionales, y estamos viviendo un gran despliegue junto a este pesquero Ingles que naufragó hace ya siglo y medio…Muchos testigos ratifican las versiones y aseguran que este inmenso cúmulo de óxido posee una pesada carga espiritual —Dijo la periodista con un extraño convencimiento. Para mí fue suficiente y apagué el televisor. Enseguida pensé: «¿Si publico el libro de mi abuelo me tomaran el pelo como a este tipo? ¿Cómo lo voy a vender…como un relato real o una novela fantástica?»

A la mañana siguiente amanecí en el sillón, nunca llego a la cama. «Qué noche de mierda…», me repetía una y otra vez. 35 de térmica en Agosto…a este planeta le queda poco. Encima soportando el aire acondicionado del vecino, un artefacto de cincuenta años que hacía más ruido que un camión…por dios. Siempre, como buen bichito de ciudad, necesité ese ruidito leve y constante para dormir pero lo de esa noche fue apocalíptico, ni las diez gotas de Ditromoxicam me hicieron pegar un ojo, seguramente había desarrollado una tolerancia…empezaba a considerar la oferta del viejo de volver a su casa…después de todo pronto iba a suceder.

Así que, entre una lluvia con sol, la humedad y el smog caminé mis doce cuadras hasta el Veracruz. Un turnito de cuatro horas me esperaba y por la tarde iba a visitar al viejo. Caminé muy tranquilo, conocía el estrés de no dormir entonces me dije “Hoy…cero emociones, hoy soy frío, desapego…y a caminar con esta falsa energía del Ditro…la noche llegará”. Antes de llegar al trabajo, inicié la pequeña rutina: Un cafecito en el bar de la estación, allí me deleitaba un rato cruzando miradas con la encargada e inútilmente le enviaba mensajes a mi hija que nunca respondería. El café de ahí era de otro planeta, era realmente un viaje para mí. Solía preguntarme si esas miradas eran una simple mantención de la clientela o si en realidad había alguna química. Pero bueno, terminé el cafecito y salí volando.

Llegué al nosocomio entre el gran revuelo de costumbre, siempre pensaba lo mismo: «¡Un solo tipo para cuidar veinte pacientes sueltos por los pasillos!». A veces, a los nuevos, los largaban a interactuar directamente al pasillo y en muchas oportunidades se produjeron disturbios e intentos de fuga justo ahí cerca de la entrada, así que para mí esos veinte metros iniciales los caminaba bien apretadito contra la pared porque realmente había una intención de rebajar la seguridad al mínimo. Creo que cuando la incomodidad laboral se incrementa y nadie toma las riendas se hace lo que se hace en todas partes, el auto boicot, la naturaleza misma. Llegué sano y salvo al consultorio. Atendí algunas quejas de las enfermeras novatas y traté de solucionar unos malentendidos. Después, hice un par de llamados de atención sobre dos guardias pero la autoridad no me sentaba nada bien.

Luego de entrevistar a un viejo paciente, “Cacho el aviador”, me puse a fumar un cigarro junto a la puerta de mi consultorio. Estaba revisando unas recetas y me llegó un mensaje, a toda la biblia que le escribí a Sara, mi hija, me respondió: “Ok” «Perfecto, vamos evolucionando», pensé. No alcancé a guardar el teléfono y escucho:

—¡Cuerpo a tierra, cuerpo a tierra!

Miré hacia el final del pasillo y vi doblar corriendo a un tipo desenfrenado y pensé: «¡Uy, se les escapó uno de los nuevos!» Y así era nomás, el loco corría como un animal y tras él venían dos guardias desesperados. LLegó en medio segundo a donde estaba yo, no me dejó poner un pie en el consultorio y mi cigarrillo voló. El hombre fue directo a mí y ahí me asusté bastante. Se me abalanzó y me tomó por el cuello, no puedo explicar la fuerza de este señor…era una roca. Yo exhibí mis manos y le dije:

—Tranquilo amigo, tranquilo…tran….—Dije, pero se me cortaba el aire. Literalmente el oxígeno escaseó en mi cerebro. Él se puso detrás de mí y se convirtió en una auténtica situación de rehenes:

—¡Soltalo amigo, tranquilo…! —Dijo un guardia entre el pánico. Verlos a ellos con temor me hizo dudar de que pudieran rescatarme, así que hice mucha fuerza otra vez pero fue en vano, no podía zafarme:

—¡¡Hagan algo!! —Grité. Los dos muchachos estaban como paralizados, claro, yo no había advertido hasta ese momento un verdadero peligro. Bajé los ojos y vi una gran cuchilla en la mano del tipo, entonces todo se tornó espantoso y fue cuando decidí relajarme y hablar. El tipo estaba muy agitado pero se escondía detrás de mí:

—No te vamos a hacer nada amigo, tranquilo…vamos a hablar, yo soy tu doctor, te juro que nadie te va a hacer nada…soltame por favor —Le dije, tratando de persuadirlo. Lentamente sentí que dejo de apretarme tanto. Su respiración en mi nuca aún me resuena.

—Te vamos ayudar…si vos te queres ir, te vas…pero sin el cuchillo ¿Ok? —Le dijo uno de los guardias pero la tensión no aflojaba.

—¡Me van a matar….ustedes, el gobierno…la concha de su madre, ustedes y los “Gurkas”, la reina…me persiguen! ¡Cuerpo a tierra los dos…! ¡Se rinden mierda! —Gritó con mucha fuerza y me dejó sordo. Yo rápidamente hilvané sus palabras y asocié su delirio con una situación bélica.

—¡Soldado repórtese! ¡Soldado! ¡Vamos repórtese! —Grité con toda mi fuerza arriesgándome a ser degollado. Pero lo que sucedió fue increíble; me soltó enseguida, se paró junto a mí e hizo el saludo militar llevándose la mano a la sien. Nos miramos con los guardias y no lo podíamos creer. Otro segundo de lucidez me hizo darle una nueva orden;— ¡Suelte ese cuchillo carajo! —Grité, y al instante lo soltó. Uno de los guardias se agachó y tomó el cuchillo. Yo me agrandé y seguí en un tono altivo —¿Cuál es su nombre?

—¡Juan Ayala, señor! —Dijo, y ahí me desmoroné. Ese nombre lo conocía bien, no pude evitar enmarañar cientos de pensamientos, Juan Ayala…un soldado, la guerra ¿Tanta casualidad? Mi abuelo en su diario nombraba a un tal Juan Ayala como un héroe veterano que él nunca conoció y sus historias estaban interconectadas.

—¿Juan Ayala? Descanse… ¿Está tranquilo ahora, podemos hablar?—Le pregunté.

—¡Sí señor! —Dijo con el mentón bien alto y su cuerpo rígido.

—Esperen un ratito acá afuera muchachos —Le dije a los guardias y con un ademán invité a este tal Juan Ayala a pasar a mi consultorio. El tipo entró y yo por detrás de él.

—Sientese por favor —Le dije. Él accedió pero estaba algo disperso observando el habitáculo— Nosotros queremos ayudarlo Juan… ¿Me escucha? —Le pregunté porque estaba completamente distante— ¿Juan? ¿Dé que quiere hablar?

—La lavandina se cayó y yo estaba jugando con cucarachas en… el patio de esa vieja conchuda y…el tren me cortó las piernas, una pierna —Dijo y se rió a carcajadas, yo me congelé, se estaba describiendo como el personaje del diario del cual nunca investigué, si lo hice con los otros que mi abuelo nombraba— Tres piernas…yo me levanté y salí volando y me quedé encerrado —Prosiguió como entre susurros, subía y bajaba el volumen de su voz a cada palabra «¿Juan Ayala…según el diario está bien muerto», pensé. Pero ese pibe tenía veinte años como mucho ¿De dónde lo conocía ¿Sería un pariente? Me quedé observándolo y después solicité que se lo lleven. Me dije: «Vamos por partes…» Así que pedí urgentemente la historia clínica de este paciente y todos sus datos.

Más tarde, café de por medio, me sumergí en la historia del pibe mientras susurraba para mí su diagnóstico:

—Sebastián Enrique Galvez…veinte añitos…Esquizofrenia paranoide con tendencia a autolesionarse…Alucinaciones auditivas…bla, bla…Cinco tratamiento interrumpidos desde el año 2026 hasta la fecha.

Cerré la carpeta y pensé, pensé y pensé «Juan Ayala…Sebastián Galvez…» De pronto se me ocurrió llamar a un colega:

—Hola… ¿Javier?... ¿Cómo estás?

—Acá andamos Nino ¿Vos? —Me respondió con un alto nivel de estrés en la voz, lo conocía bien.

—Bien che…sabes que me entró un paciente, estoy acá en el Veracruz viste….y la historia dice que estuvo allá el año pasado…un tal Sebastián Galvez.

—A, sí… —Me interrumpió— ¿El soldado?

—Sí, creo que ese mismo… ¿Qué sabes de este pibe?

—Que está chifladísimo…—Dijo y rió— No…es un pibe que lo habían tratado y estaba estabilizado en la casa pero...la familia poco a poco se deshizo de él y fue a parar con otros parientes…suspendió las medicaciones…y que se yo, después de unos bardos que armó en la calle vino a parar acá…pero no es peligroso, es bastante sumiso.

—Hace un rato casi me ahorca… —Le dije.

—Y bueno, pero estás hablando conmigo…no te ahorcó —Dijo y echó a reír otra vez— ¿Lo tenés que tratar vos?

—No, no sé todavía…pero hay algo raro…dice que es un tal Juan Ayala.

—Sí, soldado de Malvinas —Me dijo enseguida.

—Si…no se qué conexión hay en su delirio con este tipo, porque este soldado creo que existió —Le dije haciéndome un poco el desinteresado.

—¿Cómo sabes que existió?

—No sé, me parece que lo leí en alguna parte…Eh…voy a averiguar si tiene algún parentesco.

—Pero mirá que este pibe chupa información y repite como un loro, seguro lo leyó por ahí también…no le vas a hacer caso a todo lo que parlan los locos.

—Si, tenés razón…solo flasheé un poco…—Le dije y minimicé mi interés— ¿Todo bien vos?

—Bien tranqui….¿Tu viejo?

—Ahí…luchándola, ahora cuando salgo voy a verlo…bueno che te dejo que estoy con gente —Le dije, obviamente mintiéndole, para cortarle y buscar información sobre este tipo.

Saqué la computadora del cajón y me puse a buscar sobre este Juan. Encontré varios resultados para su nombre pero cuando le agregué “Soldado de Malvinas” rápidamente me tiro noticias de varios portales:

«Clara Mendez se reencuentra con su padre Juan Ayala, un veterano de Malvinas, tras 22 años…la joven logra identificar a su padre al ver las noticias del accidente ferroviario de Febrero del año 2000 que se cobró cientos de vidas…», leí en un apasionado susurro.

«Juan Ayala vendía en los trenes y se convirtió en héroe…mutilado por el accidente se arrastró y sacó a una niña entre los fierros retorcidos….Guadalupe Solez falleció después de un mes…»

—No lo puedo creer… ¿Guadalupe?...Existió…Ay dios…abuelito ¿Qué es todo esto?

«Noticias de nietos recuperados…Mayo de 2000…Clara Mendez nacida en cautiverio recupera su identidad…Juan Ayala no presenta cargos contra los apropiadores…un acto se llevó a cabo en la Plaza de Mayo…»

«Acto homenaje a caídos y veteranos de Malvinas…»…«Esto es más nuevo», pensé: «En la escuela 202 de Don Torcuato, los chicos de octavo grado actúan en la Plaza de los caídos ante un numeroso público constituido por familiares de veteranos y miembros de la intendencia…Lucia Ayala, nieta del recordado Juan Ayala, que recuperó a su hija desaparecida tras ser uno de los afectados en el accidente ferroviario,….leyó un poema que escribió para su difunto abuelo y para todos los partícipes de aquella guerra…»

—Lucia Ayala…—Me dije— A ver...—Entré a las redes sociales, algo tenía que haber «Si, acá hay dos...esta no es...Don Torcuato… ¡Es esta! Pero no tiene foto…bueno le mando un privado…»

Así que, le escribí preguntándole si era la nieta de Juan y bueno…que fuera lo que fuera.

Terminé mi turno con la cabeza cargada de adrenalina y me fui pateando a visitar a mi viejo. Iba caminando por una plaza y me detuve, quería frenar todos estos pensamientos. Me senté, la tarde era hermosa…un clima perfecto; chau lluvia, calor y humedad. En realidad algo se armonizó en mi interior, un chispa encendió mi entusiasmo…no lo sé, acababan de querer matarme y me sentía pleno, no sé si ese contacto con el peligro o lo de este Juan me habían revitalizado. Pero rápidamente me juzgué como siempre: «Boludo grande…jugando al detective…» Igualmente me relajé en aquél banquito y miré hacia las copas de los árboles. Respiré un poco de aquella insólita pero reconfortante sensación. De pronto abrí los ojos, mirando hacia arriba, y vi un gran pájaro negro, bien negro, posado en una rama allá en lo más alto del Sauce «Que carajo….», pensé. Nunca vi ese pájaro en mi vida, un cuervo no era…que se yo, me impresionó, resaltaba mucho contrastando con el fondo tan verde.

Llegué al hospital y pedí un parte pero me dijeron iba a estar más tarde, de todos modos la enfermera de guardia me dijo que el viejo estaba estable y que había dormido bien.

No recuerdo como se inició nuestra charla aquél día pero en esos meses de internación habíamos logrado más contacto que en toda nuestra vida, él estaba de vuelta…y cada vez que lo visitaba me sorprendía con algo nuevo. Es sumamente intenso dialogar con alguien que ha tomado plena consciencia de su inminente deceso, pero tengo que decir que nunca he estado tan cerca de la vida como en todo ese trayecto de su enfermedad:

—Escuchame Nino, la semillita la pone cualquiera, yo di lo mejor, llegaste vos y aparté todo en mi vida…para criarte —Me dijo, desde su lecho, esforzándose para hablar.

—No, ya sé… —Le respondí— Vos sos mi papá para mi…yo no apuntaba a eso, simplemente estuve buscando porque siento…no sé…no hay nada sólido cuando miro hacia atrás —Le dije, y cabe aclarar que también anduve hurgando en mis ancestros.

—¿Por qué miras atrás? —Me dijo— Ya no hay nada ahí.

—Siento que…en realidad lo sentí toda mi vida y más aún después de estudiar y entender, siento que al no ver una figura, una forma….o una cara, algo…no sé…siento un vacío muy vertiginoso.

—Te dije que lo pienses dos veces antes de meterte en este mundo de la psiquiatría…y el autoanálisis no tiene fin... —Dijo y largó una buena tos— ¿Te vas a alivianar sabiendo de tu pasado? ¿Y si la verdad no te gusta? ¿Y si te lleva treinta años más digerir todo eso? —Me peguntó muy acertado.

—No sé…ya estoy algo curtido…tal vez me ayude a comprender la decisión de mamá —Le dije y él hizo una larga pausa, se reacomodó en la cama y suspiró con el poco aire que tenía.

—Tu mamá no te adoptó —Soltó de una— Ella...no tuvo opción de rechazarte...—Dijo, tornándose muy serio y mirándome fijo. Yo que estaba parado, me senté lentamente junto a él— Tu abuelo…era un tipo único…era un ser humano impresionante y yo lo conocí bien lúcido. Él era un Psiquiatra muy reconocido, eso vos lo sabes, pero en su vida íntima provocó bastante daño…sobre todo a sus hijas. Él no fue un mal tipo…sólo descuidó demasiado a su familia y a veces tomaba decisiones completamente desconectado de la realidad. Y bueno…todos los mambos de tu vieja provenían de ahí, de esa relación caótica con el padre. Todas tus tías son de distintas madres y con historias muy diferentes… así y todo, entre ellas lograron tener buenas relaciones, un poco endebles pero se mantuvieron cerca…incluso hasta muchos años después que tu abuelo parta y vos sos testigo también… —Dijo y se frenó. Bajó un poco la mirada y luego volvió a mirarme, me miró con la misma expresión que me miraba cuando era chico y quería toda mi atención— Tu tía Gina tenía 15 años y quedó embarazada…entonces tu abuelo decidió que ese embarazo solo seguiría si tu mamá se hacía cargo del bebé…esa es la simple historia.

Yo hice una larga pausa. Un nudo fue subiendo por mi torso y todo mi cuerpo se puso rígido. Sentí la adrenalina correr por mi nuca y le dije:

—¿La tía Gina es mi mamá?

—Si…el viejo lo decidió así, era eso o derecho a un aborto.

—Ahora entiendo, ahora entiendo todo…mamá me odiaba.

—No, no te odiaba ¿Qué decís? —Me interrumpió abruptamente— Ella estaba loca por vos…ella se odió a si misma por no poder enfrentar a su padre ¿Entendés?, por no poder decidir….ella estuvo dieciocho años a tu lado…te amaba, pero su cabeza estaba muy golpeada…ella vivía con su propia presión interna y sin poder escupirle todo ese dolor a su padre… —Dijo con gran angustia y dolor— ¿Entendés? Ella nunca explotó…le encajaron un hijo, un ser humano…para que lo crie…y ella accedió pero se empezó a consumir por dentro hasta que no pudo más…

—Y desapareció… —Dije ya cabizbajo y rendido.

—Si…y fue muy triste para todos.

Ahí nos quedamos probablemente un minuto en silencio. Yo perdí mi mirada y pronto recuperé un recuerdo:

—Yo me acuerdo de ese día…como si fuera hoy. El abuelo estaba internado y ustedes iban y venían del hospital…y buen día volviste solo.

—Hay otra cosa que no te dije…la última vez que vi a tu madre estábamos en la entrada del hospital….y ella me dijo: “…Dejame entrar a mi sola” Y yo me quedé esperando….espere bastante, como dos horas…así que paso ese rato y salió, se la veía rara…se acercó, me dio un beso y me dijo: ¿Podés quedarte un rato vos? Y yo le dije que si…le digo: ¿Todo bien? A lo que ella me responde: “Si, pero la enfermera me pidió que se quede alguien hasta que cambien el turno…así conoces a la nueva…” y yo le dije “Ok” y ella me respondió: “Me voy a casa, te amo…. “…Salió del hospital y nunca más la vi. A los quince minutos sale una mina y dice: “Familiares de Fournier…”…El viejo había palmado…según la enfermera después de una larga conversación con su hija…que se yo…esa enfermera tenía una fama bastante particular por aquél entonces…era una “Viuda negra” que hacía favores a familiares desesperados…no sé hijo…esas cosas pasaron…y tu mamá se fue ¿Hace cuanto ya, 21 años? Ella se llevó su verdad, su dolor…y nosotros quedamos para lucharla, cada uno vive su vida como puede…sobrevive como puede, a veces sacrifican más de la cuenta y no pueden ver que destruyen un entorno para salvarse —Me dijo con una sinceridad avasallante.

—Pero… ¿Dónde se fue? ¿Dónde está—Le dije dejando brotar el dolor en mi voz.

—No sé hijo…hay gente que solo desaparece…cuando volví a casa ese día había un papel sobre la almohada que decía: “Me voy a empezar de nuevo…”

Yo me quedé sin palabras terrenales y saqué una terminología médica:

—Es el peso de un dolor muy profundo mal procesado…”Me niego a que me veas si no puede ser yo mismo”…si tan solo pudiera haberla ayudado —Dije con la mirada perdida.

Mi viejo se relajó, lo noté y yo también creo. Él mismo bajó veinte cambios y me tiró algo más liviano:

—¿Y el libro? ¿Cómo va?

—No sé, empiezo a creer que el abuelo no estaba tan loco.

—Si, ya estaba gagá cuando escribió es diario…—Dijo y empezó a toser como loco— ¡Llamá…lla…llamala a la enfermera!

Yo salí a buscar a la enfermera y pronto vino y le dio algo de oxígeno. Se recompuso pero se lo veía exhausto. Me quedé un rato hasta que se durmió y me fui. Por los pasillos del hospital me llegó un mensaje de Sarita, decía que estaba en casa…eso me entusiasmó y me alarmó a la vez.

Llegué a casa y estaba dormida, aún así fue un regalo hermoso. Solté mi morral y todas las porquerías que llevaba en el bolsillo, fui y me senté en el piso junto al sillón, solo quería mirarla y mirarla…como siempre lo hice. Cuando era más chica me preguntaba ¿Por qué me ves así? Ella lo preguntaba solo para llenar el silencio, sabía que yo miraba así al amor de mi vida. No sé por qué vino ese día pero yo me regocijé pasando mi mano a diez centímetros por arriba de su cara, no quería despertarla. «Este fue un día intenso…», pensé. Así que solo miré a esa mujercita que tantas veces me trajo de vuelta a la vida. «Cuando despiertes no voy a analizarte, no voy a juzgarte, no voy a diagnosticarte…como siempre lo hago….hoy solo quiero ser tu papá…», pensaba. Me levanté y fui a la heladera, tomé algo, prendí el televisor y otra vez en las noticias el asunto del barco, no le di importancia…dejé el volumen en cero. Sari nunca despertó, pasó de largo para el otro día y yo me desmayé en la cama mientras intentaba sacarme los zapatos.

Por la mañana, desayunando, ambos en silencio, me llegó la contestación de esta tal Lucia Ayala. Pareció bastante gentil en sus palabras así que decidí invitarla a tomar un café rápidamente para charlar un asunto de su abuelo. La invité al único bar que yo conocía y el del mejor café. Increíblemente pasó lo más impensado: ¡Ella trabajaba ahí! ¿Qué?, si…”Soy empleada de ese lugar…que casualidad”, me dijo sorprendida e inmediatamente pensé en ella, la encargada que me tenía loco. La verdad es que me asusté un poco, una mina que todos los días me veía y yo iba a caer con esta rareza. «Y bueno…que sea lo que sea…», pensé.

—¿Quién es, tu novia? —Me dijo Sara mirándome fijamente y suspendiendo los cereales que estaba por comer.

—No mami…es un paciente.

—¿Te brillan los ojitos con tus pacientes? —Me dijo y yo intenté hacerme el sorprendido pero su irreverencia me seducía aún más.

—Te levantaste ácida querida… ¿Qué paso con del viaje ese…a La Plata?

—Ay papá…eso se suspendió hace tres meses ¿No te dijo mamá?

—No…no me dijo, no me dice mucho últimamente.

—¿Por qué no tenés shampoo? —Me lanzó como si nada.

—Y…porque no tengo mucho pelo —Le respondí.

—Caro está embarazada —Dijo repentinamente.

—¿Qué? ¿Caro, tu amiga?

—Si…y se fue con el novio, a vivir a su casa.

—Está mal todo eso ¿Sabías? —Le dije y ella solo levantó un hombro como gesticulando “No me importa”. «No la juzgues, no le des consejos…solo escuchala», seguí pensando. «Pero qué difícil es no querer protegerla…», volví a pensar. Así que, solo dejé que la experiencia de los últimos años se manifieste y no me gane el impulso de los pensamientos. Solo escuchar, estar…amor.

—¿Vos que pensás? —Le dije muy tranquilo.

—Qué cuando quiera ingresar a la “facu” no va a poder porque va a tener un chico de 4 años a su cargo y que no se va a poder desarrollar como persona porque va a depender del todo el mundo —Me dijo y yo me asombré, me enorgullecí y estallé por dentro…nunca había oído a mi hija hablando de ese modo. Realmente me recargó la energía ver un crecimiento tan positivo. Le sonreí, le transmití todo mi amor solo mirándola. Nunca me dijo a que vino y no quise preguntar.

Salimos al rato y la acompañé hasta el colegio, la dejé en la esquina porque a los catorce nadie quiere que lo vean con los padres. Llegué al barcito con un discurso en la cabeza que había ensayado todo el camino. Entré y me senté, me sentí bastante observado. Pegué un vistazo a mí alrededor y todo tranquilo, la mina estaba junto al mostrador pero no me miraba, me reacomodé, tosí un poco fuerte y nada. De repente se acerca una chica de veinte pico de años y se siente frente a mí, en mi mesa.

—¿Nino? —Me preguntó.

—Si… ¿Sos…?

—Luci…Me hablaste por el chat. —Me dijo.

—Ah… ¿Qué tal?

—Te noto sorprendido… ¿Esperabas a ella? —Me dijo y señaló a la encargada.

—No…—Me anticipé— Eh…si, pensé que podía ser ella…no sé por qué.

—Porque te gusta…—Me dijo la confianzuda y se rió— Yo estoy allá atrás pelando papas y veo todo, veo como se miran…veo como se arregla el pelo cuando vos entras…creo que vos también le gustas —Se confesó. Yo sonreí y miré por la ventana disimulando una incomodidad evidente.

—¿Todo eso ves? —Le pregunté.

—Sí, tengo un tercer ojo… ¡En el culo! —Dijo y se mandó una carcajada. Yo reí envuelto en una gran vergüenza y por dentro dije: “Ok…estamos frente a alguien especial”.

Hay personas con las que es muy fácil hablar o simplemente conectar. Yo empezaba a presagiar que Luci era de ese tipo. Pero debo reconocer que dudé que ella fuera a tomarse en serio lo que yo iba a decirle. Ella levantó las cejas e interpreté que debía contarle el motivo de mi cita:

—¿Sos la nieta de Juan Ayala no es así?

—Aham...—Dijo y me miraba sin parpadear.

—Yo soy Psiquiatra…este…me llegó un paciente…un chico…más chico que vos.

—Yo no soy tan niña…veinticinco primaveras —Dijo y nos sonreímos.

—Tiene veinte este pibe y bueno…está demente, está alojado acá en el Veracruz. Yo tengo dos turnos por semana ahí. Y bueno, resulta que ayer se puso violento…me agarró de rehén con un cuchillo…bueno, una situación de mierda pero…acá estoy…el tipo tiene un delirio…dice que es un soldado, que es Juan Ayala…que estuvo en Malvinas… —Le dije y ella me miraba muy concentrada— Y…yo tengo un difunto abuelo, que fue un Psiquiatra bastante prestigioso que en su diario escribió sobre un tal Juan Ayala, sobre el accidente de tren y otras cosas….de carácter fantástico digamos…mi abuelo chapeó sobre el final de su vida pero…quería saber si vos, tu familia tiene alguna conexión con este tipo…se llama Sebastián Galvez.

—Sebastián Galvez…no me suena ni a palos…le mando un mensaje a mi vieja, espera…—Dijo y sacó el teléfono. Le envió un mensaje y se quedó pensando, Luci solo miró por la ventana unos segundos—…Pero, por ahí leyó su nombre…no tiene que conocerlo necesariamente ¿No decís que está re loco?

—Sí, podría ser —Le dije y reculé un poco en mi silla— Es que…mi abuelo escribió algo muy extraño y es prácticamente una locura si te lo describo.

—¿En ese diario?

—Sí, no lo traje, tendrías que leerlo vos misma…es algo sobrenatural…no te quiero asustar —Le dije casi disculpándome. Sonó su teléfono y leyó los mensajes:

—No, dice mi vieja que no conoce ningún Galvez, ni parientes ni nada —Me confirmó y miró la hora preocupada— Me tengo que ir.

—¿A dónde? —Le pregunté al verla sobresaltada.

—A dormir la siesta. Perdón… ¿Mañana me seguís contando…dale?

—Ok…hablamos —Le respondí. Ella agarró su abrigo y salió casi volando.

«Bueno, otro engranaje para toda esta rareza….», pensé. Me pedí un café pero me trajeron un pis de gato, frío y amargo. Me levanté y también volé, ese día me tocaba entrevistar a ese Sebastián y esperaba poder sacarle algo en limpio.

Entrada la tarde, salí bastante ofuscado del psiquiátrico…el tipo estaba muy medicado y no pude entrevistarlo. Ese día me usaron de delivery, estuve repartiendo unas muestras de medicamentos entre los tres nosocomios en los que trabajaba…y todo a pie, estaba fusilado.

Llegué a casa rendido y hambriento. Saqué una ollita, le puse agua y tiré unos fideos. Mientras esperaba su cocción, miré por la ventana, olvidé mencionar que estaba en un quinto piso. La verdad es que solo estaba conectado con una sola cosa, creo que rozaba la obsesión, necesitaba seguir hablando con esta Luci para resolver toda esta cuestión.

Y obviamente aquél destino prometedor, para nada azaroso, me regaló una inesperada videollamada:

—¡Hola! —Le dije. Era Luci.

—Hola Nino ¿Cómo estás? —Dijo y se la notaba soñolienta.

—Bien….¿Dormiste? —Le pregunté.

—Sí, recién me levantó —Dijo y me quedé helado.

—¿Recién? ¿Dormiste 7 horas?

—Si…casi, a… no te lo conté, tengo un problemita, duermo de día.

—A ok…tenemos que seguir la charla, me quedaron un par de cosas ahí. —Le propuse.

—Sí, te llamaba por eso y…aparte pasó algo raro, muy raro…un llamado de un tío de Córdoba que me dejó preocupada.

—Pero…. ¿De qué se trata?

—No sé cómo explicarte, estoy un poco asustada… ¿Vos que hacías?

—Nada, me preparo algo para comer.

—¿Qué…vivís solo?

—Si.

—¿Puedo ir a tu casa? —Me preguntó.

—Sí, estaba pensando en decirte lo mismo, así hablamos bien.

Le pasé mi dirección y en quince minutos la tenía tocando bocina abajo. Subimos las escaleras hablando frivolidades, cosas de su auto y que yo no sabía manejar y no recuerdo que más. Cuando corté la videollamada había ido al baño olvidando los fideos, así que cuando salí encontré dentro de la olla un tapón redondo y amarillo, como una tortilla, lo despegué y lo tire a la basura. Ni bien entramos con Luci pedimos una pizza.

—Pasa querida…ponete cómoda, dame tu abrigo —Se dijo a sí misma la desquiciada y echó a reír dejándose caer en mi sillón. «Que personaje encontré…», pensé. — Entonces…sos divorciado de acá a la China ¿Nó?

—Sí, que observadora. —Le contesté.

—Te dije que veo todo.

—A…lo del tercer ojo...—Le dije y reímos.

—Sentate, ponete cómodo. —Me propuso.

—A, gracias… —Me senté actuando de tímido ya que ella había asumido un rol de dueña de casa. De pronto se puso seria y bajó un poco su cabeza. Empezó a jugar con un hilito que sobraba de su pantalón y sin mirarme me dijo:

—Me llamó hace un rato un tío de Córdoba…le dicen “el brujo”.

Entonces allí conectamos con las miradas. Yo estaba casi en modo profesional, escuchándola. Y como la vi dubitativa la incentivé:

—¿Y qué te dijo?

—No sé… algo muy loco…dice que me ve en peligro…porque él presiente viste…presiente las cosas. Estaba preocupado.

—¿Se dedica a eso? Digo… ¿A…las brujerías o algo así?

—No…todo lo contrario, siempre se escapó de eso. Allá en el pueblo lo apodaron de “Brujo” por todas sus visiones y él se fue, hace años, a vivir en el medio de la montaña…se alejo de todo, se estaba volviendo loco. Y…me dijo que me veía encerrada, o en peligro. —Dijo y yo me quedé perplejo.

—Si…todo muy loco ¿Nó?

—No sé… ¿Qué quiere que hagas?

—No sé…me dijo que vaya y me quede a vivir con él…con mi vieja íbamos siempre de vacaciones a Traslasierra…y nos amábamos con mi tío…el no es hermano de sangre de mi mamá, es hijo de la familia adoptiva de ella pero…es un amor, quiero ir a verlo.

—Por ahí te chamuyó para eso, para que vayas a visitarlo —Le dije.

—No lo creo, no jode con esas cosas que ve. Cuando fue lo de mi abuelo él soñaba muy seguido con un accidente de trenes, soñó durante meses…pero claro, ellos no se conocían…mi vieja encontró al abuelo Juan después del accidente. Dice mi mamá que cuando mi tío Fernando y el abuelo Juan se conocieron, él le conto lo de los sueños y el abuelo no lo podía creer, le mostró unos escritos de meses anteriores que decían: “Veo a un tren chocar…”

—Tremendo…—Dije boquiabierto.

—Sí, igual el vive con una gran culpa y angustia por no poder ayudar…él no quiere tener este “Don”. Que se yo… ¿Vos qué onda? Divorciado… ¿Hijos?

—Sí, una gorda de 14 añitos.

—Ay, un papá baboso…—Me dijo riendo— Yo no tengo papá… ¡Bah! Tengo un experimento de padre…La cosa es sí: Tengo dos mamás…y de padre tengo a un donante de esperma…si, no me mires así…como lo digo…Yo soy un arreglo entre tres personas, me fabricaron bajo un pacto de confianza… ¿Qué tal?

—Ahora entiendo todo —Dije y nos largamos a reír— Que interesante che…hay que aprender a restarle importancia a cómo llegamos acá…más importante es cómo nos iremos ¿Nó? Igual, no me hagas caso…soy el menos indicado para estos asuntos…mi mamá es mi tía…así que imaginate.

—Guau.

—Sí, no profundicemos más…

—Okey…Y…seguime contando lo del diario—Me dijo—…Eso “Sobrenatural” que mencionaste.

—Si…lo voy a traer para que lo leas vos misma —Le contesté y sonó la bocina en la ventana— Fijate…debe ser la zzapi…ahí está la plata, voy a buscar eso…— Fui a la pieza y volví con el diario pero Luci no estaba. Voy al balcón y la veo luchando con el Dron para desenganchar la pizza:

—¡Uy…me olvidé, este es con tarjeta! —Dije y saque la de crédito para pasarla por el lector y que el aparato me entregue la pizza— …No manejan más efectivo por que los bajan a tiros y les afanan la recaudación —Le comenté a Luci.

—Qué país que tenemos…la inteligencia solo la ponemos en como chorear mejor —Me respondió ella.

Entramos y nos acomodamos para comer, yo tiré el diario en la mesita y Luci trajo unas cervezas de la heladera con toda confianza.

Empezamos a comer y le pregunté por qué dormía al revés y ella me contó de una enfermedad que debo admitir desconocía rotundamente:

—Se llama “Blind Ligth” lo que yo tengo… —Me dijo y yo levanté las cejas como quien oye algo por primera vez— Es una enfermedad relativamente nueva…empezó como una Hipervigilancia y fue…mutando. Ya no puedo dormir más de noche, se alteró mi ciclo de sueño…es una…alteración en la glándula Pineal o algo así…encima es un sueño voraz que me baja de una…como una especie de desmayo inminente que lo siento llegar.

—Sorprendente…—Le dije— ¿Y…qué lo produjo?

—Y…todavía se estudia esto…pero la teoría, que todavía se está elaborando, es que todo esto empieza a gestarse por la hiperconexión a todo lo digital. Mi vieja…me sentó frente a una pantalla cuando tenía ocho años y así me crié, absorbiendo toda esa información…y cuando tuve veinte años me dijo:… ¡Che andá a buscar trabajo! Y yo tenía la cabeza dada vuelta…creía que era normal…dormir de día. Intentaron reacomodar mi sueño con pastillas, tratamientos y todo tipo de terapias pero no se pudo…y…hace poco nos enteramos que esto tiene un nombre, que hay un 12 % de la población mundial que lo sufre, etcétera, etcétera… ¿Te sorprendo a cada rato…nó? —Me dijo y tomó un trago largo de cerveza.

—Si…pero yo también te voy a sorprender a vos con lo que tengo ahí…—Le sugerí mientras señalaba el diario. Ella hizo un gesto de temor con entusiasmo y dijo:

—Okey, dejame digerir la pizza primero.

Comimos y nos contamos algunas cosas de la vida y de la rutina. También descubrimos algunos gustos en común como bandas y películas. Iba llegando a la medianoche y nos habíamos tomado tres cervezas. Luci miraba el diario sobre la mesa y sé que temía pedírmelo, creo que ella solo quería relajarse y charlar cosas superficiales. Pero yo no podía esperar y tomé el diario:

—¿Estas lista? —Le pregunté y me miró temerosa. Lo abrí y busqué una parte que había marcado— Acá… ¿Podés leer esto? —Le solicité y se lo di.

—A ver…—Dijo y comenzó a leer en voz alta: —“…Juancito era un veterano de Malvinas, un loco sin miedo a nada, un hombre curtido que caminaba por Buenos Aires y se la rebuscaba vendiendo en los trenes… Juan proclamando su estudiado discurso:… Mi nombre es Juan Ayala, soy veterano de Malvinas, solo voy a robarles unos minutitos…”— Dijo y siguió leyendo para ella. Leyó por un par de minutos y su semblante se transformó en pura curiosidad y entrega. De pronto alzó su voz otra vez: — “…Juan respiró fuerte y templó su frialdad, con sus brazos se arrastró como pudo y corriendo partes del piso y de las paredes del vagón llegó a Lupe. La pequeña niña estaba inconsciente y cubierta de sangre…”—Siguió en voz baja y retomó otra vez—“…Un día, en uno de esos bodegones, Juan observaba las noticias de la televisión y de pronto clavó su mirada. Se paró muy rápido y casó las muletas. En un par de horas llegó al barrio de Lupe. Dicen que el pequeño amiguito de la niña observó a Juan parado frente a la casa, con su chaqueta militar y apoyado en sus muletas. El chiquito lo miraba desde el árbol, dijo que Juan parecía dudar, que algo pensaba y que estuvo solo un par de minutos y se fue… Juancito, otra vez cabizbajo, se perdió por el camino….” ¿Cómo sabía todo esto tu abuelo? —Me preguntó con los ojos ya vidriosos.

—Se lo contaron…ese tal Efraín…que, según el diario, era un tipo que tenía contacto con los muertos.

—¿Qué? —Preguntó al instante.

—Si…o estaba loco, según mi abuelo no lo estaba…si lees el diario completo te das cuenta que todo lo que Efraín le contó a mi abuelo sobre la vida de Juan es después de muerto,, después de que tu abuelo murió.

—Nino… ¿Es una joda esto? No está bueno…mi abuelo salió en las noticias, diarios…cualquiera puede contar su historia…—Me dijo muy seria.

—Sí, hasta ahí puede ser pero hay mucho más… —Le repliqué y le saqué el diario para buscar y mostrarle una página con lo más insólito, con lo que yo conectaba a este Sebastián Galvez—…Lee esta parte por favor…. —Le pedí.

—Ay Nino, la puta madre…a ver —Enunció y leyó: —“Primavera de 2017…Juan invitó a Leo y a Efraín, los citó en un bar para confesar cosas de su vida…él no sabía porque ya no veía a sus seres queridos ni porque había recuperado su pierna, tal vez lo sabía…pero no lo aceptaba. Efraín me dijo que Juan se buscó en el reflejo del ventanal pero no se halló, solo Efraín se veía en él y allí comenzó a ver todo…”

Lucí bajó el diario y soltó sus primeras lágrimas, no dijo nada, solo me miró y volvió a abrirlo:

“…Juan nos pidió que lo acompañáramos al hospital dónde nació y donde murió…Estando allí, él se despidió con una mirada gratificante y entró a una sala de partos donde al instante se oyó el alarido de un bebé llegando al mundo…sabíamos que nunca volvería y nos fuimos…” —Culminó y cerró el diario sollozando y desbordada.

Yo la miré y no sabía bien que decir:

—Esto lo escribió mi abuelo hace 21 años…perdoname pero hay algo más…—Le dije y ella solo me miró— …Tomá.

Le entregué la ficha del paciente Sebastián Galvez y le pedí señalándole que lea los primeros datos. Ella agarró el papel con miedo y leyó:

—Sebastián Galvez…fecha de nacimiento: 21 de junio de 2018.

Bajó el papel y me miró largamente, yo también lo hice:

—¿Qué pensás?

—¿Qué le pusiste a la cerveza? —Dijo evasiva.

—O estamos ante el descubrimiento más grande de la humanidad o ya nos volvimos locos…y no nos avisaron.

—¿Mi abuelo reencarnó en ese pibe? —Me soltó incrédula y sorprendida.

—Si es así, toda la ciencia y todos los libros que se escribieron no sirven de nada…la locura podría ser una posesión permanente…una lucha entre dos mentes queriendo gobernar un mismo cuerpo…—Le dije asombrándome de mi mismo. Luci se refregó la cara y se paró, caminó hacia balcón, se asomó e inhaló un poco de aire nocturno. Después de un pesado silencio, pasaron varios minutos y ella tomando su abrigo me pidió el diario para llevárselo a su casa y leerlo completo, yo accedí y le dije:

—Cuidalo…esto va a ser un libro.

Ella hizo una leve mueca, estaba shockeada.

—Mañana te lo traigo… —Me dijo y me dio un beso para despedirse. Salió por la puerta y yo me quedé dudando del impacto que todo esto le había causado.

Unos minutos después me encontraba tomando aire fresco en el balcón. Observaba a una ciudad dormida buscando respuestas. Todo este hallazgo no olía a términos medios, o era una completa insanidad o una tremenda verdad aún sin ver la luz. Aquél diario encerraba tantos nombres, siglas, fechas…lugares físicos y de ensueño también, no sabía más que pensar. ¿Cómo podía revelar todo esto? ¿Cómo una novela…un ensayo? Pero si no sabía si todo era verdad o fantasía, estaría publicando algo que yo tampoco entendería. Me apenaba tanto no haber tenido una relación más cercana con el abuelo, concretamente recuerdo, con suerte, tres veces haber charlado con él…no estaba en los cumpleaños ni en las navidades, no sabía nada de su vida y ahora que lo veo a la distancia entiendo que él se había encomendado a ese proyecto que relataba en el diario. Si ese trasplante había sido real… ¿Cómo es qué no hubo registros? ¿Por qué tanto hermetismo en algo de tal dimensión? Si todo fue real…ese espíritu que tomó el cuerpo andaría deambulando entre nosotros…o en París cómo decía en el diario.

Esa noche terminó llena de signos de preguntas. Por suerte amanecí en la cama y no en el sillón que me mataba la espalda. ¿Qué hacemos hoy? Me pregunté sin levantarme aún. Ese día tenía un franco que me debían de no sé cuándo. No sé por qué pensé en Luci… ¿Habrá leído algo? ¿Y si cree que estoy loco y me denuncia…? Ni bien termino de pensar en eso y me suena el teléfono, era Luci pidiéndome que baje. Yo aproveche y agarré la billetera para ir a comprar algo de pan. Bajé y ella estaba dentro de su auto. Me acerqué y ella se veía extraña:

—Hola —Le dije.

—¿Cómo dormiste? —Me preguntó.

—Bien…digamos.

—Me voy a Córdoba, a Traslasierra. —Me dijo muy segura.

—¿A…lo de tu tío?

—Si… ¿Puedo llevar tu cuaderno? Para que lea lo de mi abuelo.

—Eh…si…pero… ¿A qué vas realmente…te preocupa lo de sus visiones o…?

—Si, en parte sí…pero estaría bueno que lea esto…si no te molesta.

—¿Y así de la nada te vas a ir?

—Sí, son seis o siete horitas. —Me dijo. Yo observé el diario en el asiento de al lado y pensé: «No puedo dejar que se lleve esto, recién la conozco…»

—¿Cuándo volvés?

—Y…hoy me pedí el día así que no sé…mañana, pasado.

—¿Puedo ir con vos?...Quiero conocer al “Brujo” este.

—¡Si!...Un compañero de viaje… ¡Subí a bordo!

—Eh…—Dije y pensé: «El gas cerrado, puerta cerrada…plata tengo acá…»…¡Dale vamos! —Le dije. Me sentía impresionado por lo fácil que era comunicarse con ella, la simpleza a veces lo es todo. A veces nó, siempre. Me subí al auto y así nomás abandonamos los suburbios y nos lanzamos a la ruta. Eran las ocho de la mañana, yo esperaba que manejara bien y que no le agarrara sueño antes de llegar.

Ya en la ruta 7 me relajé y la veía bastante ágil con el manejo. Ella no dejaba de sonreír. Paramos en una estación de servicios, cargamos agua para el mate y seguimos. Mientras ella iba concentrada al volante yo me recibía de cebador procurando no quemarme las bolas en algún sobresalto del auto.

—¿Lo leíste completo? —Le pregunté. Ella solo asintió con la cabeza, pensé que tal vez no quería hablar de eso. Pasó un minuto y me dijo:

—Tenés que llevárselo al Español.

—¿Qué Español…?

—Al final de diario dice para J.M.K.

—Sí pero no sé qué significa ¿A qué Español te referís? —Le pregunté insistente y ella me respondió sin dejar de observar la ruta.

—Juan Manuel Karam…lo dice en el diario, cuando estaban en Canadá…ahí había un tal Juan Manuel karam … —Me dijo y quedé inmóvil.

—Vos sos una genia.

—Tiene que ser él…o por lo menos hay que averiguar qué relación tenían ellos dos.

Yo tiré mi cabeza para atrás y suspiré: « ¿Cómo no me di cuenta…?», pensé.

—Increíble…Y hay otras siglas más —Le comenté.

—Sí, B.D.H…. pero eso no sé que es, no se me ocurre que podría ser. En un fragmento dice: “B.D.H. anda cerca…me quieren limpiar de alguna forma…”

—Sí, eso realmente no lo entiendo…busqué muchas cosas en internet pero no encontré nada.

El viaje siguió y las charlas también. Hablamos de todo pero siempre recaíamos en el tema del diario. Llegando al mediodía, ya en la provincia de Córdoba, nos faltaba poco y mi presagio se hizo realidad. Luci tiro el auto hacia la banquina:

—Tengo que dormir…tengo que dor... —Dijo y quedó nocaut. Yo no tuve ni tiempo de abrir la boca. Simplemente le recliné el asiento y me resigné a esperar. En esos momentos deseaba saber manejar pero no tenía la más mínima idea.

Y allí fue cuando algo sublime sucedió. Es increíble como algunas personas marcan un dirección en tu vida, sin saberlo te conducen a tu redención. A esa altura estaba cansado de creer en las casualidades y dejé que fluya esa extraña magia, dejé que me atraviese una energía diferente, era algo luminoso abarcando toda mi existencia. La miré a Luci dormir y luego moví mí mirada diez centímetros…miré por la ventanilla y enfrente, cruzando la ruta, estaba el convento donde residía mi tía Gina. Allí, en el medio de la nada, justo donde Luci se detuvo yacía una oportunidad. Salí del auto y me apoyé sobre él un rato. Prendí un cigarro y lo apagué al instante. Mi mente estaba quieta pero mis piernas solo comenzaron a andar. Crucé la ruta, me acerqué y toqué una campanita. Alguien me atendió y yo pregunté por la hermana Gina diciendo que era un familiar.

Al rato me encontraba esperándola en un predio hermoso, solo se oían los pájaros entre aquél paisaje campestre. La voz de la naturaleza exclamaba solo paz. Yo estaba como rendido, quería achicarme físicamente, solo respiré y respiré para contaminarme de esa paz. Observando todo comprendí porque estas personas se alejan de la sociedad repentinamente, supuse que era más fácil oír a dios en un lugar así.

Estaba sentado sobre un macetón vació, solo con tierra, mirando el pasto y su voz anunció mi nombre:

—¡Nino!....—Me dijo y yo me di vuelta. Me paré tibiamente y fui saludarla. Ella me sonreía y me veía con mucho amor. Hacía más de dos años que no la veía y ese día es difícil describir lo que sentí porque una relación se desmembró, todo lo que habíamos construido como sobrino y tía a lo largo de los años podía ser transformado en un instante. Yo no quería vivir simulando, pasando por alto eso que me había revelado papá.

—Hola…—Le dije, y ya en mi voz me vi reducido y plenamente condicionado. Dudé pero todo fue movido por impulsos.

—¿Viniste hasta acá para verme…? No lo puedo creer —Me dijo con su tono tan pacífico. No podía dejar de mirarla a través de cientos de imágenes de mi infancia, de su cercanía y su distancia.

—Sí…en realidad iba para Traslasierra con una amiga y paramos para saludarte…ella se durmió en el auto.

—¿Se van de vacaciones?

—No, solo un par de días. —Le respondí en medio de una conversación que se armaba muy, muy lentamente, yo apenas sostenía la mirada.

—¿Cómo está el viejo? —Me preguntó.

—Está…listo…creo. Si, ya no puede volver a casa, está bastante medicado pero estable.

—Ay, quisiera ir a verlo…lo tengo en mis oraciones todo el tiempo…y a vos también —Me dijo y yo me senté otra vez, la veía tan pequeña…de repente sentí la necesidad de recuperar todo en un segundo pero ya era muy tarde.

—¿Vos, cómo estas Gina?

—Bien mi vida…vení, vamos a tomar un té ¿Querés?

—Bueno, vamos…—Le contesté y caminamos hasta una mesa bajo una gigantesca enredadera llena de flores blancas. Miré a mí alrededor y vi a algunas monjas pasearse muy tranquilas, en ese lugar reinaba la paz absoluta.

Gina trajo el té y sirvió para ambos.

—¿No tenés whisky...? —Dije, incitándome a mismo a aflojarme.

—Ay Nino, que loco que sos… ¿Cómo está Sarita?

—Y, loca…como todo adolescente…pero hermosa.

—Yo pensaba en ir esta navidad…a lo de Carmencita viste, pero es medio complejo, hay que organizarse, no me gusta caer repentinamente a una casa de familia…con los chicos y todos esos líos.

—Pero a vos te gustan los chicos…a mi me malcriaste bastante…—Le dije entre sonrisas.

—Bueno, pero vos eras diferente…—Me contestó y yo clavé mi mirada en su alma— …eras…especial…—Continuó.

—Sí, tener una tía de veinticinco cuando tenés diez es genial.—Le contesté y nos abrazó un silencio por un instante.

—La otra vez…me pareció ver a tu mamá…—Me soltó con un gesto de dolor—…La veo en todas partes…la imagino seguramente, veo a alguna mujer de espalda y creo que es ella…me pasa muy seguido…cuando voy a la ciudad.

Al escuchar sus comentarios tan angustiosos, me paré y caminé unos metros. Pasé mi mano entre las hojas de la enredadera y miré a través de ella.

—Yo ya no la busco sabes…ya no busco a mi mamá— Le dije y me di vuelta para mirarla—…Yo ya encontré a mi mamá.

Decidí sentenciar nuestra corta charla y que fuera lo que el destino desee. Ella se paró y me miró enmudecida, recuerdo que refregó sus manos en el atuendo que llevaba. Entonces, proseguí con una frase más:

—No vine a juzgarte…papá me contó todo y después la suerte me trajo hasta acá.

Ella se acercó despacio, frunciendo el ceño, con temor, compungida…como quien quiere pedir mil perdones. Esa mujer pequeña, de cincuenta y pocos años, caminaba hacia su pasado. Yo también lo hice, pero no hacia el pasado, solo caminé hacia adelante y la abracé…la abracé muy fuerte para borrar esa culpa en su mirada. Lloriqueamos un rato largo bajo aquél silencio religioso.

Más tarde, la paz nos inundó y paseamos por el parque. Sin que yo indague demasiado, ella me reveló algo inesperado:

—Yo tenía 15 años y era la irreverencia personificada, hacia todo lo contrario a lo que me decían…necesitaba captar la atención de papá de alguna forma. Una noche, creo que en un cumpleaños de él, vino mucha gente y se emborracharon hasta tarde. Yo deambulé en esa fiesta hablando con todos, coqueteando con mayores y haciendo cualquier cosa. La gente estaba dispersa y había un tipo que era muy amigo del abuelo, un paciente de él…pero era un loco “Sano” digamos…Él era muy divertido y yo no podía dejar de admirarlo cuando hablaba, me cautivaba…pero era un tipo grande…no sé, tal vez andaba por los 40 y era viudo según papá…se llamaba Efraín…—Me dijo y otro balde de agua fría me bañó—…Él se daba cuenta que yo lo miraba y lo miraba…y pasó lo que te imaginas…pero ahora que lo veo a la distancia…el debería haberme frenado…fue todo impulso, negligencia…humanidad…como quieras llamarlo. Ese hombre fue tu papá. Volví a verlo solo una vez más…un día vino y yo estaba en la vereda…me vio con la panza y sé que no se animó a preguntar por miedo a mi respuesta…solo entró, habló con mi padre, salió y se fue. Y…se suicidó unos cuantos años después, eso escuché por ahí. Pero no hay nadie de parte de su familia, es como si no hubiera existido.

—¿El abuelo sabía…que él era mi papá?

—No…se enojó tanto con mi embarazo que nunca me preguntó siquiera…quien era tu padre.

—Tengo un diario del abuelo…donde habla mucho de Efraín —Le confesé— Una parte de su historia está registrada ahí. Gracias…. —Le dije muy sincero y cambié de tema— Podes venir en Navidad y quedarte en casa… ¿Querés?

—Me encantaría…—Me dijo y me tomó de la mano. Aquella tarde perdí toda noción de tiempo y espacio, la plenitud arribó en todo mi cuerpo.

Nos despedimos renovados y alegres en la puerta del convento « ¿Todo esto fue real? », me preguntaba de a ratos, pero verdaderamente lo fue.

Crucé la ruta y observé que Luci seguía dormida dentro del auto. Bajé por la cuneta al costado de la banquina y fui a mear contra un alambrado, de pronto levanté la vista y me encontré con las sierras muy cerca. Ese paisaje y el encuentro con mi verdadera madre me sobrepasaron de sensaciones. Me tiré en el pasto junto al auto y aguardé que Luci volviera de su siesta. Creo que Luci, su desparpajo y su comportamiento impulsivo me liberaban bastante, la verdad es que no me imaginaba envuelto en esta situación, viajando…sintiéndome vivo a cada instante y todo había comenzada cuando la conocí a ella pocas horas atrás. Por suerte durmió poco, sentí que me tocaron la cabeza y era ella pidiéndome que suba al auto. Viajamos casi una hora más mientras yo le contaba lo del convento y lo de este tal Efraín. Pronto, Luci pegó un volantazo y nos metimos en un camino de tierra. El lugar era asombroso, yo no venía a Córdoba desde los doce años. Ya estábamos rodeados de sierras y mucho verde, Luci parecía conocer la zona a la perfección y condujo hasta cerca de un arroyo y allí, junto a un cúmulo de árboles, había una pequeña cabañita. Naturaleza plena, nadie a la vista…no era un lugar turístico evidentemente. Frenamos, nos bajamos y encaramos hacia la casita. Luci inmediatamente aplaudió y después chifló fuerte haciendo salir a un par de perros a los ladridos.

­­­­­­―¡Tío! ―Gritó Luci. Yo solo esperaba que este “Brujo” no fuera un “freak” o que apareciera con una túnica o algo así. Finalmente asomó el hombre y sonrió. Caminamos al encuentro y se lo veía bastante “normalito”.

―¡Tío! ―Dijo Luci sentidamente.

―Hola mi vida….―Respondió y después me miró a mí― ¿Qué tal…cómo te va?

―Hola, mucho gusto ―Le dije y noté cierta frialdad y desconfianza en su mirada.

―Pasen, pasen….vengan.

Entramos a la cabaña y se la veía bastante armoniosa y simple sobre todo. Nos invitó a sentarnos mientras ponía la pava a calentar.

―Ay qué paz… ¿Cómo estás tío?

―Bien querida… ¿La mami?―Le preguntó.

―Está en Mar del Plata ya hace como un mes…en la casa de Lisa y están ahí con el emprendimiento ese que te conté.

―A, bien…―Dijo el hombre. Yo no hablaba, lo noté incómodo con mi presencia y sentía que había una densidad extraña en el aire. De pronto el tipo me miró con cara de signo de pregunta. Yo, que me enrosqué un poco, interpreté “¿Qué hace este acá?

―Él es un amigo…te conté algo…nos unió una historia media rara ―Le dijo Luci.

―Sí, lo de Juancito…―Dijo, mientras no me sacaba la vista de encima, ya definitivamente me estaba mirando mal.

―Él es Psiquiatra ―Comentó Luci.

―Sí, ya lo sé.

La pava hirvió y por suerte dejó de mirarme ese tipo que, hasta ahí, lo consideraba un “Raro” con mirada de Psicópata. Después tomamos unos mates y la tensión parecía aflojarse, al menos la que yo percibí. Salimos a la parte de atrás de la cabaña y vimos que tenía un estanque colmado de agua. Nos sentamos en unos troncos bajo un arbolito y él volvió a mirarnos serio, esta vez nos miraba a los dos así.

―Bueno chicos…eh...Luci ya te habrá contado de mi ―Me dijo―…La cuestión es que…percibo últimamente…muchas cosas sobre vos―Le dijo a Luci. Ella lo escuchaba atenta― Veo un peligro…alrededor tuyo, veo que un hombre te amenaza a vos y a más personas…y la verdad es que me martirizan esas visiones…veo imágenes extrañas…Hay un barco…un barco encallado en una costa muy...un lugar como apartado de todo y…junto a esa embarcación hay aborígenes…que rodean todo. Es obvio que va a sonar todo muy absurdo pero…yo siento que…deberías quedarte acá...conmigo un tiempo ― Le dijo a su sobrina que lo oía con mucho interés. Yo noté una angustia bastante genuina pero no tenía ni idea de quién era este señor. En ese momento dudé hasta de mí.

―Yo creo todo lo que me decís tío ―Le dijo Luci, con una voz muy suave―…pero…tengo una vida, no sé.

―¿Yo estoy…en sus…visiones? ―Le pregunté a nuestro misterioso interlocutor.

―No te vi en ninguna imagen…pero cuando nos saludamos debo admitirte que algo llevas con vos…no digo que vos representes el peligro ―Me aclaró―…Pero algo viene con vos…alguien te sigue…no lo sé en realidad―Dijo e hizo algunos ademanes pasando sus manos entre el aire a unos dos metros de mí.

Luci respetaba mucho a su tío, se ponía muy seria cuando él hablaba, solo me miró un par de veces de reojo…tal vez este señor la avergonzaba un poco, no lo sé. El diario del abuelo había quedado en el auto y por un segundo se me cruzó preguntarle un par de cosas a este visionario pero me arrepentí.

―¿Y…usted…en qué momento presiente las cosas, lo de ella por ejemplo?―Le pregunté.

―Yo…tengo una sensibilidad catastrófica. Mirá….―Dijo y aguardó que le dijera mi nombre pero Luci lo hizo:

―Nino.

―Nino, perfecto…―Asintió y continuó― Yo tuve que huir de la ciudad porque…son lugares que concentran diversas energías confluyendo todo el tiempo. Hice de todo para desapegarme y algunas cosas funcionaron pero nunca pude cortar lo que me une a las personas que amo, entonces…la única alternativa para mí fue desaparecer. Y hace un par de semanas hablé con mi hermana, la mamá de ella, y a partir de ahí empecé a sentir que Luci pedía ayuda, que alguien la sometía con total virulencia… ¿Entendés? Solo a través de una voz…que me unió a otra energía y así.

―¿A mamá le contaste algo de esto?—Inquirió Luci.

―No, no tiene mucho sentido preferí alertarte a vos.

―Sí, comprendo lo que me dice…—Proseguí—…yo suelo llevarme la energía de mis pacientes a veces… pero entiendo que lo suyo pasa por un nivel más profundo de la consciencia. ―Le dije y de repente otra vez apareció ese pájaro negro. Se posó al borde del estanque y nos observó. Yo me quedé casi hipnotizado viéndolo.

―Qué raro…―Dijo el viejo―…una Corneja Negra por acá.

―¿Una qué? ―Preguntó Luci.

―Una Corneja Negra…no son autóctonos de por acá, se le habrá escapado a alguien―Dijo el viejo, que también conocía de pájaros. El bicho se quedó un instante y después voló, yo estaba seguro que era el mismo que vi en Buenos Aires.

La charla siguió un rato entre tío y sobrina, yo por mi cuenta me perdí entre mis dudas.

Comenzó a caer la tarde y el cielo se tornó de varios colores. Luci se había metido al estanque y estaba dele salpicarme con agua para que yo entre. El “Brujo” se había hecho humo, pensé que también dormiría al revés. Como ya estaba empapado por toda el agua que me había tirado esta mina, decidí meterme porque el calor era bastante agobiante. Aquel atardecer montañesco entre cantos de grillos y ranas, entre una finísima brisa que traía el olor de la naturaleza, me llamaba con su voz de mujer. Me saqué la remera y me metí con los jeans. El agua era tan perfecta que me reconfortó el alma y me entregué a un placer pleno. Luci me recibió con un par de olas que ella misma creaba y yo suspiré dejando que ella se divierta. El celeste del cielo iba oscureciéndose y todo aquello sabía que no lo hubiera comprado con ningún paquete turístico. Luci me sonreía, creo que ambos queríamos estar callados, solo disfrutar. Ella parecía un cocodrilo, asomaba la mitad de la cabeza y me miraba, me miraba fijo y después se sumergía…al minuto aparecía en la otra punta y volvía nadando despacito hasta colocarse cerca mío. Yo me quedé junto al borde, de brazos estirados, contemplando su juego…esa especie de acecho que ella hacía. El ruidito del agua entre semejante inmensidad era una caricia a mis sentidos, pasaban los minutos y ninguno emitía palabra. Cierta tensión sexual emergió para mí, sus miradas estaban calando hondo en mi vulnerabilidad, no había escenario más ideal para el amor que ese estanque, en medio de las montañas y entrando en la noche.

—¡Cuánto hace que me conoces? —Me dijo con un tono monocorde y muy suave.

—No sé…—Le dije y sonreí un poco— ¿Tres días…?

Ella espero unos fatales segundos y volvió a susurrarme:

—Yo hace tres años te conozco…hace tres años te veo entrar al restaurant…Lunes, Martes y dos Jueves al mes. Te veo entrar a la hora de siempre…y dejo todo para ir corriendo a preparar el café más rico, lo hago con todo el amor…porque no quiero que dejes de venir nunca...—Concluyó abruptamente y se hundió el en agua otra vez. Yo no pude reaccionar, no sé que hubiera dicho.

De pronto sentí que pasó una eternidad hasta que ella salió al otro extremo. Nos miramos sin decir nada y Luci salió del agua.

Entrada la medianoche, el “Brujo” nos trajo una sopa rara y comimos alrededor de una fogata. Ese fuego era la única luz en kilómetros. Con Luci nos mirábamos y bajábamos la vista un tanto avergonzados…ella sonreía y yo sabía que no volvería a mirarla como antes. Comprendí rápidamente que ella temía, que se juzgaba y que se escondía atrás de un personaje irreverente y espontáneo. Que podía decir del destino que no fuera un cliché…pero en este viaje, no sé quien encontró a quien.

Mientras tanto, el “Brujo” despotricó un poco más contra la sociedad.

—En las grandes urbes, las personas arrojan sus vidas a la promiscuidad, al goce y al entretenimiento…y cuando no lo alcanzan…se dividen y se agrupan para poder alcanzarlo...caminan sobre las cabezas de otros, así somos —Proclamó con disgusto en su voz.

—Pero tío…la vida está en movimiento…—Contestó Luci—…no es una foto…que podes criticarla…es un movimiento…—Repitió buscando un adjetivo y yo le tiré uno.

—Impredecible.

—Eso...—Dijo ella.

—Yo veo la misma foto desde que existo. La esperanza tiene muchos adeptos…con grandes fundamentos…para mi tener esperanza es estar en un estado de comodidad, es un respiro para soportar…pero lo años se encargan de anoticiarte que “Esperar” no sirve de nada. Siento que hayan venido hasta acá para que este viejo brujo les de todas malas noticias…pero conozco bien el lugar de donde vienen chicos…El mundo está muy enfermo y la televisión solo te muestra el 1%...todo está muy mal…allá, en la ciudad, hay una tragedia disfrazada de fiesta. Y todos los días se crean cáscaras nuevas para proteger a las mentiras. Chicos…sálvense, no sirve de nada todo lo que hagan para cambiar las cosas.

—¿Pero que sería salvarse…?...¿Venir al bosque, mirar para otro lado…? No lo tome a mal…—Le dije.

—Vos estás atrás de una verdad…querés confirmar una verdad, querés contar la verdad de algo al mundo…lo sé…lo vi. Pero esa verdad nunca será trasmitida como vos querés… ¿O acaso vos crees en todos los libros de historia? Querido…Nino, tu verdad es para vos…y si eso que tanto perseguís tiene un oponente, no te conviene asomar demasiado esa cabecita. Así es el hombre, creamos un mundo que parezca agradable, contamos lo que suena mejor…las verdades se pierden en el tiempo. Ya somos un mito, te lo aseguro. Y cuando te mueras…vas a ser un gran hombre para muchos.

—¿Entonces la felicidad o la…realización pasa por un acto de egoísmo? —Preguntó Luci.

—No…pero no es perfecta la vida ni la gente…mi apreciación es que el individuo fracasó tremendamente viviendo en sociedad, hizo que el mundo se destruya con gran velocidad….y cuando ves todo eso de primera mano, cuando tomas contacto con el dolor humano y lo sentís en tu sangre…—Dijo apretando el puño—…es insoportable no poder hacer nada.

—¿Por qué…no podes hacer nada?—Replicó Luci.

—Por qué tiene más fuerza la energía negativa, tiene un poder inconmensurable Luci. Ustedes tal vez puedan digerir todo ese caos por un tiempo…yo tuve que retirarme de ahí. Así que Luci, la atención como un fuego, porque no sé dónde está el peligro…solo eso. Este viejo loco, en el medio de la nada, te ama…pero tu vida es tuya...—Dijo y nos dejó bastante deslumbrados y mudos por supuesto.

Pasé una buena noche, no soñé nada ni me levanté a mear, creo que había soltado un gran estrés. Cuando me desperté la vi a mi querida noctámbula leyendo el diario de mi abuelo. La vi y estaba muy metida en la lectura con un cafecito junto a la ventana. Ni bien descubrió que me desperté me saludo con una sonrisa.

—¡Eh, che!...Qué tocas mis cosas…—Le dije entre bostezos.

—Lo volví a leer completo…el único nombre propio es el de este karam…después son todas siglas…no sé, también hay mucho de interpretación entre líneas…es evidente que tu abuelo no podía ser del todo explícito. Yo creo que todo es real —Me dijo muy convencida.

—¿Lo del trasplante?—Le pregunté.

—Todo…ese tipo Karam estuvo con el que vos decís que es tu viejo y con el “Resucitado”.

—Si…—Le respondí y me senté sobre el colchón. Pensé un poco y agarré mi celular.

Luci me miró y continuó releyendo y hurgando entre las páginas. Yo llamé al único que me podía brindar más información:

—Hola papá… ¿Cómo estás?

—Bien papito…estoy teniendo una mejoría, no sé…como un aventón anímico ¿Vos?

—Bien…acá andamos…me hice un viajecito a Córdoba…con una amiga.

—Ah…miralo al tipo ¿Amiga?

—Si viejo...—Le dije entre risas— Che…viste en el diario del abuelo…hay un par de nombres que por ahí te suenan…un tal Juan Manuel Karam… ¿Te suena?

—Sí, el gaita…el Español. Vino una vez cuando Carlos estaba por estirar la pata…se encerraron a discutir en el consultorio…estuvo una noche y se fue. Estaba más loco que tu abuelo ese.

—Y… ¿Por qué el abuelo protegía tanto su diario…? —Le pregunté.

—Si ya te conté…decía que lo perseguían, que lo querían matar…eso decía cuando ya estaba delirando…hasta me pidió que le queme un montón de papeles, archivos y no sé qué…creo que eran carpetas que le trajo el gallego. Yo casi le quemo hasta su diario pero me pidió por favor que lo esconda bien, que se yo…estaba más paranoico.

—Si…no, lo que pasa es que no puedo publicar hasta saber cuánto hay de verdad y cuanto de fantasía.

—¿Pero no se iba a llamar “Diario de un loco”? Transcribilo tal cual está y publicalo… —Me dijo muy seguro y yo me contuve para no contarle sobre mis presunciones.

—Voy a ver qué hago…Tengo…un poco de miedo —Le dije, no sé por qué.

—¿Y para mí que queda papá? Vivo con el miedo hace bastante…No llegué a los sesenta Nino…no tengas miedo…seguí con tu pasión. Mira que esto es un ratito… —Me dijo con su ternura paternal—…Algunas velas se apagan con el primer viento que entra por la ventana y otras tal vez pueden soportarlo y hacerse resistentes…pero toda vela se consume al fin, así que…si hoy te levantaste sano…aún estás prendido, tenés una oportunidad. Detrás de los miedos te espera la vida, andá por ellos campeón.

—Gracias papi…Voy a averiguar del tipo este. Después te llamo, chau.

—Chau hijo.

Corté y la miré a Luci.

—Mirá…—Me dijo y me exhibió su teléfono— Juan Manuel Karam…Barrio La flor, calle 404 número 52…Barcelona.

—Ah…mira la detective Ayala…—Le dije y pegué un salto de la cama para ver la información.

—Lástima que no hay un teléfono —Repuso ofuscada.

Yo me senté junto a ella, miré las sierras a través de la ventana y respiré bien hondo.

Lucí re leía su celular y buscaba más datos. Yo puse la mano sobre el diario del abuelo, la miré y le dije:

—Luci…Vamos a España

—¿Qué…? ¿Estás loco?—Me respondió obviamente.

—Necesito resolver todo esto…dale...vos también lo necesitas —Le propuse.

—No me psicopateés…—Me dijo riendo e ilusionada—...me dan miedo los aviones. Nino…tenemos que volver a trabajar.

—Nos podemos enfermar, puedo hacer certificados para los dos… ¿Qué querés que digan:…reposo por estrés, brote psicótico….? —Le dije clavándole la mirada.

Y así fue que remontamos vuelo, después de mirarnos largamente bajo un brillo matinal que cobijaba nuestra locura y nuestra ilusión, nos dejamos contagiar de libertad y salimos a la ruta otra vez. Le dejamos una nota al “Brujito” que aún dormía y nos fuimos hasta la capital Cordobesa. Tramitamos los pasaportes y nos embarcamos en el primer vuelo a Barcelona.

Ya estando arriba del avión, nos hallábamos un poco tensos y callados desde que habíamos abordado. Abrochamos los cinturones siguiendo las órdenes de la azafata y el avión empezó a andar. Ahí la miré a Luci y me di cuenta que la muy orgullosa no me había dicho que le tenía más pánico que yo a los aviones. El avión comenzó a agarrar velocidad para el despegue y Luci aplastó mi mano con la suya…me la apretó muy fuerte. Ambos hiperventilamos un poco y en unos instantes ya estábamos en vuelo. Nos mirábamos, sonreíamos entre el miedo y nos empezábamos a relajar. Después de casi una hora de vuelo aún seguíamos de la mano pero con mucha calma, era extraño ver a Luci mirando por la ventanilla y tomada de mi mano. Nos hicimos leves caricias con los dedos y ya dudábamos en mirarnos. Yo pensé: «Puta madre…otra vez no…esas cosquillas, otra vez no…» Pero sí, me estaba pasando, me entraron unas ganas tremendas de besarla. Y lo hice…en su mejilla. Ella de reojo contempló mi acercamiento y solo se sonreía. Después de ese suave beso me quedé cerca de su cara con la cabeza apoyada en el asiento. La miré y la miré a solo 20 centímetros, hasta que ella decidió que nos besaríamos. Giró su cara y pude sentir su respiración chocando con la mía. Nos besamos…nuestros olores, nuestra saliva…todo se mezcló, aquél beso nos elevó y dejó pequeña nuestra búsqueda.

Lucí durmió su imperiosa siesta y yo traté pero no pude pegar un ojo, estaba bien descansado y alerta. Así que, la tarde se me pasó entre la reiterada lectura del diario y observando algunos tramos de las tres películas que pusieron al hilo. De a ratos sentía irreal todo lo que estaba pasando, contemplaba el sueño de Luci y me preguntaba a dónde estábamos yendo.

Por suerte, la cena la trajo de vuelta a la vigilia y solo nos faltaban cuatro horas de vuelo.

—¿Dormiste bien…?—Le pregunté.

—Sí…pasando por alto un sueño en el qué caíamos al océano…si, bastante bien —Me contestó despabilándose.

Cenamos tranquilos y de sobremesa discutimos diversos temas, estábamos buscando nuestras similitudes supongo:

—Después del auge del feminismo se diversificaron las fobias…se engendraron nuevos patrones de conducta completamente impensados.

—Pero el feminismo surgió para hacer valer nuestros derechos…y nuestra integridad… ante el avasallamiento del “Macho” —Me decía muy elocuente.

—¿Y qué cambió? Todos esos movimientos envuelven odio y discriminación…están forjados con una buena intención, por causas de vital urgencia…pero el ser humano no aprendió que donde hay división hay conflicto…no sale nada productivo de ahí, nada sano.

—No contiene odio el feminismo —Me dijo muy seria.

—Si… ¿Para qué separarse? Lo dijo tu tío también…agruparse, dividirse ¿Para qué?

Inventaron el feminismo para contrarrestar al machismo…y nos seguimos dividiendo. Así es como el mundo avanza hacia atrás.

—Pero no todos son tan inteligentes como usted Doctor —Exclamó riéndose— Por lo menos hay una intención de cambio…tal vez es solo el principio…los grandes cambios culturales, sociales requieren que alguien alce la voz. Conseguir una unidad por ahora es una hermosa utopía…la gente se conoce después de matarse entre ellos.

—No sé…si, obviamente nos acostumbramos a hacer una guerra para conseguir la paz…somos unos primates aún.

—El rompecabezas es más divertido cuando está desarmado…así somos Nino —Me dijo y yo callé impresionado. Basta de charlas profundas pensé, aquellos intelectuales me habían vuelto un reflexivo empedernido. «Soltá los pensamientos…tenés al amor en frente hermano...», imaginé.

Improvistamente nuestras miradas se encontraron y callamos, solo nos miramos por un largo rato con sonrisas de por medio.

Llegamos a Barcelona, salimos del aeropuerto y nos metimos en el primer taxi que cruzó. Le indicamos la dirección al chofer y él asintió rápidamente. «Perfecto…», pensé. ¿Estaríamos cerca de la verdad? «Que este tipo esté vivo, que sea él…», divagaba en mi cabeza.

De tanto en tanto nos mirábamos con Luci y la incertidumbre se había adueñado de los dos. Nos manejábamos con gestos y leves ademanes. Llegamos a la dirección, que no era muy lejos, y nos bajamos. Era una zona de pocas casas, un lugar bastante pacífico. Yo había pensado una introducción más seria pero lo único que podía hacer era chapear con el apellido y ver qué pasaba. Golpeé la puerta y aguardé, Luci estaba un par de metros atrás. Y como si estuviera tras la puerta, un tipo abrió rápido y nos miró feo. Era un hombre entrado en canas y de tupida barba, estaba muy desprolijo y con un bata vieja.

—¿Si…? —Me dijo.

—Buen día...estamos buscando al señor Karam…Juan Manuel Karam —Le dije y el tipo me miró más feo aún.

— ¿De parte…?

—De parte de Nino….Fournier…—Le contesté, y ahí abrió más los ojos.

—¿Fournier?...—Repuso y nos observó un instante. Después miró para todos lados y nos invitó a pasar como con apuro— ¿Fournier…? —Repitió.

—Sí, soy el nieto de psiquiatra Carlos Fournier ¿Usted es Karam…? —Volví a repetirle.

—¿Vinieron solos…dime la verdad…? —Soltó casi entre susurros— Si los están obligando…hazme un guiño, algo.

—Señor...—Interrumpió Luci al ver la paranoia desatada por el hombre— Viajamos bastante…queremos entrevistarlo por unos escritos del abuelo de él…él está escribiendo un libro y necesitamos su ayuda por favor ¿Puede ser…? Yo soy periodista y él es Psiquiatra…—Lo instó Luci, que había leído muy oportuna la confusión en el tipo.

—Pero…ustedes se están metiendo en algo…muy peligroso —Aclaró con algo de temor en sus ojos— Okey…vengan conmigo —Propuso y lo seguimos por un pasillo.

Entramos a una casa bastante precaria con toneladas de libros apilados por todos lados, también había muchos papeles y carpetas. Olía a sahumerio y un gatito corría por ahí. Nos solicitó que tomáramos asiento y accedimos. Yo estaba abrazadito al diario y Lucí relojeaba toda la casa. Karam se sirvió un whisky y se lo mandó de un saque.

—Bueno… ¿Tu quieres escribir un libro sobre tu abuelo…es así? —Inquirió el Español.

—En realidad quiero publicar lo que él escribió…su diario, sus memorias —Le comenté y él se quedó duro.

—¿Te has vuelto loco hombre…? ¿Qué es exactamente lo que vas a publicar…? —Me dijo bastante preocupado.

—Todo…tal cual está escrito.

—Tú no sabes lo que haces…has tenido suerte de llegar hasta aquí…voy a salvar tu pellejo ¿Cómo me han hallado?

—Acá mi compañera es experta en búsquedas… ¿Por qué es peligroso esto? —Le pregunté simulando que comenzaba a alarmarme.

El gallego se rió irónicamente y se sirvió otro whisky.

—¿Cómo se llamará tu libro?

—“El diario de un loco” —Repuse muy serio.

Y ahí el tipo lanzó una carcajada que me fastidió bastante.

—¿Loco…tu abuelo?...No, o tal vez sí…pero tú no puedes publicar una palabra de lo que él ha escrito porque esa es tu sentencia de muerte…y la de cualquiera que haya oído o sepa algo —Replicó muy contundente.

Por unos instantes el silencio arribó y Luci, como siempre, entro en acción para salvarme:

—¡Escucheme señor…él es el nieto de Fournier…y es el hijo de Efraín….! —Le dijo bien efusiva. Karam que nos estaba dando la espalda, volteó y me miró:

—¿Efraín…tu eres su hijo…? …Eso no lo sabía —Respondió con gran sorpresa.

—Sí, el hombre que veía a los muertos…—Insistió Luci. El gallego suspiró y se sentó frente a nosotros.

De pronto Karam pareció rendirse, me miró y me dijo:

—Tu papá era un tío bastante chiflado… ¿Lo sabes?

—No lo conocí…sé de él por este diario.

—Este diario está dedicado a usted al parecer… —Se apresuró a decir Luci y me quitó el diario. Abrió la última hoja y le exhibió la dedicatoria karam.

—Sí, lo sé. Nunca realicé ese viaje a Argentina, no me dejaron hacerlo…pero no imaginé que ese diario sobreviviera…ni tu familia tampoco —Me dijo— Chicos…hay gente que no quiere que se sepa esta verdad…gente extremadamente violenta, personas que trabajan en las sombras…A mi me tienen preso aquí, en mi casa…y no puedo alejarme demasiado —Confesó muy rotundo y nos mostró su muñeca izquierda. Dentro de su brazo titilaba una luz roja— Me controlan…desde hace veinte años…Me han robado la vida—Dijo lamentándose y después nos mostró la muñeca derecha donde también tenía una cicatriz vertical— Aquí también han intentado implantarme algo pero creo que no han podido.

—¿Quiénes…? —Le preguntó Luci muy intrigada.

Él dudó un poco y lanzó un nombre en inglés:

—The blue deer hunters.

—¿Blue deer hunter…? —Repetí incrédulo hasta ahí.

—¿Cazadores del ciervo azul…? —Se preguntó Luci y pensó—…Blue deer hunter….B.D.H. —Dijo para sí misma —¡¡B.D.H…!!—Repitió fuerte y me miró.

—Sí, esos malditos nos han perseguido por décadas…tu abuelo se salvó por su inminente deceso y su alzhéimer…y yo...por cobarde. Esta organización liquidó a todos, borró todas las evidencias de todos los estudios realizados en Canadá.

—¿Del proyecto…? —Le dije ansioso.

—Si…iniciamos una revolución y nos obligaron a desaparecer. Ustedes no son los únicos detrás de esto…ellos aún siguen buscando rastros de los involucrados aunque creo que ya han acabado con gran parte de ellos.

—¿Por qué alguien querría destruir un avance tan importante de la ciencia…?—Dijo Luci. Y mientras tanto, el gallego no dejaba de lamentarse.

—Para que la historia no se cuente con afirmaciones…para que la gente diga: “Dicen que…”, “Dicen que una vez…”. Nunca se cuenta algo como verdad…todo tiene destino de mito.

—Por eso el abuelo estaba tan preocupado.

—Sí, hubo una gran cantidad de recopilación de videos y material…archivos de pacientes y donantes pero Fournier y yo decidimos quemar todo eso ¿Lo ha hecho nó?

—Si mi papá lo hizo…mi otro papá.—Le contesté

Karam bajó la cabeza y se lamentaba muy apenado.

—Una tragedia…todos los que fueron parte murieron de extrañas y dudosas enfermedades, las instalaciones de Canadá fueron destruidas…no ha quedado nada amigos…solo ese diario…Nino. Es mejor dejar todo así.

—Sí yo no leí mal…hay un hombre deambulando ¿En París...? Un hombre con el cuerpo de otro —Le mencionó Luci al ver a un acobardado Karam.

—Sí…el hombre que trajo Efraín…él solo desapareció. Leo se llamaba…él único hombre que volvió de la muerte.

—¿Y…como podríamos encontrarlo? —Le preguntó Luci muy insistente.

—No has oído niña…todo esto es muy peligroso…probablemente los hayan seguido hasta aquí, abandonen esta locura…este Leo no quiere ser encontrado, no le importa…desapareció buscando…un amor fantasma.

—Mi abuelo habló de “los siete hombres”, siete…miradores... o algo así.

—Todos muertos…igual que los científicos y médicos que estuvieron trabajando en el trasplante…No hay nada muchachos, no hay nada para hacer, solo desaparecer. Esta historia nunca será contada…a menos que quieran hacerlo y después suicidarse.

—¿Tan temibles son los Blue deer hunters? —Le preguntó Luci.

—Sí, me mantuvieron cautivo casi un año...me pusieron el implante rastreador, me torturaron, mataron a mi mujer…y…me dejaron vivir porque entregué varios nombres —Le contestó con un gran dolor.

—¿Y a Leo no lo quieren…? —Inquirí ya casi rendido como él.

—Pues obvio…él es el principal buscado…y ha logrado permanecer oculto…vaya a saber dónde.

—No me entra en la cabeza que quieran tapar semejante verdad loco…—Dijo Luci algo enojada y se paró.

—¿Tu qué harías...? —Le preguntó Karam.

—¿Yo?...¡Encontrarlo y llevarlo a la televisión...contar su historia a todo el mundo!

—¿Con qué pruebas…? No hay nada, solo palabras…solo recuerdos. Quedaríamos como unos dementes frente a todo el mundo y encima nos liquidarían a todos. Es absurdo lo que dices.

—Entonces ¿Qué hago? ¿Me doy vuelta, me voy a mi casa y sigo sirviendo café a la gente?

—¿No eres periodista? —Replicó el Español.

—No…pero esto tiene que salir a luz…ahora no estás más solo, somos tres… ¡Hagamos algo! —Dijo Luci envalentonada.

—Yo ya no sé que voy a publicar —Murmuré.

—Te iría bien con un cuento fantástico pero yo no me arriesgaría…ustedes son jóvenes chavales…dejen todo esto —Insistió Manuel

Yo hice una pausa y me puse a reflexionar unos segundos. Luci se acercó a la ventana y el Gaita nos observaba.

—Es que…no puede ser que algo tan grande pase por la historia y no modifique nada…que nadie se entere. Tal vez no debería haberse hecho en secreto porque eso les hizo el trabajo más fácil a los “Ciervos” estos —Solté con gran cansancio en mi voz.

—El apoyo que teníamos era muy reducido…se creía que nuestro descubrimiento causaría un caos mundial… ¡Todo el mundo queriendo revivir a sus parientes! Eso se pensaba…y solo tenían miedo…esa es la reacción del miedo, la resistencia. Después del trasplante, unos siete años después, viajé a Francia y me encontré con uno de los “Cabritos”…hablé con él y dos semanas después apareció muerto en la entrada de mi hotel…así estaban las cosas por esos días, me había contado algo muy loco…porque él había vuelto a encontrarse con Leo y me dijo que…Leo se rencontró con su mujer pero solo estuvieron pocos años juntos y se habían separado hacía muy poco…me dijo que Leo volvió a América…entonces él siguió hablando con la chica, una tal Guadalupe ¡Y sabes que me dijo este “franchute” desquiciado…?…Que Guadalupe se convirtió en pájaro…para poder encontrarlo, para volar por el mundo y encontrar a su amor…Ahora esta tía era una Corneja Negra…—Concluyó sonriendo descreído y a mí se me erizó la piel. Me quedé boquiabierto y le respondí.

—No es ninguna locura…tengo una buena noticia…ella nos está siguiendo —Le dije muy firme y los miré a ambos.

—¿Qué dices chaval…?—Me preguntó muy suspicaz aunque sabía bien que todo era posible en aquél mundo. Luci también me miró desconfiada.

—Esa…Corneja Negra me sigue hace días—Le aseguré y fui hasta la ventana para ver si no andaba por ahí. No la vi pero sentí que era ella, todo cerraba al fin— Juan Manuel … ¿Por qué nos sigue…Guadalupe? ¿Por qué fuiste a Francia…? —Repliqué.

El gallego no me contestó pero nos fulminamos con las miradas. Él levantó la mano como disculpándose y se fue al baño. Luci fue junto a mí y me dijo:

—¿Un pájaro…?

—¿Qué te sorprende…?...Con todo lo que descubrimos ya.

Karam salió rápido del baño y nos dijo:

—Yo viajé a Francia con la esperanza de entrevistar a estas dos personas pero ni bien toqué suelo Francés Leo se fue a Malasia...como me había comentado el loco este.

—¡Dijiste que volvió a América…! —Le soltó Luci algo violenta y yo le clavé la mirada. Ahí se puso tensa la cosa y los tres nos incomodamos.

—Bueno…eh…vamos a relajarnos —Dije al sentir una gran tensión.

El Español dudó un poco, lo veía con ganas de hablar más pero estaba dubitativo, entonces dijo:

—Chicos… ¿Dónde van a dormir esta noche…?

—No sé…buscaremos un hotel. —Le dije y dejamos que la charla vire hacia otro lado.

—Quédense aquí…tengo lugar…duerman en mi habitación y yo me quedo en el sillón…mañana buscan un hotel ¿Okey? —Nos propuso. Yo y Luci nos miramos y aceptamos con un gesto.

Al rato nos trajo algo de comer e improvisamos una cena tempranera muy callados. Luci le utilizó el baño y se dio una buena ducha, yo me recosté y comencé a dormitar… tanto viaje me había agotado.

Cuando entró Luci, en puntas de pie y con solo una toalla cubriendo su cuerpo, me susurró:

—El gallego se durmió con tu diario encima.

—Está aflojando…—Le contesté— Sabe mucho más de lo que dice.

Luci se acercó, con algo de timidez, y se sentó al borde de la cama dándome la espalda. Yo no pude contenerme al ver toda su sensualidad…ese pelo chorreando agua sobre sus hombros…ver cada gota recorriendo su curvatura, aquella figura había despertado un tremendo deseo en mí. Así que, me deslicé por la cama y la abordé besándola en su cuello y acariciando sus brazos. Ella me sintió y tocó mis manos, se dejó besar hasta que nos entrelazamos y nuestros cuerpos cayeron. Pasamos una noche única en un lugar desconocido y lejano…olores y sensaciones diferentes nos acompañaron todo el tiempo.

No recuerdo en qué momento me dormí pero la paz otra vez contaminó mi sueño hasta que, por la mañana, Lucí me sacudió un par de veces:

—¡Nino…Nino! ¡Vení, levantate! —Insistió.

Yo me incorporé medio moribundo y fui con ella. Nos asomamos a la puerta y vimos a Manuel sentado junto a la ventana observando a la Corneja Negra que posaba sobre el marco. Él nos miró con una expresión de absoluta emoción, y así fue por unos eternos segundos. El pájaro no se movía de ahí y Manuel dijo:

—Voy a ayudarles a encontrar a Leo…y para eso…tenemos que visitar a mi madre.

«Uy… ¿Qué se trae este…?», pensé. La miré a Luci y nos ilusionamos otra vez.

Nos preparamos rápidamente y Manuel, como si fuera a realizar algo importante, se sacó su gran barba y se vistió muy elegante. Nada de taxis, ni autobuses…él nos propuso caminar y así lo hicimos por unas treinta y cinco cuadras. Lo único raro de todo esto es que Manuel traía una pala consigo. Yo, por la dudas, no le pregunté nada. Mientras caminábamos por unas callecitas solitarias y saliendo de la zona más urbana conversamos bastante, Manuel se despachó sobre los B.D.H.:

—Estos tipos “Los cazadores” se mueven bajo órdenes secretas que nadie ha logrado develar…no sabemos qué hay detrás de ellos…pero especulaciones hubo cientos:..El gobierno, C.F.C, la Mafia…hasta el mismísimo Papa. Lo que si se sabe es que están liderados por “Malcom”…Malcom es un tipo que emigró de Centroamérica a Estados Unidos a principios de los 80´s. Este tío en realidad se llama Cristiano Malconia y es un mercenario hijo de la gran puta, un multihomicida que algunos han glorificado. A él se le adjudicaron muertes muy, muy renombradas y bueno…este cabrón, con su carisma y su eficacia para liquidar personas, fue escalando hasta liderar los Blue deer hunters. Dicen que se cansó de matar gente con métodos convencionales…como una bala en la cabeza por ejemplo…y desarrolló nuevas formas como ahogar a la gente…su frase conocida es “Agua o sangre…” así como lo oyen, así era el fulano este…un autentico psicópata.

—¿Agua o sangre?—Balbuceó Luci, preocupada por el espeluznante relato.

—Sí…ojo que tiene un costado ejemplar…torturó espías y supuestos terroristas…el tipo ejecutó todo lo que se le ordenó. El que llegaba a manos de Malcom ya no tenía posibilidad de negociar…él es el final del camino.

—¿Y él te vigila? —Le pregunté señalándole la muñeca.

—Si…tengo un satélite arriba mío pero hoy ellos creen que voy a visitar a mi madre. Hace cincuenta años que este cabrón se mueve en las sombras…ahora es un puto viejo de casi 90 años y aún sigue ahí, comandando todo…yo no lo he visto desde hace una década pero me ha dejado en claro que siempre habrá alguien vigilándome. Para ellos eliminar un grupo de científicos y doctores fue pan comido seguramente…pero ellos quieren lo mismo que ustedes señores…la estampilla más jodidamente difícil de encontrar…a Leo.

—¿Lo quieren vivo? —Inquirió Luci.

—No lo creo...solo quieren concluir un trabajo que empezaron hace veinte años. Malcom quiere tener enfrente a esa cabra fugitiva y matarlo él mismo. Tal vez, este viejo espera que Leo venga a mí…pero ese tío nunca lo hará.

—¿Te dejó de carnada? —Dijo Luci— Digo…tal vez por eso aún estas con vida.

Manuel la miro sugestivo y le respondió:

—Debes dejar de servir café niña inteligente. He oído también que unos hombres sagrados lo manejan…a Malcom…unos tíos representantes de los continentes o algo así, gente que ordena matanzas para restablecer un orden social…pero esa teoría es de lo más descabellada.

—No suena muy sagrado…suena a un grupo de asesinos intelectuales que planifican y contratan a otros hijos de puta para que ejecuten sus órdenes.

—Exacto mujer…toda una mitología extravagante. —Contestó Manuel. Yo no podía parar de escuchar sus historias.

—Sean lo que sean…este Malcom es un títere de alguien más… ¿Cuantos “Malcom” puede haber en el mundo? —Repuse instantáneamente.

—No lo sé…a mí me preocupa este —Contestó Manuel abriendo los ojos y frunciendo su boca.

Seguimos caminando y finalmente llegamos a un cementerio, si…a un cementerio…con una pala. « Espero que este no desentierre a la madre...», pensé.

Caminamos entre las lápidas y llegamos a una dónde Manuel se detuvo.

—¡Saluden a mi madre! —Dijo y sonrió. Después se agachó y clavó la palita. Luci y yo nos miramos consternados.

El tipo cavó un pequeño pozo sobre la tumba de su madre y desenterró un paquete. Después, miró para todos lados y tapó el pocito. Nos miró y dijo:

—Bueno…larguémonos de aquí.

Volvimos a la casa y nos tiramos al sillón, estábamos muy cansados. Él se apuró a abrir el paquete y sacó un aparato muy extraño. Intentó prenderlo pero parecía no funcionar:

—Se ha quedado sin batería…—Dijo entre la desesperación por hacerlo andar—¡Necesitamos un USB!

—¿Un USB…qué es eso…? —Preguntó Luci.

—Uy…perdón “Chica moderna”…es un cablecito de mierda que se usaba para todo antes. Creo que debo tener uno por ahí…ahora regreso...—Dijo muy entusiasmado y voló a la pieza. Al instante salió de un salto con el cable en la mano, lo enchufó a la corriente y lo conectó al aparato. De pronto, este prendió…era una especie de GPS.

—¡Ahí va carajo! —Gritó Manuel. Tocó un par de botones y lo observó de cerca. De repente sus facciones se armonizaron y sonrió— Bueno…mis queridos…Luci, Nino… ¡Aquí lo tienen a Leo! —Culminó con una gran sonrisa y volteó el aparato.

Nos paramos y corrimos a ver. Efectivamente era un rastreador y una luz verde titilaba una y otra vez marcando la ubicación en la Argentina, más precisamente en la Patagonia.

—Pero…—Balbuceó Luci— ¿Quién…?

—¡Nó…estos fuimos nosotros! —Aclaró— Pusimos un implante en el cuerpo del donante, Leo no lo sabe…y evidentemente ha vuelto a su tierra natal.

Nos quedamos pasmados por un rato contemplando el hallazgo.

—¿Los “Ciervos” no sabe nada no?—Le dije entre mi asombro.

—No, solo yo y el viejo Fournier lo sabíamos…y por supuesto otros que murieron.

Luci comenzó a irse para atrás como si fuera a desmayarse pero recordé que era su hora de dormir. Así que, cayó en el sillón y quedó ahí. Manuel me miró y yo le dije.

—Tranquilo…tiene el sueño cambiado.

Manuel asintió, sirvió un par de whiskys y nos sentamos a la mesa. Siguió revisando el aparato y me exclamó:

—¡Bahía de los naufragios!...Esa es la ubicación exacta…A ver…—Decía el hombre que parecía resucitar—…estamos en el Estrecho de Magallanes…entre los hermanos Chilenos y Argentinos. Creo que deberán volar a Santa cruz.

—En algún lugar escuché…Bahía de los naufragios… —Le comenté mientras hacía memoria.

—Parece que nuestro hombre ha volado al fin del mundo, no creo que quiera ser encontrado…eso te lo aseguro.

—¿Por qué tanto misterio…? —Solté decidido.

—No es misterio…ellos, los protagonistas de esta historia, nunca quisieron nada de científicos y exhibicionismos de ningún tipo…la verdad es que sabemos muy poco, los que realmente saben del pasaje entre la vida y la muerte son ellos…creo que desconocemos sus verdaderos propósitos y por eso es que aún estamos tentados de experimentar, de indagar.

—¿Ellos prefieren ser parte de un mito…? —Repliqué mirándolo fijo.

—Ellos están en una dimensión diferente…no sabemos que hay ahí…si hay tiempo, si hay reglas…si les importa trascender o solo existir. En aquél proyecto habíamos logrado un balance supremo entre la ciencia y la espiritualidad, algo nunca jamás logrado pero era algo inusitado…demasiado estrafalario...alterar así un curso natural, los ciclos biológicos del ser humano…—Decía con melancolía— Y ahora solo quedamos nosotros…queriendo reinventar la historia…sinceramente no sé de qué lado estamos ahora. Cuando encuentres a este tipo dile que se arriesgue…que se muestre ante el mundo, que cuente toda la verdad.

—¿Y qué pruebas demostrarán que no estamos locos…? Vos lo dijiste.

—Qué aparecerán todos muertos en par de días —Me respondió muy convincente.

—¿Otra idea mejor…?

—Es lo único que se me ocurre…soy un científico…es una simple ecuación…ustedes confiesan y mueren extrañamente…la gente duda, se investiga…etcétera.

—¿Etcétera?....¿Se acabaron tus cálculos Manuel?

—¡Vamos hombre!...¿Nos has perdido el miedo a la muerte aún? Con todo lo que has leído. ¡No se ve tan mal…! Yo, al igual que tú, le temo a la mitificación de todo esto.

—Si…el tiempo nos va a liquidar…en un par de generaciones con suerte podré ser un actor de reparto de alguna fábula. La verdad es que no me importa, nunca me sentí tan vivo como en este viaje —Me atreví a decirle.

Manuel se sonrió y observó su whisky, jugaba con su vaso y se ponía pensativo. Así de la nada, bajó su tono y comentó algo más:

—¿Nunca te has levantado a mear en la madrugada de verano?...Digo…en el patio de tu casa.

—No que recuerde.

—Hay una particularidad justo antes del amanecer…un momento de un silencio prístino y fascinante. En mi juventud vivía en un pequeño recinto sin baño, sin comodidades, así que por las noches tenía que mear en el patio…no iba a despertar a la vieja que me rentaba la casucha para pasar al baño…entonces meaba ahí en el pastito…y esa brisa tan fresca y la fragancia de la madrugada me acariciaban el alma…allí recordaba que estaba vivo…amaba estar vivo. Sentía la pureza de un paisaje silencioso en el que el mundo aún no había despertado.

El whisky nos sinceraba a cada trago y continué reflexionando:

—La vida presenta sus momentos más agraciados de formas muy simples…y casi siempre lo dejamos pasar…para complejizar todo —Le dije, sirviéndome un poco más de whisky.

—¿Aún quieres ir a molestar a este Leo…?

—Siento que tengo que hacerlo…yo estoy en esas páginas también…—Le contesté y señalé el diario.

Manuel se paró improvisto y fue junto a la ventana. Observó y puso un rostro de preocupación.

—Otra vez…ese auto azul afuera…lo vi esta mañana muy temprano —Me dijo algo alarmado.

—¿Son ellos? —Me apuré a decirle.

—No lo sé, tal vez…Ni bien despierte nuestra amiga Luci tienen que partir.

Pasaron un par de horas y desperté a Luci. Manuel ya había encargado un taxi que llegaría en minutos. Él nos trajo algo de comida, ropa y nos dio un pequeño bolso.

—Nos tenemos que ir...—Le dije a Luci que me miró media sonámbula. Manuel miraba por la ventana y Luci corrió al baño.

—Se han ido…—Repuso Manuel.

—Okey, perfecto...—Dije tratando de calmar mis ansias de partir—…Gracias Manuel…por todo…te dejé anotado mi teléfono…seguiremos en contacto.

Él me miró y supe que las despedidas no le sentaban bien o algo más le pasaba. Luci salió del baño y dijo:

—¡Vamos…! Manuel…un placer conocerte…tienes que venir para Argentina algún día.

—Si mi niña…haré el intento.

Afuera se oyó un bocinazo y era nuestro taxi. Salimos y Manuel nos saludó muy afectuoso y algo compungido. El taxi partió y llegamos bastante rápido al aeropuerto.

Allí sacamos los pasajes a Río gallegos y nos sentamos a esperar mientras Luci desayunaba algo. Pasaron no más de veinte minutos y vemos que Manuel ingresa al aeropuerto y se dirige hacia nosotros. Se acercó y lo miramos sorprendidos:

—Perdón chicos pero me voy para la Patagonia —Nos anotició tomándose la muñeca.

Vimos que tenía un vendaje con algo de sangre y nos alertó.

—¿Qué pasó? ¿Qué hiciste? —Le preguntó Luci.

—Me he sacado esa mierda…me voy con vosotros—Dijo adolorido y sonriente.

Definitivamente habíamos despertado algo muy profundo es ese hombre. Tal vez lo habíamos rescatado emocionalmente de su largo encierro. Y así fue que Manuel se vino con nosotros. Antes de subir al avión compró un pegamento y solito en el baño del aeropuerto se pegó la incisión que se había practicado.

El viaje se nos pasó rápido entre charlas y anécdotas, a pesar de que eran más horas que el vuelo anterior. Hablamos sobre cómo abordar a Leo. Que hacer, que decir y que proponerle. Nos fijamos en el rastreador y no se había movido de allí así que la esperanza siguió intacta.

Ni bien bajamos en Río gallegos decidimos alquilar un auto porque nos esperaban unos kilómetros de ruta. Manuel manejó, en el avión nos había comentado su intenso deseo de conducir, algo que no había hecho en décadas.

El lugar era paradisíaco, una fantástica postal sureña. Aquél aire puro era algo que yo desconocía.

Mientras íbamos arribando a Chile, conversábamos sobre nuestro futuro:

—Yo…tendría que radicarme aquí. Cuando Malcom vea que el rastreador no se mueve irá a mi casa y allí será cuando me convierta en fugitivo…ya no me importa sabes —Dijo Manuel muy convencido.

—Sí, podemos ayudarte a buscar algo en Buenos Aires…hay que cambiarte la identidad—Le dijo Luci entusiasmada.

Manuel sonrió y la miró a Luci, la miraba con mucha ternura, como un abuelo:

—¿Y tú Luci?...¿Dejaras de servir café? —Le preguntó muy sonriente.

—Tal vez…quiero retomar la facultad…—Le respondió ella, mirando por la ventanilla— Estaba en medicina y abandoné porque me dormía en clases…—Concluyó y ambos estallamos de risas.

—Ves Nino por que la quiero…—Me dijo Manuel.

—Che no se rían bobos…dije algo seria.

—¿Y tú…Nino? ¿Qué harás con tu existencia…? Tal vez hoy consigamos un final para tu libro.

—Espero que así sea…no lo sé…tengo que desarrollar una teoría que tengo sobre las enfermedades mentales, tengo que investigar a fondo porque eso fue el principio de todo…es lo que me trajo hasta acá…pero probablemente termine con un chaleco de fuerza si me meto en esa. Ahora que lo pienso…me doy cuenta porque el abuelo se manejó en secreto con todo esto…para que no lo tomen por loco, para que no lo encierren y le impidan trabajar…pero bue, yo no sé si quiero sacrificar todo lo que amo para perseguir una teoría.

—Es verdad, nada es gratis amigo mío…pero, tal vez hoy entremos intactos en la historia.

Continuamos por algunos minutos más y llegamos al estrecho. Nos detuvimos y Manuel miró el GPS.

—Bueno chicos…es por aquí, 1200 metros tierra adentro…dejemos el coche allí —Dijo y señaló una hondonada a veinte metros de la ruta. Así que, dejamos el auto medio escondido y nos dispusimos a caminar. Era un panorama bastante desértico con un poco de pasto disperso, tierra y arena. El frío era abrumador y el mar se avistaba no muy lejos. Llegamos a la costa y una intensa niebla arribó, parecía haber salido de la nada para cubrirnos. En ese momento, Luci me tomó de la mano y Manuel iba un poco más adelante. Creo que se veía apenas a cien metros, todo se había tornado muy gris.

Caminamos bien cerca del agua por unos metros. Yo observé el mar y se lo notaba bien embravecido. El viento comenzó a crecer y para donde mirara se veían diferentes tonos grisáceos. Manuel iba apurado y empezaba a luchar con el vendaval. De pronto…lo más terrible: Una camioneta negra se nos cruzó, interceptó a Manuel que iba adelante. Manuel se asustó un poco y retrocedió, se colocó junto a nosotros. La camioneta bloqueó nuestro camino y nosotros quedamos quietos y algo impactados. No tuvimos tiempo de eludirla porque dos hombres bajaron rápido. Eran dos tipos de trajes negros. Uno sacó un arma y nos apuntó. Luci se escondió atrás mío de un salto y yo me paralicé. Nos apuntaba y nos miraba. Manuel solo se quedó quieto y tragó saliva. El otro sin arma fue al auto y ayudó a bajar a alguien, era un viejo que caminaba doblado y tenía un bastón en la mano. Allí fue cuando supe que podía ser este asesino que Manuel había descripto y finalmente lo era. El viejo se acercó con la ayuda del tipo de un lado y del otro lado se ayudaba con el bastón. Se acercó a unos cinco metros de nosotros.

—¿Así que jugando a las escondidas Manolito? —Le dijo a Manuel. Yo sentía el temblor de Luci en mi espalda.

—Malcom... —Enunció Manuel mirándolo.

—Cabrón hijo de puta…sabía que escondías algo… ¿Ves?...El tiempo es mío también…tú me perteneces. Iluso…solo te has sacado el que hace luz —Dijo y Manuel se miró la otra muñeca— ¿Dónde está el fenómeno…? Dímelo y tendrás una muerte rápida —Propuso el viejo que parecía derramar veneno en cada palabra, era un auténtico monstruo con forma humana— ¿Quién lo sabe…ellos? —Gritó y el tipo del arma me apuntó, volviéndose aquél el momento más tenso de mi vida.

—¡Nó…! ¡Ya está…ya nos tienes! —Gritó Manuel— Yo sé dónde está…tranquilos…por favor Malcom, que deje de apuntarnos…le voy a decir todo…—Dijo Manuel tratando de disuadir la situación.

Malcom siguió mirando con odio pero le pidió a su ayudante que baje el arma con un gesto. El tipo bajó el arma y ni bien lo hizo del bolsillo de la campera de Manuel salieron dos balazos que impactaron en el tipo. Yo no lo podía creer, retrocedí con Luci que estaba pegada a mí. El tipo cayó desvanecido e inmediatamente Manuel sacó el arma, que yo no sabía que traía, y liquidó al otro. Se acercó y lo remató al ver que se movía. El viejo Malcom pareció no sorprenderse y no borraba su pequeña y diabólica sonrisa. Era un anciano doblado por la mitad, su cabeza apuntaba al suelo y se esforzaba para mirar hacia adelante.

Manuel, algo agitado, caminó alrededor de Malcom:

—¿Y ahora Malcom…que vas a hacer pedazo de cucaracha?—Le dijo Manuel con mucha rabia. Nosotros observamos y era todo aterrador y cinematográfico—…Por hombres como tú la historia nunca se cuenta como es…la historia nunca cambia, siempre es alterada…nunca verdadera. Estamos en una Bahía llena de naufragios…nadie va a notar uno más...Señor Malcom...ha tenido un largo viaje— Le dijo Manuel y después miró el mar—…¿Agua o sangre? —Le preguntó exhibiéndole el mar como la primera alternativa.

—Estás muerto Karam… ¿O crees que yo solo estoy detrás de ti?

—¿Agua o sangre? ¡Ahora!—Pregunto insistente y gritó — ¡Ahora!

De repente el viejo se rindió y soltó su bastón. Lo miró a Manuel y pareció reconocer su acto asintiendo. Manuel no dejaba de apuntarlo. El viejo caminó lento hacia el agua. La miré a Luci y estaba tan obnubilada como yo. Manuel siguió apuntándolo mientras Malcom ingresaba al agua. Yo lo miraba y pensaba que obviamente ese anciano con su cuerpo tan gastado y deformado no sobreviviría a semejantes olas. El hombre entró al mar y se sacó su camisa, allí se detuvo un instante y volvió a mirarlo a Manuel que nunca dejó de apuntarlo. Aquél pequeño hombrecito en cueros traspasó las primeras olas y de a poco su blanca cabellera empezó a perderse entre la espuma y el agua. Creo que ni yo hubiera sobrevivido a semejante agite de las aguas y así fue como lo perdimos de vista. Manuel bajó su arma y nos miró con un semblante indescriptible.

—Ayúdenme…vamos a enterrar a estos tíos…—Nos propuso y nosotros le hicimos caso— Vamos a ganar tiempo… ¿Ahora saben donde se han metido? —Nos preguntó con una sonrisa liberada.

Cavamos un pozo bastante hondo en la arena y sepultamos a los dos finados. Y como si la naturaleza nos hubiera acompañado en dicho suceso, la niebla comenzó a erradicarse de la costa y la tormenta que parecía avecinarse desapareció gradualmente. Mientras Luci y Manuel terminaban de tapar el pozo yo levanté la vista y a unos ciento cincuenta metros divisé un barco encallado, rápidamente recordé el barco de las noticias, el naufragio del cual se hablaba. Y si, era ese barco. Comenzamos a caminar y fui dándome cuenta que aquél navío cubierto de óxido era el de las noticias.

—¡Es ahí! —Dijo Manuel exaltado— ¡Es en ese barco…!—Repitió y observaba su rastreador.

Apuramos el paso y un hombre nos abordó, salió de atrás de unos médanos y corrió hacia nosotros:

—¡No pueden estar en esta zona sin permiso!

—¿Y usted quién es…? —Le dijo Manuel que venía bastante inflado por su hazaña.

—Soy…el cuidador, acá solo entran contingentes supervisados…—Respondió titubeando.

—Ya sé quién es este…—Dije al reconocerlo—Este está lucrando con el barco…dice que el barco habla…—Continué y mientras lo remarcaba me di cuenta que por ahí el tipo sabía algo.

—Esperen…Yo los puedo hacer ingresar al barco pero tienen que abonar…hago descuentos a jubilados… —Prosiguió temeroso y ahí nos percatamos que solo era un rastrero.

—¡Vamos! —Dijo Manuel y lo apartó de un empujón. Arrancamos y el tipo trató una vez más de detenernos:

—¡No…no pueden entrar sin permiso! —Exclamó y se paró otra vez frente a nosotros.

—¿Quieres permiso? —Dijo Manuel y le mostró el arma en la cara— Aquí tienes el permiso gillipollas…quítate de aquí.

Seguimos adelante y Luci le preguntó a Manuel:

—¿De dónde sacaste el arma?

—¿Recuerdas el lío en el baño del aeropuerto…las viejas peleando y sus hijos, los bolsos… y todo ese revuelo que les he contado?

—Sí, se escuchaban los gritos desde el bar —Les recordé.

—Bueno…una joven policía fue mi víctima…—Comentó y sonrió—Solo se comerá un sumario por extraviar su arma…veinte horas de vuelo sirven para cranear un escandalete así —Concluyó sorprendiéndonos.

Fuimos hacia el barco, llegamos hasta allí y a pocos metros nos detuvimos. Luci y yo miramos el aparato y la luz titilaba otra vez, habíamos hallado el lugar. Nos miramos entre todos, yo respiré muy fuerte porque no sabía que sucedería ahí adentro. Vimos que había una especie de hueco al costado y encaramos por allí.

Entramos al viejo barco que olía tremendamente a una humedad nauseabunda. Estaba oscuro pero los agujeros que tenía en sus costados dejaban entrar algunos rayos de luz.

—Este lugar no parece muy habitable… —Dijo Luci y retumbó en un eco.

Caminamos lento por adentro, el silencio era terrorífico y de pronto una voz:

—¡Váyanse! —Se oyó con un fuerte susurro.

Nos miramos los tres y no sabíamos de dónde provenía. Y otra vez el reclamo:

—¡Váyanse ahora!

Luci que estaba agarrada a un tubo nos hizo seña que el sonido venía por ahí. Nos agachamos y esperamos poniendo nuestros oídos en el tubo:

—¡Tienen que irse o morirán! —Continuó. Manuel me miró y se sonrió. Caminamos siguiendo la dirección del tubo y vimos que se incrustaba en el piso del barco pero no se veía ninguna puerta o compartimiento.

—¡Leo…!—Dijo Luci y nos sorprendió— ¡Sabemos que sos Leo…podés salir tranquilo!

Al escucharla sentí coraje y hablé:

—Leo…soy el hijo de Efraín y Fournier es mi abuelo…solo queremos hablar, solo eso…Nadie quiere capturarte esta vez —Dije muy sincero y un chapón se movió en el piso. Una mano asomó y corrió el chapón del todo. Manuel estaba estupefacto y nosotros también. Un hombre asomó primero la cabeza y después su cuerpo. Salió del hueco y se paró frente a nosotros, se lo veía pleno pero muy sucio a este hombre cincuentón.

—Efraín no tiene un hijo…—Me soltó.

—Es una larga historia...—Le contesté— Te presento a Luci y a Manuel.

—Karam…lo recuerdo...—Contestó Leo mirándolo. Luci lo miraba casi anonadada— ¿Por qué me buscaron?...Ese idiota que escuchó mi voz y alertó a todos en las noticias ¿Él los trajo hasta aquí?

—No Leo…tú tienes un implante, tu cuerpo lo tiene…Y yo te protegí por veinte un años…de gente que no nos quiere ver vivos a ninguno de nosotros…Aquí mi amigo Nino Fournier tiene la intención de publicar un libro con las memorias de su abuelo pero en dicho proceso se ha dado cuenta con todo lo escrito es tan real como este barco.

—¿Un libro…? ¿Esa carpeta que tenés ahí? ¿Y cómo lo vas llamar? —Me dijo Leo.

—Al principio iba a ser “Diario de un loco”…pero…—Contesté y él me interrumpió.

—Pero solo será “El diario de Fournier…” ¿O nó?

—Tal vez… ¿Por qué todo esto no puede ser develado? —Le pregunté sincerándome— Así, tal cual fue…o es.

—No lo sé…a mí la ciencia no me ayudó demasiado…romper el flujo natural de las cosas trae sus costos…Ese mundo violento del que provienen, es un lugar gobernado por los pensamientos y solo el castigo nos aguardaría…todavía no se aquietó la mente humana…todavía no están listos.

—¿Y qué vas a hacer ahí abajo…? ¿Vas a vivir tu vida sepultado ahí? —Le preguntó Luci.

—Por ahora…fluyo esperando una revelación…—Le contestó y de repente entraron dos tipos.

—Hola…—Les dijo Leo y nosotros reculamos— Tranquilos…nos conocemos, dejen ahí las cosas…—Les solicitó y estos descargaron unos paquetes— Esperen afuera por favor.

Los hombres salieron y nosotros nos miramos algo inquietos.

—¿Y estos…? —Dijo Manuel.

—Tranquilo… son aborígenes. Hay una etnia de Yámanas acá cerca...ellos me traen ofrendas para que yo envíe mensajes a sus ancestros.

—Ah…conseguiste un buen trabajo…si te quedas aquí te van a matar, hay personas que nos buscan… —Repuso Manuel. Leo se acercó y tomó los paquetes. Los tomó y después los tiró al agujero por donde había salido— ¿Y qué haces ahí abajo todo el día…?

—Nada importante…pero no me aburro…ahora estaba jugando al truco con unos amigos…con un Psiquiatra y su mejor amigo —Dijo y me miró.

Entendí todo y apreté fuerte la mano de Luci. Hubo un pequeño silencio y no imaginé que esa sería la antesala del desastre: ¡Una ráfaga de ametralladora irrumpió grotescamente sobre el barco! Todos no miramos desesperados por el estruendo y al segundo cayó uno de los indígenas junto al hueco del barco, intentó entrar y lo fusilaron en la entrada. Leo murmuró bien fuerte:

—¡Vengan!...por acá.

Lo seguimos hasta la punta del barco y Manuel gritó:

—¡Vayan, corran!

Yo miré para atrás y vi como Manuel recibió con un tiro en el pecho al primero que entró y se quedó sin balas. Nosotros continuamos corriendo y de pronto nos acercamos a la otra salida, allí fue cuando sentí como acribillaron a Manuel. Luci, que corría junto a mí, volteó lagrimeando y desesperada ante los estruendosos disparos:

—¡Por acá! —Dijo Leo, y finalmente salimos por el otro costado del barco.

Corrimos los tres frenéticamente sobre la arena y un disparo alcanzó a Leo que cayó muerto en el acto. Luci sollozaba y yo la tironeaba para que corriera lo más fuerte que pudiera. Corrimos y corrimos desesperados hasta que escuchamos dos disparos. Nos dimos vuelta y vimos que Manuel, arrastrándose con el arma del que había matado, le disparó al que nos seguía. El tipo cayó y Manuel pareció rendirse al fin tirado con medio cuerpo fuera del barco. Nos detuvimos y fuimos hacia Manuel porque Leo yacía con un disparo en la cabeza. En ese instante en que retrocedíamos, el que estaba tirado en la arena, levantó su brazo y me disparó dos veces en el estómago…me atravesó un intenso ardor y caí. El hombre murió después de tirarme, Luci cayó junto a mí y estalló en un desgarrador llanto. Manuel murió y todo se volvió una secuencia de proyecciones intermitentes para mí. Abría y cerraba los ojos, comencé a tener flashes de Luci llorando y el cielo que contorneaba su cabello.

—¡Nino…no, no te mueras! —Oía como a lo lejos. Su dulce voz clamaba por mi vida pero yo comenzaba a abandonar ese cuerpo— No te mueras…quedate conmigo…—Me decía aquél rostro devastado de dolor.

Y así, como si fuera poco, apareció un tercer grupo, otra camioneta se estacionó frente al barco y Luci los divisó entre el miedo y la desesperación.

—Luci…—Exclamé con el último aliento— Corré…por favor corré. Soy médico…me muero…corré —Le repetí— ¡Corré…! Ya sabemos lo que es la muerte….no te voy a abandonar, corré… —Le dije y ella se inclinó para besarme. En aquél último beso sentí que su inspiración me succionó el alma.

Luci se paró agitada y entre lágrimas corrió llevándose el diario entre sus brazos. Yo observé el cielo y este me regaló la vista de un albatros atravesándolo. Los hombres de la camioneta bajaron pero Luci ya se había perdido entre los médanos.

Desperté y seguía allí, estaba parado mirando mi cuerpo tendido. La niebla otra vez se presentó y de ella salió mi papá caminando…sí, el viejo murió el mismo día que yo. Se acercó a mí y lo vi reluciente, liberado del cáncer…liberado del dolor. Me abrazó y me condujo hacía la playa. Todo era sencillez y confort. Miré el barco y vi que la Corneja negra posaba sobre la proa. Seguimos caminando entre aquella niebla protectora, nos mirábamos y nos sonreíamos sin hablar. Volví a mirar el barco y vi a Leo reencontrándose con su amor en un fundido abrazo y me alegró que así sea.

Nunca se sabrá si esto fue una leyenda o un cuento de aborígenes…o tal vez los escritos de un loco. Todo se deshace, lo orgánico se deshace…en mil años se contará una verdad tan deformada que me hará reír. Ahora tengo un nuevo viaje…y tengo la mejor compañía que puedo tener…solo espero que Luci corra muy, muy fuerte y nunca mire hacia atrás, que nunca se detenga y que jamás cuente una sola palabra de toda esta locura.

FIN

21 de Febrero de 2020 a las 21:07 0 Reporte Insertar 0
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