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jacqueline-bodin1581999231 Jacqueline Sellan Bodin

La protagonista, estudiante de psiquiatría, llega a algunas conclusiones respecto al cerebro humano, que...


Cuento No para niños menores de 13. © 2020-A-1063
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Psique

Después de varios años de desollar cadáveres y sacarles las vísceras, en parte para estudiar la conformación del cuerpo humano, en parte para perder la sensibilidad frente a las carnes desgarradas (y sobre todo al olor putrefacto que desprenden), estaba lista para rebanar personas vivas.

A pesar de ello, la primera operación no fue fácil. Una cosa muy distinta es cortar de un tajo preciso el abdomen de un muerto, y otra, hundir el bisturí en medio del músculo palpitante donde se adivina el paso de la sangre y el suave pulso de una respiración tranquila. Tajear una carne consciente, aunque esa conciencia esté parcialmente adormecida, no estuvo fácil.

Nunca quiso estudiar medicina. Su sueño era la psiquiatría. Pero para poder llegar al cerebro debía pasar primero por las más bajas partes del organismo. Esas eran las reglas.

Sin embargo, al ir subiendo hacia su sueño, es decir, hacia la cabeza, la pasión que la había animado en un principio también se había adormecido, como contagiada con tanta anestesia.

La visión de los hígados cirróticos, de los intestinos tumorados y de los apéndices inflamados, le endureció poco a poco el espíritu.

Y luego, ese sistema nervioso central, esa maravilla pensante, tan frágil, tan variable, tan compleja, vista ahora sobre ese recipiente, no era muy diferente a una exhibición de sesos en una carnicería.

Por lo demás, había madurado. Tuvo tiempo para observar a su alrededor y la conducta de sus compañeros de universidad, por no hablar del hombre de la calle, le hacía dudar acerca de la supuesta maravilla que representaba el cerebro.

¿Debía acaso sentir admiración porque esa masa de células interconectadas permitiera a la bárbara multitud que la rodeaba, articular palabras (nunca comprendidas del todo), hacer movimientos (casi siempre ridículos) al escuchar un ritmo pegajoso, o jugar con el teléfono móvil?

No. En todas partes se topaba más bien con mediocridad, insensibilidad e indiferencia.

Este órgano, temblando ligeramente frente a ella como una gelatina en la bandeja, lejos de llevar en sí alguna clase de chispa divina, no es otra cosa que un cúmulo de células diabólicamente dispuestas para enredar lo simple, emborronar lo claro, desviar lo recto.

En apariencia no se diferencia en nada de los de vacuno, que sin remordimiento ponemos a freír.

Sin embargo, esos sesos comprados en la carnicería habían estado habitados por claros pastizales revueltos por la ventisca, por ternuras jugueteadas a lo largo de los cercados, por inocencia, por claridad. Ninguno de esos sesos bovinos que tanto nos gustan encebollados, estuvo lleno de pensamientos lascivos, ni por la envidia poseído, ni por el doblez infame ni la estupidez innoble.

Este, en cambio, que reposa ahora en esa escudilla frente a sí, ¿qué clase de maldad llevaba acumulada entre sus múltiples neuronas? Más capacidad cerebral, equivale, al parecer, a más capacidad para el mal.

Lo lava cuidadosamente, lo seca con servilletas de papel.

En seguida, lo corta en cuadritos y pone mantequilla a derretir.

Un aroma apetitoso llena la cocina mientras se oye el tac-tac del cuchillo sobre la tabla donde está picando muy fino un manojo de perejil recién lavado.

18 de Febrero de 2020 a las 20:03 2 Reporte Insertar 0
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Jacqueline Sellan Bodin Jacqueline Sellan Bodin
Este cuento pertenece al libro "21 cuentos y un arcano", en venta en Amazon.
February 18, 2020, 05:04
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