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Rutina

El día amanecía nublado, como casi la mayoría de los días. Leno despertaba, tomaba su característica taza de café mientras ponía a cargar su celular, el cual como siempre estaba en 0. La mochila estaba lista y la universidad lo esperaba; estaba por dar comienzo su segundo año, y pese a que la rutina lo agotaba un poco estaba satisfecho. El teléfono estaba preparado, tomo sus auriculares y salió listo para esperar por el único medio de transporte que lo llevaba hasta su destino; la superior derecha, donde estaba ubicada la universidad, era una zona de muy difícil acceso para la mayoría de los medios, por lo tanto, el único que se atrevía a entrar en este territorio era un antiguo colectivo, un poco gastado pero siempre fiel, quien en varios viajes diarios llevaba a todos hacia su respectivo destino. Por fin había podido llegar al lugar en cuestión; la clase solo duraría 2 horas hoy, así que el tiempo pasaría rápido. El profesor cerro la jornada y Leno podía volver a casa, definitivamente todo paso muy fugaz. La espera del colectivo también se hizo fugaz, valga la redundancia; solamente tardo unos 30 minutos en llegar, cuando normalmente tiene como mínimo una hora de demora. Las ventanas sirvieron para que el paisaje de la zona se pueda apreciar (o lo que queda de él), hace unos años que la zona perdió color, los basurales se hicieron presentes y poco a poco el cielo paso a observarse grisáceo. Los accesos para los medios de transporte también presentaban complicaciones; distintos movimientos contra los altos mandatarios se hacían presentes cada vez más; definitivamente la zona había perdido el la vida y el color que tenia en los años en que Leno era apenas un niño.

La llegada a casa se hizo rápida, Leno dejo sus cosas y automáticamente se fue para la ducha. La llamada de su madre para cenar lo hizo apurarse. La cena se hizo, como lo era habitualmente, en silencio. Padre y madre dialogaban lo justo y necesario, al igual que lo hacían con el. A pesar de esto, la relación no era mala, pasaban el tiempo justo juntos. La hora de dormir haba llegado, partió hacia su cuarto, reposo en su cama y volteo a ver la pared, esa pared que tantos pensamientos y a la que tantas sensaciones le transmitió a lo largo de toda su vida. La pared podría ser una personificación de el mismo, muchas veces bromeaba y pensaba que si esa pared tomara vida seria como un Leno, o incluso una especie de archienemigo; sensaciones y sentimientos opuestos y similares se hacían un lugar en ese amplio y frio bloque de masa fría teñida de blanco. La 1 de la mañana apuntaba el reloj, el sueño no llegaba hasta que vio un mensaje en la pantalla de su teléfono móvil: era una pregunta sobre qué tal había estado la clase del día anterior, era Ro, su compañera de asiento.

17 de Febrero de 2020 a las 06:44 0 Reporte Insertar 0
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