khbaker K.H Baker

Un romance surgido de las sombras. Venganza y pasión que aflora en mitad de un mar de sentimientos contradictorios... Kassia, una joven de los bajos fondos que hará lo que sea por cumplir con su objetivo. Dharius, un hombre que se verá arrastrado por la sensualidad y el descaro. Adyra, una niña que nada sabe de la guerra que está a punto de librarse. Sherwood, la ciudad donde todos desearían vivir y, al mismo tiempo, de donde nadie puede escapar.


Romance Erótico Sólo para mayores de 18.

#violencia
35
6.1mil VISITAS
En progreso - Nuevo capítulo Cada 15 días
tiempo de lectura
AA Compartir

Prólogo

Sherwood se caracterizaba por sus castas, toda persona, hombre o mujer, debía pertenecer a una de las diez castas de la ciudad.

Las primeras tres castas englobaban a la peor parte de Sherwood, generalmente todos ellos vivían en el distrito de Budby que constaba de cuatro calles sucias y mugrientas donde la mayoría de locales eran tugurios de mala muerte y prostíbulos.

La cuarta, quinta y sexta casta pertenecía a la clase obrera, personas normales y corrientes que se esforzaban por tener una buena vida al margen de los escándalos y que trabajaban sin descanso para no descender de casta.

En la séptima, octava y novena casta estaban aquellos con suficiente dinero y poder como para vivir como auténticos reyes. Para ellos, las normas no existían, hacían lo que querían y cuando querían… excepto si alguien de la décima casta opinaba lo contrario. Nadie en su sano juicio le llevaría la contraria a ningún miembro de la décima casta, ellos eran los amos y señores de todo Sherwood.

Si la novena quería seguir viviendo al margen de las normas, si quería mantener su dinero y su poder, tan solo debían hacer una sola cosa: NO CABREAR A LA DÉCIMA CASTA.

Casi todos podían ascender o descender de casta en un abrir y cerrar de ojos, sin embargo, para acceder a la décima debías demostrar que tenías potencial, que habías nacido para ello o, directamente, ser parte del linaje Dravejovic, pues los únicos miembros de dicha casta eran los descendientes de tal familia, así como aquellas pocas personas que ellos consideraban que eran dignos.

Se decía de ellos que eran poderosos hechiceros, brujos que protegían Sherwood de los licántropos y criaturas del bosque… pero tan solo eran habladurías sin fundamento basada en las historias de los borrachos.

La leyenda decía que, tres siglos antes de que existiesen las castas, una lucha se cernió sobre Sherwood. Una rivalidad entre Conrad Dravejovic, el miembro más joven e irascible de la familia por aquel entonces, y Misseus Dorian, de quién decían que era un licántropo que recién comenzaba a controlar su transformación, acabó con la muerte de Misseus. Se decía que el clan Dorian tenían una historia muy distinta a la que contaba la familia Dravejovic, pero nadie lo sabía con certeza, pues ningún miembro del clan se atrevió a acercarse a Sherwood después de lo ocurrido, los ancianos pensaron que era mucho más sensato llorar la muerte de Misseus y seguir como hasta el momento habían vivido para que ninguna muerte más se cerniese sobre ellos. Tras el incidente, el clan Dorian se trasladó al bosque, el cual convirtieron en su hogar y territorio.

Aquella muerte separó Sherwood.

Con el fin de reafirmar su fortaleza y su poder que decían haber perdido después de que el clan Dorian hubiese decidido no enzarzarse en aquella absurda guerra, la dinastía Dravejovic separó la ciudad por castas y aplicó normas tan estrictas como absurdas que, incluso después de tanto tiempo, nadie se atrevía a quebrantar.

A raíz de establecer dichas normas y el alzamiento de castas, nació el famoso baile de máscaras, organizado una vez al año por la familia Dravejovic tan solo por diversión, para mofarse de aquellos que no podían asistir y así reafirmar, una vez más, su poder.

Sin embargo, aquel día, nada salió como ellos esperaban. Una niña caminaba descalza por las inmediaciones de la mansión Dravejovic, vestida tan solo con un pijama ensangrentado y un osito de peluche bajo el brazo.

Suciedad, podredumbre, fango en las suelas de los pies y un hedor difícil de soportar. Las plantas de unos pies que un día estuvieron pulcros, con la mejor de las pedicuras que podían contratar en Sherwood, ahora estaban medio despellejadas a causa de la larga caminata y más sucias de lo que nunca hubiese podido imaginar.

Si su madre la hubiese visto en aquellas condiciones la hubiese castigado sin postre durante una semana; tal vez aquel castigo no pareciese demasiado, pero en un mundo donde los plebeyos tenían que trabajar duro para ganar un cuscurro de pan, llegando incluso a cometer bajezas y actos deleznables para poder comer caliente, y donde los de casta alta observaban el mundo desde sus grandes ventanales, sentados en sus largas mesas con infinidad de manjares donde escoger, privar de postre era uno de los mayores castigos que ella podría haber imaginado.

Tal vez tuviese que haber empatizado, tal vez debía haber compartido un poco con los más desfavorecidos y tal vez hubiese tenido que apreciar todo lo que tenía: un día podías estar sostenido sobre un mar de oro, meciéndote en una nube y con el viento a tu merced, y al día siguiente, revolcándote en fango y peleando por un trozo de carne que los perros habían dejado a medias.

‹‹El dolor forma parte de la vida, el dolor es inevitable. Durante mi corta vida, me enseñaron a no confiar en nadie, y tenían razón, estoy sola en el mundo…››.

15 de Febrero de 2020 a las 14:29 3 Reporte Insertar Seguir historia
11
Leer el siguiente capítulo Kassia ~ ¿Qué demonios está pasando?

Comenta algo

Publica!
Pauly Thide Pauly Thide
Es muy bueno, saludos y abrazos.
February 23, 2020, 03:48
Michael Dantés Michael Dantés
ME ENCANTA.
February 19, 2020, 17:57
Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
Pues suena interesante 😳 estaré esperando los primeros capítulos con ansias!
February 15, 2020, 14:59
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 5 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión