Cuando encuentres una rosa Seguir historia

soniammad Sonia MMad

RED TALES 1 Aysha Hill es arquitecta, pero debido a una complicada situación familiar, nunca ha podido ejercer como tal. Por eso, cuando recibe una extraña y muy generosa oferta de trabajo para restaurar la mansión Millerfort, no acaba de creérselo. Y, al conocer las condiciones para el trabajo, que incluyen no poder salir de la casa en lo que dura la obra y la prohibición de entrar en la torre oeste, lo único que quiere es salir corriendo. Sin embargo, necesita el dinero para ayudar a su padre, así que tiene que aceptar. Claro que, ella no puede resistirse a un misterio. -o-o-o- La serie Red Tales es una reinvención moderna de cuentos clásicos -o-o-o- TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS


Romance Chick-lit Todo público.

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Prólogo

Si no quisieran que entrara a la torre oeste, lo pondría en el contrato. O, al menos, eso se dijo Aysha mientras subía la empinada escalera. Sin embargo, era muy consciente de que lo estaba haciendo en medio de la noche, a hurtadillas, alumbrándose únicamente con la luz que emitía su móvil, porque ni siquiera se había atrevido a encender la linterna de este.


También se dijo que no era por cotillear. Era necesario para su trabajo. Si no sabía cómo habían recompuesto la torre oeste, ¿cómo iba a dejar igual la este? En los planos no aparecía, pero allí estaba, con una misteriosa luz encendida toda la noche.


Lo hacía porque era meticulosa en su trabajo. Al menos, era más fácil si lo pensaba así. No se sentía tan culpable por aquella incursión nocturna.


Se encontró con una enorme y anticuada puerta de madera y tuvo que usar toda su fuerza de voluntad para no salir corriendo. El camino oscuro y tétrico hasta lo alto de la torre, sin adornos de ninguna clase, ni bombillas, no invitaban a quedarse precisamente.


Pero sabía que otro día quizá no podría escaparse de los empleados de la enorme casa para volver allí. Se llenó los pulmones todo lo que pudo y contuvo la respiración mientras empujaba la puerta, que chirrió como si llevase años sin abrirse. Pero no podía ser así, ¿no? Alguien debía encender la luz cada noche…


Y apareció por sorpresa. Ella retrocedió asustada y se golpeó con la barandilla de la escalera que tenía a su espalda. Su móvil cayó al suelo, iluminando tenuemente al hombre que la miraba con fiereza desde la puerta.


Apenas pudo distinguir sus rasgos, llevaba solo un pantalón corto y su enorme y ancha presencia parecía ocupar todo el hueco del marco de la puerta. Además, tenía el pelo largo y enmarañado y era imposible diferenciarlo de su barba.


—¡Largo de aquí! —rugió él, furioso, con un tono más similar a un gruñido animal que a una voz humana, antes de cerrar de un portazo.

15 de Febrero de 2020 a las 13:19 0 Reporte Insertar 0
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