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El descubrimiento de Flora


Sentimientos, los más tozudos racionalistas, apelaran a que estas sensaciones son producto de reacciones bioquímicas, a pesar de eso estas son parte intrínseca de la vida de todo ser vivo. No obstante, las emociones, el raciocinio y la voluntad junto con el deseo existen desde antes de la creación del mundo y son algo más trascendental de lo que pensamos.


En la seca ciudad Tulipán, es un día en el que las densas nubes grises tapizan el cielo, dando un ambiente opaco en el cual se vislumbraba un pequeño brillo esperanzador, eran los ojos verdes y adormilados de una jovencita rubia con ropas deportivas, la cual estaba en un parque desolado en el cual había bancas desgastadas y los columpios estaban oxidados, al igual que unas piezas metálicas abandonadas y apiladas allí. Allí ella auxiliaba a un pequeño gatito lastimado al cual le trataba sus heridas. El minino le agradece restregándose en sus tobillos mientras ella lo consiente y seguido empieza a jugar con unos cables que sobresalen de un cilindro metálico y se pierde en los arbustos.


Ella al ver que el cielo nublado adelantaba la llegada de la noche se prepara para volver a su casa antes de que oscurezca, pero ella nota algo rojizo resaltando entre los matorrales que se encuentran en una cañada adyacente al parque. Ella camina cuidadosamente por la leve pendiente y se percata que aquello que veía era un cabello largo, lo que había encontrado era una joven mujer, sus ropas eran similares a un uniforme escolar bastante pintoresco; la cual, al sentir que alguien se acerca, reacciona y mira fijamente a la chica rubia a la cual le pregunta:


—¿Quién eres?


De esta forma ella se presenta:


—Mi nombre es Flora. ¿Te encuentras bien?


—¿Te encuentras bien? respondió la pelirroja.


—Claro que estoy bien, pero tú eres quien estabas tirada sobre los matorrales, espero que no estés lastimada. — dijo Flora algo estupefacta.


Seguido, la pelirroja se levanta y camina como si nada hubiera pasado y camina hacia la jovencita rubia la cual se pone nerviosa, pero ella a pesar del leve miedo que sentía, le daba la impresión que aquella mujer le había sucedido algo desfavorable por lo que le pregunta titubeando.


—¿Qué haces aquí?


—¿Qué haces aquí? — repitió la pelirroja.


Pero Flora decide hacer fluir la conversación y le responde adecuadamente.


—Estoy aquí porque te vi tirada en el piso y pensé que te había pasado algo y vine a ayudarte.


La pelirroja al oír eso esboza una sonrisa y dice:


—¿Entonces eres de las que ayudan a los demás? interesante, mi nombre es Stella.


—Mucho gusto. Te ayudare en lo que pueda.


Después de eso la joven rubia se prepara para salir de la cañada, no sin antes darle su mano a Stella para que esta se apoye y puedan salir de allí, una vez regresan al parque ya estaba anocheciendo y las tenues luces de los postes de luz se habían encendido aportando una precaria iluminación al parque solitario, por lo que Flora dice:


—Voy a acompañarte hasta a tu casa.


—Yo no tengo hogar.


—¡Que terrible! En ese caso puedes ir a mi casa y te invito a cenar. —exclamo Flora preocupada.


—En serio, muchas gracias.


Mientras van caminando Stella se ve intrigada por lo que dice:


—Pareces ser un buen modelo.


—Te refieres a mi comportamiento, solo tiendo la mano cuando es necesario.


—Por eso mismo, siempre quise ver un robot como tú.


Flora se pone alerta y responde nerviosa:


—Un robot… yo no… yo no soy ningún robot.


Stella analiza ingenuamente la situación:


—Me ayudaste desinteresadamente, además de que te encontrabas en un parque desolado a estas horas.


Después de eso mira emocionada a Flora y dice frenéticamente.


—Por lo visto debes ser bastante resistente, debes tener miedo a que te desmantelen.


Flora pone las manos al frente y responde agitada:


—No, no, no … nada eso… estaba ayudando a un gatito que rescate hace unos días, no creo que un robot tenga la destreza y el apoyo moral para ayudar a un pobre animalito.


Tras escuchar eso Stella permanece absorta y de ahora en adelante sigue callada. Al poco tiempo salen del parque, Flora siente más curiosidad por esa joven mujer, pero supone que esta pasó por una mala situación que prefiere olvidar por lo que decide no comentar nada.


Durante el trayecto pasan al lado de dos jóvenes sentados una banca, uno de ellos tenía su celular conectado a un pequeño robot que hacía torpes movimientos y se queja diciendo:


—Este sistema operativo es una basura, además, está muy limitado el sistema de comandos de este traste. La gracia de tener un robot es hacer que hagas lo que quieras.


Al oír eso Stella manifiesta un gesto de desagrado.


Y al poco tiempo llegan al apartamento de Flora, un recinto pequeño ubicado en el interior del segundo piso de un edificio, al entrar se denota un ambiente rústico y se notaba que el lugar había sido construido hace más de cincuenta años y no había sido remodelado. Flora al ver las luces prendidas dice en voz alta:

—Ya llegué papá, buenas noches.


Una vez dentro un hombre mayor, el cual se encontraba bastante concentrado en sus labores, responde desde su estudio.


—Querida, dijiste que solo irías a liberar ese gato, te has demorado mucho.


—Papá, me encontré a una mujer en el parque…


—Hija, ven aquí.


La joven rubia se adentra el cuarto de su padre, un sitio alumbrado con la fuerte luz naranja de la lámpara de una mesita ancha, sobre el cual se hallaba las piezas de una figura a escala, y detrás de allí había una estantería llena de versiones miniaturas de naves y vehículos de diferentes épocas, a su vez sonaba en un modesto y rustico radio La Stravaganza de Vivaldi. Una vez dentro él le dice:


—Flora, mi querida niña, por favor sé cuidadosa, no debes arriesgarte sola en ese parque a estas horas…


Ella interrumpe:


—Papá no pude dejarla sola a ella.


—Para eso está la policía, sé que tienes buenas intenciones, pero no quiero que se aprovechen de tu nobleza.


Al poco tiempo él la abraza con mucho cariño y le dice con un tono cálido.


—Me preocupo mucho por ti mi niña, no quiero que alguien te haga algo malo.


En ese momento Stella entra de improviso y dice emocionada:


—Vaya, cuantas pequeñas máquinas en miniatura tiene, debe ser un buen mecánico.


El hombre pregunta con un tono desconfiado:


—¿Quién es ella?


Flora titubea preocupada y nerviosa:


—Ella … es.


—Soy Stella, mucho gusto, cuál es tu nombre.


—Me llamo Antonio.


Aquel hombre se ve extrañado y Flora le ruega:


—Esa mujer está sin hogar, papá no podemos negarle nuestra hospitalidad, por favor, por favor.


El señor permanece reacio ante la solicitud, pero al poco tiempo Stella dice emocionada al notar uno de los barcos a escala.


—Ese de ahí es el Corazón de la isla. Se dice que el imperio Kokoa consiguió el corazón de un ángel y lo colocó en el motor del barco, por lo que se dice que esta máquina tenía emociones y emitía una aguda y melodiosa voz femenina e incluso luchaba sin que nadie la tripulaba.


—Espera, ¿cómo sabes eso? es una leyenda muy antigua que pocos conocen—respondió él.


—Lo he investigado por mi cuenta— contesto Stella.


Antonio se muestra interesado y responde con un tono animado.


—Por lo visto eres una mujer bastante culta a pesar de tu edad, en estos tiempos los jovencitos solo pierden el tiempo en celulares y solo les importa la tecnología y los robots.


—A mí también me interesan los robots—respondió la pelirroja quien seguido añade—no crees que el corazón de la isla pudo ser el primer ser artificial con sentimientos.


Aquel hombre se inquieta y dice:


—Es suficiente, es solo un cuento absurdo.


Stella observa emocionada y comenta:


—Su hija es un buen ejemplar.


Antonio responde extrañado:


—Sí, la crié con mucho esfuerzo.


Flora dice con un tono servicial:


—Voy a preparar la comida.


Al poco tiempo el hombre empieza a interrogar a la mujer pelirroja:


—¿Cuál es tu nombre?


—Stella


—¿Cuál es tu nombre completo?


—Stella.


—¿Cómo te encontraste con mi hija?


—Ella me encontró a mí, en la cañada del parque.


—¿Qué hacías allí?


Ella permanece pensativa y sonriente y después de varios minutos le responde:


—Al ver la forma en que trata a su hija me indica que usted es un hombre de confianza. Mi nombre o más bien mi número de serie es IM-SDLA-EX32-1-24.

10 de Febrero de 2020 a las 03:08 0 Reporte Insertar 0
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