dan-aragonz1552556782 Dan Aragonz

Una pareja comete un crimen y se escapa creyendo que no pagaran por su delito.


Horror Todo público.

#EL-GUARDIAN-DE-BLACKWOOD
Cuento corto
2
4.0mil VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

EL GUARDIÁN DE BLACKWOOD



Descendían por el camino asfaltado, que rodeaba la montaña, y Edward, concentrado en el volante, no dejaba de pensar en el dinero que llevaban abordo. Su novia, Demi, en cambio buscaba en la radio algo para despejar su mente, aunque lo único que logró sintonizar fueron los murmullos de extrañas voces. La cumbre que habían dejado atrás se hacía cada vez más pequeña, aunque la nube de humo se hacía cada vez más grande y visible.
—Setenta y treinta—le dijo Edward y ella le dio un puñetazo en el muslo.
—Acordamos que eran cincuenta y cincuenta— y apagó la radio que solo sintonizaba canales muertos.

Tras llegar a los pies de la montaña ambos sonrieron. Faltaba solo cruzar el puente de madera que tenían en frente y conducir unos cincuenta kilómetros hasta la cabaña en la que planeaban pasar algunos días para no levantar sospechas.
Sin embargo, antes de cruzar, Edward detuvo el coche y besó a Demi como si fuera a comérsela y ella lo abofeteó.
—Cincuenta y cincuenta—le dijo con una sensual voz, y le bajó la cremallera del pantalón.
—No voy a cambiar de opinión solo porque haces algo que sé que te encanta.
—Eres más tacaño que ese viejo Sanderson—le dijo Demi, y le dio un puñetazo en el muslo y se reincorporó en su asiento.
—Soy un patán, lo sé. Pero ese estúpido anciano lo era mucho más que tú y yo juntos. Si hubiera cooperado no hubiera terminado colgado.
— ¡Déjate de dar lecciones! ¡Mejor date prisa y acelera!—le dijo Demi, que sacó la cabeza por la ventanilla y encendió un cigarro— ¿Lo que no me explico es cómo fue que terminamos trabajando para ese vejestorio?—y expulsó el humo con delicadeza.
—No lo sé. Tenía más de cien años.
—Y parecía que iba por más ¡Vamos! ¿Qué esperas?—dijo Demi.
Edward encendió las luces delanteras del coche, que solo alcanzaban a alumbrar parte del puente, ya que la noche caía, rápidamente, y miró a su novia.
— ¿Estás segura que este puente resistirá?—y tanteó el acelerador con el pie.
—Sí, tranquilo. No seas cobarde. Si caemos solo veremos esos animales muertos que venía a tirar el viejo al pantano.
—Lo que digas mi amor—y Edward aceleró y el crujido de las tablas, mientras cruzaban, los alertó a ambos.
Sin embargo, se miraron y recordaron el botón que llevaban en la maletera y ambos sonrieron.
A su alrededor, mientras avanzaban, todo estaba oscuro. Solo veían, gracias a luz de la luna, las largas ramas que colgaban de los árboles que rodeaban el camino.
—Con el efectivo que le robamos a Sanderson podemos viajar donde queramos.
—Es verdad—le dijo Ed, que al llegar del otro lado bajó la velocidad.
— ¡Por fin!—dijo Demi, cuando vio colgado de los árboles, a un costado del camino, el cartel del pueblo de Blackwood que se despedía de ellos.
Ed gritó de alegría, aunque no dejaba de pensar en cómo había quedado el viejo al despertarse rodeado de fuego.
— ¡Cincuenta y cincuenta! —insistió ella.
—No hablaremos más del tema, Demi, entendiste—dijo Ed, que vio algo negro salir de entre unos arbustos y cruzarse por delante del coche— ¡Hijo de tu madre! —gritó Ed, y alcanzó a frenar.
Enfadado, abandonó la camioneta y persiguió al animal que desapareció sobre un leve muro de baja altura a un costado de la vía.
— ¿Qué haces idiota? — dijo ella, mientras observaba como su novio desaparecía entre árboles.
Como Demi se fijó que las llaves no estaban puestas, sacó una linterna de la guantera y se bajó.
Antes de saltar al otro lado del pequeño muro, alumbró los árboles y vio que su novio regresaba haciendo a un lado las ramas que le daban en la cara.
— ¿Qué te parece tan gracioso?—le dijo ella, y le iluminó la sonrisa que traía.
— ¿Quién dijo que los gatos negros dan mala suerte?— y saltó al otro lado y se arrimó al vehículo.
— ¿De qué estás hablando?
—Es nuestro día de suerte, querida.
— ¿Qué haces? —le dijo ella, mientras lo iluminaba sacando la maleta del coche.
—Tengo una idea—dijo Ed que se alejó arrastrando la maleta.
— ¿Dónde llevas nuestro dinero? —dijo ella, que lo iluminó cuando este la lanzó hasta el otro lado del muro.
—Encontré un lugar perfecto. Solo tenemos esconder el dinero y volver después que encuentren al viejo. Cuando hallen el cuerpo y lo entierren nadie se acordará del incendio.
—Tengo una mala corazonada, Ed—le dijo ella.
Ambos pusieron atención al humo sobre la montaña que cubría parte de la luna, pero aun así él se alejó en la oscuridad arrastrando la maleta.
Los crujidos de las hojas secas, en cada una de las pisadas de su novio, guiaron a Demi en la misma dirección.
Cuando encontró a Ed, que miraba un agujero en la tierra con mucha atención, se percató que estaba parada junto a una cruz de madera.
— ¡Dios mío! ¿Tienes la más mínima idea de dónde estamos?
— No me preguntes tonterías y mueve el culo. No lo tomes a mal, querida. Pero yo me encargué del viejo y creo que debemos repartirnos el dinero como te dije— y ambos vieron desaparecer el humo sobre la montaña.
Ed arrastró la maleta hasta el agujero y la empujó con ambos pies dentro— Pasaremos después y repartiremos el dinero como yo diga.
—Lo que quieras, pero date prisa— dijo su novia, rodeada de cruces hechas de gruesas ramas, enterradas en hilera en todas direcciones— Alguien puede vernos.
—Te refieres a un muerto—y Ed levantó los brazos y se abalanzó sobre ella.
—No digas estupideces—y ella le dio un golpe con la linterna en el hombro.
Fue entonces, que ambos escucharon un ruido.
Demi apuntó el rayo de luz a unos arbustos y vio que se trataba del gato que los observaba junto a una cruz.
—Mira, es tu gatito—y ambos se quedaron mirándolo sentado sobre su cola.
—Ven pequeño, ven—le dijo Ed, y avanzó unos metros para acariciarlo.
Pero cuando el animal se escapó de sus manos y trató de cogerlo, vio a lo lejos una fogata y una sombra humana que parecía estar avivando el fuego con madera.
Se apresuró y se escondió detrás de un árbol. No quería que los vieran usurpando aquel lugar.
— No puede ser—dijo, asustado, cuando vio a lo lejos a un extraño sujeto, que cargaba sobre sus hombros cuerpos sin vida que luego lanzaba a un círculo de gatos que maullaban, junto a la fogata.
Demi apareció por su espalda con la linterna, sin percatarse de la hoguera—Te diste cuenta que la mayoría de las fosas están vacías.
—Apaga eso—le dijo Ed.
— ¿Por qué? ¿Qué dices?—y su novio temblando apuntó al sujeto, mientras con su otra mano le indicaba que guardara silencio.
El hombre, vestido de harapos, continuaba lanzando cuerpos sobre los gatos.
—Vámonos — dijo Demi—No quiero seguir aquí. Podemos meternos en problemas —y jaló del brazo a su novio.
—No hagas ruido—dijo Ed y en el leve forcejeo la linterna, que cayó al suelo apuntó al sujeto que, para horror de ambos, tenía la cara quemada.
— ¡Corre Demi! —gritó Ed. Pero ella se quedó inmóvil viendo como el hombre de rostro desfigurado se acercaba a paso lento.
Edward, también, paralizado, se persigno cuando vio que el hombre se puso en cuatro patas y comenzó a correr hacia ellos a toda velocidad como su fuera un perro.
— ¡No! Por favor, no —dijo Ed, con voz temblorosa, y comenzó a llorar.
Demi cerró los ojos y solo sintió cuando que aquella cosa se abalanzó sobre su novio.
Ed gritó de dolor cuando aquella criatura lo arrastró de una pierna hacía la hoguera.
En su desesperación, Demi corrió y cayó dentro de una fosa vacía. Estaba tan aterrada que no sintió dolor al darse con una roca. Pero cuando escuchó gritar a su novio y suplicar de dolor, salió de su escondite y se armó de valor.
Desenterró una de las cruces y se puso el extremo afilado delante para defenderse.
— ¡Resiste, Ed! ¡Resiste! —gritó, mientras corría y veía la cara deforme, de aquel animal, arrastrando a su novio hacia los gatos que formaban un circulo y continuaban llorando como bebes.
Cuando lo alcanzó trató de enterrarle la estaca. Pero de un manotazo el hombre la derribó.
Demi, aturdida, se reincorporó y vio desaparecer a Edward sobre el círculo de gatos como su fuera un verdadero truco de magia.
Se frotó los ojos porque no sabía que había pasado. Algo fuera de su comprensión, la aterró. Lo felinos ni siquiera habían tocado a su novio, pero si se dio cuenta que había un extraño campo de fuerza entre los felinos.
Sin embargo, reaccionó y se percató, aterrada, que el extraño sujeto ahora se acercaba a ella.
Cuando la criatura la alcanzó le puso sus manos quemadas sobre el rostro, y Demi, entregada a lo peor, oyó una voz, que reconoció, y que salió de la oscuridad.
— ¿Sabes dónde se encuentra Ed en este momento? —dijo la voz un anciano. Ella cayó al piso al alejarse del hombre deforme—Si me hubieran dicho que necesitaban dinero se los daba sin problema. No tenían que robarme y asesinarme.
—Ayúdeme, Señor Sanderson—dijo Demi con un hilo de voz— Fue todo idea de Edward. Lo planeó todo—y se largó a llorar.
—No te preocupes—y acarició la cabeza del deforme sujeto, que se le acercó gateando como un perro manso— ¿Me prometes que no me traicionaras esta vez?
Ella, en estado de shock, solo sonrió mientras unas lágrimas que salían como delgados ríos deformaron su maquillaje.
—No volveré a fallarle, señor Sanderson—y ella estiró el brazo para que la ayudara a levantarse.
Sin embargo, el viejo apuntó a los felinos que continuaban en círculo maullando con chillidos desagradables.
—Veo que conociste a mis guardianes—dijo, mientras disfrutaba verlos maullar.
El engendro se acercó a Demi y la olfateaba como un animal celoso de otro animal.
—Sabías que los gatos forman poderosos campos electromagnéticos — dijo Sanderson—y le apuntó el lugar donde Edward había desaparecido.
Pero ella no respondió. Solo miraba asustada a los gatos que no dejaban de lamentarse.
—La acumulación de energía de estos animales produce portales a otras dimensiones. Pero debe haber bastantes para que eso ocurra.
Y ella levantó la mirada, sin entender lo que pasaba, cuando el hombre deforme la cargó en sus hombros y la llevó hasta la hoguera.
—Te mostraré donde se encuentra Edward para que no vuelvas a traicionarme— y el viejo Sanderson avanzó mientras el fuego iluminaba su arrugada cara.
—Aquí está bien—dijo el viejo.
El deforme dejó caer a Demi y Sanderson, enfadado, la arrastró del cabello hasta el círculo de animales que continuaba maullando.
Se escuchaban extraños rugidos que provenían del otro lado del portal electromagnético que se hacía visible a medida que se acercaban. Como extrañas criaturas que chirriaban en algún lugar lejano.
La tiró al piso, la puso de rodillas y la obligó a abrir los ojos con sus arrugados dedos, mientras ella no podía creer lo que tenía delante; imperceptibles fragmentos de luz que colisionaban, unos con otros, y formaban una delgada película transparente que deformaba su sentido de la vista y la misma realidad.
Empujó el rostro de Demi dentro del campo electromagnético y la mantuvo sujeta con fuerza, como si estuviera sumergiéndola en una tina de llena de agua. El cuerpo de la muchacha, que parecía sin cabeza a la vista del anciano, sacudía las piernas como si estuviera siendo electrocutada.
—Lo siento—le dijo Sanderson, y la sacó de su tortura.
El rostro de la muchacha parecía ido. Como si hubiera visto algo incomprensible para su mente.
Cayó al suelo y las pupilas de sus ojos quedaron blancas, como si una jeringa hubiera sustraído el líquido azul de sus ojos.
—Nunca he visto a esos demonios como son en realidad. Pero los que logran cruzar a nuestras tierras poseen cuerpos como el tuyo y el de tu novio y hacen las barbaridades que ustedes hicieron conmigo—dijo Sanderson, que con un gesto indicó al hombre deforme que cargara a Demi y lo siguiera de regreso a la montaña, mientras los gatos corrían en todas direcciones y el portal desaparecía.

6 de Febrero de 2020 a las 15:56 0 Reporte Insertar Seguir historia
0
Fin

Conoce al autor

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~