Cuento corto
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PESADILLA ELECTRÓNICA




Moly no sabía qué hacer. Llevaba escondida en el ducto varias horas, junto a su pequeño oso de peluche, y salir a la superficie, sola, no era una buena idea.
Guardó en su bolsillo la foto de su madre y miró la rejilla de ventilación que daba a la calle. Estaba segura que los pasos que escuchaba acercarse a la tapa del alcantarillado eran de su vecino.
Abrazó fuerte a su oso robótico cuando oyó que removían la cubierta y esperó lo peor.
Sin embargo, reconoció las botas que bajaban los escalones.
— ¿Dónde estabas papá?—dijo la niña, y se levantó y salió a su encuentro.
—Lo siento, Moly—dijo Jordan White—y bajó de un salto y no pudo disimular el dolor, en una costilla, cuando ella lo abrazó.
— ¿Estás bien?
—Sí, solo me caí.
— Tienes sangre en la camiseta.
—No te preocupes. No es nada.
— ¿Encontraste ayuda?
—Tenemos que salir de aquí, ahora. Está oscureciendo.
— ¿Dónde está el señor Kenny?—dijo la niña—Ya no lo escuchó reírse como un loco.
—Se lo llevaron, hija—y ella, asustada, apretujó a su oso robot.
—Cuando salgamos quiero que cierres los ojos y no los abras hasta que yo te lo diga.

Cuando ambos estuvieron fuera, el cuerpo de su vecino, que había sido atacado por uno de esos bichos, ya no estaba.
— ¡Cierra los ojos!—le dijo Jordan.
— ¿Dónde vamos? —dijo Moly, conteniéndose de abrir los parpados y oliendo un desagradable aroma a carne quemada—¿Qué huele tan mal, papá? —Pero Jordan la agarró de la mano y se alejaron hacia la calle, en silencio. No quería que viera el horrible paisaje a su alrededor.
Avanzaron por en medio de la avenida en una oscuridad casi absoluta de no ser por la luna. Los postes del alumbrado público estaban quemados y la ciudad no mostraba señal alguna de electricidad, salvo una lejana luz que se veía al final de la avenida en lo alto de un edificio.
—Ahora puedes abrirlos— y le soltó la mano a la pequeña.
— ¿Por qué está tan oscuro, papá?—dijo Moly, que de todas formas podía ver los cuerpos esparcidos, a los costados de la calle, con esos bichos pegados en sus caras como había pasado con el Señor Kenny.
—Vamos hija. Tenemos que llegar a esa luz—y apuntó el quinto piso del edificio al final de la avenida.
—Pero ¿No vas a ayudar a esta gente? —dijo Moly, agarrada del pantalón de su papá, evitando mirar a los que podía escuchar reírse y sacudirse a su alrededor con esas criaturas pegadas en la cara.
—No puedo hacer nada. Ya viste lo que pasó con mamá. Date prisa, Moly. Tenemos que llegar antes que aparezcan más.
Sin embargo, al no sentir las manos de su hija, tirándole del pantalón, se giró asustado.
—Mira, papá. Es Kevin. Tenemos que quitarle ese bicharraco de la cara.
—Aún no sabemos cómo. Pero apenas sepamos, regresaremos por él. No te preocupes—y la agarró de la mano, pero Moly continuaba mirando a su amigo que se reía a carcajadas.
Estaba segura que la pantalla, que el bicho le había puesto en el rostro, le mostraba algo divertido por cómo se reía.
—Vamos. No podemos hacer nada por él—pero la niña no atinaba a avanzar cuando su papá le insistió.
— ¿De qué se ríe, papá? ¿Qué es lo que está viendo?
—No lo sé— y, enfadado, la arrastró y se alejaron esquivando a los cuerpos que no paraban de reírse, como si estuvieran viendo el mismo mundo feliz, todos a la vez.
—No debe ser tan malo si se ríen tanto—dijo Moly, pero su papá continuó caminando rápido, sin decir nada.

Al llegar a la intersección de las avenidas vieron un coche en medio de la calle que tenía las puertas abiertas.
Jordan se metió dentro y buscó la llave sobre el panel, pero no la encontró.
—No te muevas de aquí—le dijo a Moly y se acercó a una mujer tirada en la acera muerta de risa con lo que veía.
Le revisó los bolsillos y no encontró la llave. Luego cruzó la calle y se acercó a un hombre calvo, que también no dejaba de reírse y en su pantalón encontró la llave.
Sin embargo, cuando se alejaba hacia el coche donde lo esperaba su hija, la criatura electrónica se despegó del rostro del sujeto, sin que Jordan se diera cuenta, y lo siguió volando a baja altura.
Tenía largas patas metálicas y su barriga era similar a una pantalla de realidad virtual.
— ¡Detrás de ti, papá!— gritó la niña, a lo lejos, cuando vio que la criatura llena de cables y luces rojas, se acercaba a su papá.
El bicho, que parecía un mosquito gigante, se abalanzó sobre él, pero Jordan se agachó y lo esquivó a tiempo. Sin embargo, la criatura mecánica continuó volando hacia la niña que no dejaba de gritar dentro del coche.
— ¡Cierra esas malditas puertas! —gritó Jordan, mientras corría detrás del mosquito electrónico.
Por suerte, alcanzó a cogerlo de las patas, a pocos metros que el bicho alcanzara a Moly. Pero la herida en su costilla no dejó que lo aguantara lo suficiente, y el monstruo voló detrás de la niña, que había salido corriendo por la calle, y se le pegó al rostro, haciéndola caer como si hubiera sido víctima de un somnífero.
Al principio, le faltó el aire y comenzó a sacudirse en el piso. Pero las imágenes eran graciosas y las carcajadas de la pequeña no demoraron en salir. Podía ver, claramente, a través del visor un mundo lleno de colores y paz.
Sin embargo, el efecto acabó apenas escuchó un fuerte disparo que la dejó sorda por unos segundos.
Jordan estaba seguro que la bala provenía de la ventana con la luz encendida del edificio. Había visto una silueta esconderse en lo alto y eso le dio una esperanza.
Se acercó a su hija llorando y la cargó en sus brazos.
—Lo siento, hija. Nunca más te dejaré sola.
Moly reaccionó como si le hubieran puesto un desfibrilador en el pecho. Lo primero que hizo fue abrazar a su papá. Luego, por sobre su hombro, observó con atención a la criatura electrónica deshecha en la acera.
—Pensé que me quedaría como mamá.
Jordan alzó la mirada y, a lo lejos, pudo ver que un par de bichos se asomaban volando sobre la azotea de un edificio.
Ambos corrieron y se metieron el coche.
—Por ningún motivo mires atrás— le dijo su papá, y encendió el motor— ¡Me oíste!
— Sí, papá— y el vehículo salió disparado por en medio de la calle tambaleándose de un lado a otro.
Sin embargo, ambos se dieron cuenta que las criaturas habían descendido y volaban cada vez más cerca.
— ¡Nos alcanzan!—gritó Moly, cuando vio que se lanzaron rapaces sobre el vehículo.
Las criaturas se posaron sobre el techo y una de ellas, con sus patas metálicas, lo atravesó. Pero Jordan frenó y logró despegarla, aunque la otra criatura, consiguió romper el parabrisas.
— ¡Papá! ¡Delante de ti!—gritó Moly, cuando vio al bicho posarse sobre la cara de su padre sin que él pudiera hacer nada.
Jordan comenzó a reírse sin explicación cuando graciosas imágenes y una sensación de relajo le invadieron el cuerpo. Podía ver claramente un ambiente virtual lleno de personas felices. Nunca había sentido tanta alegría en su vida.
Sin embargo, pudo salir de su estado hipnótico cuando sintió en el rostro un fuerte golpe de corriente que lo despertó como si hubiera vuelto de la muerte.
Reaccionó y vio a su hija llorando en el asiento trasero, abrazando a su oso que desprendía olor a quemado.
— ¿Estás bien, papá?—dijo Moly, mientras sus pequeñas manos temblaban.
— ¿Qué hiciste?
—Ted me ayudó— y sonriendo abrazó a su osito que se había quemado de una sobrecarga.
Sin saber cómo reaccionar, aun mareado, Jordan sacó la cabeza por la ventanilla para asegurarse que no había más criaturas. Pero fue solo mirar atrás y escuchar a lo lejos un zumbido y luego ver a una decena que se acercaba volando.
La niña apuntó con el dedo la luz encendida y ambos se bajaron del coche y corrieron a la entrada del edificio.
Junto a las puertas había varias personas con criaturas adheridas al rostro. Pero esta vez no parecían disfrutar porque la mayoría se quejaba y lloraba.
Cuando Jordan logró hacer a un lado un cuerpo, que le estorbaba para entrar, escuchó a alguien tendido, boca abajo, que le habló como pudo.
Moly se escondió detrás de su padre, asustada, al verlo moverse.
—Se han tomado la ciudad—dijo el hombre balbuceando—No podemos hacer nada. Los mandos que los controlaban ya no funcionan.
Jordan observó que el sujeto no se alteraba como los otros cuerpos a pesar de tener uno de los bichos pegados en los ojos.
— ¿Cómo es que...?
— ¿No me afecta?—dijo con dificultad para hablar y sin intención de quitarse el aparato de la cara—Es porque soy ciego, pero ellos no lo saben.
— ¿Y por qué no te lo quitas?—le dijo Jordan, que iba a darle la vuelta para ayudarlo cuando el hombre lo detuvo con su brazo.
—No lo hagas. Llevo muchas horas con esto pegado. Si me lo quitas me sacarías la cara también. Se adhieren hasta que llegan a tu cerebro y se apoderan de tus decisiones—dijo el sujeto, que comenzó a llorar—Espera un momento. No te vayas. Tu voz me es familiar.
Sin embargo, Jordan no le prestó atención y cruzó la entrada junto a Moly, que se había tapado los oídos para no escucharlos quejarse.
Subieron los cinco pisos, agarrados de la mano, viendo como otras víctimas lloraban de dolor en las escaleras como drogadictos. Era una verdadera locura y no pintaba como algo que fuera a tener solución.
Abrió la puerta de acceso al quinto y, cuando estuvo en el pasillo, calculó la posición de la luz que había visto.
— ¡Abran por favor!—dijo Jordan, y golpeó la puerta como un loco.
Moly se escondió detrás de su padre cuando vio que una mujer abrió y se asomó dejando salir una brillante luz que iluminó a ambos en el pasillo.
—Necesitamos ayuda—dijo nervioso y empujó a la pequeña y entraron a la sala.
—Un momento. Yo te conozco—le dijo la mujer— Te vi en televisión la semana pasada—y la chica se quitó un rifle que colgaba de su hombro y le apuntó—Tú eres el culpable de todo esto. Tú creaste a esos monstruos.
— ¿Es cierto lo que dice, papá?—pero ninguno siguió hablando cuando vieron por el ventanal el enjambre que se acercaba al edificio.
La mujer acercó sus dedos a un teclado y una pantalla, donde varios puntos verdes se movían en grupo. Presionó varios botones y algunos bichos que se acercaban volando comenzaron a caer.
—Ya no puedo con ellos. Son muchos—dijo la mujer, y cogió el rifle y se lo puso en la boca.
— ¿Qué haces?—le dijo Jordan, confundido, mientras podía ver que las criaturas estaban a punto de romper el cristal.
—No quiero que esos drones me impongan su mundo de felicidad—y el grito de Moly, cuando vio volar el cristal en pedazos, anestesió la sensación horrenda que Jordan tuvo al ver masa encefálica de la mujer esparcida por todas partes de la habitación.
Moly en estado de shock, no reaccionó cuando los insectos robots se posaron sobre su cara. Menos Jordan, cuando vio que el futuro, que el mismo había creado para divertir a millones, había sido modificado por esas criaturas electrónicas que se habían vuelto autoconscientes de su poder.

6 de Febrero de 2020 a las 15:45 0 Reporte Insertar 1
Fin

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