Pesadilla Seguir historia

lydiacold Lydia Cold

Sé que está ahí... Observando cada respiro que tomo. Cada movimiento que hago. Cada paso que doy. Eso estará ahí para mirarlo todo.


Suspenso/Misterio Todo público.

#paranoia #Deliro #trastorno #confusión #locura #suspenso #pesadilla
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Parte única

No sé lo que está pasando conmigo, siento que estoy atrapado en una pesadilla que no pareciera tener fin. Desde que todo comenzó mi vida ha caído en picada gracias al interminable sufrimiento y terror. Estoy harto, cansado y confundido.

Ya no sé qué hacer, lo que tengo que experimentar día a día me causa vomitar lo poco que me queda de alma y apuesto que ese es su plan… quiere observarme sufrir lentamente para su delicioso deleite.

Puedo jurar que escucho sus malvados murmullos cada vez que cierro los ojos, puedo sentir esa maldita cosa siguiéndome a todos lados. No sé quién o qué es, pero sé que está ahí…


Observando cada respiro que tomo.


Cada movimiento que hago.


Cada paso que doy.


Eso estará ahí para mirarlo todo.


Lo peor de todo es que mi familia está bajo el control de esa cosa, ya no puedo fiarme de ellos. Mi hermana me gargajea repugnantes insectos a la cara cada vez que me dirige la palabra, las frías y vacías cuencas que hay en la cara de mi padre en lugar de ojos y la extraña obsesión de mi madre con mutilarse las manos y meter sus trozos de piel muerta en la comida que nos sirve son todas las pruebas que necesito para confirmar mis sospechas. Y como si no fuera suficiente; siempre hay un líquido baboso de tonalidad oscura escurriendo sin cesar por las paredes de mi habitación y apesta a mierda.

Maldición, no puedo creer que no pueda estar en paz ni por un sólo segundo porque mis amigos (si es que aún puedo llamarlos de esa forma), constantemente me bombardean con sus preguntas. Todos se cuestionan mi estabilidad mental, el otro día tuve que pegarle un puñetazo a un chico porque me dijo que ´´parecía maníaco volteando a ver hacia atrás cada cinco segundos’’. No voy a perder el tiempo intentando explicar mi martirio porque sé que nadie me comprendería.

Quiero que este sufrimiento acabe, pero en cambio parece empeorar. Con el paso del tiempo mi salud física empeora, despierto con el cuerpo hecho polvo… soy un saco de carne y hueso en constante agonía. Tengo extraños moretones en todo el pecho, cortadas profundas en los brazos y marcas de ataduras en las muñecas y talones; sé que están ahí, pero nadie parece notar mi cuerpo malherido.

Estaba hundido entre mis sabanas contemplando las paredes de mi habitación llenas de carteles coloridos y memorias que nunca serán escuchadas. De repente, el silencio sepulcral se ve interrumpido por unos golpes fuertes en mi puerta y lo primero que se me viene a la cabeza es que a lo mejor es mi hermana pequeña molestando con sus niñerías, pero entro en pánico cuando noto que por debajo de la puerta se empieza a colar una cantidad surrealista de sangre.

Es eso, viene por mí y no tengo donde huir. No soy lo suficientemente valiente para mirar a la muerte misma a la cara así que le doy la espalda a la puerta, cierro los ojos y espero a que todo termine. Escucho la manera en la que los golpes aumentan su intensidad hasta que finalmente la puerta es tumbada, seguidamente puedo apreciar el sonido de un par de pies arrastrándose en la alfombra…

Siento su repugnante y asfixiante olor envolviéndome hasta que por fin llega a posar su fría y delgada mano en mi hombro. Lo único que me quedaba por hacer es soltar un grito de pavor mientras daba por finalizada mi vida. Espero y espero, pero nada llega a suceder.


Un momento…


Abro los ojos lentamente y me percato que ahora estoy en un lugar distinto, no estoy en mi habitación. Ahora me encuentro atado a una camilla de hospital y a mi alrededor no hay nada más que cuatro paredes blancas acolchadas.

Me siento confundido y empiezo a gritar el nombre de mamá, el de papá y el de mi hermana; pero no hay respuesta alguna. Entre lágrimas suplico que se acabe toda esta demencia.

Inmediatamente al lugar ingresa un grupo de fantasmas, un escalofrió recorre mi cuerpo y empiezo a forcejear con las ataduras mientras los escucho hablar entre ellos.


Sujeto masculino de 20 años —dijo uno de los fantasmas con un tono seco en su voz mientras leía unos papeles—. Hay que sedarlo de nuevo.


Los otros fantasmas al oír la orden, la acatan de inmediato y se acercan a mí con rapidez, uno de ellos tenía en la mano una jeringa con un líquido transparente dentro. El miedo sucumbe mi ser y mis alaridos se vuelven a escuchar dentro de esa habitación. En cuanto la aguja penetra mi piel y ese líquido recorre mis venas voy sintiendo mis ojos cada vez más pesados, las voces de esas criaturas cada vez se escuchan más distantes hasta convertirse en simples susurros. Justo antes de quedar inconsciente puedo escuchar una voz que dice:


Mañana por la mañana iniciaremos la terapia, tenemos a un paciente con un severo caso de esquizofrenia con trastorno delirante persecutorio.



26 de Enero de 2020 a las 00:03 0 Reporte Insertar 0
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