Cuento corto
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Noviembre y el calor.

Cuando en el mundo no reinaba más que la pasión por el presente, y el destino estaba guiado por la luz de las estrellas, nació, del amor del río y el brillo de la luna, un puente que unía dos vidas diferentes, opuestas en su absoluta sencillez.
El Puente crecía año tras año sintiendo lo que sus padres le iluminaban, con el estricto pensamiento de que el amor, tan bello y fuerte, solo servía para hacer daño, pues solo les había servido para sufrir en la distancia que sentían estando separados el uno del otro.

Una noche de otoño el Puente experimentó lo que sería el inicio de su nueva vida, de la rebelión contra las enseñanzas de sus padres; una niña pequeña, hija del aire, se sentó en la parte más alta del puente balanceando sus pies mientras bañaba sus ojos en lágrimas. En el otro lado del Puente apareció un niño, hijo de la tierra y los cultivos, y viendo a esta niña llorar se sintió intrigado, por lo que se sentó a su lado y le cogió la mano, guardando silencio hasta que la niña dejó de llorar.
Desde entonces todas las noches se repetía el mismo suceso, un niño y una niña, amando el silencio, cogidos de la mano, observando como la luna se intercambiaba con el sol; su señal de despedida.

Las estaciones iban y venían, pero había algo que permanecía, y era ese amor puro que despertaba en lo más profundo del Puente una sensación indescriptible. Según pasaban los años, éste fue haciendo crecer en él flores con las que hacer sonreír a la dulce muñeca, y un lecho de musgo para cuando, ya maduros, los dos sintieron el impulso de contarse los lunares, alumbrados por el ruido de sus besos.
Algo había invadido el alma del Puente, le volvía loco, esperaba todas las horas del día con ansia para sentir sus cuerpos en armonía, no concebía el mundo cuando el vaivén de sus besos se retrasaba un par de suspiros...

Fue el invierno, el eterno asesino del otoño, el que hizo comprender al Puente lo que en su alma se removía desde hacía tantos años.
Cuando la luna aparecía helando el paisaje, el Puente, acelerado en pensamientos, anhelaba la llegada de aquellos dos enamorados... dos enamorados que quedaron congelados en el tiempo, pues sus pies no volvieron a cruzar en abrazos el Puente que tan nervioso esperaba su llegada.
Derribado ya su espíritu comprendió lo que le había estado sucediendo durante tanto tiempo, y es que su pedregosa alma se había visto envuelta en la más bella de las fuerzas, y había caído en el "error" del que le habían hablado sus padres; se había enamorado del amor.

La esperanza le obligó a esperarles, atenuando la intensidad de su ansiedad, hasta que llegó el momento, y así los dos amantes se fundieron en un bello recuerdo que brillaba más allá de las estrellas.

Pensaba en ellos, pero nunca supo que ella, hija el aire, y él, hijo de la tierra, se vieron obligados a cruzar un puente que les separaba.
Él salió a surcar los vientos.
Ella echó raíces.

20 de Enero de 2020 a las 13:27 1 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

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Selva Gadriel ℕ𝕠𝕥 𝕪𝕖𝕥 𝕨𝕣𝕚𝕥𝕥𝕖𝕟. 𝕎𝕠𝕣𝕕 𝕡𝕙𝕚𝕝𝕠𝕤𝕠𝕡𝕙𝕖𝕣. 𝔸𝕕𝕕𝕚𝕔𝕥𝕖𝕕 𝕜𝕚𝕝𝕝𝕖𝕣. ℙ𝕣𝕠𝕗𝕖𝕤𝕤𝕚𝕠𝕟𝕒𝕝 𝕝𝕠𝕧𝕖𝕣.

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