Cuento corto
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La lluvia caía a caudales cuando por fin aparque y me deshice de la última bolsa por la alcantarilla que había enfrente del videoclub de adultos donde siempre iban. No ayudaba mucho que mi coche fuera un descapotable que no tenía techo para poner, ni tampoco que fuera noche cerrada, ya que el frío y la lluvia se me calaban hasta los huesos. Lo único que podía hacer para resguardarme del temporal era entrar en el videoclub hasta que amainara.

Al entrar ví como los viejos pervertidos se tapaban instintivamente la cara con lo que tuvieran a mano o se deslizaban entre las cortinas de piedras transparentes pasadas de moda. Mientras seguían mirando la colección de porno en VHS.

En el parador se podían vislumbrar todo tipo de juguetes sexuales entre el cristal, detrás de este había un hombre pasado de kilos con una camisa, que alguna vez fue blanca, manchada con regueros de aceite y salsa barbacoa del pollo frito que estaba devorando con ansias.

Encima del aparador se encontraba una vieja caja registradora y una pequeña televisión portátil. El hombre miraba embelesado la pequeña televisión, que estaba lo suficientemente alta para escucharla claramente por toda la tienda.

Me acerque por detrás y me puse a observar la tele mientras me escurría un poco el pelo y la sudadera del exceso de agua. El hombre no se dio cuenta de mi presencia ya que solo tenía ojos para su bol de pollo frito y la presentadora de sugerente escote que estaba dando las noticias en el canal 24 horas.

Intentaba concentrarme en la televisión, pero los ruidos que hacía el hombre me distraian, como también hacía que me doliera el estómago solo de mirar como engullía de esa manera la comida. Se podría decir que estabas viendo una película de contenido adulto en directo. De repente mi mirada se centro en el televisor cuando tres fotos aparecieron en pantalla y la presentadora empezó a decir.

“Última hora, se ha encontrado un miembro amputado en las gradas del instituto local cuando iban a comenzar la final de futbol, se cree que el miembro amputado puede ser de uno de los tres adolescentes desaparecidos la semana pasada…”

Mientras la presentadora daba más detalles la sonrisa que se había dibujado en mi cara se ensanchaba más. En esos momentos pasaban imágenes de como habían llorado y suplicado los niñitos de papa por que les perdonará sus patéticas vidas. ¿Por qué lo hice? Porque se lo merecían.¿No es motivo suficiente para hacerlo? Al ver que volvían a repetir la misma información por tercera vez me dirigí fuera del videoclub para así acabar mi trabajo, pero antes decidí tomarme unos minutos más de descanso.

Aun seguía lloviendo cuando me senté en la acera mirando fijamente mi coche, sin dejar de mirarlo saque un chicle del bolsillo de la sudadera y me lo metí en la boca. Al empezar a masticar sentí como el dolor de mi estómago se apaciguaba un poco. Después de unos minutos mi vista se dirigió a la alcantarilla que estaba al lado de mi coche y toda orgullosa me dije a mi misma “La vendetta perfecta aún está en marcha” Me levanté de un salto y me dirigí al coche para seguir con el trabajo que había dejado a medias.

3 de Enero de 2020 a las 00:00 0 Reporte Insertar 0
Fin

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NaRa Estudiante de Documentación y Administración Sanitaria. Escritora por amor a las letras.

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