Piedad. Seguir historia

aldec01 Aldeco René

Busque las respuestas más allá de los limites, surcando el horizonte y acariciando las nubes. Indague en todos aquellos absurdos pasajes que nombran un ser supremo y solo pude escuchar los malos chistes de unos cuantos mojigatos que dicen hablar en su nombre.


Microrrelatos Todo público.
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Piedad.

Suelo recorrer aquellas calles que dan lástima a mi recuerdo y en muchas de ellas los jardines aun florecen de maneras peculiarmente hermosas. Ahí donde los detalles más minúsculos pasan inadvertidos y el olfato se deleita en aquella mescolanza. En aquel rutinario camino se postraba una majestuosa obra arquitectónica de fachada gótica, de contraste grisáceo y de memorias absurdas e historias cortas. La llamaban “La casa del señor” o uno de esos nombrecillos que suelen asignar a lugares que jamás se vio construir. Mis confrontaciones nocturnas siempre iban a mi lado, repitiendo constantemente que nadie se encontraba para apoyarme. Estaba desesperado, buscando la verdad y un alivio a mi porvenir. Solo quedaba aquella vana opción que unos tantos solían escupir, acumulados entre rosarios y el cuchicheo de exigencias y estúpidos errores. Necesitaba escuchar aquellas palabras de su amigo imaginario, de ese ser supremo a ellos y del cual era una injuria el negarlo. Yo aún no era capaz de comprender el hecho de que existiese alguien superior a mis capacidades, por lo tanto, me negaba rotundamente a siquiera dirigirles la palabra a aquellos mojigatos.


Ahora que estoy cerca, una mujer me habla y dice:

–Buenas tardes joven, ¿ha venido a charlar con dios? –Preguntándolo después de desenvainar una sarcástica sonrisa–.Él nunca se negara a usted, ya que en su inmensa benevolencia todos somos iguales a sus ojos, conoce nuestros errores de antemano y sabe que nos avergonzamos de los mismos. Es por ello que…


No pretendía continuar escuchando aquella emisaria y me dispuse a entrar en aquel lugar donde las torres acariciaban las nubes, lleno de relatos eróticos y uno que otro arrepentimiento. Silencio, soledad y el eco del viento aglomerado en las paredes. La llama de decenas de velas danza al compás de mi sombra y, es ahí cuando recuerdo mi pasado y del cómo no puedo arrepentirme de nada.


–Heme aquí, negado a tu existencia y solo puedo pedir como último alivio tus palabras. Demuéstrame que nunca he estado a solas, que el paraíso existe y que puedo palparlo en esta tierra. Que existo fuera de lo ilógico y el caos. Responde. Niega cada uno de mis criterios; no calles más.

Mis palabras rebotaron sobre los muros y terminaron en las puntas de aquellos pináculos escupiendo mis blasfemias al rosar el cielo; no hay respuesta. Mis anhelos circundan en torno a mis falsas esperanzas y cada voz en mi memoria tiene algo que decir.

­

– ¿Tú eres la excepción de todos ellos? –Comienzo a preguntar en voz baja a la par de observar mi rededor a solas-¿Naciste de la voz de nosotros los desdichados o solo eres el pretexto que suelen utilizar unos cuantos para dar sentido a lo que no comprenden? ¿Por qué callas y todos mienten en tu nombre? Aun no soy capaz de escucharte, mi fe continúa perdida y mis dudas se aferran al olvido. ¡Maldición! ¿Es que acaso tú, aquel incomparable, eterno y justo se niega a dar una respuesta? Hablando a solas me reafirmo que tú no eres culpable de mis desdichas, ni tú ni tus falsos lazarillos. Comprendo que se refugian en ti por la única razón de creer en algo abstracto que los sustente, en ese algo que les invente respuestas de todo lo que buscan y de lo que falsamente necesitan. Asombroso ante ellos, salvador de todo problema por un precio que nunca impusiste. Aglomerado de errores e insatisfecho cumulo de necesidades ajenas.


Una lágrima recorre mi mejilla y mis labios se deforman en una mueca. Deseo alejarme lo más pronto posible de aquel agobiante aroma a incienso y de todos aquellos retratos patéticos de unos cuantos mártires que recuerdan cuando es conveniente.


–Él nunca te responderá –dice un hombre viejo que porta una sotana grisácea y algo manchada-, pero te ha dado la capacidad de encontrar las respuestas. Nos ha dado el don de la vida, la razón, el amor y el sustento del alma. No te ciegues, nos ha creado como seres imperfectos y afortunadamente nos ha dotado con el libre albedrío.


–Pero no de inteligencia –contesté al voltear de nuevo hacia aquella figura de un hombre de cuerpo perfecto clavado en una cruz–. ¿Es que acaso usted no lo ve? ¿Si tan grande es, por qué razón calla? Esa figura frente a nosotros no es más que un estúpido estereotipo, no es más que la tonta necesidad de vernos a nosotros mismos y sentir lastima.


–Debes reconocer que el no formulo torturas, jamás lo haría. Un sustento inigualable e incomprensible permite ver que personas son las que han llegado al mundo de la mano de un ángel o de la cola de un demonio.


No deseaba faltarle al respeto a mi interlocutor, pero no pude contener la risa y le conteste:

–¿Cómo se puede juzgar a hombres o una mujeres relacionándolos con seres tan irreales? ¿Cómo usted me puede afirmar que el bien o mal deambulan sobre la tierra y trastornan a seres que son neutrales? Desgraciadamente usted nunca podrá ver en qué casos se engendrará de la unión de un ángel con un ángel o de un ángel con un demonio. Por otro lado, el libre albedrío no es un don, es un extremidad de la conciencia que se corrompe por ideales antagonistas, aquellos ideales que su bendita casa utiliza para corromper la memoria. Pero yo no puedo juzgar la razón de cada sujeto, se existe sin sentido alguno. No hay acciones malas o buenas, sencillamente creamos pretextos.


–La conciencia nace a partir del bautismo – defendió aquel tipo mientras encendía un cigarrillo y acercaba a mí la cajetilla–, es en ese momento cuando la fe retoma el rumbo y la dicha se engendra. ¿O acaso sabes de alguien que no tenga el santo bautismo? No lo creo –afirmó–, la vida se conforma de aquellas etapas establecidas en viejas memorias. Nuestro señor jamás ha dejado de escucharte, nunca se ha alejado de ti. La vida tan solo es una efímera manera de ser independientes al yugo de los errores personales y esta solo nos fue dada una sola y única vez. Nada pasa inadvertido, cada detalle ya ha sido trazado y nosotros solo formamos parte de aquel rol que nos permite vagamente creer que somos independientes. Y solo de esta forma podemos conocer el amor y la benevolencia infinita.


–Desde luego ­–respondí a mi interlocutor a la par en la que tomaba de su bolsillo a la altura del pecho su encendedor y encendía el cigarrillo que el anteriormente me había ofrecido–, solo somos el juego de azar que divierte a su señor. Pero dígame, ¿si el verdadero amor no conoce límites, tampoco reconocería géneros, no es así? Entonces desearía que me explicara, ¿porque razón los criterios de dios no se aplican en la actualidad? Si verdaderamente son suyos o de ustedes y de otros tantos voceros de lengua larga. ¿Es posible que él negase la existencia del amor ante un mismo sexo? Véase por donde se vea, es ese algo que esta fuera del concepto del amor vulgar y de toda esa hipocresía que ustedes suelen esconder bajo la sotana. Cuantos prejuicios heredados se anteponen monstruosamente y me llevan al cadalso, tachándome de ser un error, un fenómeno o un desviado. Solo queda aclarar que nosotros no somos el resultado de errores pasados y, que ustedes no son ni serán nuca los salvadores en esta tierra que eternamente ha ardido.


–¿Acaso te escuchas mientras dices todas esas atrocidades? –Cuestionó al fruncir el ceño y tirar su colilla al suelo– La naturaleza fue creada a imagen y semejanza y después fue corrompida por sus detestables acciones; es el sustento del hombre a través del tiempo. Todos esos términos absurdos que se utilizan para referirse a esos sujetos, no son más que irrazonables definiciones que corrompen las leyes naturales ya predispuestas. ¿Acaso deseas nuevamente su ira como Sodoma y Gomorra?


–Ciudades malditas y eternas en las memorias de los que las extrañamos al no poder conocerlas. La naturaleza es la única y verdadera madre de todos y todo, es ella quien limita el infinito o el intelecto. Somos sus hijos y a ella regresamos después de que nos permite jugar efímeramente en lo que ella suele llamar vida.


–¿Estás aquí para pedir ayuda o para juzgarlo todo? Nosotros tan solo acarreamos a aquellas insulsas mentes que han errado en sus decisiones y han creído que están más allá de los preceptos de Dios. ¿Acaso tú eres la excepción de aquellos libres de toda anomalía moral? Ustedes mismos se carcomen al negar el alimento del alma. Son el eco constante en la memoria de nuestro señor, los hijos predilectos que algún día regresarían y nuevamente tomarían las riendas designadas. Ustedes son aquellos que podrán salvarse del eterno castigo que se han impuesto al arrepentirse en el último momento.

–¿Arrepentirse? Claro. Uno debe arrepentirse al saber que su hijo ha sido violado; arrepentirse del odio y el deseo de muerte hacia aquella persona que arranco de nuestras manos a quien más amábamos; arrepentirse de toda enfermedad terminal e incurable; arrepentirse de los que mueren olvidados; arrepentirse de todo eso que el mira y nunca observa.


Necesitaba una pausa, empezaba a perder la cordura y mis manos tiritaban. Mire nuevamente mi rededor y todo aquello que disfrazaba la rutina de aquel lugar, volví repentinamente al quemarse mis dedos con la colilla del cigarro y proseguí:

–Por otro lado, el matrimonio es un enfoque que la gente confunde con la eternidad, este no significa que una persona pertenezca a otra, es tan solo una forma de recalcar una formalidad. De todo lo que hemos hablado ninguna de sus respuestas me satisface, usted y todos los de su misma especia son tan solo un pretexto que mal interpreta los verdaderos ideales que los sustentan. Dígame: ¿todas esas personas de que se podrían arrepentirse? El arrepentimiento es la parte más absurda de nosotros lo seres humanos, es la patética abnegación de uno mismo. Recuerde, para todos nosotros más vale pedir perdón que pedir permiso. Seremos auténticos y desagradables y eso es algo que ni dios ni nadie deseamos que comprenda.


–¿Pero que me dices cuando el silencio te consume a solas? –Defendió en un último intento por no escucharme–. Está presente en ese momento la seguridad de un ser divino que corrompe cualquier idea vulgar que desee subyugarte. ¿Llegaste aquí en búsqueda de la razón y te niegas a escucharla so pretexto de burlarte de algo más?


– Se equivoca, en verdad desee ser escuchado, pero solo pude hablar con un ser que no comprende que es lo que busco en verdad. Y ahora descubro que la respuestas se encuentran en mí y no dentro de las palabras de nadie, mucho menos en las de aquellos que como usted, piensan poder escuchar a cualquiera y su misma ignorancia los hace repetir las mismas estupideces. Somos seres imperfectos en la búsqueda de lo perfecto, porque por nuestros propios medios jamás podríamos crear la perfección. Debo continuar soñando, mis sueños son un ejemplo de lo que en verdad deseo y de lo único que algún día podría ser real. Muchas gracias por tratar de escucharme, la cortesía es algo que usted no menciono como uno de los dones que nos ha brindado su dios, pero la tenemos. Hasta pronto, tal vez algún día volvamos a charlar.


No estoy tranquilo pero debo continuar y sonreír ante cada esperanza falsa. Sonreír ante los que sonríen. Sonreír ante mis desgracias y ante todo caballero que no se arrepiente por estar desolado. Las puertas del cielo ya no parecen ser tan grandes, pero no las puedo comparar con las de este lugar, hace bastante calor y solo me queda decir con permiso.

28 de Diciembre de 2019 a las 04:16 0 Reporte Insertar 0
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