alexandracolina3 Alexandra Colina

Esta historia se trata de un odio que terminó convirtiéndose en amor y no precisamente de la mejor manera, ya que hasta se diría que fue forzado. Estos dos daban un paso y retrocedían dos. Descubre cómo lograron solucionar los problemas y llegaron a un acuerdo mutuo, ya que se podría decir que todo comenzó cuando sólo eran socios.


Romance Romance adulto joven No para niños menores de 13.

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Prólogo.

El timbre que marcaba el horario de salida sonó, los gritos y risas me recordaban que, gracias a Dios, este era el último día de clases antes que comenzaran las vacaciones de navidad que duraría dos semanas. Podía oír los festejos y los cantos desde el pequeño cubículo del baño mientras las lágrimas mojaban mi rostro, tenía frío y olía a basura.


Nadie jamás me borraría la imagen que acabo de vivir, ¿Por qué tenía que pasar por todo esto? ¿Qué les había hecho para que me trataran con tanto desprecio? En estos momentos preferiría dejar de ser una persona y pasar a ser nada, no existir si eso significaba dejar de sufrir.

Mi cara y mi uniforme estaban llenos de pintura y todavía tenía en el cabello papeles y resto del tacho de basura que me arrojaron encima. Lo tenían todo planeado y solo había un responsable, ese chico de ojos azules que buscaba intimidarme cada vez que me veía, que logra humillarme cada vez que se le antoja.


Tengo miedo de salir, sé que debo hacerlo pero también tengo la certeza de que él puede estar esperándome para terminar lo que comenzó. Me digo a mi misma que tengo que ser fuerte, ya queda poco, solo algunos minutos y luego seré libre por algunas semanas.


Limpié las lágrimas de mi rostro, saqué la sudadera de mi mochila que por suerte no se había ensuciado y me la puse, así por lo menos disimularía un poco. Empecé a caminar hacia la salida pero algo me detuvo, tal como lo imaginé él se encontraba con sus amigos riendo a carcajadas mientras fumaba un cigarrillo, aunque a juzgar por su rostro no era mucho de su agrado.


Respiré hondo, si era sigilosa tal vez pasaría por desapercibida. Subí la cremallera de mi sudadera y me coloqué la capucha, mi corazón latía muy rápido, sentía que se me iba a salir del pecho. Caminé lo más rápido que pude, logré pasarlos sin que se percataran y entonces lancé un suspiro, al fin podía estar tranquila.

—¡Taponcito! —¡Mierda! Esa voz me detuvo haciendo que mi mundo se viniera abajo, ¿Por qué tenía que verme? Hice caso omiso y empecé a caminar nuevamente a paso ligero, podía oír sus pisadas detrás de mí, solo podía preguntarme, ¿Por qué no me deja en paz de una buena vez? Me tomó del brazo y me giró bruscamente del brazo—. ¿No me vas a saludar, Taponcito? Después del regalito que te di pensé que serías más agradecida —comentó con una sonrisa soberbia.


—Tengo que llegar a mi casa —expliqué soltándome de su agarre mientras bajaba la mirada.


—¡Oh! La nenita de mami tiene que llegar a su casita para tomar la sopa y hacer sus tareas —dijo burlón—. Dame tu mochila —demandó enojado, mi respiración empezó a acelerarse, no le hice caso—. ¡Te dije que me des tu maldita mochila! —espetó, como no le hice caso, me la sacó y comenzó a tirar todas las cosas al suelo. Unas inmensas ganas de llorar me invadieron pero intenté controlarme, tomó mis cuadernos y comenzó a romperlos uno a uno mientras reía con sus amigos que contemplaban el espectáculo, yo no podía hacer nada, estaba paralizada, eso era lo que me generaba cada vez que se me acercaba. Una lágrima recorrió mi mejilla, estaba destruyendo mis cosas—. No llores, Taponcito. Son solo cosas, no valen nada, como tú —se acercó más a mí, me acorraló contra la pared y limpió mis mejillas con suavidad, qué imbécil—. ¿Cuándo vas a ser una mujer, Taponcito? A este paso vas a morir virgen, quizá necesites a alguien que te ayude a evitar eso —insinuó mientras sus manos rodeaban mi cintura, eso me dio mucho asco y repulsión así que comencé a removerme incómoda.

—No me toques —ordené asqueada mientras lo observaba rencorosa.


—Vamos, no te hagas, a todas les encanta —exclamó con una sonrisa socarrona.


—Déjame en paz, por favor —rogué cerrando mis ojos empañados—. ¡Basta! —sollocé pero él ni se movió, parecía que lo disfrutaba—. Ya no quiero más esto —exclamé abriendo mis ojos.


Cuando abrí mis ojos sentí su respiración en mi mejilla y de un momento a otro sus labios tocaron los míos, me pegó más a él así haciendo más intenso el beso pero yo no sabía que hacer ¡Era mi primer beso! Esto estaba mal, él me hacía mal, intenté despegarme pero no me lo permitió. Al cabo de unos segundos se alejó y me observo, ¿Qué se supone que era todo esto, hasta hace unos minutos me odiaba y ahora me besa?

—Gané, les dije que sería fácil —sonrió de lado, se dio media vuelta y se fue junto con todos esos idiotas que lo miraban con admiración.


¡Una maldita apuesta, él robó mi primer beso por un juego! En ese momento algo dentro de mí se rompió, todo esto ya era demasiado, ya no lo aguantaba más, me sentí estúpida, manipulada y usada pero después de todo ¿Eso a quién le importaba?


Tomé todas mis cosas esparcidas por el suelo y las guardé en mi mochila, corrí hasta la casa lo más rápido que pude y me tiré en la cama a llorar. La puerta de mi cuarto se abrió, era mi nana.


—¿Por qué esas lágrimas, Anita? ¿Otra vez ese chico? —asentí, ella se sentó a mi lado y me abrazó—. No permitas que él defina quién eres o te quite toda tu luz solo por diversión —comentó viéndome con lastima, detestaba que me vieran de esa forma.

—Es que no sé qué hacer —expliqué mientras me secaba las lágrimas—. Todo esto me está consumiendo, nana —susurré con un hilo de voz.


—Anita, tienes que decidir, tienes que decidir entre ser fuerte o débil, entre ser insultada y no contestar o contestar y no dejarte pisotear. Solo tienes que decidir cómo quieres actuar y hacerlo —explicó comprensiva, analicé lo que dijo y tenía razón, tenía que decidir pero la verdadera pregunta era, ¿Cómo?


—¿Cómo decido, nana? —pregunté con mis ojos inundados en lágrimas.


—Primero tienes que saber qué es lo que quieres y si es estar en tu cuarto escribiendo y leyendo libros, entonces hazlo pero lo que nunca permitas es que alguien pase por encima de ti. Si te gusta estudiar, está bien pero no por eso se tienen que burlar de ti, tienes que defender tus pensamientos y tus gustos —explicó calmada mientras me sonreía tiernamente—. He leído lo que escribes y déjame decirte que para tu edad es muy poético y romántico —comentó soltando una risita—. Pero eso no significa que no debas compartirlo. Anna, tienes que mostrarle al mundo lo que escribes, más de una vez me sacó una lágrima una de tus historias. Además es tu gusto, tus pensamientos y solo por eso no debería importante lo que los demás digan, si a ellos no les gusta pues que te importa lo que ellos piensen de ti, créeme, siempre va a haber alguien que le guste algo de ti —recalcó acariciándome el cabello.


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Gracias por leer, nos leemos en el próximo capítulo ¡Besos!





23 de Diciembre de 2019 a las 04:04 2 Reporte Insertar Seguir historia
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Om Garcia Om Garcia
¡Hola! Me encantó tu prólogo. Escribes muy bien y eres original. Lo que no me convence es tu sinopsis. Siento que no deberías contar lo que ocurre en tu historia en ella, para que intrigues a tus lectores y se motiven aun más a leerte. Suerte.

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