Cuento corto
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SI SUPIERAN


AUTOR: Alberto Suárez Villamizar



«Es divertido poderlo hacer; como me hubiese gustado haberlo hecho antes. Muchas veces lo quisimos pero fue imposible lograrlo. Ahora a través del cristal puedo observarlos a todos; y mejor aún escucharlos sin que ellos se enteren. Muchas veces quisimos saber lo que los demás piensan y hablan de uno, y ahora cuando puedo hacerlo me entretiene conocer sus opiniones cuando dan rienda suelta a sus comentarios creyendo que no serán escuchados» .


«En un sofá negro cómodamente sentada se encuentra Gloria, la solterona del barrio, luciendo un vestido con un insinuante escote, en el cual la mayoría de los hombres quieren ver un poco más allá, - y las mujeres critican entre ellas - , comparte amenamente con María, mujer de edad avanzada y considerada como una señora “bien” en la población, y entre susurros comentan para ellas:»


- Si ves María como son las cosas: ahora Claudia – la viuda-, se mueve de un lado a otro mostrando muy poco dolor. Parece disfrutar de la ocasión y parece contenta de su nueva situación.


- Claro que si Gloria- responde con voz queda María- parece ser cierto lo que tanto se rumoraba desde hace tiempo de sus “amores” con Antonio el vigilante. ¿Recuerda Ud. aquella vez que se celebró la fiesta de navidad y que estando su esposo ausente ella se dedicó a tomar cerveza en la tienda de la esquina hasta altas horas de la noche?


- Si lo recuerdo, y hasta dicen que se fue a casa y dejó la puerta abierta para que el vigilante entrara a hacerle compañía. Mírela ahora poniendo cara de sufrimiento.


«Vaya que lengua viperina tienen ese par de señoras, y pensar que se decían tan amigas de la ahora viuda».


«En el otro extremo de la sala parlotean otro par de damas: Una de ellas es Gertrudis, una mujer madura de una belleza extraña – por no decir que fea-, viuda de don Pelayo, de quien se dice que debió hacerse casado en estado de embriaguez para no darse cuenta del error que estaba cometiendo al unir su vida a una mujer tan poco atractiva. Dicen que por esta razón murió de pena moral tres días después de la boda. La otra señora es doña Inés – la beata- quien no se pierde ningún funeral en el pueblo, y es la encargada de dirigir los novenarios en memoria de los difuntos»-


- ¡Qué lástima que se nos haya ido tan pronto – dice doña Inés- siendo un hombre tan bueno, luciendo siempre tan fuerte y sano. Era tan respetuoso…!


- ¿Respetuoso dice Ud.? Se ve que lo conoció muy poco. Tan solo esperaba encontrarse conmigo a solas para hacerme ciertas propuestas, ¿Ud. me entiende? No fue sino que muriera Pelayo para que iniciara conmigo sus cortejos, invitándome a salir en más de una ocasión. Claro que yo siempre lo rechace aunque me insistiera tercamente. Pensaba que yo era una mujer fácil, pero no le di ese gusto- Comentó Gertrudis, la viuda de don Pelayo.


«!Vaya que descaro el de doña Gertrudis, atreverse a decir tales cosas; si después de haber enviudado se quedó sola no fue por su voluntad, sino porque no hubo quien más se le acercara, su belleza no daba para más..! Una noche de estas le daré su buen susto.»

«Al lado de la puerta de entrada, frente a la cafetería están otras dos personas, ambos propietarios de un par de conocidos negocios del pueblo; Carlos: el dueño de la taberna “Los Recuerdos”, y Lucía del restaurante “El compadre”, quienes muy indiferentes a la presencia de los demás asistentes dialogan entre sí:»


- Lucía si se ha fijado en don Ricardo, luce la ropa que acostumbra usar para las fiestas, además se ha aplicado una fina loción para llamar la atención.


- Claro que lo he notado. Además no le quita la mirada de encima a Claudia- la nueva viuda- Seguramente ahora ira tras el dinero que le haya quedado, si es que le quedo algo. ¡Que lo dudo!


- Si señora- dice don Carlos- el difunto era un parrandero de tiempo completo, además de tener más de una aventura que yo le conocí, pues muchas veces frecuentaba mi taberna en compañía de alguna de sus conquistas.


«Algunas cosas parecen un chiste y dan ganas de reír, pero otras producen ira. Al escucharlos sin que ellos lo sepan le permite a uno saber quién es cada cual, sólo que ahora no puedo hacer nada, pues soy yo quien ocupo la caja mortuoria y los escucho y observo a todos a través dela ventana de cristal»


Por eso amigo, cuando asista a una sala fúnebre tenga cuidado con sus comentarios, no vaya a ser que en la noche reciba una desagradable visita…si muy desagradable….



FIN

15 de Diciembre de 2019 a las 02:06 0 Reporte Insertar 0
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