NEKRONOMIKON Seguir historia

gregrivers L. Gregorio Torre Rivero

El Necronomicon es un supuesto grimorio , es decir, un libro con contenidos o fórmulas mágicas que, en principio, servirían para despertar a los muertos, pues " ... no está muerto lo que yace eternamente", en palabras de H.P. Lovecraft. Este pensamiento forma parte de todas las tradiciones esotéricas, es decir, de todas las corrientes ocultas cuya transmisión está reservada a unos pocos iniciados.


Fantasía No para niños menores de 13.

#MIIXTIFICACIONES-Y-PARADOJAS #leyendas #mitos
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NEKRONOMIKON

NECRONOMICON


“...Que no está muerto lo que yace eternamente ...” (H. P. Lovecraft)


El grimorio —atribuido al nigromante sirio Abdul Al Hazred— ha existido y me atrevo a decir que existe y se halla oculto en un lugar secreto; tal vez en alguna sala de los oscuros e inhóspitos pasadizos y sótanos del Vaticano. Vendría a titularse “Sobre las Leyes de los Muertos” y sería una de las múltiples traducciones al siro-fenicio (bajo arameo) de oscuros textos egipcios hallados sobre finales del año 800 de nuestra era, 275 de la hégira, aproximadamente, por el califa de la dinastía abasí Abdul Allah al Mamun, a la sazón Sultán y Señor de Egipto, hijo del famoso Harum Al Rashid, el autor de las leyendas de “Las mil y una noches”, tras entrar en la Gran Pirámide por una abertura o brecha practicada a unos dieciséis metros del suelo o plataforma pétrea sobre la que ésta se erige y a través de la cual, recorriendo intricados pasadizos y galerías, accedería a su interior, y a sus misterios y tesoros (pues allí los ocultaban los sacerdotes), todos los cuales habrían sido trasladado a La Casa de la Sabiduría de Bagdad, el museo privado de arte e historia y biblioteca califal de la nueva ciudad construida en las cercanías de Babilonia.

Dichas tumbas se habrían erigido no como mausoleos de los faraones de la III y IV dinastías, hecho imposible de toda imposibilidad, por más que lo certifiquen los arqueólogos de la corriente oficialista, sino en la antigüedad remota, como prisiones inexpugnables levantadas por los nefilim, los gigantes de las épocas pretéritas, presentes en todos los ciclos de leyendas y cosmogonías de los pueblos antiguos, para confinar allí, por los siglos de los siglos, a las entidades malvadas de naturaleza inmortal, conocidas en la mitología árabe anterior a la codificación, como Jinn o Djinn y a los Ghoul (demonios necrófagos), bajo el peso de millones de toneladas de granito y que liberados de sus cadenas por la codicia humana, pero también por la infinita curiosidad y deseos de saber, vagarían hoy por los desiertos del mundo o quizá, encarnadas en los cuerpos de crueles gobernantes, habrían acarreado la destrucción y la muerte a lo largo de las épocas, como enemigos eternos que son del género humano, es decir, los antiguos demonios o ángeles caídos de los relatos bíblicos.

El denominado Necronomicon – la presunta traducción al griego de dicho texto- es, en cambio, me atrevo a decir, una invención o mixtificación, creada, a partir de algunos datos fidedignos, por la febril mente de H.P. Lovecraft, que, en su delirio, elaboró, incluso, una prolija ficha del libro, a la que después se sumaría la tan conocida del escritor y fabulador argentino Jorge Luís Borges, más pretenciosa y erudita, pero igual de falsa, me temo.

Tal libro, – el original, me refiero- , no la apócrifa versión griega (encuadernada, según H. P. Lovecraft en piel humana y nunca hallada a pesar de las pistas sugeridas), contendría además de los saberes ocultos, siguiendo los ritos de transformación y los misterios osíricos, los procedimientos, fórmulas y protocolos del ancestral sacerdocio, utilizados para, tras la muerte, hallar el camino hacia la vida eterna, así como, este es un dato crucial, las genealogías de la humanidad, a semejanza del “Bereshit” de la Torá hebraica, que nos remontarían a la época de los Antiguos, en consonancia con los Anales elaborados por Maneton, sacerdote del templo de Ra, en Heliopolis, en el s. III antes de Cristo, y Beroso, sacerdote del templo de Esagila, dedicado al dios Marduk, en Babilonia, ambos cronólogos e historiadores coetáneos muy reconocidos de la Antigüedad y ampliamente citados por autores tan diversos como Flavio Josefo, historiador romano de origen judío y , en la Patrística, Sexto Julio Africano, cronólogo e historiador cristiano.

Tendría, pues, más que ver con el Libro de los Muertos, que con las fantasías oníricas del autor de Providence (Nueva Inglaterra), que lo consideraba una especie de talismán o arcano que permitiría al lector contactar con los Primigenios, según ritos de iniciación tan antiguos como peligrosos, pues dichas criaturas, podían tomar posesión de su espíritu, llevándolo al paroxismo y a la locura y, a su través, desencadenar fenómenos, alteraciones o distorsiones en el “continuum” espacio-tiempo, estableciendo una relación indeseable con los entes del inframundo y de la realidad paralela, o, según la terminología actual, con entidades del multiverso cuántico nada benéficas.

H.P. Lovecratf, como heredero, a su manera, de la gran corriente del trascendentalismo norteamericano (en realidad, una escuela sumamente ecléctica que indaga en numerosas fuentes, entre ellas las orientales), y exponente original del llamado género gótico, se servía con frecuencia de materiales presentes en las mitologías, para la creación o recreación de su universo legendario, que se nutre de monstruos que habitan los abismos y criaturas surgidas de lo insondable del espacio y del tiempo, utilizando, como recurso literario, escenarios propios de los sueños o de la imaginación más desbordante, para dotar a sus historias de un aura de realidad ultra-terrena, de una densidad viscosa y nauseabunda y de una maldad sobrehumana, lo cual es como decir infinita, que anticipa el género “pulp” y la literatura popular, presente, asimismo, en el cine y que ha inundado e inunda los fanzines o revistas de gran tirada desde hace más de un siglo. Así surgirían los extraordinario relatos de los “Mitos de Cthulhu” , “El que acecha en el umbral”, en colaboración con August Derleth, “El horror de Dunwich”, “Las montañas de la locura”, y muchos otros recogidos en las aludidas publicaciones periódicas, como “Weird Tales”, pues fue autor prolífico, que nos muestran en clave exotérica, cómo desde la noche de los tiempos, estaríamos rodeados de criaturas de los abismos y presencias cósmicas, que habitan el mundo desde que el ser humano, tal como lo conocemos, fuese creado a imagen y semejanza de Elohim, entidad benéfica según los relatos bíblicos, o los annunaki, entidades maléficas de las leyendas babilónicas.

12 de Diciembre de 2019 a las 19:36 2 Reporte Insertar 6
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Nataly Calderón Nataly Calderón
Hola, me gustó mucho, siempre tuve curiosidad sobre este libro y sus historia. Una pregunta, este libro tiene relación con el libro de los muertos que aparece en la momia? no sé de repente leyendo tu escrito me vino a la mente esa imagen de la película. Saludos.
December 20, 2019, 18:20

  • L. Gregorio Torre Rivero L. Gregorio Torre Rivero
    De hecho, el título, así se podría traducir. Estaría emparentado, de existir (no descartemos que sea una pura invención), con El libro de los Muertos egipcio, y sería como aquél una colección de fórmulas sacerdotales, que ayudarían en el camino de las almas por el inframundo. December 20, 2019, 19:11
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