A dónde iré esta vez... Seguir historia

carpio_pedro1572475307 Pedro Carpio.

Un hombre ayuda a un anciano a defender a su hija cuyo marido le destrozaba la cara a golpes...


Cuento Sólo para mayores de 18.

#sangre #Gopes #cigarros #Cervezas #soledad #suburbio #vida
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A dónde iré esta vez...

Ricardo estaba solo en su cuarto bebiendo unas cuantas cervezas y fumando unos extraños cigarrillos de un nombre complicado, quería probar nuevos sabores. No le gustaba estar con alguien, especialmente con nadie, le gustaba la soledad, se sentía bien así, la pasaba bien así. No era de celebrar fiestas, apenas iba al cumpleaños de alguien por obligación, pero no tardaba en volver a casa, él vivía por el centro de la ciudad, aquellos que conocen bien estos lugares, saben que el centro no es tan bonito, ni es tan seguro, está lleno de policías, sí, pero es sólo porque hay muchos criminales cerca, las personas caminan por las calles despavoridas, parece una zona de guerra, la multitud lo debe notar. Los criminales son rápidos, tienen que hacer el trabajo rápido, si los cogen están perdidos, si tienen suerte, el policía los apresa y en la cárcel los golpean un par de veces y los sueltan al siguiente día; si al contrario, el delincuente carece de suerte, es atrapado por el gentío, amarrado en uno de los postes que sostienen los hermosos faroles que adornan la bella ciudad, es despojado de su vestuario, a veces sólo lo dejan en ropa interior, a veces completamente desnudo, consiguen un par correas, palos, finos fierros, cabos, cualquier tipo de objeto que pueda herirlo y no matarlo, entonces el delincuente es apaleado salvajemente por toda la multitud furiosa y fastidiada de tantos como él, que no permiten vivir tranquilo al hombre que se hace llamar honrado, los golpes son a matar aunque no lo matan, el delincuente llora, implora la llegada de los policías, se desangra en una de las tantas esquina mientras es escupido, apedreado, pateado, insultado, avergonzado, noqueado, masacrado, cortado por el hombre que orgullosamente ante la sociedad y ante Dios se hace llamar honrado, bueno, bondadoso, y muchas cualidades que hacen a un hombre una especie de súper hombre, en fin, Ricardo pensaba en eso y muchas cosas más, el mundo está lleno de mierda, de malos hombres, malas mujeres, mentirosos, ocultistas, ladrones, estafadores, deudores, cobradores, prestamistas, viciosos, enfermos, psicópatas, violadores, pedófilos, políticos y mucho, mucho más; aunque a Ricardo poco le importaba, no había exactamente algo que podía hacer, a menos que actuara diferente, lo hacía en realidad, salió de la casa de su madre a los 25, al fin tuvo el valor, consiguió un trabajo, daba parte a su madre y a su padre de lo que ganaba, tuvo una novia, pero no funcionó y se a sinceraron, pagaba sus impuestos, no siempre pagaba puntualmente la renta, pero lo hacía, trabajaba diario todas las noches como guardia de seguridad, nunca ocurría nada ahí, era un excelente trabajo para él, aunque otros no lo creían así, había terminado la universidad, sacado cartones y títulos vanos, todos esperaban mucho, y fue una gran decepción cuando el tiempo transcurría y no ejercía su profesión, estuvo en la cárcel un par de meses, intentó defender a un muchacho drogadicto una noche de una banda de policías que lo golpeaban en un callejón, casi derribó a todos, pero estaba oscuro y en tantos movimientos rápidos, uno lo noqueó con el mango de la pistola, sólo se despertó cuando estaba enjaulado, y los policías que lo miraban con odio y desprecio gritándole las inútiles razones del porqué atiborraban de golpes al desgraciado adicto, no le interesó, lo mantuvieron encerrado en ese agujero varios meses, perdió la noción del tiempo, siempre era oscuro ahí, era golpeado por policías borrachos y drogados, agresivos por naturaleza, a veces metían en la misma jaula a enfermos asesinos, suicidas, quizás intentaban asesinarlo de alguna u otra manera, la justicia es rencorosa, la justicia al parecer nunca olvida, pero éste siempre terminaba haciéndose amigo de todos los criminales que le traían, los encargados lo odiaban y cuando lo liberaron, le dieron la última paliza entre varios, comía poco allí dentro, pero sus fuerzas casi se mantenían dio un poco de lucha, los policías ya no estaban interesados en conservarlo por más tiempo, se dieron cuenta que tener a un hombre así, con cama, baño y comida gratis era prácticamente mantenerlo sin preocupación alguna, así que lo sacaron a patadas, Ricardo tuvo que volver a embarrase de caras, conversaciones con nuevas personas, nuevas chicas, pero siempre las malas, las zorras, las putas. Comenzó a alejarse de a poco de todos, comprendió que, tal vez, la mejor época que hasta ahora había vivido era haber estado encerrado en ese maldito agujero lejos de tanta mierda, olvidando, claro, las múltiples palizas recibidas, lo tomaba casi como un entrenamiento, la vida entera era un constante entrenamiento, para la siguiente fase, la muerte.

Escuchar ruidos semejantes a disparos no eran novedad alguna, así que sólo estaba allí, sin mucho que hacer, tenía un par de días libres, se lo había ganado, les cayó bien a los dueños del local que cuidaba, “ Diviértete, es Halloween” le dijeron, él sólo movió su cabeza intentado sonreír, que más daba si fuese navidad o año nuevo, todo es tan repetido, tipos en bares, en boticas, comisarías, en colas, en tiendas, comprando ropa, comprando licor y más y más, el dinero pasa de mano en mano y en menos de una semana ha recorrido casi la mitad de la población, personas besándose en parques una temporada, luego de otra esas mismas personas están besándose con otras diferentes en otros lugares, si la saliva fuese una especie de conexión todos tendríamos hilos que nos ataran a bocas, pollas, culos y tetas, estén seguros, él se lo imaginaba, y no le emocionaba salir a la noche en busca de alguna mujer, quizás no por ahora, quería estar realmente solo, pero debido a dicha fiesta mencionada por los jefes de su trabajo, las calles eran más líos que cualquier otro día, los carros no dejaban de sonar, las bocinas, los pasos parecían estar tan cerca, no tenía muchos amigos, y los pocos solían estar con su familia. Cuando estaba en la universidad salía regularmente, bebía, intentaba ser el más duro en eso, pero debido a ello varios de sus amigos murieron en el camino, otros cambiaron sus vidas, tomando caminos diferentes, ahora eran grandes empresarios, grandes profesionales que minimizan al ciudadano común, que adoran sus trajes y sus corbatas, y quién sabe que cosas más, se había quedado solo, la vida le había enseñado siempre a estar de esa manera, hoy sólo se encontraba bebiendo sin mucha emoción, no tenía la certeza de lo que le esperaba más adelante, suponía que no había nada más adelante, más de lo que podía esperar, un sueldo simple, quizás una novia que se convierta en su mujer, un hijo, y el mismo arrepentimiento de la mayoría de los viejos que conoció en su infancia. Mientras pensaba todo esto, alguien topaba a su puerta, le disgustó, pero tuvo que ir a ver, era un anciano de más o menos ochenta años, parecía estar preocupado, casi llorando “¡Joven, joven, ayude a mi hija, la van a matar, la van a matar!” admitía ser realmente una emergencia, Ricardo se puso un poco de ropa, y salió de prisa a la calle, gente caminando por el lugar de manera normal, carros paseándose por la avenida como extranjeros, la policía no estaba allí, la policía pocas veces lo está. Todo sucedía lentamente, un tipo golpeaba sin parar a una mujer en el suelo, la mujer intentaba cubrirse, estaba asustada, lloraba, pedía auxilio, el tipo tenía el mismo aspecto de criminal que había conocido en el encierro, no el aspecto más peligroso, sino el que tiene más de fachada que de real, quiero decir, un pequeño pendiente en la oreja, un corte de cabello ridículo, tatuajes como machas de lepra por todas partes, casi no se podía diferenciar algún significado entre tantos dibujos mal formados, tenía cierta corpulencia pero Ricardo no se inmutó, recordó a los viejos perros de la cárcel, a los más peligrosos, con ellos no podías andar en bromas o en escándalos, eran hombres de pocas palabras y más de acciones, acciones discretas, claro, esto era una fanfarronería, una cobardía, un abultado hombre contra una mujer desvalida que imploraba algún rescate. Ricardo se abalanzó sobre el tipo, alejándola de la mujer, dejándola en su pequeño charco de sangre, el miserable le había partido el labio, la nariz y las cejas, quién sabe qué más, los dos terminaron revolcándose como un par de perros en el piso, un golpe aquí, un golpe allá, tiempo para respirar, para pensar en el siguiente ataque, y mientras sucedía ligeras pausas y gritos bochornosos, Ricardo reconoció la cara del sujeto, nunca olvidaba un rostro, tenía buena memoria para eso, habían pasado tanto años, y ahí estaba el muchacho, ya era un hombre, o tal vez siempre fue mayor que él, recordó cuando lo salvó de la policía en aquel callejón a media noche, y ahora se lo enfrentaba a golpes, quién era el malo. La pelea no duró mucho tiempo más, la gente se hartó de semejante escándalo y los separaron, valga decir que Ricardo iba ganando la lucha, era como si aplicara un castigo a su propio hijo, sólo que el corpulento sujeto terminó sin un par de dientes, la nariz rota, el ojo muy hinchado; ahora la mujer, aquella que era golpeada hace unos minutos arremetía contra Ricardo, lo maldecía, maldecía su existencia, lo escupía, y éste no entendía porqué, acaso le faltaba un tornillo, “¡mi marido, mi marido, suéltalo, suéltalo…!”, algunas personas realmente están locas, o aman de verdad, Ricardo lo soltó cuando un grupo de policías vino al rescate, y las personas comenzaron aglomerarse, parecía una obra de teatro, la gente murmuraba, los policías lo encadenaban, la mujer del tipo lloraba intentando socorrer la sangre de su marido, olvidando su propia sangre que se le escurría de la cara, “explicación, explicación, quiero una explicación…” dijo un oficial, la mujer vino como una fiera contra Ricardo, “¡él destrozó la cara de mi marido, miren cómo lo dejó, él me hizo esto…!” señalaba su propio rostro, “es mentira, todo lo que dices es mentira, ese desgraciado te estaba matando, mira cómo te dejó la cara… éste hombre sólo te defendió” decía el anciano, “¡Cállate papá, cállate, tú no sabes nada, no te metas…!” la mujer amenazó con golpear al viejo pero la policía la detuvo, el viejo se encogió, pareció querer llorar “mil disculpas…” le dijo a Ricardo, “No se preocupe…” respondió. La policía no los llevó, me refiero a Ricardo y al anciano, en cuanto a la pareja, el hercúleo hombre ni siquiera regresaba en sí, fue llevado dócilmente a uno de los coches de patrulla, fue la mujer quien puso mucha resistencia, era sorprendente ver como se aferraba a su capricho después de tantos golpes, de tanta sangre perdida, lograron encogerla de hombros y meterla en el carro, no dejaba de chillar y maldecir hasta perderse en su camino a la comisaría más cercana. El gentío disminuyó y todos continuaron con sus planes, con sus fiestas y demás compromisos. El anciano fue el único que se quedó parado en donde se concentró la pelea, mirando con su rostro de mil arrugas cómo se alejaban todos, nadie se fijó en él, excepto Ricardo, pero éste no tuvo idea de qué hacer, ni siquiera lo conocía, así que volvió a su cuarto, el cigarro que había dejado encendido se había consumido del todo, la cerveza se desheló, intentó quitarse la ropa y volver a lo que estaba haciendo, le sería complicado, aún pensaba en el odio con el que la mujer lo vio, el muchacho que había salvado hace años, ahora él continuó el trabajo de los que lo arrestaron, era tan confuso, todo ello en qué lo convertían, en malo o bueno, quizás no debió atender a la llamada del viejo, quizás debió pensar que era la casera otras vez que venía a cobrarle la renta, lo iban a votar después de todo, se había atrasado varios meses porque así lo quiso, una buena estrategia para olvidarlo todo y comenzar de nuevo en otro lugar, entonces cuando abría una nueva cerveza, alguien volvió a topar su puerta, volvió a disgustarse, volvió a ponerse un poco de ropa, y volvió a abrir la misma puerta, era el anciano, no lloraba pero no hace falta ser un experto para ver a un hombre triste, el viejo ya no tenía fuerzas para fingir alegría, todo lo que sentía lo sacaba a flote, y ahí estaba de nuevo “Joven, discúlpeme, no quise molestarlo, es mi hija, ella parece estar loca, pero es buena, es una buena niña…” “no se preocupe, no se preocupe, todo el mundo tiene que ayudar a veces a hacer entrar en razón a algunas personas…” “Sí, joven, lo siento mucho… otra cosa, quería saber si tiene algo de comer, no sé a dónde llevaron a mi hija, no sé en cuanto tiempo la volveré ver, en mi casa no hay nadie, ella siempre va y me prepara algo, yo no puedo meterme en la cocina debido a mi edad, mis manos y mis rodillas tiemblan cuando estoy cerca del fuego, tampoco tengo dinero, mi yerno se lo ha llevado todo…” “Por su puesto señor…” dijo Ricardo, sacó un paquete de pan, galletas, mantequilla, un poco de queso, de uno de sus cajones, se lo dio al viejo en una canastita junto con un par de billetes, era su reserva de un par de semanas, lo que al viejo seguramente le duraría un par de días, así calculaba el tiempo que demoraría en salir la aferrada pareja, mientras el viejo esperaba sentado en el zaguán, “Tome señor, esto será suficiente por un tiempo, pienso que liberarán a su hija mañana o pasado mañana, tiene provisiones de sobra, no se preocupe, si requiere alguna otra cosa, no dude en pedírmelo…” “Muchas gracias, joven, no sabe cuánto le agradezco esto… una cosa más, joven, un detalle…” “dígame…” “tiene que irse de aquí lo más pronto posible…” “¿disculpe? …” “es el marido de mi hija, lo conozco, él se vengará, saben dónde vive, tiene que irse joven, por su bien, pueden matarlo…” “oh, no se preocupé, veré qué hacer, gracias por la advertencia…” “de nada, joven, cuídese…” y el viejo se fue caminando lentamente con toda su energía posible, por el pasadizo se le escuchó decir entre dientes “es un buen joven, un gran joven, era yo así hace cuarenta años, qué gran joven, qué gran joven…” Ricardo cerró la puerta y volvió a lo mismo, ahora el paisaje era claro, quizás una señal de la vida, un nuevo lugar qué conocer, “pueden matarlo…” se quedó pensando cuantas veces escuchó eso, abrió unas cervezas, y meditó en un nuevo lugar dónde quedarse otra temporada, la casera quería que se fuera, alguien más quería asesinarlo, los policías lo dejaron en libertad de nuevo, otro lugar a dónde ir, quizás a una nueva ciudad, total ya se le había hecho costumbre mudarse cada cierto tiempo, miedo no tenía, lo había perdido hace mucho, abrió otra cerveza, gritos y disparos a fuera, “a dónde iré esta vez…” pensaba. Prendió otro de sus cigarrillos de nombres irrelevantes mientras seguía la noche.

Fin.

8 de Diciembre de 2019 a las 07:54 0 Reporte Insertar 0
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