El hombre que temía la muerte Seguir historia

clem Clem SS

La última vez que Estéfano vio a su prometida esta le advirtió que si no accedía a lo que ella le pedía, la perdería para siempre. Entonces estéfano tiene dos opciones, o cumple y le demuestra que la ama o se deja gobernar por el miedo y perderla.


Cuento No para niños menores de 13.

#sátira #Novela-narrada #Santo-Domingo #Republica-Dominicana #Muertesabsurdas
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Parte 1

Muchos hombres lloran de pánico cuando ven el camino hacia la inevitable muerte cerca. Algunos lloran de tristeza por no haber vivido lo suficiente ni disfrutado de la vida como les hubiera placido. Otros buscan morir de la manera que ellos mismos elijan y otra parte huye de ella como puede. Pero seguro nadie nunca huyó de ella de la manera como el señor Estéfano Villa Millán lo hizo. Apenas con veintiún años y no sabía de vivir.

Habitaba siempre su casa, en un reclusorio impuesto por él mismo.

Tanto miedo le agarró a morir que nunca puso un pie fuera de su dominio, la mansión de los Villa Millán; apellido de una de las familias más ricas de la isla. Tres generaciones de una casta española asentada en la isla de Santo Domingo a finales del siglo XVIII. Nunca conoció España y no conservaba el acento; este fue desapareciendo un poco más en cada nueva generación.

Su miedo por la muerte fue el producto de una cadena de secuencias desastrosas sucedidas en su familia y de gente de a su alrededor, cuyo final le causaron un terrible pánico ante la idea de morir.

Perdió a su madre, muy pequeño, cuando una maceta le golpeó la cabeza mientras salía de la casa. El contenedor de una planta de cactus estaba atado en la entrada, en el jardín colgante, cuando una de las sogas se rompió y la vasija fue justo a dar a la cabeza de la pobre mujer.

Unos años más tarde, su padre fue a uno de sus habituales paseos en solitario a caballo; jamás regresó. La siguiente vez que se supo de él llevaban el cuerpo sin vida, producto de haberse precipitado del caballo. El animal se asustó con alguna culebra, brincoleó hasta tumbar al hombre por unos empedrados y murió.

Sólo tres meses después de aquel incidente, una de las criadas nuevas en el servicio fue arrollada por un carruaje en la carretera, justo cuando el joven sacó la cabeza para gritarle el último encargo que quería le trajese del mercado.

Fue algo horrible. Ese día el joven Villa Millán decidió que fuera de sus cuatro paredes sólo existía la muerte y, desde entonces, a la edad de catorce años se propuso no salir más.

Pedirle que saliera a tomar aire fresco era como decirle una mala palabra, a la que respondía con tono ofendido. Los empleados tuvieron que aprender que la vida del señor de la casa estaba dentro y no afuera; incluso para las cuestiones más privadas dependía de un sirviente que las hiciera por él.

Ni siquiera su prometida podía verlo sin hacer ella la visita. Cosas que ella, al principio, soportaba por amor, pero con el pasar de los años empezaba a preocuparle, de manera casi alarmante, el qué sería de la vida de su amado si seguía en aquel encierro. Apenas se asomaba a la ventana, sin siquiera sacar la cabeza por miedo a que una fuerte brisa soplara de repente y la cerrara con fuerza, quedando su cuello expuesto. Estaba paranoico.

—¡Qué no! ¡Qué no y qué no! ¡Me rehúso a presentarme en tal evento!

Renegó con vehemencia mientras se acurrucaba en las sábanas de su cama en plena mañana, después de leer la invitación infame enviada por su prometida con una de sus criadas.

—Señor Villa Millán —repercutió la mujer, indignada—, es su prometida quien le envía esto. Pronto será su cumpleaños diecinueve y su presencia es muy importante.

—Ella sabe... No soporto la idea de salir, ¿y me hace esto?, que ella se haga la ignorante a mis deseos no la convierten a ella en la ofendida, me convierten a mí.

—La señorita Mercedes me entregó éste sobre con la esperanza de que, al menos, lo considerara. Esta fecha es muy importante para ambos. Usted recuerda, ¿no?

—Por supuesto que recuerdo: después de cumplir los diecinueve ella y yo contraeremos nupcias. Así fue estipulado para que ella pudiera disfrutar de su juventud, antes de convertirse en mi amada esposa, la madre de todos mis hijos.

—El tiempo no era sólo para ella. Era para que ambos adquirieran sabiduría y maduraran para saber como proseguir en esta vida, pero usted no ha hecho nada durante ese tiempo. Malgasta su juventud dentro de esta casa que lo está marchitando. Usted no está viviendo, señor.

—¿Quién se atreve a murmurar de su señor? Yo disfruto de mi vida, por supuesto. Un buen libro me distrae cuando quiero aventuras.

—Tampoco quiso ir a la universidad.

—Tengo los escritos de Séneca, libros de física, filosofía, ciencias..., tengo toda la educación necesaria dentro de mi biblioteca.

—¿Y los amigos?

—¿Quién los necesita? Con las personas que viven en esta casa ya tengo suficiente lealtad.

—No es lo mismo, señor Villa Millán, usted nos paga.

—Y les pago bien.

—¿Y qué hay de su prometida?

—Ella es la luz de mis ojos, la persona que más amo —pronunció en tono de poema, cambiando su semblante a uno más risueño.

—Pues no lo demuestra faltando al momento que ella ha estado esperando desde el instante en que se oficializó el compromiso entre ambos; justo antes del accidente de su difunto padre.

—Es la razón por la cual me niego a salir. Me niego a poner un pie fuera de la casa, exponiéndome a peligros que son inimaginables y absurdos. Donde alguien amado llora por la muerte de otro ser amado y donde nada es seguro para nadie, ni para los mismos ricos.

La charla fue muy extendida por ambas partes, pero al final pasó lo de siempre: el señor Villa Millán ganó.

Su resolución a no salir, jamás, de la casa era tan fuerte que hasta lo debatía con filosofía y extraños trucos de lógica.

El cumpleaños de su prometida Mercedes se presentó, pero él jamás puso un pie fuera de la casa, y, por tanto, su prometida lo esperó aquella noche en vano. Un mandadero fue lo único en obtener.


***

—Cuéntame, ¿cómo aconteció la fiesta en la casa de los Gavilán? —preguntó el señor Villa Millán al mayordomo que envió en su nombre.

Le pidió que le contara todo con gran lujo de detalles; el sirviente así lo hizo. Describió como los Gavilán habían organizado la casa de manera esplendorosa para el momento más importante en la vida de su hija y de que la lista de invitados no fue mucha, sólo amigos de la familia y algunos parientes de estos.

—Debería tener cuidado, señor Villa Millán —advirtió el mayordomo cariñosamente—, mientras usted hace su mundo en cuatro paredes hay un mundo más extenso afuera, y su amada prometida está en él.

—¿Qué significa eso?

—Entre esos jóvenes invitados a la fiesta, había uno en particular que no dejaba de mirar a la señorita —dijo en confidencia. En el fondo lo hacía a propósito para saber qué haría su señor.

Este abrió los ojos en un principio, grandes ante el entendimiento, pero luego los volvió a poner en su lugar. No ignoraba que su prometida era una mujer encantadora y se comprendía que llamara la atención, pero ambos se amaban y la mirada de ningún otro hombre cambiaría eso.

Un hombre rico, de cuna aristocrática, de modales generosos, y aun así no quería reconocer que su peor defecto estaba siempre presente, a la vista de todos y de nadie.

Los empleados debían estar dispuestos, las veinticuatro horas, para cuando quisiera enviar a alguien a fuera, en su lugar. El infeliz cobarde ni siquiera se atrevía a asomar la cabeza por la puerta del frente, ni por ninguna otra. Su casa era su mundo, su castillo, su paraíso.

Después de la fiesta de su amada, Mercedes Gavilán, no tuvo más noticias de ella, ni siquiera una carta. Fue entonces cuando comenzó a temer que tal vez algo había pasado; hasta que recibió la visita inesperada de un carruaje frente a su casa, muy temprano.

Pidió a uno de los criados presente en ese momento que se asomara por la ventana a ver quién había llegado, este obedeció y le dio la feliz noticia.

—Es su prometida, señor.

4 de Diciembre de 2019 a las 02:26 2 Reporte Insertar 2
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Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
Muy buen capítulo, una narrativa envidiable.
December 09, 2019, 23:55

  • Clem SS Clem SS
    Hola, ¡ muchas gracias por tu comentario! December 15, 2019, 02:36
~

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