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Eduardo Saeta


Relato en primera persona del testimonio de una persona abusada y sus planes para liberarse de su agresor. #DeLaFraseElCuento


Cuento No para niños menores de 13.

#venganza #escape #abuso #delafraseelcuento
Cuento corto
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Sobreviviente


-I-

Testimonio. Soy un testimonio. Solo queda de mí un testimonio. Un testimonio que desgasta la pupilas. Me han visto vacilar. Me han visto flaquear. Me han visto a punto de desfallecer pero no les he dado el gusto. Me han visto languidecer como la tierra seca. Si tengo el placer de escribir estas palabras es porque he sobrevivido. Soy un testimonio que ha sobrevivido. He sobrevivido y contaré mi historia.


-II-

Caminaba con las manos atadas, arrastrándome a la sentencia que todos deseaban para mí, que todos deseaban para mí o que solo ésta bestia deseaba para mí. Otra vez me veía atrapada por sus garras, me pregunto cuántas veces más deberé soportar este calvario, pienso en mi madre, mis hermanos, en mi primer novio, ese novio que no se animó ni a tocarme, ese que se conformaba con verme reír. También pienso en mi padre, pobrecito mi padre, doy gracias que ya no esté, no soportaría verme pasar por esto.

Una frase bastó para que llegue a este estado. Tan solo mencioné que me gustaban sus ojos. Pocas palabras para semejante castigo. Otra vez su panza peluda contra mi espalda. Otra vez ese aliento mezcla a mate cocido y ginebra soplándome la oreja. Otra vez sus dedos sucios dentro de mi sexo. Otra vez sus palabras llenas de odio contra mí, mi cuerpo y mi identidad. Si al menos tuviera la delicadeza de lavarse las manos, ni si quiera ese detalle se le puede pedir a una bestia. Esta bestia no entiende de detalles, su vida es una serie de atropellos, atropellos sin nombre, atropellos que debo soportar día tras día, noche tras noche. Luego de sus visitas solo deseo dormir y morir, morir de una vez o tomar fuerzas para matarlo con mis propias manos. Deseo que un día se emborrache a tal punto que se olvide de atarme, ese mismo día será su final. Ese mismo día lo tomaré del cuello, le hundiré mis dos dedos pulgares en su garganta, justo debajo de la nuez de Adán, con los demás le rasgaré la parte lateral y trasera de su cuello. No lo dejaré morir en silencio, lo ataré a este mismo árbol que me tiene atada, en la ésta misma intemperie y se la cortaré. Lo observaré morirse desangrado, observaré como los cuervos lo devoran lentamente. Solo así podré descansar, y dormir, y soñar, y proyectar que una vida mejor me espera al final de este calvario. Sin embargo, éstos son solo pensamientos, solo son los pensamientos a los que me aferro para no dejarme morir.


-III-

He dicho que soy un testimonio. Podrán saber, solo ahora podrán saber que fui víctima de una bestia. Una bestia que una noche tomó de más, se emborrachó como tanto lo deseé, lo imploré, lo soñé. Su descuido fue mi salvación. Lo tomé del cuello, le hundí mis dos dedos pulgares en su garganta, justo debajo de la nuez de Adán, con los demás le rasgué la parte lateral y trasera de su cuello. No lo dejé morir en silencio, lo até al mismo árbol que solía atarme, en la ésta misma intemperie y se la corté. Lo observé morirse desangrado, observé los cuervos devorándolo lentamente. Así fue que logré descansar, y dormir, y soñar, y proyectar una vida mejor, una vida que no sabe de muerte. Una vida, un testimonio. Un testimonio con ansias de ser revelado, que se sabe indispensable, que duele y respira profundo pero que no cesará de gritar, y contagiar esas otras voces. Voces que susurran sus verdades como pidiendo permiso, pero que un día sonarán con la fuerza que cambia el mundo de una vez y para siempre.

27 de Noviembre de 2019 a las 09:50 0 Reporte Insertar Seguir historia
3
Fin

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