Denisse de Agartha Seguir historia

imandress Andréss Navas

¿Sacrificarías tu propia vida a cambio de un beso? ¿Enfrentarías a la muerte, solo por conocer las jugosas satisfacciones que guarda la princesa de Agartha? Este es el relato de un joven historiador y filósofo que se aventuró lo suficiente como para hallar la respuesta a esas mórbidas preguntas. Una obra creada para el concurso "De la frase el cuento" de Inkspired. Breve, abierto, y triste, simplemente mágico.


Cuento Todo público.

#cuento #delafraseelcuento #concurso #ficción #fantasía #romance #español
Cuento corto
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Capítulo único

El lucero de la mañana es hermoso e impresionante. Hay muchos rayos de luz azul que rompen con la densidad de toda neblina, son generados por esos hermosísimos y refinados cristales mágicos a mi alrededor, los que están ubicados en cada rincón de ésta mágica e increíble región.


El sol está caluroso el día de hoy, admito que me hubiese gustado sentirlo en mi rostro al menos una última vez, pero es imposible, no existe forma de verlo desde el centro del planeta tierra, aquí dónde solo hace frío cada día de cada semana, durante todos los años de la existencia humana.


La brisa corre con prisa por el olvidado camino de tierra que conduce a la cámara de sentencia de Agartha, un reino tan fantástico como olvidado por el tiempo. De hecho algunos la confundirían con Atlantis, pero en realidad dicha ciudad perdida está más cerca de la superficie que cualquier otro mundo subterráneo o submarino.


Solo dos entradas existen alrededor de nuestro planeta para llegar a Agartha, una de ellas es atravesando Shambhala, una especie de punto de control, ubicado a varios kilómetros debajo del polo norte. El cómo llegué aquí es más complejo de lo que parece contarlo pero, resumiendo, fue a través de ese punto de control que logré dar con el gigantesco tesoro.


Siempre, desde mi llegada al reino, me he preguntado cómo llega el oxígeno y las corrientes de aire hasta aquí. Quizás, si hubiese permanecido más tiempo con los Agarthianos, ellos me lo habrían explicado en español, ¡porque de hecho son muy estudiados y versados en todo tipo de lenguas y dialectos!


Ya qué más da, aquí termina mi asombrosa y única expedición. Año y medio me tomó conseguir lo que sería el hallazgo del siglo, pero a pesar de no poder regresar a casa para reclamar mi jugosa recompensa en efectivo, en definitiva ha valido toda pena y desgracia descender hasta el polvo de estas mazmorras, pues conocí un amor que sobrepasa toda inteligencia humana, un amor sobrenatural y nacido de la aventura del alma.


Caminaba con las manos atadas, arrastrándome a la sentencia que todos deseaban para mí, mientras observaba cómo el agua cristalina descendía de las prominentes cascadas de los manantiales de la superficie, y como el bullicio mental de las gradas a mi alrededor incrementaba. Estaba allí todo el consejo del reino reunido para presenciar mi muerte.


—¡A callar!—Exclamó mi juez y verdugo (quien por cierto también es el rey de toda la tierra de Agartha), sentado en su refulgente trono de gemas y piedras preciosas (aunque ninguna tan preciosa como Denisse, su amada hija, mi amor eterno).


Se pensará que no hay razón para callar cuando en realidad nadie, ni en el estrado ni entre los testigos, ni siquiera mi persona, el acusado, ha emitido palabra alguna, ¡pero claro!, los Aghartianos se comunican a través de pensamientos, principal razón por la que aquí es común el silencio, lo que no es común es el hecho de poder amar a alguien, pues aquí no existe tal cosa (exceptuando solo a mi bellísima princesa, ¡Oh, ella sabe amar como quien solo ama una vez en toda su vida!).


Su alteza vestía de escarlata y portaba una cabellera negra postiza sobre su cabeza, la que ocultaba sus dorados y largos cabellos, pues todos en Agartha son rubios, altos y, resumiendo... ¡Son perfectos! De hecho, yo creería que son la famosa raza Aria de la que tanto Hitler hablaba.


—¿Cómo se declara su merced? —Era la voz del Rey en mi cabeza. Con el tiempo uno se acostumbra a la constante falta de privacidad.


—¿Por qué se me acusa? ¿Me matarán sin importar la respuesta?—Pensé.


—Ha profanado los labios de la princesa de Agartha.


—¿Denisse lo sabe? ¿Sabe que estoy aquí? Porque en mi defensa ella también tuvo algo que ver, su excelencia.


—¡SILENCIO! ¡Ni aún en esta vergonzosa situación tiene respeto por su nombre!, ¡escoria!—escupió a un costado— ¡Será tratado como cualquier criminal de su clase!


—¡Ha declarado su culpa, majestad!—pensó alguien del estrado.


Fue entonces cuando comprendí que, en realidad, yo era el único criminal de mi clase, porque los labios vírgenes de Denisse solo me pertenecían a mí.


Las emociones habían cambiado muy de repente, la tristeza me acobijaba y los nervios me consumían. Siempre me esforcé por mantener la compostura y mi rostro serio, pero simplemente no había salida, era mi fin, y eso me llenaba de pesar y amargura.


Una lágrima recorrió lentamente mi mejilla y las piernas me temblaban. ¡Oh sí, si alguien tiene miedo, ese alguien soy yo!... miedo a la muerte y al olvido. No... ¡No moriré sin honra!


—"Ella fue como un agua callada que corría... Si es culpa tener sed, así es, toda la culpa es mía." —Dije en voz alta, con mi propia voz, citando a José Ángel Buesa, uno de mis autores favoritos.


Todos los presentes demudaron sus rostros, ante la ofensa de escucharme hablar.


—Así he supuesto—mencionó el Rey en mi mente, entonces se colocó de pie mientras desenvainaba su afilada y brillante espada de ejecución, listo para cambiar de rol y ser el que arrebatara la vida de mi cuerpo, y caminó hacia dónde me mantenían sujeto.


—De hecho... —Le interrumpí, de nuevo citando el poema de la Culpa—"Después de haber besado sus cabellos de trigo, nada importa la culpa, pues nada importa el castigo..."


»Su alma era transparente, Señoría, como un vaso vacío.
Yo solo lo llené con amor. Todo el pecado es mío.


Y ella... Ella me dio su amor como se da una rosa,
como quien lo da todo, dando tan poca cosa...


Una embriaguez extraña nos venció poco a poco:
ella no fue culpable, mi Rey... ¡ni yo tampoco!


¡La culpa es toda suya!, porque la hizo bella
y le dio permiso a mis ojos para mirarla a ella.


Sí. Nuestra culpa es toda suya, si es una culpa amar
y si es culpable un río cuando corre hacia el mar.

Es tan bella, mi Rey, y es tan suave, y tan clara,
¡que sería mayor mi tormento si... si yo no la amara!«


Y fue así que, luego de que el Rey levantara su brazo con el filo empuñado, estando yo de rodillas (forzado por mis escoltas), mi alma libre pudo verla con su vestido de seda, una vez más. Una última vez más.


Fin.


***

¡Pstt! ¡Ey, tú!, ¡sí, tú!

¡Votar no cuesta nada! ¡Si te ha gustado la historia dejale una corazonada y compartila con tus amigos!


¡Saludos!



25 de Noviembre de 2019 a las 21:33 6 Reporte Insertar 7
Fin

Conoce al autor

Andréss Navas Andrés Navas es un apasionado escritor de ficción y, cuando no publica sus obras en plataformas digitales, trabaja en el desarrollo de su web para ayudar a las personas a presentar sus ideas bien escritas. Durante su valioso tiempo libre disfruta de hacer ejercicio, leer muchos libros, cocinar y por supuesto... ¡comer!

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Abish Robles Abish Robles
Me encantó!
December 06, 2019, 00:41

  • Andréss Navas Andréss Navas
    Súper! gracias por el comentario Abi c: December 06, 2019, 04:10
Federico Pereyra Federico Pereyra
Una linda historia.
December 05, 2019, 18:47

  • Andréss Navas Andréss Navas
    Me alegra que te haya gustado Federico :) Saludos! December 06, 2019, 04:11
nathaly lira nathaly lira
bella
December 01, 2019, 23:04

~