Los ocho secretos del mundo. Seguir historia

nicomicha Nicolás Micha

Solo los curiosos tienen la capacidad de dudar. Son los únicos que buscan entender el funcionamiento profundo del mundo; la oscura verdad detrás del todo, trágica y dolorosa. Les propongo un reto complejo: al igual que estos ocho personajes han descubierto los ocho secretos del mundo y se han quebrado por el conocimiento, los desafío a ustedes a mantener su frágil cordura, humana y débil. No deberá ser sorpresa que se destroce fácilmente con el conocimiento prohibido; por algo, los secretos son secretos.


Horror No para niños menores de 13.

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Secreto #1: Post-Mortem.

Yulian Wermer se sentó frente al espejo. Estaba desnudo, solo, juzgándose a sí mismo en silencio. Hacia esto todas las noches; se preguntaba sobre los acontecimientos que habían transcurrido en su vida hasta ahora, sobre lo triste que se sentía porque este era el resultado, y sobre todo, lo que pudo haber sido pero no fue.

Era infeliz porque era una estatua. Veía el accionar de la vida a su alrededor pero él no actuaba, las cosas simplemente… ocurrían. Sus allegados progresaban, pero él se quedaba atrás, mirando como escalaban y escalaban, aunque les sangraran las manos. Pero no fue hasta esta noche, donde la luna llena se postraba con intensa luminosidad, en el que toda su desesperación colapsó. Hacía mucho tiempo creía verse a sí mismo, pero la luz de la luna le había revelado su verdadero ser: sus rollos de grasa se enmarcaban hacia afuera, estaba rozando los cuarenta, tenía estrías y se estaba quedando calvo, pero, lo más importante, es que no logró cumplir su cometido. Yulian consideraba que había tiempo, que podría –evidentemente– resolver sus problemas en cualquier instante; buscaba en la vida un gran acontecimiento que lo haga reaccionar, despertar de ese depresivo sueño que estaba viviendo. Pero, digno de toda estatua, se mantuvo quieto, y ni siquiera la vida alcanzó a golpearlo para hacerlo responder. Y allí se encontraba, soltero, sin hijos, y viendo en el espejo la viva imagen de su fracaso. Ninguna meta cumplida en la vida, y ya nada por lo que luchar.

Parecía como si su cuerpo se estuviese moviendo solo, porque en solo unos minutos estaba en la terraza de su edificio, mirando –creía el– la respuesta a sus problemas. Solo sería un salto, un simple salto que le permitiría desaparecer. Ya no habría problemas a superar, ni tristeza, ni vacio, y menos aún soledad. Se repitió a sí mismo “no lo pienses” en un intento de tranquilizarse y darse valentía, pero, justo antes de tomar una decisión, Yulian se resbaló. Estaba cayendo a gran velocidad por el alto edificio de cincuenta pisos. No estaba triste –en absoluto–, sino que estaba furioso, extremadamente furioso. La única acción que pudiera haberle permitido dejar de ser una estatua se había desvanecido, una vez más, Yulian Wermer no pudo elegir. Ni siquiera en sus últimos momentos podría separarse de su estado. Comenzó a llorar, no por la muerte, no por el apagón repentino que acontecería, sino por lo mucho que había desperdiciado su vida.

Se preparó para el inminente final, no rezó, solo mantuvo ese sentimiento de odio hacia sí mismo que lo había caracterizado durante toda su vida. Mientras caía miraba el cielo, no quería ver el suelo, le daba miedo saber que todo acabaría, y que todo había quedado inconcluso, el final era ineludible.

Cuando Yulian cayó al suelo, notó que, por alguna extraña razón, no estaba muerto, al menos no su conciencia. No podía mover su cuerpo, claro, pero seguía contemplando el exterior desde sus ojos. En tan solo unos minutos, Yulian estaba rodeado de gente; un hombre que se hacía llamar medico a si mismo había intentado reanimarlo, sin éxito. Entre todos los curiosos que lo rodeaban llegaron a una conclusión: estaba muerto. Pero Yulian no lo comprendía, ¿por qué su conciencia seguía activa en ese cuerpo inerte? ¿Dónde estaba el paraíso, el infierno, o incluso dios? No había nada post-mortem, creía el, pero allí es donde se equivocaba, el primer secreto de los ocho secretos del mundo, era la conciencia despierta post-mortem, eterna e inevitable para todos.

Cuando enterraron a Yulian, el continuaba despierto, observando la caja de madera de su ataúd. Se preguntaba a si mismo cuando acabaría este infierno, no podía hablar, no podía moverse, no podía hacer nada. Nadie había venido a su entierro, ni siquiera su madre –la cual era la única persona que no lo había abandonado–, seguramente –pensó–, estaba muy decepcionada de él, evidentemente, su muerte y entierro fue una tragedia solitaria.

Ya no existía siquiera la posibilidad de una superación, todo era tristeza, vacío, y soledad para Yulian. El único que lo acompañó en su partida fue el cura, pero ni siquiera sus plegarias cambiaron lo más mínimo su estado, se mantendría así, por siempre y para siempre, hasta el fin de los tiempos o incluso más; encerrado en un ataúd, solo, sin poder hablar: quieto, como una estatua.

Fin

25 de Noviembre de 2019 a las 13:22 0 Reporte Insertar 0
Continuará… Nuevo capítulo Cada 30 días.

Conoce al autor

Nicolás Micha Escritor, director, y guionista de videojuegos.

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