darkness-lalatin Darkness Lalatino

Si en algún momento te sientes vacío, inútil o que tu compresión del mundo se distorsiona, ten por seguro que las cosas seguirán igual hasta el momento que decidas aceptarte y entenderte.


Cuento No para niños menores de 13. © Todos los derechos reservados

#delafraseelcuento
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El día que conocí al verdadero amor

Quiero contarles una historia que sucedió en un pasado no muy lejano, de cuando conocí una mujer que hizo pedazos mis emociones al primer intento de dirigirle la palabra.

Era mi primer día en un lugar conocido y desconocido al mismo tiempo, una tarde como cualquier otra. Se trataba del primer día de escuela, estaba sentado en una de las bancas en el auditorio pensando en cómo todos pueden tener pareja, como es tan fácil conseguir amor de alguien más con tanta facilidad, como si se fuese tan sencillo como irlo a comprar a granel y sin aparente fecha de expiración.

Pasa el tiempo, no lo sé, quizá una hora hasta que el auditorio se llenó por completo. Éramos aproximadamente unas cien personas y puedo jurar que nunca antes había visto algo igual, todos los asientos fueron ocupados no por insignificantes solteros como yo, sino por auténticas parejas, ya saben, eso de agarrase de las manos y besarse. ¿Yo? Claro, no es que les tuviera envidia o algo así… ¡Para nada! Solo algo de curiosidad por saber que se siente estar en una situación así.

Uno a uno fueron entrando quienes serían nuestros profesores, nunca antes me había sentido tan aburrido.

En algún momento alguien tocó la puerta, pero nadie la escuchó. Como sea, me levante y al abrir la puerta una chica que se impulsó para golpearla con su hombro cae de frente en el piso, no recuerdo si fue por vergüenza ajena o por ser un idiota, pero solo pensé que tenía una hermosa figura.

¡Oh por dios! ¡Sí! ¡Vi a una chica caer frente a mí y yo pensando estupideces! Cuando me agaché para tratar de ayudarle, también le pregunté si se sentía lastimada (¿ya mencioné que soy bueno para las preguntas obvias?), no me respondió, solo sujeto su mochila y se dejó caer al lado de mi lugar. Parecía que nadie más estaba al tanto de lo que recién sucedió, solo yo.

¿Qué si eso fue raro? Imagínate lo que pensé en ese momento (siendo sincero, no lo recuerdo), me molesté un poco por la apatía de los presentes, pero supongo que no soy quién para criticar la estupidez ajena.

Pero me vendí muy fácil, apenas vi que se sentó al lado mío no pude pensar en nada más. En un primer momento me alegré tanto que creí que esto podría ser el primer paso para algo más grande, ya saben, “expectativas” u “optimismo”, no lo sé.

Pero ella no era como yo, ella estaba atenta al frente, mirando a los profesores y escuchando atentamente, en mi mente le estuve gritando mientras la veía de reojo: ¡Mírame!

Obviamente, eso no funcionó. Probé preguntándole la hora, pero se mantuvo igual, callada y sin siquiera voltear a verme. Supuse que se sentía apenada por caer de cara frente a mí, o tal vez estaba molesta porque… sí, admito que no actué de la mejor forma posible.

Por fin me armé de valor y me acomodé en mi asiento para voltear hacia ella, traté de escucharme lo más genial posible y le dije: “¡Hola! Mi nombre es…”

No sé qué dije después, aunque dudo que fuese importante, a día de hoy sigo sin creer lo que vi. La chica, de color de cabello rojizo y unos labios tan finos y largos como la luna menguante, volteó hacia mí.

No podía creer lo que vi, su cabeza no tenía rostro, grité tan fuerte que perdí la voz en un instante. Miré a los lados desesperado y asustado, fue entonces que me percaté que todos eran iguales, nadie tenía rostro.

Cientos o miles de brazos comenzaron a aproximarse a mí. Me levanté rápidamente de mi asiento y cuando crucé la puerta todo desapareció frente a mis ojos, nada había de lo que recordaba, estaba en un vacío, de pie sobre la nada.

Los brazos aparecieron de nuevo, pero de alguna manera supe que no eran hostiles, al menos no aún. Empecé a ver copias de mías en el espacio, todas ellas diciendo algo que no entendí y que no logro recordar. La carne de mi cuerpo comenzó a desprenderse, hasta que solo quedé en mis huesos.

Las voces en el vacío comenzaron a hacerse más ruidosas y sin embargo no lograba distinguir sus palabras, solo me veía a mí mismo señalándome, reprochándome algo de lo que ni yo tenía conocimiento.

En mi cuello había un aro de metal con púas, caminaba con las manos atadas, arrastrándome a la sentencia que todos deseaban para mí. Todos los ahí presentes eran no más que yo mismo en diferentes etapas de mi vida, me exigieron resolver los problemas que no sabía que tenía. Por un momento, tuve la respuesta frente a mis ojos, la respuesta a todos los males habidos y por haber, supe cómo podría encontrar esa felicidad que nunca he sentido.

Desperté durante la madrugada. ¡Maldición, esa alarma! La configuré mal y la puse horas antes de lo que la necesitaba. Todo el conocimiento del que pude disponer, lo perdí. O eso creí.

Me había dormido en mi escritorio, cuando la alarma me despertó trate sin éxito de dormir de nuevo, pero no funcionó. Después de un periodo de largas horas de frustración dando vueltas en la cama, decidí ir a la cocina por algo de comer.

Al regresar, encontré que sobre la hoja donde había escrito mi tarea, escribí algo mientras estaba en ese sueño.

No puedo leer lo que ahí dice, pero por alguna razón, cuando miro esas letras, me siento feliz conmigo mismo.

20 de Noviembre de 2019 a las 04:16 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

Conoce al autor

Darkness Lalatino Friki amante de los videojuegos || Fan de las monas chinas || 🇲🇽/🇺🇸 || Hechicero LVL22 || Acuario en busca de mona china en 3D || Signo zodiacal: INTJ Hidetaka Miyazaki, cásate conmigo

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