Veneno de reptil Seguir historia

clarita_pastorino Clarita Pastorino

La adinerada familia Clayton se ve incriminada en una serie de atroces y misteriosos asesinatos cuya principal causa es el veneno de una Cobra real, permaneciendo oculta la identidad del autor de estos crímenes.


Suspenso/Misterio Todo público.

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Capítulo 1

Gran Bretaña. Mansión Clayton. 1910.

- ¡Jerry, querido, qué sorpresa nos traes! –Exclamó con delicadeza la Sra. de Clayton, Margot.

-La sorpresa es que tenga usted una hija tan hermosa, señora. –Respondió con galantería éste, acercándose a Claire. -Permítame presentarme, señorita. Mi nombre es Jerry Boston. Pasaré un agradable fin de semana en su mansión, a pedido de su hermano.

El muchacho que se presentaba ante los ojos de Claire era, sin lugar a dudas, muy buen mozo. Alto, bronceado, cabellos castaños ondulados y una sonrisa de dientes perfectos.

Claire se sonrojó un poco y dijo:

-Muy bien, Sr. Boston. Supongo que le encantará la mansión Clayton.

-Dígame Jerry. ¿Y usted es…?

-Claire Clayton. A su disposición.

-Hermoso nombre. Combina con su rostro. –Sonrió engatusadoramente y se acercó con las manos en la espalda a Finn, el hermano mayor de Claire.

-Finn, ¿qué tal andas? Bonita tu mansión.

- ¡Jerry! Pasa, pasa, siéntete como en tu propio hogar. Bonnie, -Dijo dirigiéndose a una joven criada. –Trae champagne, por favor. Claire, siéntate junto a nosotros. Lástima que no esté Alfred. Creo que está estudiando, encerrado en su oscura habitación, como siempre. Qué tipo aburrido.

Jerry soltó una risa.

- ¿Por qué no lo soportas?

-Se cree mi padre. Es demasiado amargo. ¿No es cierto, Claire?

-No deberías hablar así del pobre Alfred. Aunque es muy serio, es verdad. –Rechazó la copa de champagne que le ofreció Bonnie, muy al contrario de Finn, quien tomó dos copas y le dio una a su amigo.

Jerry miraba con expresión alegre a ambos hermanos.

-Sois muy parecidos. Aunque ella gana en belleza, obvio. –Dijo con una sonrisa.

-Yo no creo que Claire me gane en belleza. Sólo mira qué pulido mantengo mi rostro. Y mi traje, irreprochable. Y mi porte, inigualable. Y mi…

-Finn, sólo lo decía por cortesía. –Lo interrumpió Claire, molesta.

-Oh, por cortesía. –La imitó éste con voz burlona. –No digas tonteras, Claire.

-Bueno, bueno, no quiero desviar el tema. Hablemos de la mansión. ¿Qué tan grande es? –Dijo entonces Jerry, algo disgustado de la discusión entre los dos hermanos.

-Veinte dormitorios, cuatro salas, seis baños, dos jardines, un comedor, un vestíbulo, una biblioteca, la sala de baile y un salón de estudio. Eso por lo mínimo. –Respondió engreídamente Finn, quien hacía alarde de su fortuna constantemente.

-Vaya, qué hermoso lugar. Supongo que os lleva horas recorrerlo enteramente.

-Algo así. Aunque tampoco es tan grande. –Añadió Claire.

-Bueno, te llevaré a recorrerla, Jerry. –Dijo Finn. -Claire, puedes volver a tu habita…

-No, que la recorra con nosotros. ¿No sería más divertido? –Lo interrumpió Jerry.

Finn se encogió de hombros.

–Sí tú lo deseas.

Recorrieron juntos la mansión, charlando animadamente. Por la tarde, Jerry y Claire se despidieron afectuosamente, y Finn se marchó con su amigo a cazar aves.

A la hora de la cena se reunió la familia en el comedor, todos con ánimos alegres, exceptuando en a Alfred, quien no había terminado de comprender una frase filosófica y andaba de malos humores.

-Qué hermosa visita la de Jerry, la verdad, te has comportado bien, Finn. –Abrió conversación la Sra. Margot.

-Si siempre me comporto bien, madre. –Respondió éste.

-No digas mentiras, Finn. Jerry debe conocerte muy bien y sería bueno escuchar su opinión.

Jerry se sonrió.

-Su hijo es un ángel, señora, comparado al concepto que tiene mi padre de mí.

-Oh, no lo creo, cariño. Eres tan simpático y atento…

Finn frunció el ceño con enfado.

-¿Qué lleva la sopa? Hoy sabe mejor que de costumbre. –Preguntó, desvariando la conversación.

-Mamá ha pedido que le añadan patatas, para darle un toque más de sabor. –Respondió Claire, mientras observaba con el rabillo del ojo a Jerry, quien no le quitaba la vista de encima.

-Así es. ¿Te gusta, querido Jerry? –Dijo Margot.

- ¿Cómo no iba a gustarme? Es exquisita, casi como usted.

Margot se sonrió.

-Esos son modales, hijo. –Añadió refiriéndose a Finn.

Claire se sonrió mientras veía su reflejo en la aguada sopa, y observaba su hermosura.

- ¿Qué tiene para contarnos de su viaje, Sr. Boston? –Exclamó con un aire de picardía.

-Dígame Jerry, Srta. Claire. No mucho. Ha sido un viaje pacífico y agradable. Y esta mansión es tan hermosa que cualquier cosa mala que pueda haber pasado se olvida.

-Me alegra tanto que te haya gustado, hijo. –Respondió el Sr. Clayton, dueño de la mansión, quien normalmente no solía hablar mucho.

Trajeron los postres y la conversación se desvarió rápidamente, llegando al punto de cuántas veces al mes viajaba Jerry.

Finalizada la cena, cada uno se retiró a su habitación, y Jerry acompañó a Claire a la suya.

Claire se detuvo en la puerta y le sonrió, esperando a que se vaya, pero Jerry entró, y tomándole el rostro con las manos, la besó profundamente.

- ¿Qué haces, Jerry? Mi hermano se enojará. Además, apenas me conoces. –Le reprochó Claire, enfadada, pero muy a gusto en el fondo.

- ¿Y qué importa eso? Te quiero como si ya te hubiera conocido.

- ¿Cómo es eso? ¿Y qué quieres que haga?

-Que me agradezcas por haberte besado. No beso a cualquiera. Significa…que eres especial para mí.

Claire lo miró fijo sin comprender.

-Pero si apenas me conoces.

-El amor no se trata de tiempo, sino de sentimientos.

-No lo creo tan así. Entonces, ¿de veras me amas?

-Sí. Es más, quisiera que fueras mía. Eres la mujer más hermosa que he conocido en mi vida.

-Como si no hubiera otras más bonitas que yo…

- ¡No las hay! Te lo juro.

- ¿Y por qué he de creer en tu juramento?

-Porque soy un hombre honrado, eso tenlo por seguro.

-Estás loco, eso sí lo sé. –Le dijo con una sonrisa engatusadora. - ¿Cuántos años cuentas ya?

-Veinte. ¿Y tú, tan bella?

-Diecinueve. ¿No soy muy joven?

-Para nada. Es más, eres muy madura para tu edad. Vamos, déjame besarte otra vez.

Claire lo dudó unos instantes. Era demasiado coqueta.

-Creo que me agradas, pero no puedo dejar que me beses de nuevo. –Le dijo, abriendo su abanico rosado y blanco y sonriendo.

- ¿Por qué no? No seas tan cruel, desfallezco de amor por ti.

- ¿Desfalleces? –Soltó una risa. –No te creo, mentiroso.

-No soy ningún mentiroso, puedo mostrártelo.

-Ya calla. ¿O acaso no vas a robarme ese beso?

-Pensé que te enfadarías, Claire. Eres tan delicada…

-No seas tonto. Ya es muy tarde, y si no te das prisa, tendré que…

Jerry apartó el abanico y volvió a besarla, interrumpiendo su frase.

Claire se rió, gustosa.

-Estás loco, eso lo doy por seguro. Ahora retírate, no sea que nos vean y mi hermano te mate.

Jerry se quedó mirándola fijo, con un brillo romántico en los ojos.

-Bueno, pues vete. ¿A qué esperas? Que debo dormir. –Le sonrió maliciosamente y cerró la puerta tras de él.

Jerry caminó como sonámbulo hasta su habitación, se recostó en su cama y suspiró alegremente.



19 de Noviembre de 2019 a las 18:36 0 Reporte Insertar 2
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