DANTE Seguir historia

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Enamorarse no estaba en los planes de Layla Gallagher, decía que aquello te volvía débil y dependiente emocional. Pero no contaba con que conocería a Dante Moore; un chico con tatuajes, que le gusta la aventura, el fútbol, la música, el cigarro y las peleas. Aunque su imagen reflejara la del típico chico malo, no lo es... o tal vez un poco. Dante hace todo lo posible por ganarse el corazón frío de Layla, pero ambos deberán enfrentar ciertas complicaciones que pondrán a juego su relación. Traiciones, aventuras, secretos, y mucho romance, es lo que encontrarás en esta historia. |Errores Ortográficos| |Prohibido el copyright| |BORRADOR|


Romance Chick-lit Todo público.

#Aventura-peleas-y-romance #Drama-y-humor #Traiciones-y-secretos
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|Capítulo uno: La llegada|


La desventaja de ser una foránea, es que te pierdes con facilidad y no estaba dispuesta a que eso me ocurriera.


Había tomado la decisión de salir de Mánchester, comenzar de nuevo y que mejor en un lugar donde nadie me conoce; donde nadie conoce mi historia. Así que, cuando recibí el correo donde me aceptaban el traslado en la universidad de Western, Estados Unidos, no perdí el tiempo. Hice mis maletas, compré el billete de vuelo por Internet, saqué todos mis ahorros del banco y ¡Heme aquí! aterrada, aferrándome a mi maleta y los nervios a punto de acabar conmigo.


Por muy valiente que fuera, el simple hecho de estar aquí, en este inmenso país, sola, me pone los pelos de punta.


«Se valiente y ponle frente a tus decisiones, Layla.»


Un gran dicho de mi padre, Jonathan Gallagher.


Al principio él no estaba de acuerdo con que viniese hasta acá, pero conforme el tiempo, comencé a persuadirlo e insistir en que era la mejor opción que tenía. Luego de la noticia que recibimos, ambos—Mamá y él—, estuvieron de acuerdo que era mejor salir de allí. ¡Algo que yo ya les venía diciendo!


Me acerco a un taxi estacionado, entro y amablemente digo: —Al campus de Western, por favor.


Me toma una hora entera y una pasta de dinero llegar hasta mi nuevo departamento, el cual, con ayuda de mi padre, había adquirido para mi sola para no tener que compartir habitación con alguien más. Por más que rogó que mezclarme con gente ayudaba y que no me sentiría tan sola, yo decliné de inmediato.


No hay nada mejor que la paz y tranquilidad de vivir sola.

Entro al edificio y me acerco hasta recepción donde me recibe una chica de ojos azules. Luego de darle toda mi información, me brindó mi llave y me indicó el camino. Subo al ascensor que me lleva hasta la planta de arriba y puedo notar mi horrible aspecto en el espejo de este. ¡Dios, mis ojeras dan asco!


Las puertas se abren y me dejan apreciar un pasillo de paredes cremas completamente vacías. Encuentro mi puerta al final del pasillo, meto las llaves en la cerradura con torpeza y cuando esta cede, mi teléfono resuena tomándome desprevenida. Lo saco rápidamente de mi bolso y contesto.


—Diga.


— ¿Has llegado?—Es mi madre.


—Justo en este momento, mami.


Cierro la puerta detrás de mí y dejo mi maleta en la entrada junto con mi bolso. Me fijo en el pequeño cuadro y camino para ojearlo mejor.


— ¿Cómo estuvo tu vuelo, cariño? ¿Te gusta el departamento?


—¿Quieres que te lo describa? ¿Eso te haría sentir mejor?—le pregunto.


—¡Por supuesto que quiero saber como es tu departamento!—exclama con falsa indignación.


Sonrío al escuchar su acento.


—Vale—digo—Hay una ventana inmensa que deja ver el espacio verde de afuera; las paredes son grises y están adornadas por cuadros de diferente tipo de flores que, probablemente, tu odies. —escucho como sonríe—. La sala es pequeña, pero cómoda. Hay un inmenso sofá de un color gris oscuro y la tela es suave—digo rosando mis dedos por la tela. —Frente a este, está una pantalla algo grande, una chimenea y...—hago pausa y camino hasta la cocina— la cocina es pequeña, pero cuenta con una isla.


—Suena cómodo—dice—. Ahora ve a tu habitación.


Troto hasta un pequeño pasillo a mi derecha y me encuentro con dos puertas. Entro a la primera y doy con lo que buscaba.


—¿Cómo estuvo tu vuelo, cielo?—pregunta


—Ya sabes, es un vuelo largo pero todo está bien, mami—le aseguro y me quedo asombrada —. ¡Hay un balcón!


Mamá suelta una risa porque sabe que me encantan, pero de pronto escucho como se pone a llorar.


— ¡Ay, no! ¡No llores!—me apresuro a decir—. ¿Quieres que siga describiéndote mi cuarto? Porque tiene todo lo necesario, a pesar de no ser tan grande; está la cama inmensa, el clóset, la estantería donde colocaré los libros que compre...—me detengo al escuchar sus sollozos.


Mamá es demasiado sensible y saber que su hija está muy lejos de ella la pone de esta manera.


Se quedó un rato en silencio y solo me quedaba mostrarme fuerte para no echarme a llorar con ella. Ya le extrañaba.


—Espero seas feliz allá, mi amor. Debes cuidarte, eso lo sabes muy bien—dice con voz dulce—. Pronto iré a visitarte.


Nos quedamos hablando por un rato más, hasta que tocó despedirme de ella. Me dejo caer en mi cama, quedándome dormida de inmediato.


~~~***~~~


A la mañana siguiente, me despierto por inercia, miro el reloj que yace en mi mesita de noche 7:30 am.


—Oh, mierda.


Me toca clase a las ocho de la mañana y no puedo darme el lujo de faltar en mi primer día.

Salgo corriendo de mi habitación hasta llegar al que supuse era el cuarto de baño, entro y este es todo de cerámica. No me puse a apreciarlo porque se me hace tarde.


Me quito la ropa y me doy una ducha rápida. Cepillo mis dientes, voy directo a la sala donde esta mi maleta, saco un jean oscuro y empiezo a ponérmelo, pero este es de esos donde cuesta meterlos de tan ajustado que son, pero lo logro. Luego saco una camisa de algodón, blanca y mis vans blancos.


Bien básica, pero cómoda.


Corro de nuevo a mi habitación, aplico el desodorante, perfume y un poco de mascara en mis pestañas, labial y rubor. No hay tiempo de peinarme, solo hago una moña desaliñada, tomo mi bolso con mis cuadernos y salgo no sin antes asegurarme de llevar mi celular, cartera y llaves.


Corro como una maniática por todo el campus hasta el edificio donde me toca mi primera clase. Por dicha, me había memorizado todo el edificio, así que no perdería mi tiempo yendo a registro. Me cercioro de llevar el papel que me enviaron por fax y lo encuentro.


Traspaso el pasillo y me fijo en las numeraciones de cada puerta. 201, 202, 203... hasta llegar a la 208.


La puerta esta cerrada. Una señora de estatura baja, con pelo blanco, esta frente a la clase. Ruego en mi mente para que me permita entrar y con nervios toco la puerta. Sus orbes azules me miran y frunce su ceño.


Se acerca hasta la puerta y la abre.


—Buenos días—digo agitada, ella me mira seria—. Soy nueva y aquí tengo el papel que me brindaron.


Lo toma y lee. Se hace a un lado y me deja el camino libre para que entre. Cuando lo hago, siento todas las miradas curiosas sobre mí.


—Chicos, ella es la señorita Layla Gallagher y será vuestra compañera a partir de hoy—Agradezco asintiendo—. Por favor, tome asiento. Y bienvenida a bordo, señorita.


Diviso el único asiento que había al final del salón y me encamino hasta él, a su lado, hay una chica delgada y rubia que mira hacia el frente con ojos cansinos.


— ¿Puedo sentarme?—le pregunto. Ella me mira, tomándola desprevenida.


—Claro—se corre hacia el otro asiento para darme en el que ella estaba.


Me sonríe y yo me dispongo a sacar mi cuaderno y lápices.


Miro a mis alrededores donde los alumnos prestan atención a la maestra—no tengo idea como se llama—, y noto que somos pocos. Escucho a la maestra explicar la función de la finanza administrativa, mientras peleo con mis párpados para que no se cierren.


— ¿De dónde eres?—preguntan en un susurro.


Giro mi vista hacia la rubia que tengo a mi lado.


—Mánchester.


—Por eso tu acento.


Asiento, — ¿Y tú?


—De Springfield.


Solo asiento con una sonrisa recta, porque no sabía que más decirle. Digamos que soy una persona de pocas palabras, así que luego de presentarnos nos quedamos escuchando a la señorita Smith. Si, ese es su apellido.


Dos horas más tarde, finaliza la clase. Agradezco al cielo porque mis tripas están protestando por comida. Espero en mi asiento a que todos salgan para poder salir sin preocuparme que me aplasten, camino por los pasillos, varios me observan sin vergüenza y murmuran entre ellos.


Supongo que una cara nueva no pasa desapercibida en este lugar.


Sujeto mi bolso con más fuerza y sigo caminando, cuando siento una presencia a mi lado. Me fijo que es la rubia que no tengo idea de cual es su nombre.


—Hola.


—Hola—le sonrío.


— ¿Quieres ir a la cafetería?—pregunta amablemente.


—¿No te molesta?


Niega y hace un ademán con su mano. Asiento, salimos del edificio y caminamos sobre el inmenso campus en busca de la cafetería.


Me cercioro de la cantidad de estudiantes que tiene Western, pero principalmente de los chicos guapos, de cuerpo bien trabajado que deambulan sin camisas o, simplemente, toman el sol. También, varios grupos de amigos conversando, fumando o estudiando.


Ha decir verdad, me siento un poco extraña de estar rodeada de americanos. No tengo nada en contra de ellos, pero jamás me había relacionado con alguno. Aunque, no dejaba de agradecer a Lucifer por mandar a la rubia que me acompaña hasta la cafetería.


—Oye, ¿cómo te llamas?—le pregunto.


—América Jones, para servirle.


Hace una seña como los militares y me saca una pequeña sonrisa.


Llegamos a la cafetería y esta repleto de gente. Hay que hacer una larga fila para poder comprar algo y yo no soy una persona paciente; menos cuando mi estómago pide a gritos alimento.


—Normalmente está vacío—dice, América—. Qué raro.


Miro a mí alrededor mientras hago fila, detengo mi vista en una mesa en particular. América se da cuenta y se acerca un poco más a mí.


—Esas son las estúpidas, ricas y venenosas de la hermandad ''Sigma Pant'' —dice en un susurro—. Son unas víboras que hacen de tu vida la más miserable si se lo proponen. Te recomiendo que te mantengas alejadas de ellas.


Ni que me lo digas.


—Así que son las típicas populares, que se creen las reinas y lo único que les importa es vestir bien, su maquillaje y que sus novios no las dejen.


—Uhh, chica, tú si sabes—alaba, chocando cinco conmigo. —Luego está la de los futbolistas —Me señala la siguiente mesa—. Maxon, es el rubio de ojos verdes; Chris es el castaño de ojos azules; Joseph es el chico de rizos, que está al lado de Maxon, y ese, que acaba de ponerse en pie, es Dante.


Mi mirada se detiene en el tal Dante. El chico empieza a estirarse en su sitio mientras sonríe de algo que dicen sus compañeros, dejando ver sus hoyuelos. Es increíblemente alto y de complexión delgada, pero se nota que se ejercita. Desde la distancia no podía apreciarlo tan detallado pero, incluso desde donde me encontraba, se podía decir que es atractivo. Sin mencionar, que sus brazos están repleto de tatuajes.


Amante de los tatuajes, ¿eh?


—Muy bonito—digo, regresando mi vista a la rubia.


—Lo es—murmura con una sonrisa cálida.


— ¿Te gusta?—inquiero, ella suelta una carcajada captando la atención de los que nos rodean—. Pero qué dices... Es mi primo.


—Oh...


—Da igual. —hace un ademán con su mano restando importancia.


Vuelvo mi vista hacia la mesa y me toma desprevenida ver, que el tal Dante, esta observando donde me encuentro con su prima, seguido de sus compañeros.


Me giro hacia América.


—Creo que se han dado cuenta que le estábamos observando—murmuro.


América mira hacia ellos y les saluda con la mano. Dante solo asiente con la cabeza y los demás chicos le sonrieron, pero noto como el chico de rizos—que olvidé su nombre—, le sonríe aún más y la saluda con la mano.


Ya con nuestras comidas, nos dirigimos a una de las mesas del fondo con la mirada de toda la cafetería pegada en nosotras, aunque creo que más en mí. ¡Qué tormento será esto si siguen mirándome de ese modo!


—Al ser nueva, eres carne fresca para todos estos—explica la rubia, que fulmina con la mirada a todos.


—Ahora entiendo.


Dejo de tomarle importancia a sus miradas y continuo mi caminata hasta la mesa. Nos sentamos quedando frente a frente y de inmediato tomo un sorbo de mi café cerrando mis ojos por el dulce néctar de los dioses. Pego un mordisco a mi sándwich y frunzo el ceño cuando un chico, rubio-castaño, se sienta al lado de América furioso. Golpea la mesa y me sobresalto, derramando un poco de mi café en la mesa. Esconde su rostro entre sus manos y suspira.


¿Pero qué le pasa a este tipo?


—Estoy hasta los cojones del profesor John—vocifera—. Me ha dejado en su clase, porque no hice la maqueta a como él quiso.


América coloca sus manos en la espalda del chico para reconfortarlo.


—Pues intenta hablar con él luego de que se te pase el berrinche—dice ella.


—No es berrinche, estu...—Él levanta la mirada y se da cuenta de mi presencia, frunce su entrecejo y luego mira a América. — ¿Quién es ella?


—Layla, él es Logan, mi hermano.


Le brindo mi mano al chico de ojos verde esmeralda, iguales a los de América. Él deposita un beso en mis nudillos y me sonríe coqueto.


América niega y voltea sus ojos.


—Mucho gusto, Layla. ¿Eres nueva?


Asiento.


Pero cuando iba a pegar un mordisco a mi sándwich, siento la presencia de alguien a mi lado. Muerdo tan lentamente, cuando me doy cuenta que se trataba del primo de América... Dante.


Tenerlo de cerca, es incluso más alto y más hermoso… definitivamente más hermoso. Sus orbes negros y profundos me escanean de arriba hacia abajo y me brinda una sonrisa ladeada para luego decir:


—Hola.



19 de Noviembre de 2019 a las 04:31 0 Reporte Insertar 1
Continuará… Nuevo capítulo Todos los viernes.

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