Alas Negras Seguir historia

lady-cabra Loli Mariscal

Sinnabath. Un archipiélago de islas flotantes cuyos habitantes son seres alados, distinguidos socialmente por el color que adoptan sus alas cuando empiezan a madurar. Los más poderosos, los Alas Doradas, quienes gobiernan Sinnabath, compran y adoptan a los Alas Plateadas para que los sirvan y protejan. Jiann pierde a su mejor amigo cuando las alas de él cambian del blanco al plateado y es vendido a una poderosa Dorada: Xiather. Jiann sueña con volver a ver a su amigo, pero cuando sus alas se tiñen de negro, es condenada a muerte y se ve obligada a huir para salvar su vida.


Fantasía Medieval No para niños menores de 13.

#sobrenatural #poderes #alas #tragedia #dioses #ángeles #aventuras #amor #fantasía
11
573 VISITAS
En progreso - Nuevo capítulo Todos los sábados
tiempo de lectura
AA Compartir

1

El gran templo se alzaba, orgulloso y despiadado, sin preocuparse de la pequeña que lloraba frente a sus puertas mientras se despedía de su mejor amigo.

—No llores, Ann. Estaré bien —trataba de consolarla él, sin éxito.

—Pero ya no podremos jugar. No nos veremos más. —La pequeña saltó a sus brazos y lo abrazó, sollozando. Alzó levemente la cabeza para echar un vistazo sobre el hombro en el que se apoyaba. Unas hermosas alas plateadas surgían de la espalda de su compañero. Aquel color era el que los separaría. Miró su propia espalda y maldijo el color blanco de sus plumas. ¿Cuándo cambiarían de color? ¿A caso lo harían alguna vez? ¿Serían también plateadas, para poder volver a reunirse con él?

—Pero siempre estaré aquí. —Con un dedo, el muchacho señaló sobre el pecho de la pequeña, justo donde se encontraba el corazón—. Aunque no podamos vernos, no te olvidaré. —La pequeña alzó una mano temblorosa y se la llevó a la espalda. De un breve tirón, arrancó una de sus plumas blancas y se la ofreció a su amigo—. ¿Ann?

—Así me aseguraré de que no me olvides, Den. Yo también quiero una tuya. —Al ver la sonrisa empapada en lágrimas de la niña, el muchacho sonrió con tristeza y la imitó, arrancándose una pluma plateada. Con sus manos acunó con cariño la de la muchacha e intercambió las plumas.

—Lo prometo.



—¡Lleváosla de aquí! —Los gritos resonaron por toda la sala. Una muchacha de apenas quince años, de largo pelo rubio y ojos grises observaba horrorizada su reflejo en el impecable espejo que tenía delante. En sus alas, antes completamente blancas, habían comenzado a aparecer plumas de un negro tan oscuro que apenas se distinguían las delgadas líneas de las barbas. En apenas media hora, la mitad superior de sus alas se había teñido de azabache, al igual que su pelo. Sus ojos, antes de un gris casi incoloro, se volvieron también negros, como la oscuridad que comenzaba a nublar su visión.

Dos enormes hombres de alas de distintos tonos de rojo irrumpieron en la sala. Los gritos no cesaron ni siquiera cuando la cogieron de los brazos y la sacaron a rastras de allí.



—… ann… Jiann.

Una voz conocida la despertó de pronto. Sobresaltada, se incorporó de un salto, pegando la espalda contra el cabecero de la cama con tanta fuerza que sacudió todo el somier. Temblaba y sudaba como si acabase de volar de una punta a otra de Sinnabath.

—Solo era una pesadilla, pequeña. —Miró a la persona que tenía enfrente. Una mujer mayor, vestida con una túnica negra. Tenía el rostro arrugado, pero ni una sola cana. Su pelo, recogido en un elegante moño, era igual de negro que la ropa que la cubría—. Ya verás que pronto dejas de tenerlas, cariño. Hoy te presentas a la ceremonia. Vamos, te ayudaré a prepararte, pronto caerá la noche.



Una hora más tarde, con la cabeza ya despejada de las pesadillas que la asediaban cada noche desde que había llegado a aquel lugar, se dirigía a los jardines del templo. Por el camino saludó a varias personas, todas iguales. Pelo, ojos y ropajes negros como la noche. “Todos como yo” le recordó su conciencia, y no tardó en maldecirla por ello mientras llevaba una mano a su cabello, el cual llevaba tan corto que apenas rozaba los hombros. Le había crecido bastante. Nada más llegar al templo años atrás, se lo había destrozado con unas tijeras en un ataque de ira al despertar con pesadillas. Poco a poco se había ido calmando, pero a veces seguían asediándola.

Caminó durante unos minutos más por los largos pasillos. La tenue luz de la luna atravesaba los enormes ventanales del templo y la animaba a seguir adelante.

Al fin, salió al exterior. Se abrigó como pudo con su túnica y avanzó hacia la multitud, que apenas serían cuarenta personas.

—¡Jiann, por aquí! —Una muchacha de unos veinte años la llamó haciendo enérgicos gestos mientras señalaba un asiento a su lado. Al igual que ella misma y todos los presentes, el pelo y los ojos de la chica era negros. El rasgo que más la distinguía era su peinado: dos trenzas de raíz, una a cada lado de la cabeza, que llevaba siempre impecables. Jiann no tenía muchas opciones, así que le dedicó una sonrisa cansada y se sentó donde le indicaba su compañera.

—¿Ya han empezado, Emmie? —le preguntó a la muchacha. Frente a la multitud que cubría los jardines había un tablado a modo de escenario. Encima del mismo, la anciana que la había despertado aquella tarde y un hombre de cabeza rapada y avanzada edad conversaban señalando un pergamino que habían colocado sobre la mesa del centro.

—No, pero casi. Mira al final del escenario. —Obediente, dirigió la mirada a donde Emmie le había dicho. Al final de los jardines por aquella parte estaban los establos. Algunas cuadras se podían ver desde allí, y los postes de madera donde se ataban los pegasos. Le habían dicho que nadie salía del templo el día de convocación de los novicios, así que le extrañó ver tres pegasos atados allí fuera y al encargado de las cuadras ensillándolos apresuradamente—. Me he enterado de que alguno de los novicios que se conviertan en Plumas partirá esta noche a Éradem junto a Virand.

—¿A Éradem? ¿Para qué?

—Xiather y Denies han convocado nuevas patrullas, y han empezado por Éradem. —Por primera vez, el muchacho que se sentaba a la izquierda de Emmie participó en la conversación. Alto, de fuerte mandíbula y hombros anchos como un granjero. Lo reconoció como el hermano de Emmie. En los cuatro años que llevaba allí, solo lo había visto de lejos unas pocas veces.

—¿Xiather? —alarmada, Jiann miró perpleja a Emmie, pero no vio en su rostro que el chico estuviera bromeando—. ¿No es una Dorada? —Emmie asintió y apretó los labios en una fina línea antes de responder.

—Es la Dorada del Templo del Este, en Éradem. Una de las cuatro Alas Doradas de Sinnabath, y la que más se esmera en exterminar a las Alas Negras. Denies también es un Dorado, del templo del oeste en Jordem.

—¿Y qué se supone que van a hacer con un novicio en…?

—SILENCIO. —Una potente voz atrajo la atención de la multitud al escenario. Estaban reunidos los dos maestros que se encontraban al principio, el anciano Garrel y la señora Muriel. Los maestros Virand y Morgath subieron junto a ellos. Virand llevaba el pelo corto y, aunque no era muy alto, su musculatura imponía lo necesario. Morgath, por su parte, era más alto y no muy fuerte, pero tenía cara de que sabía más de lo que decía. Jiann no se fiaba de él.

Al frente de los cuatro, el Señor del Templo, Ahgron, con sus dos pares de alas negras extendidas, tan poderosas como hermosas. Era el más poderoso de las Alas Negras y el único con dos pares de alas. Llevaba el pelo azabache largo hasta la cintura, atrapado para que no le cayera sobre el rostro con dos pequeñas trenzas que comenzaban a ambos lados del mismo y se unían por detrás de su cabeza, cayendo luego en una pequeña coleta que se fundía con el resto de la melena. Decían que era el Alas Negras más longevo de toda la isla, pero apenas aparentaba la treintena. Él era quien se dirigía a la multitud, acallándola con una sola palabra.

—En este momento damos comienzo a la ceremonia, muchachos, para convocar a los cuatro novicios que se convertirán en nuevas Plumas del Templo. Este año ha sido difícil para nosotros. Como sabéis, los Dorados persiguen y exterminan a nuestros hermanos antes de poder encontrarlos y traerlos aquí, y las expediciones a Sinnabath cada vez son más peligrosas debido a las patrullas de Xiather y Denies. Por eso, les daremos una lección. Dos de las Plumas que sean elegidas en esta ceremonia acompañarán al maestro Virand a Éradem y a Ágerum para infiltrarse en sus templos. Muriel, ¿sería tan amable de acercarme el pergamino? —La anciana avanzó unos pasos y le tendió el rollo de inmediato, impaciente. Ahgron le sonrió agradecido y volvió a dirigirse a la multitud. Un expectante silencio aguardó mientras el Señor del Templo desenrollaba el pergamino y leía los nombres—. Neral. —El primer novicio, un muchacho delgaducho se levantó de un salto y avanzó hacia el tablado hasta arrodillarse frente a Ahgron—. Dorian y Emmie. —Los dos hermanos se levantaron casi a la vez y avanzaron orgullosos para imitar a Neral—. Y Jiann.

Su corazón comenzó a latir con fuerza al oír su nombre. No quería ir a Sinnabath. No quería ser una Pluma. Todas las Plumas pasaban tarde o temprano por una prueba similar, siempre acababan en Sinnabath, aunque aquella en especial era casi un suicidio. Mientras avanzaba para arrodillarse con sus compañeros, suplicó al menos no ser una elegida para aquella misión.

—Sentíos honrados, hermanos, porque a partir de esta noche dejáis de ser simples novicios. Tenéis la oportunidad de convertiros en Plumas y ayudar al Templo a prosperar y, desde esta noche, dos de vosotros comenzaréis vuestra formación. Quienes acompañarán a Virand esta noche son… Dorian y Jiann.

—Recuerda bien tu misión, pequeña. Xiather solo tiene dos Guardianes de Alas Plateadas. Su favorito y el más peligroso está muy enfermo, pero está tan encaprichada de él que se niega a dejarlo libre. Tu misión es infiltrarte como una aprendiz de Xiather, acabar con su guardián y dejarle un mensaje a la Dorada: no se juega con los Alas Negras. Cubriremos el color de tus alas con magia, no tienes de qué preocuparte.

Jiann estaba a punto de vomitar el desayuno por la tensión. Nunca había querido ser una Pluma. Prefería pasar el resto de sus días en aquella isla, aunque fuese en cualquier poblado de las afueras de Ahgrat y no en el templo, antes que volver al lugar donde las personas que consideraba su familia la traicionaron.

—Muriel, no quiero ir —suplicó con los ojos llorosos a la anciana una vez la multitud se dispersó y los maestros acompañaron a los dos elegidos a los establos.

—Oh, pequeña… El señor Ahgron te ha elegido, cielo —trató de tranquilizarla la anciana, posando las manos en sus mejillas y hablándole con ternura—. Él sabe de lo que eres capaz. Puedes hacerlo. Por ti, por tus hermanos. Por todos los Alas Negras que están aquí y por los que vendrán. Honrarás a los tuyos. Ahora eres una Pluma de las Alas del Templo, Jiann.



꧁꧂



No recordaba lo que había soñado, pero por algún motivo, se despertó inquieto. Ignoró el tenue resplandor de la luz de la luna sobre sus alas plateadas, al que ya estaba acostumbrado desde que cambiaron de color y fue vendido a su maestra, y alargó el brazo para coger el vaso de metal dorado de la mesita junto a la cama. Tratando de no tirarlo, lo acercó hasta su rostro y bebió un buen trago de agua antes de devolverlo a la mesita. Con esfuerzo, consiguió incorporarse y ponerse de pie para dirigirse al escritorio, a apenas unos pasos de la cama. En una esquina, escondida tras unas prendas de ropa, había una pequeña cajita. Solo él lo sabía. Era su pequeño secreto.

En silencio y lentamente alargó el brazo hasta alcanzar la cajita. La sostuvo con cuidado mientras regresaba a la cama. Solo cuando se hubo acomodado, la apoyó sobre sus piernas y la abrió con delicadeza. Una pequeña pluma negra reposaba en el interior. Hacía cuatro años que aquella pluma había cambiado de color de un hermoso blanco al azabache. Sabía lo que significaba aquello si la pluma de verdad seguía conectada a ella: después de tanto tiempo, su portadora probablemente estaría muerta.

18 de Noviembre de 2019 a las 23:44 3 Reporte Insertar 5
Leer el siguiente capítulo 2

Comenta algo

Publica!
Federico Pereyra Federico Pereyra
Interesante historia, no soy muy fan de las historias con castas de este estilo pero el mundo me llama la atención.
Isaias Rivero Isaias Rivero
Me parece interesante, ya puedo ver venir la drama del siguiente capitulo

  • Loli Mariscal Loli Mariscal
    Gracias! Sí, vendrá bastante drama en el resto de la historia, jajaja 1 week ago
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 2 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión