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Dioses

Antiguamente, se otorgaba trompetas a los elegidos, para que consiguieran atravesar con trova el cielo, con el primer sonido: le brotaba alas al caballo, con el segundo: las nubes revelaban el camino. Se deslizaban tan suaves los potrillos, que ese parecía ser el origen de su linaje. Y entonaban bellos coros. El canto sonaba al paraíso, al silencio yéndose en silencio; disfrutando la tonada. Y en el pico, se apreciaban siluetas de humanos con alas y muslos colosales. La mutación era tan divina que ocurría sobre los cielos, tanta luz podría despertar el mal. Y así sucedió. Lógicamente, minorías eran elegidas, los pecadores con el tiempo enterraban sus deslices y buscaban la eminencia, la exigían. “Oh, salvador, ya hemos vivido demasiado en el desfiladero”. “Oh, señor, permitirnos la entrada a tu reino” Chillaban cada mañana los desprestigiados. Algunos ángeles domadores de cíclopes, juzgaron a Dios por su despreocupada justicia, fueron a él pidiendo su claridad. Les concedió el talento. “Ahora, únanse a los humanos, y propaguen sus debilidades para que todos sean merecedores de mi reino, esa será su misión, sin embargo, vivirán una vida mortal, sin dones celestiales. Al morir, su espíritu retornará al reino, únicamente, si viven una existencia sin pecados. Esa es su apuesta por su insolencia”. Entendidos del peligro, iniciaron viaje a su antiguo hogar, convencidos de que todos oirían su buenaventura. Al llegar, sus alas se desglosaron evaporándose entre las nubes; los muslos se redujeron; hermosos caballos saltaron de sus pechos; su tamaño se redujo al humano; la trompeta se hizo de guijarro. Su gran labor había nacido. “Floreceremos, tenemos sapiencia, viajaremos en distintas direcciones, a ciudades grandes, llenas de pecadores, llevaremos el mensaje de salvación. Buena estrella mis hermanos”. Venturoso se pronunció Fegrel, tomó su ración de pan y continuo su viaje. Trineya se despidió de Apolo, y de Axelia con tristeza. Christo ya había marchado sin despedidas. Largos años transcurrieron desde su alejamiento, pero no ocurrió, Jamás llegaron más almas bondadosas al cielo. Christo se volvió adicto al conocimiento. Apolo ludópata. Trineya encontró a Axelia en medio oriente, y vivieron una placentera conexión de pecados. Fegrel, en sus magnas marchas conoció el origen del pecado, le pareció excesivo el castigo por el placer. Enojado por la actitud de Dios, ante un comportamiento incluso a la propia existencia, ordenó a sus fieles convocar a sus hermanos. Tres años tardaron en agruparse. Tres extensos periodos donde Fegrel forjaba demonios en sus templos, Trineya y Axelia entrenaban en secreto a cíclopes. Apolo aprendía de ocultismo. Christo permaneció ensimismado, desplegando un propósito para obtener un consenso con Dios. “Padre, perdónalos, no saben lo que hacen, necesitan algo más que claridad”. Nunca recibía contestación. Ni de su madre. Suplicó, y suplicó, pero el olor a sangre recorría la ciudad. El momento de elegir un bando había llegado. Fegrel cansado de los quejidos de su hermano, lo visitó, y degolló delante de sus fieles, “únanse a mí, o vivan engañados por Dios, y mueran por su causa”. Aceptaron. Debajo de la piel empezaron a sentir el aleteo, la oscura sensación por aparentar alas, cuando las habían intercambiado por pecados. Gotas gigantes cayeron entre la tierra. El día había llegado. El cielo se asentó triste, de un color que hacía llorar al humano que observase. Y dioses descendieron, todos estaban ahí, incluso los ángeles. Y Fegrel apareció con sus hermanos, en medio de aparente lloriqueo por la muerte de Christo, culpando al que era tan puro que se hacía llamar a sí mismo Dios. “Tú, espero que la desgracia de la muerte de tu único hijo te habite en los días soleados, y te consuma el dolor, y llueva para esta pobre humanidad que de bastante caos ya goza, y que la angustia te destierre del edén, y el tártaro te exilie al arrabal: donde la luz divina no te abrace, ni te sumerja en tranquilidad.” Enunció Fegrel. Zeus al ver quebradizos y resentidos a los ángeles, les devolvió sus dones celestiales, aprovechó la encrucijada para abandonar a Dios, cerrando el cielo asistido por el resto de dioses. La irá de los domadores de cíclopes acabo con la vida de Dios. Y Hades, y Gea, lo vieron esparcirse entre ambas superficies, hasta morir. Fegrel ocupó el vacío en su trono. Y con el tiempo derroco al resto de los dioses, e hizo del mundo el libre albedrío, y abandono planetas, galaxias, situándose detrás del sol; hasta que esté muera, y la guerra renazca por carencia de luz.

18 de Noviembre de 2019 a las 02:17 0 Reporte Insertar 0
Fin

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Israel Visso.J Solo estoy concibiendo versos de mis ovillos

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