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paulin-zavala1573963225 Paulin Zavala

¿Qué tan importante es el primer amor? Cuando eres adolescente todo lo que sientes se intensifica de manera aterradora, experimentas el amor verdadero, que te ilusiona y te llena de vida, pero cuando el sentimiento que compartes con alguien no es bien recibido, puede destrozarte el alma por completo.


Romance Romance adulto joven No para niños menores de 13.

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Capítulo 1

Tener un objetivo, una meta por lograr, era lo que daba sentido a su vida. Nicholas aprendió desde muy pequeño, que si uno no sabía qué hacer con los años limitados que tenías, bien podrías esperar en la oscuridad a que el tiempo se terminara. Esas tal vez no fueron las palabras más amables para decirle a un niño, pero su padre era un hombre orgulloso y honrado, que los amaba y luchaba todos los días trabajando para que ellos salieran adelante.

Su familia, aunque no tenían las mejores cosas, siempre fue unida, cariñosa y apoyaban todas sus decisiones, siendo el hermano del medio, le dio la oportunidad de llevar una vida tranquila, no tenía la presión que casi todos los mayores llevaban, a su hermano pequeño lo trataban como un bebé. Ser el del medio ayudó a que Nick pudiera concentrarse en sus planes a futuro, y a poder terminar sus estudios con honores.

Sus padres lo amaban, y sacrificaron mucho para que estudiara en una de las mejores universidades. Ahora, graduado y libre para expandir sus horizontes, era hora de pagarles todo ese esfuerzo, conseguiría un empleo importante, uno que haría a su familia sentirse orgullosa. Pero tras pasar los días en esa búsqueda, Nick se dio cuenta que la realidad era cruel y frustrante.

Iba camino a la que sería la quinta entrevista que tenía en el último mes, si no conseguía un trabajo de inmediato no podría ayudar a su familia, los gastos médicos de su madre, que ya se encontraba bien, los había dejado con una deuda inmensa que caería sobre sus hombros por los siguientes diez años.

Aclaró su garganta, sintiendo el peso de toda esa presión, dio una mirada a su hermano, que conducía el auto, el silencio no lo incomodaba, pero los nervios se abrieron paso, haciendo que hablara de más.

—No olvides llevar a Tommy a su clase de natación —recordó a su hermano mayor.

El chico no respondió, aceleró a tiempo en la luz verde que comenzaba a parpadear.

—Te llamaré cuando termine todo —siguió hablando, presa de su inseguridad— Estaremos de vuelta antes de la comida, a mamá le alegrará eso.

Silencio. Nicholas comenzó a tallar sus manos entre si, tuvo una necesidad casi inhumana de morder sus uñas, pero se contuvo, le había tomado mucho tiempo, —y terapia— para dejar de hacerlo. Alejandro, su hermano, lo miró de reojo cuando se toparon con una luz roja, tenía una relación amistosa con él, lo conocía muy bien, y aunque le dieron ganas de darle un manotazo en su frente para que dejara de decir tonterías, se limitó en suspirar.

—Sigues siendo como cuando eras un niño —negó con la cabeza— Cada vez que estas nervioso hablas hasta por la orejas, entiendo que ha sido difícil, he pasado por eso, Nick, pero todo estará bien, si algo no es para ti, no pasará, la oportunidad llegará cuando menos lo esperes, solo debes confiar en ti mismo —le dio una palmada en el hombro antes de regresarla a la palanca de cambios.— Si ellos no te quieren en su equipo, es su pérdida.

Nick asintió, sonriendo por sus palabras, Alejandro siempre sabía qué decirle, aunque se llevaban cuatro años se cuidaban uno al otro, igual que a Tommy, quien los miraba como a sus héroes. Agarró aire y lo dejó salir lentamente entre sus dientes, todo estaría bien. Esa compañía vería su cualidades y lo aceptarían, era un experto en las entrevistas.

Llegaron al edificio de la compañía de relaciones internacionales más grande del país, donde solo podían entrar las personas que, mínimo, supieran dos idiomas, y él tenía tres, Inglés, Alemán, y Coreano. Dio una mirada a su hermano, este le sonrió, deseándole suerte, Nick bajó del auto, y entró a recepción, la mujer que lo recibió tenía una cara de fastidio, aceptó sus papeles y le ordenó que esperara en la sala siguiente a que lo llamaran.

Aclaró su garganta de nuevo, ese recibimiento le dio un mal presentimiento, pero mandó a volar su nerviosismo, entrando a la sala contigua. Diez pares de ojos se giraron a verlo, Nick los sintió como cuchillas clavándose en su pecho, la competitividad podía tocarse en el ambiente, pero él estaba más decidido que todos los demás.

La puerta de la espaciosa habitación se abrió de nuevo, y, como pasó con su persona, los otros destilaron su veneno amenazante a la nueva contrincante que entraba por la puerta. Él también la miró de reojo, la chica lucía tan nerviosa que Nick creyó que se desmayaría, su caminar era torpe, dio los buenos días a todos, sin obtener respuesta, y al encontrar una silla desocupada, su bolso se cayó al suelo, haciendo que su cara se volviera colorada.

Se abstuvo en ayudarla, ya que estaba al otro extremo del lugar, sintió pena por ella, a pesar de no ver su rostro, el color carmín resaltaba en su piel clara. Al final se sentó, usando una carpeta para ventilar su acalorado rostro, cuando ella recogió su cabello pudo ver sus facciones, era linda, el sonrojo daba a su rostro un aire natural e inocente. Sonrió con ironía al recordar su adolescencia, donde conoció a una chica que fingía ser de ese tipo, cuando realmente era lo contrario, sin poder detener los recuerdos, cerró los ojos por la sensación amarga, y permitió a su cabeza embriagarse de nuevo de esa mala época.

Tenía doce años cuando, en primer grado de secundaria, conoció a la linda, torpe, e inocente Abigail Brown, no sabía lo que era el amor a primera vista, pero sin duda así había sido. Ella era el tipo de persona que atrae a los demás, como si un aura la rodeara, en cuestión de horas, ya se había ganado a todo el grupo, incluyéndolo. Aunque no se atrevió a hablarle, al menos no el primer día.

Fue el destino, como se dijo al llegar a su casa, que al día siguiente se encontrara con ella en la parada del autobús, al parecer tenían la misma ruta ya que vivían a unas calles de diferencia. La chica lo reconoció, aliviada de encontrarse con una cara amiga, y de inmediato le habló. Nick tardó más de la cuenta en dejar de sentir calor en sus oídos, ella hablaba contando lo que había hecho, lo que desayunó y hasta un sueño que la dejó con miles de preguntas, y aunque se sentía cohibido, asentía a todo lo que Abigail le decía, no podía sentirse más afortunado y feliz.

—Disculpa que hable tanto —sonrió, rascando su cabeza, una nube de carmín sobresalía en sus mejillas, y el corazón de Nicholas dio un brinco, las mariposas habían sido liberadas y aleteaban por todo su estómago.

—No… —susurró, aliviado de no tartamudear— No me molesta —sonrió— Yo también tuve un sueño raro anoche.

Había soñado con ella, parecía exagerado, pero el amor a primera vista existía, eso fue lo que su madre el dijo luego de contarle, nunca le había pasado, y después de que su madre lo abrazara con orgullo por lo mucho que había crecido, le explicó, que la sensación que lo atacaba al verla a ella, era porque se había enamorado.

— ¿De verdad? —los ojos castaños de la chica brillaron con curiosidad— ¿Quieres contarme?

Nick fue quien se sonrojó ahora, no quería asustarla con su efusividad, ya que su sueño parecía una película romántica. Se sentía prisionero de esa mirada, sus manos comenzaron a sudar sin clemencia, y dijo lo primero que se le vino a la cabeza.

—Soñé que vivía en un meteorito —dijo, casi gritando, el pánico lo corroía. Se sintió como un tonto y esperó con miedo la respuesta de la chica.

Abby abrió sus ojos, sorprendida, y se acercó al chico hasta que sus narices se tocaron.

— ¡Yo también lo he soñado! —exclamó, contenta— ¿Qué crees que signifique? ¿Podremos vivir ahí en el futuro?

Nick soltó una carcajada, aliviado, divertido, rendido completamente a lo que Abigail Brown le hacía sentir. Ella rio también, el trayecto de autobús se volvió más ameno, y llegaron a su escuela, hablando de otras cosas.

Después de ese día, se volvió una rutina el irse juntos y volver juntos a casa. Nick la esperaba en la parada, nervioso y contento, su madre le había dicho que debía cuidarla, especialmente de los demás chicos, que no debía dejarla sola, no era seguro, y, como un caballero, la protegía.

Fue a mitad de ese primer año, cuando se dio cuenta que no podría seguir ocultando sus sentimientos hacia ella, debía decirle, pero le aterraba su respuesta, y, siguiendo el consejo de su madre, decidió escribirle una carta, una que le daría cuando volvieran de la escuela, así ella tendría toda la noche para responderle. Convencido, y motivado por esas mariposas hiperactivas, escribió todo lo que sentía en una hoja de papel. Lo hizo lento, con cuidado, quería que su letra fuera lo más legible posible. Cerró el sobre al terminar y lo guardó dentro de uno de sus libros. Al día siguiente le daría la carta, los nervios no lo dejaron dormir.

Puso el sobre dentro de uno de los cuadernos de Abby cuando salieron a su clase de gimnasia, el aula estaba sola, y él sabía que ella siempre hacía la tarea al llegar a casa. Vería la carta y él esperaría por su respuesta en la parada del autobús. Cuando las clases terminaron, se sintió como una tortura, el camino de vuelta parecía eterno, quería gritarle al chofer que se apresurara, pero se contuvo. Al llegar a su parada, ambos se bajaron, Abby tenía la costumbre, desde hace unos meses, de besar su mejilla cuando se encontraban y otro cuando se separaban. Cosa que él amaba, esperaba siempre su beso al verse por las mañanas y al despedirse. Sintió los labios fríos de la chica como una flecha a su acelerado corazón, y caminó a su hogar, añorando que el día siguiente llegara.

Pero en esa mañana, todo continuó igual, Abby lo saludó como siempre, habló de lo que hizo en la tarde y en la noche, le contó que había soñado que era una cantante de rock, y en ningún momento mencionó la carta. Estaba confundido, ¿Acaso no tendría una respuesta? La observó en silencio el resto del día, ella seguía siendo la misma chica alegre y amable con todos, actuaba como si nada hubiera pasado, ¿por qué?

Quiso preguntarle en varias ocasiones la falta de respuesta a sus sentimientos, había expuesto su alma en esa carta, ¿por qué ella fingía no saber nada? Dolido, pasó el resto del día alejado de todos, pidió permiso para ir a la enfermería, su cabeza daba vueltas, y gracias a la migraña que lo atacó pudo irse a casa. Era lo mejor, así no tendría que estar con ella todo el trayecto.

Le dio muchas vueltas al asunto, y se obligó en no contarle nada a su madre. El dolor era insoportable, y aunque llorar lo hizo sentir mejor, eso abrió paso a la ira, se sentía humillado, ¿por qué no tuvo la decencia de responder a su carta? ¿Acaso no eran amigos? ¿Abigail no era la persona que creía? Recorrió cada encuentro con ella en su cabeza examinando con escrutinio lo que ella decía, su forma de actuar, había creído que Abigail Brown era una persona inocente y pura, pero ahora veía que no era más que una hipócrita. ¿Qué otra opción habría? Su manera de fingir que nada pasó le revolvía las entrañas, ¿Cómo podía ser tan cruel? ¿Cómo quería pretender seguir hablando con él de tonterías cuando ignoró cada palabra que confesaba sus sentimientos en esa carta?

La odió, su corazón se había agrietado al descubrir la verdad, qué tonto había sido. Pero ahora que sabía cuál era su verdadera cara, no podría engañarlo otra vez. Comenzando por su ida a la escuela, le pidió a su padre que lo llevara, no quería irse con ella, no quería volver a hablarle, o escuchar su voz, y aunque consideró cambiarse de escuela, sabía que no podría hacerlo, al menos hasta que el año terminara. Pero todo empeoró después de ese día.


Volvió al presente al escuchar su nombre, se levantó de la silla, caminando hacia la salida, la mujer de mirada sombría y figura intimidante le tronó los dedos, haciendo que Nick apretara los labios, sin duda se podía saber cuando alguien no disfrutaba de su trabajo. Lo dirigieron a una sala de conferencias, donde los tres entrevistadores esperaban por él, y por la otra persona que sería su competencia. Nunca había logrado comprender esa clase de método, ¿qué objetivo tenía hacer que dos desconocidos lucharan en una batalla verbal? La presión acabaría con uno de ellos, eso seguro. Se sentó en una de las sillas frente a los espectadores, la otra persona entró a la sala, no tardó en darse cuenta que era la misma chica sonrojada y torpe de antes, y aunque sintió pena por ella, ya que terminaría perdiendo contra él, Nick se dijo que en esa situación, no habría espacio para la caballerosidad. Especialmente después de escuchar el nombre de su contrincante.

17 de Noviembre de 2019 a las 04:36 0 Reporte Insertar 0
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