El toque de Chie Seguir historia

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Amjad S. Sánchez


Estambul, años 30. Un grupo de vendedores del mercado egipcio juegan a una partida de cartas en una taberna, reparando finalmente en un barco extranjero que lleva atracado en el puerto tres días, hasta que en su tercera noche, este atraerá la curiosidad y, finalmente, la muerte a algunos de sus visitantes.


Suspenso/Misterio No para niños menores de 13. © Sí
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El toque de Chie

Una vez, hace algún tiempo, un vendedor ambulante me contó sobre un vendedor de especias y su peculiar compañero, una dama de rojo en su barco extranjero, y una niña, que con solo tocarte podía detener tu corazón.

Sucedió en Estambul.

Junto al puerto había una taberna en la que solían ir a descansar los vendedores de los mercados. Un día un joven guepardo saltó desde la ventana situada al fondo y se acercó hacia una mesa en la que se estaba jugando a una partida de cartas, haciendo que todos los hombres con los que se cruzaba se apartaran de inmediato para evitar un posible ataque.

Se sentó junto a la silla que estaba de espaldas a la puerta.

El hombre, un hombre alto, le acarició la cabeza y volvió a poner su mano junto con sus cartas.

- ¿Es que tengo monos en la cara?- dijo el "hombre del guepardo" al darse cuenta de que todos lo miraban. Eso podría deberse a que pocos conocían realmente a Ihan Küçük . O mas bien a que nadie lo conocía realmente.

Era un hombre que intimidaba con solo mirarte. Usaba pocas palabras y allá donde iba él, lo acompañaba ese animal. Una vez un vendedor de pescado le preguntó, borracho, si se había planteado el tener un mono o un loro como mascota. Küçük, como respuesta, frunció el ceño y, como si se comunicase mentalmente con su animal, este también respondió, emitiendo un sonido que espantó al pescadero ambulante.

Los demás hombres se limitaron a mirar sus cartas y continuar con la partida.

Estuvieron en silencio, hasta que por fin Emre Macar sacó el tema del barco extranjero. Llevaba tres días atracado en el puerto, siendo este el tercero, y eso era suficiente como para empezar a rumorear. Según le contaron al vendedor, el barco venía de China, por las velas rojas que "parecían aletas", y eso fue lo que le contó a los hombres, suficiente como para llamar la atención de Ihan, que jamás había estado en China.

Pasó la hora del descanso y los hombres volvieron al trabajo.

Cuando al fin cayó la noche, el barco misterioso parecía haber cobrado vida. A veces se veía a una mujer entrar y salir, pero cogía un taxi hacia a saber donde, y se le perdía el rastro. Hasta que al fin, esa noche, el puente del barco cayó sobre el puerto. Se encendieron todas las luces, incluso las velas parecían estar encendidas de alguna forma, ya que brillaban en el rojo mas intenso.

Y entonces, una voz se oía:

"Pasen y vean el verdadero misterio asiático en el Hóng dēng. El futuro ahora viaja sobre el mar. Pasen y vean la historia que se esconde en las sombras de la roja China y el azul Japón, solo en el Hóng dēng".

Parecía mentira que un barco que en solo tres días parecía abandonado cobrase semejante vida al caer su tercera noche.

La gente, atraída por el misterio de aquella voz, se pusieron sus mejores galas y subieron a bordo.

Ihan Küçük no iba a ser la excepción.

Él fue a su hotel y cambió su vestimenta roja por una chaqueta azul con botones dorados, un turbante (de igual color) acabado en una larga pluma, y unas botas negras.

Y como era de esperar, no pudo evitar formar una escena en cuanto la gente lo vio subir con semejante felino a su lado.

Pero a él eso le dio igual.

Subió por el puente, cogió una copa de la bandeja que tenía el camarero junto a la puerta, y se maravilló contemplando aquel museo en forma de barco, ignorando los murmullos y comentarios sobre él. No pudo evitar pensar que realmente el futuro se estaba acercando, demasiado rápido para el gusto de cualquiera que hubiera nacido mucho antes de que se validase la ley de los apellidos, hace cuatro años. Antes incluso de que la ciudad pasara a llamarse Estambul.

Allí todo era rojo. La velas del barco, las lámparas de papel que colgaban del techo de todo el barco, y el vestido de aquella mujer...

El vendedor procuró no mirarla fijamente, así que la miró de reojo. Una mujer de piel morena y vestido rojo con capa, apoyada en la barandilla de la planta alta. Contemplaba el panorama, o eso parecía. Un camarero, que iba vestido con una especie de kimono corto, le acercó la bandeja con las bebidas, esta cogió una y una cuchara, y dio unos golpecitos a la copa.

Todos la miraron y callaron.

- Muchísimas gracias por venir hoy a la inauguración del Hóng dēng aquí, en Estambul. Soy Elizabeth Williams. Mi marido y yo teníamos muchas ganas de traer el museo aquí. Es una ciudad preciosa, y un honor.

En fin, que mas debo decir... en veinte minutos comenzará un espectáculo en la sala contigua, espero que les guste, avisaremos cuando vaya a empezar para que no se lo pierdan.

Y así concluyó la presentación de la dueña del barco.

Entonces volvieron los murmullos.

La mujer se bebió su copa, cogió dos mas y bajó la escalera para dar la bienvenida personalmente a los visitantes. Entre los invitados se encontraba el primer ministro, que era con quien Elizabeth había estado tratando para que permitiera realizar la exposición.

Küçük esperó a que esta se separara un poco de la gente para hablar con ella. Le tomó del brazo antes de que fuese a conversar con otros.

- Así que usted es la dueña de este... barco... Srta Williams.

- Elizabeth, por favor. Así es, mi marido y yo somos copropietarios. Pensamos que sería buena idea traer la cultura a la gente en vez de hacer que la gente vaya hacia ella.

- Interesante. Y ¿donde está su marido srta Williams? Elizabeth- la chica sonrió-.

- Se encuentra enfermo en la habitación, parece que tantas horas de viaje no le sentaron tan bien como él creía. Y... Esto... ¿quien es usted?

El guepardo, que estaba detrás del vendedor de especias, se asomó, haciendo que Elizabeth se asustara. Entonces el vendedor de especias le agarró la mano y le dijo: "Me llamo Ihan Küçük, me dedico a la venta de especias en el mercado egipcio", acto seguido la besó (la mano).

- ¿Es manso su animal?

- Depende de como me encuentre.

Ante esa contestación, la chica levantó una ceja y sonrió, sin saber muy bien que responder a eso. Le parecía un hombre extraño, sin duda.

Ya era hora del espectáculo, y todos se dirigieron a la sala contigua, la cual estaba tapada por dos cortinas.

Una vez abierta, la gente tomó asiento alrededor de un largo escenario.

Elizabeth subió a este y comenzó la presentación:

- Ya han visto la armadura de Samurai acorazado. Las coronas de las gobernantes. La pinturas. Pero aun les falta por ver la maravilla que realmente habitaba en las sombras, esta vez, de Japón.

Tendrá la forma de una niña de 12 años, pero que no les engañe, puede que sea una diosa de los nuevos tiempos. Encontrada como una huérfana en el Monte Wutai, y enseñada por Lady Fei, una de las geishas mas talentosas del país, esta joven Maiko posee la capacidad de parar sus corazones con solo tocarles. De... matar, con el tacto - la gente se sorprendió al oírla decir eso. Incluso aquellos que no creían, sintieron asombro por esa historia-. Damas y caballeros, les presento a la nueva diosa de la muerte, Sen Chie.

Elizabeth bajó del escenario, y las cortinas que habían al fondo de este se abrieron. No se veía nada. Solo se oían unas cadenas acompañadas de una música de flauta. Hasta que por fin se vio el pie tapado por el vestido, y con cada paso, algo mas.

Efectivamente, era una niña de 12 años. Con la cara pintada de blanco, las mejillas coloradas, y una flor de loto en el pelo. Sus cerrados ojos la hacían el ser mas llamativo que se hubiera visto jamás en Estambul.

Ihan se incorporó aun mas de su asiento, en parte por la historia contada, y por otra parte, por la belleza de aquella niña.

En cuanto salió por completo de la oscuridad, se supo de donde venía el sonido de las cadenas, salían de su vestido. Las cadenas agarraban sus pies.

Eso hacía que la gente pensara que tal vez la historia podría ser real. ¿Por que si no iba a llevar una niña los pies encadenados?

Esa fue la gran pregunta que le surgió al vendedor de especias. Aunque también pensó que esa niña era como un producto que había que vender. A veces hay que pulir la historia para que a la gente le guste.

La chica desfilaba a paso lento mirando hacia abajo. Y fue cuando miró hacia arriba, cuando cautivó a todos en aquella sala. Miró hacia ambos lados, parando por cada miembro del público, y en especial, por Ihan, o al menos eso creía él, que sintió una puñalada en el estómago.

Entonces, la Maiko se puso a correr, y se detuvo para volver a andar. Formaba parte de su baile, acompañado por la preciosa música de flauta.

Al acabar su baile, volvió a introducirse en la oscuridad arrastrando sus grilletes, para convertirse en el tema de conversación de todos, una vez que salieron de la sala.

Muchos llegaron a preguntarle a Elizabeth si realmente la chica tenía ese don, el don de matar con el tacto. Claro que la anfitriona no quiso aclarar nada.

La niña no volvió a aparecer en toda esa noche.

Cuando de pronto se oyó un grito. El grito de una mujer en la escalera.

Un hombre estaba tirado en el suelo. Un político, al parecer, había venido con el ministro.

Otro caballero se acercó a él para tomarle el pulso. No tenía.

Estaba muerto.

Se había desplomado allí mismo.

Elizabeth llamó a la policía, que interrogó a todos, o a casi todos. Los que mas dinero tenían siempre lograban escaquearse.

La gente, por miedo o por lo que fuese, no mencionaron a la niña, aunque poco a poco, el pensamiento de que una niña de doce años con una fuerza sobrenatural capaz de matar se hacía mas y mas contagioso. ¿Y si...?

Küçük se montó en su coche (un Duesenberg modelo SJ color negro) para ir al hotel. Y desde allí pudo observar un rostro pálido observando desde una ventana del cuarto piso, donde no había museo ni espectáculo, sino las habitaciones de los dueños y los empleados.

Entonces arrancó y volvió al hotel.

A la noche siguiente, el barco permaneció cerrado, y el vendedor de especias tuvo la necesidad de ir allí.

Y allí acabó, en lo mas alto, frente a la puerta. Allí donde vio el rostro pálido.

Forzó silenciosamente la puerta y entró.

Había un pequeño pasillo con habitaciones a ambos lados, una de ellas tenía un dragón dibujado. ¿Sería esa su habitación?

Forzó la cerradura tal y como hizo con la puerta.

En la pared había dibujada una montaña con otro dragón, pintura que le erizó los pelos de su repeinado bigote.

El guepardo empezó a olisquear el suelo de la habitación para encontrar a la niña. Entonces oyó ruido que venía del fondo de la habitación, en una estantería.

El animal emitió un sonido para avisar de que había alguien junto a la estantería. Al vendedor le costó un poco verlo porque tenía que forzar la vista en aquella oscuridad, pero al final, allí la vio, tras la estantería. Llevaba unos guantes.

- Hola. Tu debes ser Sen Chie.

La chica asintió.

- Me llamo Ihan Küçük , y soy solo un vendedor de especias. No tienes nada que temer.

- Es a mi a quien debe temer. Soy un monstruo, ¿o no ha oído mi historia?

- He oído la historia que la srta Williams ha contado, si. Pero quiero saber mas. ¿Mataste tu a ese hombre en la escalera?

La niña negó con la cabeza, y él fingió creerla. Temía al animal de Ihan, este lo notó y enseguida le habló de él.

- Este se llama Azad, no debes temerle. ¿Te cuento un secreto?- la niña asintió-. Hace un tiempo, él me salvó. Yo estaba en la India, buscando algo nuevo que vender, a veces comercializo con otras cosas. Unos piratas quisieron matarme y de la nada apareció Azad para salvarme. Es mas, esto no se lo cuento a nadie, me limito a decir que es mío y punto, tuvo la oportunidad de comerme y no lo hizo, lo que significa que soy suyo. Cuando quiera podría comerme.

Chie se rió y asombró al mismo tiempo.

Charlaron y ella le contó la historia. La historia de como mató a su padre con un beso, y a su madre con un abrazo. Así acabó vagando en las montañas.

Entonces la srta Williams le presentó a Lady Fei, una geisha que andaba buscando una discípula, una Maiko. Ella dijo que sí encantada, y le enseñó las artes del baile y el cortejo tradicionales. Pero no lo aprendió todo, pues se marchó junto con Elizabeth para poner en práctica su aprendizaje en el extranjero. Así actuó en la India, en América, y ahora, en Estambul. Contando la misma historia y bailando el mismo baile.

- ¿Sabes? Creo que el mundo te necesita-. dijo Ihan- Lo que puedes hacer te vuelve única. Podrías liberar a los que necesitan libertad tocando a los que merecen ser tocados.

Y así fue como el vendedor de especias envenenó la mente de aquella chica. Hablándole de un mundo que necesita ser salvado, y de ella como la salvación.

Y sus ojos se iluminaron con cada palabra que él le decía. Con cada esperanza.

A ella no parecía llamarle mucho la atención el exterior. Por alguna razón no le molestaba vivir encerrada. Hasta ahora. Ahora quería ver el mundo mas allá de una ventana. Y tocar todo aquello que le estaba prohibido tocar.

- Tú piensa en todos aquellos que merecen que les des un golpecito en el hombro. Esos codiciosos y malvados que se hinchan a cambio del sudor ajeno.

Usaba esa "carcasa" porque en realidad quería que la niña se fuera con él para así hacerse con todo. Pensaba en los ricos, sí, pero mas bien pensaba en la fortuna que podría hacer, las amenazas que podría cumplir, y nadie se enteraría de como murieron aquellas personas. Luego se marchó, y dejó a la niña pensando. Había envenenado su mente. Lo había conseguido.

Una semana después, el Hóng dēng reabrió sus puertas, esta vez, por la tarde.

Pero dos días después del accidente, otro hombre rico murió sin signos de violencia. Esta vez no fue en el barco, sino en su habitación de hotel, el mismo hotel en el que estaba Ihan. Esta vez fue un adinerado actor de teatro. Murió en el comedor justo antes de salir por la puerta.

La policía encontró en su mesilla de noche una nota.

La niña me ha rozado. Pude sentirlo. En el barco. Me separé un segundo y me tocó la espalda, salió corriendo... Me tocó.

Küçük cerró su puesto antes de tiempo para ir al Hóng dēng.

Al llegar paró en las mismas piezas del museo, solo esperaba que llegase el momento de ver a Sen Chie.

Las armaduras, las pinturas, todo daba igual. Quería ver que hacía su joven prodigio después de la pequeña conversación que tuvieron.

Elizabeth cambió el discurso de presentación por unas disculpas por el accidente de la última vez, y añadió que el espectáculo empezaría en quince minutos.

Era curioso. Cogió tres copas de la bandeja para llevarlas abajo.

Se integró en un grupo de hombres (entre ellos había una mujer, una prostituta) para charlar. Esta vez el vendedor no pudo hablar con ella, pero daba igual, no necesitaba hablar con ella.

Llegó el momento del espectáculo.

Elizabeth repitió la presentación, y cuando acabó, no tardó en cundir el pánico.

- ...les presento a Sen Chie- repitió Elizabeth-.

Nada. Ni cadenas, ni música. Nada.

- Que coño está pasando-. Elizabeth saltó al escenario y abrió la cortina. Chie no estaba allí. Comenzó a respirar mas rápido de la cuenta, y sus ojos se pusieron llorosos.

Ihan subió también, se acercó a Elizabeth y puso su mano sobre su hombro.

- Será mejor hacer como que no pasa nada. Decirles que no ha pasado nada.

Ella lo miró con los ojos llorosos, en su mirada se veía el sentimiento de repudio hacia esa idea, y puede que también hacia la persona que la propuso.

Ese tono con el que le habló... Sonaba tan persuasivo...

Negó con la cabeza sin disimular sus sensaciones y apartó la mano de su hombro. Se acercó al público.

- Muchas gracias a todos por venir, pero lamento decir... informarles de que por problemas técnicos el espectáculo queda cancelado... temporalmente. Por favor, salgan en orden de la sala... ¡Ya!

La gente se alteró al oírla gritar. Parecía alterada, aunque intentaba disimularlo con una sonrisa que iba y venía.

Ihan pasó por su lado para bajar del escenario de un salto, no sin antes intercambiar una mirada seria.

Elizabeth subió a lo mas alto, donde se encontraban las habitaciones. Uno de los camareros se encontraba con ella, le dio una llave que tenía en el bolsillo, y ella abrió la puerta con el dragón dibujado. Chie no estaba allí.

Se oyó un grito que venía de abajo.

Dos hombres muertos.

Todo el mundo salió corriendo del barco. A excepción claro, el vendedor de especias, que se acercó a uno de los cadáveres, y en seguida lo reconoció. Él aprovechó el escándalo para ocultarse mas adentro en el barco.

Subió arriba y vio la habitación de Chie abierta. Allí estaba Elizabeth, sentada en la cama de la niña, mirando a la nada.

- No está. ¿Pudo escapar todo este tiempo?. Ha matado a esos hombres y yo no quise creerlo.

El vendedor no cambió su expresión mientras se acercaba a ella. Al fin y al cabo eso era lo que quería ¿no? Que la niña usase su don.

Tres hombres muertos.

- Ayúdeme a encontrarla por favor. Le pagaré si hace falta.

- Está bien.

Elizabeth salió primero y procuró cerrar el barco a cal y canto.

Ihan se quedó en la habitación para conocer un poco mas a la niña.

Habían acuarelas y cartas sobre su escritorio.

En una de ellas hablaba de Lady Fei.

03/05/1936 Aún recuerdo a mi maestra. Era elegante y seria. Enseguida supe que quería ser como ella. Me enseñó a servir callada. A no decir que no jamás. A bailar. Y por fin iba a enseñarme a como dirigirme a los hombres y a jugar juegos de azar, cuando apareció la mujer extranjera. Primero habló con Lady Fei, le pidió permiso para hablar conmigo, y esta aceptó. Me preguntó mi edad, que me había enseñado Lady Fei, que cosas me gustaban y si quería ver mundo. A lo último le dije que no. Quería ser una geisha como Lady Fei, como mi madre...

- ¿Aún cree?- Interrumpió una voz.

Chie estaba justo detrás.

- ¿Aún cree en mi don? ¿En mi?

- ¿Que es esto? Lady Fei... ¿Quien es?

La chica lo miraba sonriente. Se acercaba lentamente al hombre. Ihan la señaló furioso mientras volvió a repetir la pregunta. Y la chica le agarró la mano.

Sin guante alguno.

Ihan palideció de inmediato. Después de lo que había leído no sabía si esa chica podía matar con solo tocarlo. No fue capaz de decir una palabra.

La chica sonrió y se disculpó, luego salió corriendo.

Al vendedor de especias le costó reaccionar, sus labios tiritaban aun intentando decir algo sobre lo que había pasado. Al fin salió en su busca.

En cuando salió de la habitación y giró en dirección a las escaleras, algo le atravesó el hombro y la espalda. Cayó al suelo.

Alguien le había disparado.

Se dio la vuelta y pudo ver al dueño del arma. La dueña del arma.

Parada frente a él, borrosa, se encontraba Elizabeth Williams.

Se acercó a él lentamente, y a medida que estaba mas cerca la veía con mas claridad.

Lanzó su arma a la habitación y se agachó para hablarle.

- Sabe, he contado muchas historias desde que llegué a Estambul, pero presiento que aun falta una. Y también intuyo que ya sabe por donde voy.

El hombre, rabioso, asintió con la cabeza.

- Bien. Parece que la inteligencia no es cosa del oficio. ¿O eso ha tenido algo que ver, señor Küçük? Verá, yo nací y me crié en Angora. Era una chica sin historia. Como todas, tal vez. Algunas buscan su historia y la consiguen, y otras quedan como personas blancas que siguen una línea de quehaceres y, yo quería seguir en esa línea. Casarme, tener hijos...

-Por favor asienta si me está escuchando- el hombre asintió con la cabeza y tosió-. Bien, el caso es que conocí a un hombre. Era mayor que yo, tenía dinero, encanto, y ahora está muerto.

Me invitó a cenar y luego a su habitación de hotel. Estábamos solos. Y entonces llamaron a la puerta. Tres hombres, borrachos los tres.

Sonreí con cada estupidez que decían y procuré no mirarles. No sabía que hacían en la habitación y mucho menos como acabaría...hasta que me miraron.

Luego desperté en la cama de la habitación vacía, llena de sangre. Me desmayé poco después de salir del hotel. Yo...

En fin, yo... intenté rehacer mi vida sin hombres. Viajé creyendo que eso me alejaría de Angora y llegué a Japón. Allí conocí a Lady Fei y a su encantadora hija, Hao, claro que cambiamos el nombre por Sen Chie (Ihan lo dijo al mismo tiempo que ella entre sollozos). Si, yo siempre fui una persona creativa, aunque esa historia de una chica que mataba con el tacto ya había sido contada, aunque era una mujer -se rió-. Me llevó unos años trazar ese plan. Encontrar a los ricos es mas fácil que... bueno, cualquier cosa.

- ¿Y todo esto para matar a unos violadores?

- ¿Acaso cree que le habría disparado de no haber sido por su intromisión? En el momento en que le vi, por como me agarró del brazo, supe que clase de persona era, de igual forma que supe que tarde o temprano, depende de lo que durara el plan, usted visitaría a Chie. Le hablaría de un mundo corrupto y oscuro o cosas así. Gracias a usted, esto fue mas rápido, por cierto.

La vida de Ihan parecía desvanecerse. Tenía una bala en el hombro y otra mas cerca de la espalda. Parecía que iba a morir en cuestión de un segundo, cuando agarró el brazo de Elizabeth y la acercó para clavarle un puñal en el costado, lo tenía en su cinturón.

- Lo cierto es que su historia me aburre mas que la que contó sobre la niña.

Chie caminó por el salón para llegar a la puerta. Pasó junto a los cadáveres de aquellos hombres, y vio que estaba lloviendo. Se quedó contemplando la lluvia ahí parada.

Por su lado pasó Azad, que emitió un sonido que a ella le pareció una despedida, intercambiaron una mirada y este se fue.

Ella salió detrás.

Caminó por la ciudad, sin rumbo, cuando dos luces se encendieron tras ella. Vio un coche negro y un rostro familiar antes de que las luces se acercaran y la cegaran.

A la mañana siguiente la policía encontró los cuerpos de una niña asiática atropellada, su asesino desangrado al volante, dos ricos tirados frente a la puerta del Hóng dēng y una mujer apuñalada en la planta mas alta del barco.

Una vez, hace algún tiempo, un vendedor ambulante me contó sobre un vendedor de especias y su peculiar compañero, una dama de rojo en su barco extranjero, y una niña, que con solo tocarte podía detener tu corazón.

A día de hoy no sé si todo era verdad o todo era mentira. Si la maiko podía matarte si te tocaba o si era una invención al igual que su nombre. Tampoco sé que fue de aquel joven guepardo, ni si el sr Williams alguna vez existió. Pero si sé, que la mañana en la que aquel hombre me contaba esa historia, hace algún tiempo, la policía estaba alrededor de un barco extranjero.

FIN

15 de Noviembre de 2019 a las 14:28 0 Reporte Insertar 1
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