La Ciudad Sonriente Seguir historia

stranger-feelings Lumbdass

En su último año de secundaria, Luca es un desastre en la popularidad y las relaciones amorosas, se reencuentra con su viejo amigo de la infancia Jeffrey C. Hodek, el asesino más buscado por el Gobierno de Estados Unidos. Después de unas semanas de varias visitas repentinas, él se presenta a la mitad de la noche en la habitación de Luca para proponerle que lo acompañe en un plan de venganza contra las personas que lo traicionaron durante su exilio de Nueva Jersey a Florida. Los días siguen sin ningún imprevisto, y Luca, pensando que esa intensa noche podría sellar su amistad, Jeff desaparece. Luca no lo considera como algo raro ya que solía hacerlo de vez en cuando. Pero Jeff no volvió. Y Luca está dispuesto a encontrarlo.


Fanfiction Caricaturas No para niños menores de 13.

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P R O L O G O

Con un caluroso día de septiembre, los rayos del sol directo a los ojos fueron como un infierno. Pudo haberme pasado muchas cosas: tener cáncer, caer en una combustión espontanea, conocer a Eminem, o ganar un premio por convertirme en un famoso escritor. Pero considerando todas las improbabilidades juntas, seguramente a cada uno de nosotros le sucederá una de ellas. Podría haberme comido una ballena, podría haber viajado a la elegante París y al gran Big Ben de Londres, pasar por una metamorfosis y convertirme en una cucaracha gigante, aunque esto suena exagerado. Pero mi milagro fue diferente. Mi milagro fue el siguiente: de entre todas las personas que pude conocer, de entre todos los asesinos que pude conocer, tuve que terminar conociendo a Jeff. Un alma sola y fría que decía no necesitar a nadie, pero, si lo miras fijamente a los ojos, verás que era lo que más necesitaba. Quizás por eso él me dio una oportunidad para aparecer en su vida.

Siempre salíamos a la calle cuando me visitaba, tanto de día como de noche. Mientras caminábamos por una vereda desolada, solo se escuchaban las bocinas y el tráfico de la ciudad, él miraba hacia el suelo, en silencio. Y mi corazón ardía con nervios, como siempre, al verlo a mi lado.

Entramos a una farmacia, pero nadie estaba allí.

¿Hola?¿Señor Veins?¡Soy Luca, vengo por alcohol y vendas! ―Nadie contestaba―. ¿Señor Veins?

De repente, Jeff saltó por encima del mostrador― Jeff... ¿Qué haces? —Murmuré en voz alta para que se detuviera. Pero no me hizo caso― ¡Jeff! ―. No tuve más opción, salte sobre el mostrador y lo seguí ¡La puta madre!

Había una extraña humedad en el aire, junto con un olor que se me hacía familiar pero que no llegaba a mi consciente. En el medio del recorrido vi unas gotas rojas. Eso era nuevo. Algo había cambiado. De a poco, un olor asqueroso se introdujo en mi nariz, un puto asco. Pero Jeff ni se inmutaba. Empezó a "agarrar" los paquetes de gasas y el alcohol de una caja que estaban en una estantería del otro lado y guardárselos en los bolsillos de su sudadera.

¡Jeff! ¡N-No podemos hacer eso! ―murmure en voz baja otra vez. Pero seguía sin hacerme caso.

Vamos ―Tirando de la manga de mi saco, me llevo caminando por los pasillos de la farmacia. Luego, empezamos a correr hacia mi bicicleta.

Pedaleaba mientras Jeff se paraba en los pedalines traseros, sosteniéndose de mis hombros.
Pasamos por un lugar conocido. Había estado en aquel parque tantas veces que me lo conocía palmo a palmo, así que apenas habíamos entrado cuando empecé a sentir que algo fallaba, aunque en un primer momento no vi qué había cambiado.

Luca ―me dijo Jeff en voz baja y tranquilo.

Estaba señalando. Y entonces me di cuenta de lo que había cambiado.

A unos pasos de nosotros había un roble. Grueso, retorcido y con aspecto de tener muchos años. No era nuevo. El parque infantil, a nuestra derecha. Tampoco era nuevo. Pero de repente vi a un tipo con un uniforme blanco desplomado a los pies del tronco del roble. No se movía. Eso sí era nuevo. Estaba rodeado de sangre. De la boca le salía un hilo rojo medio seco. Tenía la boca abierta en un gesto que parecía imposible. Las moscas se posaban en su pálida frente. Era el señor Veins.

Está muerto ―dijo Jeff, como si no me hubiera dado cuenta.

Retrocedí dos pequeños pasos. Recuerdo que pensé que si hacía un movimiento brusco, se levantaría y me atacaría. Quizá era un zombi. Sabía que los zombis no existían, pero sin duda parecía un zombi en potencia.

Mientras retrocedía aquellos dos pasos, Jeff dio otros dos, también pequeños y silenciosos, hacia delante.

Tiene los ojos abiertos ―me dijo.

Vámonosacasa ―contesté yo.

Pensaba que cuando te mueres, cierras los ojos ―dijo.

Jeffvámonosacasaaavisar.

Dio otro paso. Ya estaba lo bastante cerca como para estirar el brazo y tocarle el pie.

¿Qué crees que le ha pasado? —me preguntó.

No quería dejarlo solo con el muerto Veins, que quizá se había convertido en un zombi agresivo, pero tampoco me atrevía a quedarme allí comentando las circunstancias de su muerte. Hice acopio de todo mi valor por el posible zombi y por él, di un paso adelante y lo cogí de la mano.

¡Jeffvámonosahoramismo!

―¿Qué te pasa?¿Acaso tienes miedo? ―Me quedé en silencio, incómodo―.De acuerdo, sí ―me contestó.

Corrimos hacia la bici. El estómago me daba vueltas por algo que se parecía mucho a la emoción, pero que no lo era. Nos subimos a la bici y de vez en cuando cerraba los ojos, porque yo estaba llorando y con ganas de vomitar, y no quería que me viera. Veía sangre en las suelas de sus zapatillas negras. La sangre de él. La sangre del Señor Veins.

Nunca olvidare ese día; la cuestión es la siguiente: me encontré a un tipo muerto. Un adolescente de catorce años junto a su amigo, aun más tétrico, encontraron a un tipo al que le salía sangre por la boca, y aquella sangre estaba en sus zapatillas negras mientras volvíamos a casa en bici. Es muy dramático y todo eso, pero ¿y qué? No conocía muy bien al tipo. Esta bien que trabajaba en esa farmacia desde que yo tenia ocho años, pero no era un conocido de confianza. Cada puto día se muere gente a la que no conozco. Si tuviera que darme un ataque de nervios cada vez que pasa algo espantoso en el mundo, acabaría más loco que una cabra.

Aquella noche entré en mi habitación a las diez en punto para meterme en la cama, porque las diez era la hora a la que tenía que irme a dormir. Estaba colocándome de lado cuando vi a Jeff al otro lado de mi ventana, con la cara casi pegada a la mosquitera. Me levanté y abrí la ventana, pero la mosquitera que nos separaba seguía pixelándolo. Mientras intentaba pensar en algo que contestarle, me incliné hacia delante, presioné el cierre de la mosquitera y la retiré de la ventana. La dejé en el suelo, pero Jeff no me dio la oportunidad de hablar. Antes de que hubiera vuelto a sentarme, entró a mi habitación sin permiso y me susurro:

Cierra la ventana.

Se acercó tanto a mi, que mi corazón latía como si estuviera a punto de sufrir un ataque cardíaco.

Cerré la ventana, al asomarme, supe lo que estaba pasando; ahí estaba el señor Veins, mirándome, con su mueca y sus ojos abiertos y su uniforme manchado de sangre. Se revolvió mi estómago y mis piernas flaqueaban. ¿Estaba soñando? Tan sólo darme un pellizco en la mano me hizo entender que no, no era un sueño. Me volví hacia Jeff, estaba sentado en mi cama, limpiando sus heridas. Volví a mirar hacia la ventana y el señor Veins ya no estaba allí. Me advirtió de todo. Básicamente, Jeff salvó mi vida.

¿Como puedo empezar esto sin hundirme en mis pensamientos? Pasaron muchas cosas. Nunca pude imaginar lo poco que sabría de él, ni siquiera que lo vería con mis propios ojos; por fuera se veía diferente a los demás, ojos llenos de frialdad y rostro tan blanco como la nieve, esa sonrisa retorcida y cortada asemejaba lo crudo que era todo, en frente de mis ojos, no era más que hipocresía, pero era mucho más que eso. Me di cuenta de que lo que sabía, no era nada. Un chico desvelado, un susurro antes de doblar la esquina. Esta historia es de las que empieza mal, para después continuar mejorando de una forma casi mágica y surrealista. A veces las cosas que más prevemos son las que nunca llegan, y lo inimaginable lo tienes delante de tus narices. Esta historia se desarrolla de una forma inquietante y no te dejará indiferente. Espero que leas lo que no imaginabas y que te sorprenda a cada palabra.

4 de Diciembre de 2019 a las 16:16 0 Reporte Insertar 0
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