El minuto Sempiterno Seguir historia

nairpereirabooks Nair Pereira

Un minuto, puede ser para siempre, pudo haber sucedido, pudimos haberlo olvidado


Cuento Todo público.

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El minuto Sempiterno

Golpearon la puerta, pero mi llanto impidió que oyera la voz la primera vez.
Volvieron a golpear, gritando mi nombre, rodeándolo de insultos.

—¡Mujerzuela! ¿Qué esperas para abrir? —El despreciable dueño de la casa estaba al otro lado. Podía sentir su rabia; sería capaz de matarme.

Sequé mis lágrimas y caminé a la puerta, esperando una bofetada al abrírsela.
Afortunadamente, no ocurrió. Gruñó y gritó por todo el cuarto al igual que un
demente.

—¡Gracias a ti cerrarán la casa! Además de inservible, serás la ruina del negocio —dijo, gritándome.

—¿Quién es la esposa que me trae problemas esta vez? —pregunté con
nerviosismo.

—¡La esposa del general del ejército! —exclamó—. Quiere verte muerta hoy
mismo; te ha visto con su marido la noche pasada. —Hizo un mohín de desprecio, sin dejar de mirarme.

Me relató lo ocurrido, y cómo el general aprobó el pedido de su mujer, al igual
que todas las mujeres en la corte. Era lógico: era repudiada por el pueblo
entero, y no tenía libertad de salir a caminar por las calles. No era más que una mujerzuela.

Sentí pánico. Las pocas monedas obtenidas noche tras noche fueron para nada, y cómo me sentía durante el día no importaba; yo solo era un objeto.

Abandoné el cuarto y decidí salir a la ciudad, con los pies descalzos y sin velo
en el rostro. Como una declaración de guerra, me alejé del lóbrego callejón de
prostitutas hasta que una voz masculina me detuvo. Tragué saliva y di una
vuelta. Era el general.

Me tomó del brazo, preguntándome qué hacía fuera de la casa. Resoplé para
dejar claro mi denuedo, mas no hablé. Me solté de su agarre e intenté huir
corriendo, pero sus soldados me lo impidieron. Él no estaba allí por casualidad, sino que había venido expresamente para llevarme hasta la plaza pública y ver cómo acababan conmigo.

Él no pensaba impedirlo. El amor que me juró ayer fue rasgándose al igual que
mis vestiduras mientras me ataban las manos con violencia y me arrancaban
las joyas baratas del cuello y los brazos. Pero ya habían acabado conmigo desde mucho tiempo atrás; ya no sentía dolor ni me asustaba lo que pudiera ocurrir conmigo en las siguientes horas. Temía por algo, sí, pero no por mi vida; había algo más valioso que ella.

Fui llevada por los soldados hasta la plaza pública. Los observaba sin expresión
alguna mientras ellos proferían denuestos contra mí. Las burlas de las demás
mujeres también llegaron hasta mis oídos, con el mismo estruendo que los
vítores que recibían al rey cuando volvía de una batalla ganada. Al parecer,
todos estaban allí, pero nadie destacaba más que la esposa del general, quien
reía alegremente con los ojos clavados en mí.

Caminaba con las manos atadas, arrastrándome a la sentencia que todos deseaban para mí; todos llevaban piedras en sus manos. Me lanzaron al centro del círculo, esperando la orden de la mujer
del general, quien se acercó a mí con una sonrisa, satisfecha ante el espectáculo que orquestaba.

—Gime tus últimas palabras, mujerzuela, ¿tienes algo que decir? —preguntó. Fuego crepitaba en sus ojos, sin compasión.

—Nada —respondí, con la voz amortiguada por el bullicio de la gente que nos rodeaba.

—¿Estás segura? Una súplica te habría dejado con vida, tienes un minuto —dijo con sorna, alejándose de mí sin esperar una réplica. Tomó asiento junto a su marido, despertando el silencio del público.

El general me observaba de reojo; la mirada le escocía.

Todos los hombres con quienes me había acostado estaban allí, llamándome
mujerzuela, esperando arrojar sus piedras; los mismos hombres que me habían
visitado, que alguna vez dijeron que me amaban. Observaba a cada uno,
cincelando sus rostros en mis retinas.

No recuerdo las piedras, no recuerdo que pasó conmigo después, trato de recordar algo desde este lugar extraño. No olvido mi suspiro ahogado en aquel momento, mucho menos las fuertes patadas del niño en mi vientre.

8 de Noviembre de 2019 a las 19:14 3 Reporte Insertar 3
Fin

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Nair Pereira Intento de escritora Escribo porque el mundo me provoca

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Galo Vargas Galo Vargas
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  • Nair Pereira Nair Pereira
    Hola! Ya corregí esos errores, creo que está mucho mejor! 2 weeks ago
~