Dayra: La Reina Seguir historia

staarbeel Marisol Grade

"Perseguida por la muerte misma; Una cazadora, guerrera y reina". Ella es Dayra.


Fantasía Medieval Todo público.

#dioses #aventura
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PREFACIO


Bosque Vidar; Tierras del Norte, Sajonia.

Narrador omnisciente.


El Rey Jörd recorría silencioso aquel bosque, espeso, oscuro y dueño de una gran variedad de animales.


Ese lugar le pertenecía a Vidar, el dios silencioso, cauteloso; asociado al bosque.


Siempre que entraras en paz, queriendo llevar tan solo unos pocos animales para la cena, o para el pueblo, podías hacerlo. Sino, las fuerzas del dios evitaban la entrada al lugar.


El hombre atravesaba los senderos de tierra húmeda y ramas, en silencio. En búsqueda de un animal al cual cazar. Era un arquero muy diestro y prefería cazar solo, sin que nadie lo interrumpiera, desconcentrara o asustara a los animales. Motivo por el cuál había ordenado a los guardias que se mantuvieran al comienzo del bosque, y que tan solo en caso de emergencia accedieran a darle aviso.


Pensaba en cuánto demoraría en encontrar un buen animal, digno de caza, para satisfacer la cena dedicada a su hija o hijo, que nacería en tan solo unas noches, o al menos eso le había dicho Tega, la anciana partera, que cuidaba de su bella esposa Giria; la cual se encontraba encinta.


No demoró mucho en que un jabalí apareciese en su campo de visión.


Tomó el arco de madera tallada de roble, regalado por su abuelo, tomó una de las flechas de metal trabajado y tensó la cuerda.


Apuntó a su víctima dispuesto a no fallar, y realizó el disparo.


Había sido efectivo, la flecha atravesó al jabalí que gritó salvajemente. Poco a poco, el animal dejó de moverse y decidió acercarse a verlo triunfal, alcanzaría para una buena parte de los invitados al gran banquete; junto con las exquisitas tartas y panes realizados por las cocineras.


Retiró la flecha del animal sin vida y amarró las patas, atándolo a un palo que tenía a su alcance.


Pensó en cuánta libertad sentía al cazar, si bien era un rey, y podía enviar a cualquier hombre para que realizara esa tarea; él prefería hacerlo con sus propias manos.


Emprendió camino hacia la entrada al bosque, que se encontraba a unos tres kilómetros de las murallas de su amada ciudad, Rüska, perteneciente al grupo de ciudades e imperios sajones.


Rüska podía considerarse una ciudad grande, casi un imperio. Lo que destacaba de sus pobladores era la destreza en cacería y guerras; motivo por el cual, frecuentemente lideraban líneas de guerra para expandir sus límites de tierras; o algo tan simple como el comercio de bienes.


La figura alta y bien entrenada del rey tomaba presencia entre los árboles, sus hombros anchos, sus piernas musculosas y su liviana armadura de cacería, formada por prendas de cuero y una zona reforzada en el abdomen y pecho, para evitar posibles heridas; se notaban en la zona fría del bosque.


Llevaba al jabalí asesinado al hombro, soportando su peso como si de una pluma se tratase. Del otro hombro colgaba el saco con flechas y el arco. En el cinturón que pendía de sus caderas, había dos dagas cuidadosamente afiladas. Al igual que en uno de sus tobillos, también tenía un precinto en el cual guardaba una daga más pequeña, de mango hecho con plata y oro, procedente de su padre.


Una ráfaga de viento cruzó el bosque, y trajo consigo una voz, que sólo se escuchó en la mente de Jörd.


La reconoció al instante como la presencia de Tyr, el dios de la guerra y el valor; el cuál protegía a su ciudad y especialmente a la familia del Rey.


Pocas veces el rey había visto al dios, al principio podía tener apariencia de una persona o un animal; y probaba la humildad y gentileza de Jörd.


—Debes volver a Rüska, tu hija está a punto de nacer. Vuelve con vida Jörd, pues la oscuridad te acecha con el fin de cumplir la maldición que persigue la descendencia y ascendencia del rey desde hace décadas—susurró la voz dentro de su cabeza.


Sus sentidos se activaron al máximo. Eso sólo significaba que Hel, la diosa de la muerte, aprovechaba que se encontraba lejos de su hogar y sus guardias, y había enviado seguidores a acabar con su existencia.


Otra fuerte ráfaga de viento cruzó sobre Jörd y supo que los enviados estaban allí. Vidar intentaba eliminarlos de su bosque, arrastrarlos hacia los confines e impedir que entraran. Pero las fuerzas de la diosa de la muerte eran más que cualquier dios silencioso.


Sintió una presencia detrás suyo y en uno de los costados. Lo único que vio fue un movimiento de telas negras entre la espesura del bosque. Arrojó al jabalí al suelo y tomó sus dagas, girándose hacia el enviado.


No pudo ver el rostro del enemigo. Lo cual le pareció cobarde y se dispuso a luchar, no se dejaría morir; no permitiría que una antigua maldición acabara con su existencia y la felicidad de saber que su hija estaba naciendo. Atacó al hombre que tenía enfrente, el cual evadió los zarpazos que la daga hizo, más se mantuvo quieto, sacando un pedazo de su máscara y mirando a Jörd con una sonrisa tenebrosa.


En ese instante, una espada atravesó el cuerpo del rey por la espalda, ocasionando un desgarrador sonido de dolor, lo cual alertó a los guardias que llegaron rápido, pero los enviados ya se habían ido.


Entre el delirio que ocasionaba la pérdida de sangre, a su mente llegó el llanto de un bebé, su dios no lo había abandonado y le permitía oír a su hija, la cuál supo que no conocería.


También supo que ése era su último instante de vida, y sonrió. Lo hizo por aquella niña. Pues ya sabía que sería fuerte y valiente.


Su Dayra, su princesa, enfrentaría a la mismísima muerte.





7 de Noviembre de 2019 a las 20:51 2 Reporte Insertar 2
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Lucas Almada Lucas Almada
Juju, tremenda introducción. Me encantó.

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