El peso del pasado Seguir historia

ondrealion Ondrea Lion

Gaia Girard era una talentosa bailarina que rechazó una beca en New York para aceptar la propuesta de matrimonio de Frank, y así acompañarlo en su travesía recorriendo el mundo como músico. Pero la noche que celebraba su fiesta de despedida de soltera, no solo perdió a quien creía el amor de su vida, sino que también descubrió dolorosos secretos que le ocultaba su prometido. Lo ocurrido esa fecha se convirtió en una carga pesada que oprime su alma impidiéndole volver a ser feliz. Ahora, Gaia debe luchar contra sus miedos para liberarse del peso del pasado.


Erótico Sólo para mayores de 18.

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CAPÍTULO I

Gaia entró corriendo a la sala de emergencias, todavía llevaba puesto en su cabeza el velo de papel de baño que sus amigas le habían elaborado esa noche durante la celebración de su despedida de soltera. La confusión reinaba su mente, no entendía cómo era posible que su prometido estuviera envuelto en un accidente automovilístico, cuando en teoría, debería encontrarse con sus amigos en su propia despedida de soltero.

Todas las miradas se dirigieron a ella, no solo por el ornamento que llevaba sobre su pelo, sino también por su extraordinaria belleza: de cabellos naturalmente rojos, y profundos ojos azul celeste, su cuerpo, alto y agraciado, recordaba el de una súper modelo de seductoras curvas y sexys movimientos.

–Frank Ferras –jadeó frente a un mostrador–, ¿sabe dónde puedo ubicar a Frank Ferras?

La enfermera le indicó que esperara un momento mientras ubicaba el nombre en la computadora, pero algo le decía que se refería a uno de los dos jóvenes que habían ingresado al centro hospitalario un par de horas antes.

–¿Señorita Girard? –llamó un médico de mediana edad y ojos gentiles, los cuales ocultaron su extrañeza al ver el gigantesco adorno de papel sobre la cabeza de la chica.

Gaia giró sobre sus pies para encontrar al dueño de la voz que la llamaba, no le gustó el gesto de su rostro, no vaticinaba buenas noticas.

–Sí, soy yo –replicó ella con un débil murmullo, sintió como su garganta se cerraba, estaba aterrorizaba por lo que el doctor pudiera decir.

–¿Puede seguirme? –preguntó el médico, aunque parecía más una orden. Entonces inició un recorrido hacia un consultorio privado apartado de los demás. Ella obedeció y lo siguió.

El doctor cerró la puerta tras ella, y la invitó a sentarse con un gesto.

–¿Cómo está Frank? –preguntó Gaia con voz temblorosa–, ¿puedo verlo?

–Señorita Girard –dijo el médico suavizando su voz–, lamentablemente, y aunque hicimos todo lo posible, Frank murió. Sus heridas fueron muy extensas, sus hemorragias masivas, no había nada que pudiéramos hacer para salvarlo...

–No, no, no –lo interrumpió ella aguantando las lágrimas, aferrándose a una pequeña esperanza de que nada de lo que estaba ocurriendo fuera cierto–. Tiene que haber un error, no puede estar hablando de Frank Ferras, él estaba en una fiesta, no tenía nada que hacer en un auto.

–Lo siento mucho, señorita Girard, pero su identidad fue confirmada por sus padres.

–¡No! ¡No puede ser cierto! –replicó ella rompiendo en llanto mientras se levantaba para salir de ahí–. ¡Quiero verlo!, ¡necesito verlo!

El médico la detuvo bloqueándole la puerta, su voz se agravó al decir:

–Hay otro asunto que es necesario que hablemos.

–¿Qué asunto? –interrogó sollozando–, ¿qué más importa ahora?

–Por favor, siéntese, solo tomará unos minutos.

–No me pida que me siente, no me pida hablar ahora, necesito ver a Frank –lloró ella.

–Por favor –insistió el doctor señalándole la silla.

Ella estaba demasiado aturdida para pelear, se sentó sintiendo como partes diferentes de su cuerpo comenzaba a dormirse, estaba entrando en estado de shock.

–¿Me podría decir si mantenía relaciones sexuales con su prometido?

Gaia levantó la mirada irritada, ¿qué clase de pregunta era esa?, ¿cómo se atrevía a preguntar eso en esos momentos?

–No entiendo qué tiene que ver con lo que está ocurriendo –protestó ella contrariada.

–No estoy interesado en los detalles, señorita Girard, solo un sí o un no –replicó el doctor seriamente.

–Sí y no –respondió ella–. La noche que nos comprometimos decidimos que no volveríamos a tener relaciones sexuales hasta que nos casáramos.

Gaia recordó ese día como si hubiera sido el anterior, estaba tan feliz, la idea fue de ella; no se casaría virgen, pero podría crear una ilusión de novedad no volviéndose a acostar con él hasta la noche de bodas. Había sido una tortura, y fue muy difícil de cumplir, esa espera iba a terminar la noche siguiente, pero ya era demasiado tarde, más nunca volvería a sentirlo dentro de ella.

–¿Cuándo fue la última vez que mantuvieron relaciones?

–Sigo sin entender, ¿por qué me pregunta eso?

–Responda la pregunta, por favor –solicitó el hombre amablemente.

–Siete meses... ¿por qué me está haciendo estas preguntas? –insistió ella.

–¿Ha tenido algún tipo de malestar dentro de los últimos meses, fiebre, dolor, síntomas pasajeros que interpretó como un resfriado común...?

–No le responderé una pregunta más hasta que me explique a qué se debe este interrogatorio –dijo ella colocándose de pie.

La respuesta era no, era muy raro que ella se enfermara, era una persona afortunadamente sana, sus ánimos siempre estaban por las nubes, era una persona feliz.

–Frank era VIH positivo –soltó el médico de un golpe sin levantarse de su asiento, su mirada permaneció en los ojos de Gaia mientras pronunciaba sus palabras.

­–¿Qué? –susurró ella sentándose de nuevo. Sintió como si le hubieran dado una bofetada, el doctor no podía estar diciendo la verdad, todo tenía que ser una equivocación. ¿Cómo era posible que Frank estuviera enfermo? ¿Cómo lo había contraído? ¿Eso significaba que ella también lo estaba? La cabeza comenzó a darle vueltas y el mareo le estaba provocando náuseas.

–Es necesario hacerle un examen de sangre, señorita Girard, si es cierto que no ha tenido relaciones con su prometido en los últimos siete meses...

–¡Por supuesto que es cierto! –interrumpió ofendida, pero su voz temblaba de igual manera–, ¿por qué habría de mentir sobre eso?

–Si es cierto que no ha tenido relaciones con su prometido en los últimos siete meses –repitió el médico–, y no ha presentado ningún síntoma en ese periodo, es posible que no haya sido contagiada, sin embargo, necesitamos confirmar. Un examen de sangre es la manera más rápida y efectiva, sabremos la respuesta esta misma noche.

El doctor se levantó de su asiento, y ella lo imitó.

–Una enfermera vendrá en unos minutos para extraer una muestra de sangre. Espere aquí, por favor –agregó el doctor, luego abrió la puerta y se marchó.

Gaia comenzó a tener la sensación de que su pecho se estaba contrayendo, no podía respirar, todo daba vueltas, las náuseas iban en aumento, así como la impresión de que iba a desmayarse en cualquier momento. Necesitaba aire.

Tambaleándose, salió al pasillo, y de ahí a la salida, sintió como la brisa fría de la noche acarició su rostro, y tuvo que inclinarse sobre un pipote de basura para vomitar, el ornamento de su cabeza se deslizó hacia adelante tapando su visión, con repentina furia se lo arrancó y lanzó dentro del pote bajo ella. Las emociones eran demasiado intensas para procesarlas, todo era una pesadilla, ¿por qué no despertaba?

Un fuerte olor a cigarrillo encendido causó que sus náuseas empeoraran, alguien estaba fumando en las cercanías, justo a la vuelta del edificio, iba a alejarse de allí cuando escuchó una voz familiar:

–Leo sí está vivo –dijo Félix con un tono afectado por la tragedia.

Gaia reconoció la voz del bajista de la banda de música de su prometido, y él se refería al guitarrista.

–Sí, está en condiciones críticas, tiene quemaduras de segundo y tercer grado –confirmó Adam, el baterista y último miembro, los cuatro chicos eran amigos inseparables.

Si Gaia lograba que su cuerpo dejara de temblar, quizás podía obtener algunas respuestas, sus pies no le respondían, por lo que se apoyó de la pared para poder concentrarse a escuchar.

–¿Qué hacían? ¿Para dónde iban? ¿Alguien se dio cuenta cuando ellos se fueron de la fiesta? –interrogó una tercera voz que Gaia no logró identificar.

–Vi cuando Frank y Leo se marcharon en el auto de Frank, pero no sé a dónde fueron –dijo Adam.

–Frank estaba muy borracho, ¿él iba manejando? –preguntó una cuarta voz, también desconocida para Gaia.

–Sí –afirmó Adam.

–Frank quería ver a Crystal –susurró Félix, aunque no fue lo suficientemente bajo para que Gaia no lo escuchara.

–¿Quién es Crystal? –preguntó la tercera voz, Gaia hizo la misma pregunta en su mente.

–Su novia –replicó Félix.

–Un momento –intervino de nuevo la cuarta voz–, ¿el nombre de su prometida no era Gaia?

–Sí –replicó Félix–. Crystal es su otra novia, o amante, como quieras llamarla.

–¿La puta? –interrogó la tercera voz.

–¡Oye, no te expreses así de una mujer! –reclamó la cuarta voz.

–No lo digo en sentido figurado –se defendió el aludido–, es una prostituta literalmente, cobra dinero por tener sexo.

Gaia perdió el equilibrio, sus rodillas se doblaron y estuvo a punto de desplomarse en el suelo, apoyó todo el peso de su cuerpo en su espalda sobre la pared.

–Entonces no era su novio, era su cliente –acotó la cuarta voz.

–Tenían una relación desde hacía 6 meses, obviamente, enredarse con una puta es una estupidez, pero al parecer Crystal era una diabla en la cama –explicó Félix.

–Sí, tengo entendido que Frank terminó su relación con Verena cuando conoció a Crystal –dijo la tercera voz.

–No estoy entendiendo, ¿por qué Frank se iba a casar si su prometida no lo satisfacía? ¿No era mejor quedarse soltero para acostarse con quien quisiera sin ataduras? –preguntó la cuarta voz.

–Frank nunca fue de una sola mujer, desde que lo conozco, siempre estuvo con dos o tres mujeres al mismo tiempo –explicó Félix.

–Sigo opinando igual, si te gusta estar con varias, ¿para qué te comprometes con una sola? Quédate soltero y disfrútalas a todas, sobre todo siendo tan joven, ¿no les parecía una locura que se casara a los 21 años?

–¿Has visto a Gaia? –replicó Félix–. Si una mujer así se enamora de ti, no serías capaz de soltarla. A ella le ofrecieron una beca en New York, y Frank no quería perderla, ella hubiera sido la perfecta esposa trofeo, además, creo que de verdad la quería, él estaba enamorado, lo que pasaba era que también se enamoraba de otras.

–¿Pero ustedes no van a iniciar un tour internacional dentro de un par de semanas? Estar en una banda es el imán de chicas más poderoso que existe, ¿por qué no esperó para casarse después del tour? –insistió la cuarta voz.

–El contrato nos especifica que debemos estar disponibles durante un año y medio, Frank no iba a poder retener a Gaia si la dejaba sola durante ese tiempo, ella se hubiera ido a New York y la hubiera perdido con seguridad. En cambio, si se casaban mañana, se la llevaría con ella en el tour y la mantendría a su lado –dijo Félix.

–Eso hace pensar que sí estaba enamorado entonces, porque perderse la oportunidad de acostarse con otras mujeres, que seguramente se le lanzarían encima después de los conciertos, no debe significar otra cosa sino que realmente la quería a ella por encima de las demás –opinó la tercera voz.

–Frank hubiera encontrado la manera de acostarse con otras, siempre la conseguía –replicó Feliz con tono burlón.

–Eventualmente, sería descubierto, sin duda –afirmó la cuarta voz.

–Esta no es una conversación apropiada para estos momentos –intervino Adam que llevaba unos minutos en silencio–, no está bien que nos expresemos de esa manera de él, y Gaia debe estar sufriendo. Es mejor que nunca se enteré sobre la existencia de Crystal o cualquier otra, no tiene ningún sentido ahora.

"Demasiado tarde", pensó Gaia para sus adentros.

Con sus piernas todavía débiles, un instinto la guio de nuevo al interior del hospital, tenía que hacerse de inmediato la prueba de sangre. Que Frank muriera y que fuera VIH positivo ya eran dos hechos suficientemente horrorosos de por sí; pero que le hubiera sido constantemente infiel y que sus amigos lo cubrieran, agregaba una absurda desventura a toda su velada.

Era demasiado, era terriblemente doloroso y desgarrador. Deseaba esconderse bajo las sábanas para siempre y no salir más nunca, pero primero, debía averiguar hasta donde había llegado el daño causado por la deslealtad de Frank.

Una enfermera la tomó por el brazo diciéndole:

–La estaba buscando.

–Vamos a un lugar privado –pudo pedir Gaia de manera coherente, le dolía demasiado la cabeza y no deseaba hablar con nadie.

Luego de que le extrajeran la sangre, y que indicara que permanecería ahí a solas hasta obtener los resultados, quedó atrapada en sus pensamientos. Su dolor fue transformándose en una furia desbordantemente irracional.

Canalizando su dolor hacia otros, un odio hacia los amigos de Frank comenzó a crecer en su interior, sobre todo hacia Leo, el alcahuete que nunca perdonaría. Era un traidor insensible, su rol como encubridor había llevado a la muerte a Frank, debió haber evitado que manejara borracho. No debería estar sorprendida por las acciones de Leo, siempre había mostrado una aversión hacia ella, casi nunca le hablaba y evitaba tener tratos con ella, siempre se mostró distante y obviamente no aprobaba su relación con Frank.

De todos los miembros de la banda, Leo y Frank eran los más unidos, se conocían desde niños, por lo que Gaia siempre asumió que Leo sentía celos por la atención que Frank le brindaba a ella, pero debía ser algo más profundo que eso si fue capaz de acompañarlo a encontrarse con la prostituta con la que mantenía una relación la noche antes de su matrimonio.

A pesar de que no le deseaba la muerte, no tuvo ningún tipo de compasión por el estado en el que se encontraba Leo, y aunque no deseaba sentirse de esa manera, no pudo evitar pensar, que lamentablemente se merecía lo que le estaba pasando por actuar de una manera tan cruel.

No supo qué hora era, ni cuánto tiempo estuvo en la pequeña sala, sus emociones subían y bajaban, se calmaban y se intensificaban, de la tristeza a la rabia, de la preocupación por la posibilidad de estar enferma, al dolor de haber sido traicionada.

Finalmente los resultados llegaron, el médico le entregó un papel y ella leyó en letras mayúsculas:

NEGATIVO

Inmediatamente rompió en llanto, debería sentirse aliviada, pero al quitarse ese peso de encima, la muerte de Frank volvió a latir dentro de ella.

–No estás totalmente fuera de peligro –dijo el doctor–. Debes repetir el examen dos veces más, en tres y seis meses.

Era como si el médico no creyera que llevaba tanto tiempo sin acostarse con Frank, pero eso no lo importaba, lo único que quería era irse a su casa.

Caminando hacia la salida escuchó las voces de sus amigas, se ubicaban en la sala de espera, y todavía se encontraban borrachas y escandalosas. Gaia se desvió para buscar otra salida, no tenía deseos de verlas a ellas ni a más nadie.

Más adelante, se encontró con sus padres y su hermano, y con los padres de Frank, los últimos tenían los rostros hinchados y rojos de tanto llorar.

–Gaia –llamó Lily, su madre, mientras se aproximaba a ella para abrazarla. Gaia lloró desconsoladamente en sus brazos.

Unos minutos después, llegaron los padres de Leo, quienes abrazaron a los padres de Frank, y comenzaron a conversar un poco. Uno de ellos preguntó:

–¿Cómo pudo haber pasado esto? ¿No deberían haber estado en la despedida de soltero?

Gaia no podía estar ahí, necesitaba irse lo antes posible, por lo que se giró hacia a su hermano para decirle:

–Gregor, por favor, ¿podrías llevarme a casa?

Los padres de Frank la miraron, parecía impropio de ella irse en un momento donde la familia debería estar unida, sobre todo sabiendo que ella todavía no había visto el cuerpo de Frank, normalmente las personas necesitan asegurarse de que sus seres queridos ya no están, la muerte no es algo fácil de aceptar.

–Claro, si eso es lo que quieres –respondió Gregor.

–Por favor, llévame a casa –suplicó ella.

No pudo mirar a los ojos a los padres de ambos chicos, actuó de manera esquiva y taciturna, quería desaparecer, lo cual era imposible, pero la oscuridad de su habitación se acercaba a lo que quería, así que hacia allí se dirigiría.

Una hora más tarde se encontraba en su cama, bajo las sábanas, donde lloró hasta el cansancio, hasta que sus párpados pesaron como rocas y la llevaron hacia un inquietante e intranquilo sueño.

6 de Noviembre de 2019 a las 14:50 0 Reporte Insertar 1
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