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Eduardo López-Parra


Angel era una buena persona, catequista y atento con los demás. Sin embargo, la vida puso en su camino a las personas equivocadas, quienes le enseñaron que todos tenemos un lado oscuro dentro. El arrepentimiento y la conciencia han de llegar en algún momento, porque después siempre es tarde y no volvemos a ser los mismos. Y es que si elegimos nuestra parte oculta y no cogemos perspectiva, la sangre acaba brotando tarde o temprano.


Cuento Sólo para mayores de 18.

#delafraseelcuento
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EL FIN

Después de quince años soportando malos tratos de todo tipo, físicos y psicológicos, Angel sentía punzadas en el corazón todos los días, especialmente cuando llegaba la noche y su cabeza empezaba a dar vueltas rememorando la multitud de situaciones desagradables que había padecido.


La situación hostil había comenzado hace tiempo con un giro de 180 grados en sus conductas, cambiando radicalmente su comportamiento, con miradas de maldad y comentarios sueltos en los que se le criticaba y echaba la culpa de todo. Angel se lo tomó de manera personal, sintiéndose culpable, preguntándose en que había fallado y porqué, de manera que ellos siguieron echando sobre él todo el mal que pudieron.

Angel se consideraba una buena persona, con buen corazón, de manera que siempre intentaba ayudar a todo el mundo, le gustaba dar consejos, estaba dispuesto a escuchar y todos los jueves daba catequesis en su parroquia.

Pero los años con gente tóxica le habían oscurecido parte de su interior, le hacían tener una serie de emociones permanentes que no le gustaban, rabia, odio, ira. Llevaba años leyendo libros de inteligencia emocional, psicología positiva y superación personal, lo que le había llevado a distanciarse del mal, a tener algo de firmeza. Sin embargo, hace unos meses se había dado cuenta de que luego volvían los pensamientos y las sensaciones delirantes, por lo que era un parche temporal.

Hace unas semanas descubrió la solución perfecta a su realidad, la que él sabía perfectamente pero que nunca se había atrevido a afrontar. La revelación le vino mientras estaba en el cine, en una sala vacía de gente, sólo él, el protagonista del film y el mensaje que tenía que enviarle.

Angel comprendió tras dos horas atento, que cuando otros te golpean duro y lo hacen constantemente y con maldad, tú puedes comportarte igual con ellos, aunque seas buena persona y tengas buen corazón. Porque la vida, la realidad, te enseña que callar y hacer el bien no sirve, que la firmeza, el egoísmo y sacar lo que llevamos dentro nos beneficia.

La máxima "ojo por ojo, diente por diente", se le había interiorizado tanto, que ahora mismo toda su obsesión era devolver maldad con maldad, hostilidad con hostilidad, dolor con dolor. Y no pensaba huir, quería quedarse, dar la cara, porque sabría que la sensación posterior merecería la pena. El sería el ejemplo para otros.


Bajó del autobús en la última parada, tirando el billete al suelo y caminando entre la noche oscura y húmeda, mientras repasaba el plan una y otra vez. Lo tenía todo planeado, detalle a detalle, el lugar, el momento, el modo, quien primero y quien segundo.

Al girar la esquina se topo con algo inesperado, dos chavales de corta edad, que venían hacia él. Tenían una pinta chulesca, desaliñada y vulgar. Por un momento pensó en cruzarse de cera, pero considero que sería una primera prueba para ver su fortaleza interior. Al acercarse a ellos, vio que los dos individuos se separaban ligeramente, como invitándole a pasar por en medio, lo que interpretó como algo normal. Sin embargo, uno le cogió del brazo derecho mientras el otro chico se metía la mano derecha en el bolsillo derecho del pantalón vaquero buscando algo.

Con una rapidez mental que le sorprendió a él mismo, soltó una patada a la entrepierna del individuo que le tenía cogido del brazo, que se echó hacia adelante. Mientras tanto, su brazo izquierdo salió disparado hacia la cara del otro individuo, que cayó hacia atrás tras el impacto, dándose un golpe en la cabeza contra los duros adoquines. A continuación, golpeo con una dura patada la mandíbula del chico que se hallaba inclinado por el dolor que sentía en la entrepierna, fruto de la cual salió disparado hacia atrás y se golpeó la cabeza contra la dura pared de ladrillos.

Siguió caminando como si tal cosa, con una naturalidad suprema, mientras notaba como una sonrisa se le dibujaba en el rostro. Notaba la adrenalina invadir su mente y recorrer su cuerpo, como sus espaldas crecían y se echaban hacia atrás, como su musculatura se endurecía y el cortisol brotaba en su interior.

Continuó caminando hasta que encontró la casa, en silencio, oscura. Se adentró por el callejón para escalar la valla metálica, saltó de golpe al jardín y decidido tomó la dirección de la puerta trasera. Con un destornillador rompió la cerradura, abrió el pestillo y entro, subió las escaleras hacia el piso de arriba y entró en la habitación.

Allí se encontró con el trabajo ya hecho, con las dos personas muertas en la cama, con la cabeza cortada y un cuchillo clavado en cada pecho. La palabra "MALDAD" estaba escrita en el edredón, tirado a los pies de la cama.

Angel se quedó paralizado, con una sensación de bienestar porque las personas que tanto daño le habían hecho ya no estaban en este mundo, lo que le hizo sonreír de nuevo. Sin embargo, no se percató de la llegada de la policía, que en silencio entró en la casa y le arrestó rápidamente.

En la comisaría y el posterior juicio le inculparon por dos asesinatos, le mostraron varios vídeos entrando en la casa, la factura del supermercado de los cuchillos, sus huellas dactilares en ellos, grabaciones de audio en las que acusaba e insultaba a esas dos personas, terminando con un "Algún día los mataré".

Cuando el sacerdote le preguntó a Angel porque lo había hecho, éste sólo puedo contestar: "Yo no lo hice padre, aunque nunca pude imaginar que caminaba con las manos atadas, arrastrándome a la sentencia que todos deseaban para mi".

Días antes había ido a visitarle su mujer, quien con la misma sonrisa maliciosa de su madre se despidió con un "He disfrutado de mi mal con tu bondad, tanto que yo estoy libre y tú estás ahí dentro. Gracias"

3 de Noviembre de 2019 a las 13:53 0 Reporte Insertar Seguir historia
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