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La moneda

Y así comenzó el lamento. En mi apartamento, encerrado en la ventana. La pesadilla de estas sílabas empezó cuando traje una moneda peculiar de mi última salida a caminar. Tenía en sus dos caras una cruz. El silbido era cada vez mayor, entonces decidí que era momento de volver a mi cama.


La tormenta no se limitó a espantarme. Me impidió salir por el resto del día siguiente. Y el siguiente.


Las tazas se movieron solas mientras estaba en el baño. La puerta de este estaba abierta, el cuartito de dos por tres estaba iluminado, pero opté por apagar las luces de la sala luego de cenar. Atravesé esta para llegar a la habitación. Los pasos eran míos, pero note uno que no encajaba con el instrumento percutor. O sea, mis pies. Una sola pisada que pensé venía de abajo. Cuan equivocado estaba.


Al día siguiente, en el desayuno, la moneda descansaba sobre la mesa. Una de las cruces tenía rasguños. Así la había encontrado, eso no me sorprendió. Lo hizo el hecho de que la había dejado descansando sobre mi mesa de luz ayer, lo recordaba claramente. La reviso y se siente cálida, recién tocada. Un pelo negro la abrigaba. Me lavo las manos y desayuno, es raro escuchar tan fuerte el fuego de la cocina, sobre el que descansaba una pava de metal oscurecido por el tiempo y las llamas que descansaron bajo ella. La hornalla de la derecha también estaba encendida, aunque encendí la izquierda.


La lluvia cesa por un momento, me dispongo a sacar la basura urgentemente, aunque hoy no pase el camión, cobró un olor muy fuerte.


Salgo a sacar la basura y el anciano que tengo de vecino me saluda. Se queda paralizado y cae al suelo. Los doctores, como más tarde me comentó el sujeto que vive frente a mi calle, murió de un infarto al tener una emoción fuerte, algo como miedo.


La verdad es que me sentía compungido, mas que nada porque me vio y cayó como si nada. Y también lo hubiera hecho, cosa que ahora no puedo...


La tormenta retomó su rutina y no me quedó otra que enchufarme al internet para no despegarme por un buen rato. Me estaba por duchar, pero el frío y el ruido de una moneda que cayó atrás mío me hicieron olvidarme de eso. No pudo caer del techo, no hay un piso arriba de este.


Al levantarme vi que se trataba de la misma moneda de dos cruces. Al acercarme escuché otra vez un paso de más. Caminé por el pasillo oscuro y detuve mi pie en falso antes de girar hacia derecha. El pie de alguien más fue amortiguado por la madera del suelo.


Estaba no exactamente enfrente de mí, sino detrás de la esquina a menos de cinco centímetros.


Retrocedí mientras una gran figura de pelo negro que se agacha para poder seguir avanzando hasta mí, sus brazos se extienden por las paredes mientras camina. El rostro sombríamente esponjoso sonríe con grandes dientes, en lugar de ojos, tiene venas que salen del interior de su cabeza. Lo que serían una especie de tendón de Aquiles, derraman sangre mientras avanza. Las muñecas de la aberración tienen algo como enormes granos reventados, verdosos, olor a perro muerto. Sus entrañas parecen moverse en el interior, como si cargara una bolsa de carne en lugar órganos, que además cuelgan de su abdomen lleno de pelo. La tráquea está a la vista, de los bordes de esta es posible aunque esté oscuro, diferenciar una serie de miles de manitas pequeñas, una especie de milpiés.


Y claro, entiendo cómo pudo caer mi vecino. Cosa que yo no puedo, porque ya me atrapó.


El sonido de una moneda cayendo me despierta.


Por si acaso, previniendo que no haya sido mi imaginación, me dispongo a buscar la dichosa moneda que escuché caer al suelo. No fue la de dos cruces que dejé en la mesa antes de irme a dormir. Esa sencillamente desapareció.


29 de Octubre de 2019 a las 17:51 0 Reporte Insertar 1
Fin

Conoce al autor

Baltasar Montenegro Hola, no tengo una historia de vida muy interesante, por eso creo mundos donde escapar. Me gusta escribir en línea, si dispones de tiempo, visita mis obras para entretenerte un rato. Las alas de un cuervo remontan los cielos cuando el invierno se congela. Nos vemos!

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