La Piel Del Deseo Seguir historia

emicastillo Emilia Castillo

Cristian, Gabriel Y Tobias Leone. Tres hermanos, con gustos muy peculiares, dueños de la más importante firma de abogados del país, que lo comparten todo. Elena Colucci, una joven torpe que acaba de perder su empleo, y a su novio Lucas, que le fue infiel con su mejor amiga. El destino llevará a Elena a trabajar en Leone y Asociados. El problema es que no uno, ni dos, sino que los tres hermanos perderán la cabeza por ella. Pero tal vez no sea tan malo, después de todo, ellos saben compartir... TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS. ESTA COMPLETAMENTE PROHIBIDO HACER COPIAS O ADAPTACIONES DE ESTA NOVELA.



Erótico Sólo para mayores de 18.

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CAPÍTULO 1: EL COMIENZO

El celular no dejaba de sonar y yo solo quería dormir. En estas últimas dos semanas mi vida cambió por completo.
Trabajaba en la empresa de mi suegro con mi novio Lucas.
Lucas y yo nos conocimos en la universidad. Yo estudiaba administración de empresas y el para ser contador. No hizo falta mucho para que tengamos una relación. Al principio todo era maravilloso. Estaba por mudarme a su casa cuando nuestra relación terminó.

Fue una mañana como cualquier otra en el trabajo. Llegué y saludé primero a mi suegro y luego fui al despacho de Lucas, ya que no lo veía desde la mañana del día anterior. Pero cuando abrí la puerta lo encontré teniendo sexo en el escritorio con Lola, mi mejor amiga, a la que conocí gracias a Lucas en la uní. Ella era su compañera de clases. Ese mismo día todo terminó. Dejé atrás a un novio luego de tres años, a mi mejor amiga y mi empleo.

Los primeros días lo lloré, me sentí herida y traicionada por las únicas personas en las que confiaba.
Pero después de un par de semanas comencé a sentirme muy bien. Aliviada. Me di cuenta de que me sentía muy bien estando sola. No necesitaba una relación. Por primera vez me puse en primer lugar. Y esta noche tenía la oportunidad de mostrarle al mundo mi nueva yo. La Elena libre, feliz y segura de si misma.

Julia estudió conmigo en la universidad. Éramos como carne y uña. Es una gran amiga. Pero tras terminar la universidad nos alejamos bastante. Ella y Lola nunca se llevaron bien. Se casó con un abogado llamado Marcos. Ambos son bien adinerados y trabajan en Leone y asociados. El bufete de abogados más importante de Buenos Aires, y de toda la Argentina me atrevería a decir.

Está noche es el cumpleaños de Julia y me ha invitado. No pensaba asistir, pero a último momento decidí ir. Alimenté a mi gato Ringo, me di una ducha rápida, me puse mi vestido más elegante, me maquillé como una profesional y me tomé un taxi. Estaba emocionada. En primer lugar por ver a Julia y Marcos que no los veo desde mi cumpleaños del año pasado, y por otro lado, hacía mucho que no iba a una fiesta de ese nivel.

Cuando llegué a la mansión me quedé boquiabierta ante semejante casa. El lugar estaba lleno de autos de lujo. Me pregunté si realmente yo estaba vestida para la ocasión. Me veía realmente bien, pero los amigos de Julia y Marcos son muy adinerados. Traté de no hacer caso a mis inseguridades y con la frente en algo entré a la mansión.

-Su nombre señorita-pidió un hombre en la puerta de la enorme casa.

-Elena Colucci.

-Señorita Colucci bienvenida. La están esperando.

-Muchas gracias.

Acomodé mi sostén y mi cabello, miré en un espejo del pasillo de entrada si mi maquillaje estaba bien y así era. Me veía bastante bien.

Unas cortinas enormes me separaban de la fiesta. Podía escuchar las voces y la música como si estuvieran a mi lado. Tomé coraje y entré.

Me sorprendí ante semejante evento. Parecía una boda. Todas las mesas elegantes con una hermosa decoración y la vajilla más cara que alguien pudiera comprar. Una banda que sonaba en un enorme escenario. Hombres y mujeres sumamente elegantes.
Probablemente sean ricos también.

Busqué rápidamente entre la gente a Julia pero no la encontré por ningún sitio. Pero si vi a Marcos. Conversaba con un grupo de hombres muy elegantes y muy guapos. Cuando comencé a acercarme para saludarlo, el sonrió ampliamente y corrió hacia mí.

-¡Elena! Has venido. Cuánto tiempo sin verte-me abrazó con fuerza.

-Los eché de menos-reconocí. Y por el rabillo del ojo vi como uno de los hombres que conversaba antes con el me miraba con intensidad. Era realmente guapo.

-Ven. Julia está por aquí-Marcos tomó mi mano y fuimos en busca de su esposa.

Rápidamente la distinguí entre la multitud. Ella vestía como una princesa de Disney. Muy hermosa.

-¡Elenaaaa!-ella corrió hacia mí. Pensé que se tropezaría con sus tacones pero no. Llegó a mi con rapidez. Ambas nos abrazamos con fuerza e inspeccionamos nuestros cuerpos como si no nos hubiéramos visto por años.

-Estas preciosa-nos dijimos la una a la otra al mismo tiempo y ambas reímos.

-Ponte cómoda. Iré por unas copas de champagne.

Comencé a recorrer la casa. No podía dejar de sorprenderme ante tanto lujo. Todo mi apartamento cabía en la enorme sala donde estaba la fiesta.

Me detuve por un momento a contemplar las obras de arte que colgaban de la pared y me pregunté lo costosas que debían ser.

-¿A ti también te gusta contemplar la belleza del arte?-dijo una voz masculina detrás de mí.

Rápidamente volteé a ver de quien se trataba. Era un hombre joven que nunca había visto. El era increíblemente guapo. Cabello castaño claro y ojos miel. El traje que llevaba puesto parecía haber sido diseñado a medida. El parecía tener mi edad.

-Si. Me parecen hermosas-respondí mirando el cuadro que estaba colgado frente a nosotros.

-Pues hay cosas aún más bellas aquí para contemplar-dijo el, sonriendo. Y algo en mi cabeza me dijo que estaba coqueteando conmigo. Pero un hombre así no se fijaría en mi habiendo tantas hermosas mujeres en la fiesta-Por cierto, soy Tobias-extendió su mano y la tomé con torpeza y nerviosismo.

-Soy Colucci, digo, Elena. Elena Colucci.

Soy una tonta. Espero no haya notado mis nervios. Hace mucho tiempo que no conozco a un hombre. Ya no se como reaccionar.

-Leone. Tobias Leone-respondió, sonriendo.

Su sonrisa era digna de un cuadro.
¡Madre mía! ¡Que hombre!

Ahí estaba uno de los abogados más importantes del país parado frente a mí. Por lo que tengo entendido son tres hermanos, que siguieron la tradición de su padre y hoy son conocidos como los abogados más guapos y adinerados del país.

-Es un gusto conocerte.

-El placer es mío, bella Elena-dijo el y se acercó al grupo de hombres que hablaba con Marcos. Cuando saludó al hombre que me miraba de forma intensa. Supe que ese era su hermano. Creo que es el mayor de los tres. Gabriel. Seguro el otro hermano debe andar por aquí, pero no recuerdo su nombre. Alguna vez Julia me habló de ellos por teléfono.

La cena fue agradable y estuvo exquisita. Mi mesa era la de amigas de la cumpleañera, así que pude encontrarme con algunas conocidas de la universidad. Como Carla, que por lo que me contó es lesbiana y está a punto de casarse con su novia o Diana que está embarazada de cinco meses, y como ellas, otras, que hablaban de sus novios o empleos y yo me sentía completamente fuera de lugar.
¿Qué les diría? ¿Qué me quedé sin empleo porque tuve que renunciar al mejor trabajo que tuve porque mi novio me engañaba con mi mejor amiga? Preferí callar y fingir que todo estaba bien en mi vida.

En un momento Julia se acercó a mí.

-Ven, tengo que presentarte a unos amigos-susurró en mi oído.

Estaba aburrida y cansada de estar en esa mesa así que seguí a Julia con entusiasmo.

Subimos las escaleras y ella tomó mi mano.

-Escuchame. Te voy a presentar a mis jefes. Están reunidos en el despacho de Marcos. Ellos quieren conocerte. Marcos y yo les hemos hablado mucho de ti.

-¿Los Leone?-pregunté, nerviosa.

-Si. Debo advertirte. Vas a mojar tus bragas al verlos-ella rió.

-¡Julia!

Su comentario me hizo sentir avergonzada.

Acomodé rápidamente mi vestido y mi cabello.

-Te amarán. Te ves hermosa. No debes preocuparte-me dijo Julia. Su comentario hizo que me relaje.

Julia golpeó la puerta y luego entró. Dijo algo que no alcancé a escuchar y me hizo señas para que me acerque.

Mis pulsaciones se dispararon en cuanto tuve a esos hombres frente a mi.

Tobias estaba sentado en un costoso sofá y Marcos, Gabriel y otro hombre que supuse sería el hermano del medio jugaban al poker y tomaban whisky.

Todos permanecimos en silencio por un momento. Me sentí incomoda de inmediato.

-Hola Elena-saludó Tobias como si me conociera de toda la vida.

-Hola-saludé nerviosa.

-Es un gusto conocerte al fin. Marcos y Julia nos han hablado mucho de ti-afirmó Gabriel.

-Nos dijeron que eras una mujer muy bella. Pero chica, eres preciosa. Por cierto, soy Cristian Leone-el tomó mi mano como si fuera una reina y la besó con suavidad.

Sentí un escalofrío por todo el cuerpo con ese simple gesto.
Estaba impresionada con la belleza de estos tres hombres. Su parentesco era innegable. Pero cada uno tenía algo que lo distinguía. Gabriel tenía unos enormes ojos azules y Cristian una sonrisa perversa que te daba ganas de devorarlo.
Tobias me miraba sonriente.

-Ven Elena. Siéntate a mi lado-dijo el, acariciando el sofá-queremos hablar contigo.

Miré a Marcos, incómoda y confundida y con un gesto me hizo saber que todo estaba bien.

-Queremos contratarte-exclamó Gabriel.

¿QUÉ?

-Sabemos que necesitas empleo y nosotros una asistente personal. Que este dispuesta a trabajar duro y sea un puente entre nosotros y el resto de Leone y asociados-comentó Cristian. Sus ojos parecían atravesarme.

-Debes saber que si aceptas este empleo serás nuestra la mayoría del tiempo-dijo Tobias arqueando una ceja de forma sexy. Mordí mi labio ante sus palabras sin darme cuenta. Gabriel lo notó.

-Yo me siento halagada, pero no creo que sea la indicada para el puesto.

-Vamos Elena. Eres joven, inteligente, muy dedicada al trabajo. Eres justo lo que ellos necesitan.

-Además, tu sueldo será tres veces más alto que en tu anterior empleo-afirmó Gabriel.

No podía darme el lujo de negar la propuesta. Pero me resultaba extraño conseguir un empleo sin siquiera presentarme a una entrevista.

-No se que decir-exclamé.

-Di que si Elena-Tobias me incentivó.

-Muchas matarían por ese puesto-reconoció Gabriel, y aunque su comentario me resultó de lo más soberbio. El tenía razón.

-Está bien. ¿Cuándo empiezo?-sonreí.

-Mañana mismo si es posible-me respondió Cristian. Asentí.

Cuando salí del despacho mis manos sudaban. Aún estaba nerviosa.

Julia me esperaba en la puerta. Ella estaba más entusiasmada que yo.

-Bienvenida chica. Ahora eres del equipo-ambas chocamos los cinco.

Me levanté más temprano ese día. No había dormido muy bien. Estaba nerviosa. No me sentía capaz para un puesto de tal calibre. Aún así, iba a dar lo mejor de mí.

Había tenido un sueño extraño. Soñé que desfilaba desnuda para los tres hermanos Leone. El sueño fue excitante. Ellos me miraban con deseo y yo quería follarmelos. Yo no soy así. No tengo esa clase de sueño. Me sentía acalorada así que lo primero que hice fue darme una ducha.

Ringo me seguía por todo el departamento. Creo que el gato percibía mis nervios y de alguna manera intentaba calmarme. Una vez lista, tomé mis cosas. Retoqué mi maquillaje y salí.

Lo primero que hice fue buscar un taxi. Pero no veía a ninguno. No quería ir en autobús. Tenía miedo de llegar tarde.
Pero me llevé una grata sorpresa al ver que un auto estaba esperando por mi.
Un hombre mayor preguntaba por mi en la puerta de mi edificio.

-¿Señorita Colucci?-preguntó y yo asentí, aún sorprendida por lo que estaba viendo.

-Soy Jorge. Seré su chófer. Es un placer conocerla señorita.

Jorge tenía unos sesenta años. Me recordaba a mí abuelo. Parecía amable.

Me subí al lujoso coche frente a mi y mis nervios aumentaron.

¿Y si hago algo mal? ¿Y si no soy lo suficientemente capaz para el puesto?

-No lo arruines Elena-me dije a mi misma en un susurro.

Llegué a la empresa más calmada. El viaje en coche fue relajante. Jorge no dejaba de hablar y de contarme lo amables que eran los jefes. Eso me dio tranquilidad.

En el momento justo en el que bajaba del auto. Tobias bajaba del suyo. Un audi negro que se estacionó detrás de nosotros.
Rápidamente se acercó a mí.

-Buen día Elena. Verte siempre es un placer.

Su comentario me hizo sonrojar.

-Buen día-sonreí.

-Ven. Déjame llevarte a tu oficina-ofreció.

Mi oficina estaba junto a la de ellos. Por lo que dijo Tobias. Julia y Marcos estaban un piso más abajo. Nosotros estábamos en el último. En este solo estaban los hermanos y al parecer yo. Aún no podía creer mi suerte. Ni en mis sueños había pensado conseguir un empleo así.

Cada uno tenía su oficina, incluida yo. Me pregunté qué había ocurrido con la asistente anterior, pero no quise indagar.

Había también una sala de reuniones y hacía allí nos dirigimos. Gabriel y Cristian conversaban y tomaban un café. Cuando me vieron llegar ambos se quedaron callados.

-Buen día Elena-saludó Cristian y su sonrisa fue de lo más sexy.

Es increíble que los tres sean tan guapos.

Al verlos a los tres frente a mí. Recordé mi sueño y me sentí avergonzada. Como si ellos pidieran leer mis pensamientos.

Tomé asiento frente a ellos, nerviosa. Ellos observaban cada uno de mis movimientos. Crucé mis piernas e intenté en vano estirar mi falda para que llegue a mis rodillas. En ese momento me arrepentí de mi atuendo. Llevaba una blusa y una falda sumamente elegantes. Pero vestía en forma provocativa. Creo que fue algo inconsciente.
Descubrí a Gabriel mirando mis piernas y sentí mis mejillas arder como el fuego.

Con un café de por medio me contaron sobre el funcionamiento del bufet. Del papel que cumplía cada una de las personas que allí trabajan y todo lo implicaba ser la asistente de los jefes.

-Debes estar siempre disponible para nosotros. En tu oficina vas a encontrar un nuevo teléfono. Una notebook y un archivero con todos los expedientes de nuestros más importantes clientes. Necesitamos que firmes un contrato Elena, más que nada por la confidencialidad. Nuestros clientes son personas muy importantes y conocidas.

-Entiendo-respondí.

-Si firmas ese contrato eres nuestra-bromeo Cristian y comenzó a reír.

Ay madre.

-Tranquila, no mordemos-replicó.

-A menos que tu lo pidas-afirmó Tobias.

Sentí mi vientre contraerse ante sus palabras. Y calor, mucho calor.

¿Qué rayos me estaba pasando?
Claramente los hermanos alborotaban mis hormonas.

-Ya calmense-dijo Gabriel. Con fastidio.

El es el más serio y antipático de los tres. Un poco soberbio, debo agregar. Me hace sentir tensa con su presencia.

Al llegar a mi oficina me quedé boquiabierta al ver lo grande que era. Todo era tan lujoso y costoso. Que ni en sueños había imaginado tener una oficina así.

Estaba revisando todo el lugar cuando alguien golpeó a mi puerta. Era Cristian.

-Veo que te gusta tu oficina. La re decoramos para ti.

-Me encanta-sonreí.

-Mira Elena. Se que hoy es viernes y que seguro tengas planes para el fin de semana. Pero debo decir que mañana partimos a Madrid a arreglar unos asuntos con unos clientes argentinos que tenemos allá. Y tu tienes que ir con nosotros-el rió.

¿Quién podría negarse a su pedido con esa sonrisa tan sexy?

-Está bien.

-No sé si Julia te comentó algo. Le pedí que te dijera. Esta noche tenemos una pequeña reunión en casa. Y nos encantaría que vengas. Para... Conocernos mejor-el se acerco peligrosamente a mi.

-Te ves un poco tensa. Te hará bien venir y relajarte un poco-dijo y comenzó a masajear mis hombros. Haciéndome sentir escalofríos por todo el cuerpo y mucho calor en el sur de mi cuerpo.

-Iré-respondí, nerviosa y al girarme sobre mis pies mi rostro quedó cerca del suyo más de lo que hubiera querido. Me alejé rápidamente, avergonzada y descubrí que Cristian miraba mis labios con deseo.

Tranquila Elena. Respira hondo.

Un golpe en la puerta me despertó de mi trance. Cristian se separó de mí.

Tobias asomó su cabeza tras la puerta.

-¿Le dijiste de esta noche?-preguntó a su hermano.

Sentí como si hubiera algo que no me estaban diciendo. Aún así. Me moría de ganas de ir a esa reunión.

Cristian asintió sonriendo y Tobias me guiñó un ojo y luego se marchó.

Más tarde, al dejar el edificio. Justo antes de subirme al auto que me llevaría a mi departamento me crucé con Julia.

-Dime que irás esta noche-sentenció.

-Claro.

-Genial. Te veré allí. Escucha. Debo irme. Pero te doy un consejo. Ponte linda y ve con la mente abierta. Hazme caso-tras decir eso, me guiñó un ojo y se subió a su coche.

¿Qué rayos quiso decirme con eso?

22 de Octubre de 2019 a las 14:59 0 Reporte Insertar 1
Leer el siguiente capítulo CAPÍTULO 2: DÉJATE LLEVAR.

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